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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>La Primavera de Budapest | Blogs El Espectador</title>
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        <title>La Primavera de Budapest</title>
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        <description><![CDATA[<p>Con manifiesta impudicia, desde un recinto de campaña en Budapest, ante cinco mil seguidores fanáticos del gobernante más autoritario y detestado de la Unión Europea, el vicepresidente de los Estados Unidos llamó a su jefe, quien abandonó sus ocupaciones de estratega improvisado de una guerra a distancia para hacer una arenga típica de campaña política [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Con manifiesta impudicia, desde un recinto de campaña en Budapest, ante cinco mil seguidores fanáticos del gobernante más autoritario y detestado de la Unión Europea, el vicepresidente de los Estados Unidos llamó a su jefe, quien abandonó sus ocupaciones de estratega improvisado de una guerra a distancia para hacer una arenga típica de campaña política gringa, sin mayor respeto por la inteligencia y la independencia de sus destinatarios.</p>



<p>Enviado desde el otro lado del Atlántico con la misión expresa de entrometerse en el proceso electoral en Hungría, el joven vicepresidente, que detesta a la Unión Europea, dijo en su discurso sin reato alguno e incurriendo en flagrante contradicción, que &#8220;Lo que ha pasado en este país, lo que ha ocurrido en medio de esta campaña electoral, es uno de los peores ejemplos de interferencia extranjera en elecciones que he visto o siquiera leído.&#8221;</p>



<p>Eso es exactamente lo que debía decirse más bien de la descarada interferencia extranjera representada en su propia presencia en Budapest y su llamada por teléfono a Trump, quien a su vez pidió abiertamente que los húngaros votaran por su amigo y muy admirado alfil Viktor Orbán, presunto animador de un “trumpismo” que “le cambiaría la cara a Europa” para transformarla en extensión y complemento de movimiento MAGA, ahora en el poder en los Estados Unidos.</p>



<p>La postura de un antieuropeísmo peregrino, y una interpretación muy rusa de la Guerra de Ucrania, no era compartida por la mayoría de los húngaros, mayoritariamente partidarios de la Unión Europea, que recuerdan la tragedia de las guerras del Siglo XX y la cruenta dominación soviética, que duró hasta los años 90 y tuvo como máximo incidente la revolución anticomunista de 1956, cuando intentaron, con Imre Nagy a la cabeza, establecer un sistema multipartidista y el retiro del país del Pacto de Varsovia.</p>



<p>La respuesta entonces fue la llegada de los tanques soviéticos a las calles de Budapest y otras ciudades, la muerte de miles de húngaros, la detención y asesinato posterior de Nagy y la entronización de János Kádár como líder pro soviético, con todo lo que ello vino a implicar hasta el momento del desmonte de la URSS a finales del Siglo XX. Experiencia de autoritarismo y populismo reflejados para muchos en actos de gobierno de Orbán, quien llegó al poder desde un ángulo político más bien liberal, para convertirse pronto, con proclamación reconocida, en caudillo “iliberal” y anti-Unión Europea, contra la corriente que había llevado a su país, salido de la órbita soviética, a afiliarse cuanto antes a la Europa Comunitaria y a la OTAN.</p>



<p>Dentro de esa oleada prooccidental, animada por el desmonte de la URSS y el fin de su dominación sobre Hungría, Viktor Orbán se hizo famoso con un discurso enardecido en el que el mensaje era muy claro y satisfactorio para los húngaros: Russians go Home! Llegado a la jefatura del gobierno por primera vez entre 1998 y 2002, propició nada menos que la adhesión de su país a la OTAN, gesto político y estratégico que rompía una tradición de muchos años de afiliación a la causa de Rusia en la Europa Oriental. Hasta ahí solo aplausos, motivados por su interpretación de causas comunes y un innegable carisma.</p>



<p>A su regreso al poder en 2010, para quedarse hasta la primavera de 2026, su tarea de gobernante poco a poco fue tomando una deriva de autoritarismo nacionalista, euroescéptico, pro ruso, “trumpista”, enfrentado al sistema judicial, contrario a las migraciones hacia la Unión Europea, las políticas de asilo de la Unión, los derechos de la comunidad LGTBQ y el matrimonio entre personas del mismo sexo, hasta llegar a la proclamación de su interés en consolidar en Hungría una “democracia iliberal”. Aspectos que se apartaban de la forma de pensar de grupos significativos de ciudadanos interesados en avanzar a la carrera a engrosar la cauda del mundo occidental, lo más lejos posible de la represión de la era soviética.</p>



<p>Fueron numerosos los incidentes que Orbán protagonizó en el seno de la Unión Europea en contra de políticas comunitarias que contaban con el apoyo de todos los demás países miembros, y en no pocas ocasiones obró abiertamente al servicio de los intereses del Kremlin de Moscú, de donde surgieron acusaciones en el sentido de que Vladimir Vladimirovich había conseguido una silla en las mesas del poder occidental.</p>



<p>Bien incómodo resultó siempre, para los demás gobernantes de la Unión Europea, debatir asuntos relacionados con Rusia y Ucrania, migraciones y relaciones con los Estados Unidos, en presencia de alguien que mostraba tener más interés en el beneplácito de la Casa Blanca de Trump y el Kremlin de Putin.</p>



<p>Al mismo tiempo, cada día se hizo más difícil para la mayoría de los húngaros vivir bajo el dominio de un gobierno añejo, plagado de lugares comunes, contrario a la marcha del resto de Europa, irrespetuoso con la institucionalidad democrática interna y favorecedor de la corrupción, lo mismo que de una intervención extranjera como la de los rusos e inclusive los israelíes de Netanyahu y los americanos de Trump, que al final de la campaña se entrometieron en los asuntos internos para pedir abiertamente a los húngaros que votaran por su continuidad en el gobierno.</p>



<p>No obstante, “Russians Go Home” vino a ser ahora el grito en la voz de los opositores de Orbán con motivo del reciente resultado electoral y el triunfo de Péter Magyar que lo sacó de manera contundente del gobierno. Eso era lo que se escuchaba en las calles de la capital y en los puentes que sobre el Danubio unen a Buda con Pest. Grito que seguramente se repite en otras capitales europeas, cansadas de soportar el paseíto de siempre de un personaje que jamás vaciló en entorpecer propuestas comunes y de vociferar su rebeldía de ultra euroescepticismo frente a las instituciones comunitarias. Conducta que, en razón del derecho al veto que tiene todo país de la Unión, fácilmente entorpecía propósitos comunes.</p>



<p>Tanto Trump como Putin, que tuvieron hasta ahora en Orbán una especie de agente de sus intereses en el seno de la Unión Europea, se van a quedar por un tiempo sin el “estadista de talla mundial”, como lo llamaba Trump en su jerga de Mar a Lago, que pretende atribuirse la calificación de los gobernantes del mundo entero, y sin el comodín que tenía el Kremlin para obstaculizar las acciones, inclusive ya acordadas, de los europeos en cuanto a la guerra de Ucrania. </p>



<p>Zelensky y la señora Van Der Layen, a quienes la propaganda del jefe derrotado pintaba en las paredes de Budapest como titiriteros de Péter Magyar, seguramente van a encontrar en este último un jefe de gobierno más sensato y amigable respecto de los propósitos de la Unión y del manejo de las relaciones con Rusia, que debido a necesidades energéticas en todo caso obligan a los húngaros a la prudencia.</p>



<p>El resultado de las elecciones en Hungría, con el contundente triunfo de los opositores al gobierno, a pesar de la manipulación extrema de parte de un primer ministro que no ahorró esfuerzo por seguir en el poder, demuestra que los gobiernos de esa índole son derrotables cuando la ciudadanía tiene claro el propósito de cambiarlos y no se deja manipular ni cae en la trampa de nuevas promesas sobre lo que se prometió en falso o lo que se debió haber hecho y no se hizo. Nada de que “ahora sí se puede que avanzar en la misma dirección”.</p>



<p>Así se va engrosando la lista de los que, alucinados por el poder del que resultan investidos, se llegan a creer intérpretes únicos de la historia de sus naciones e indicadores de su destino, depredan las instituciones, y aspiran a perpetuarse en el poder, a nombre propio o ajeno, hasta que una ciudadanía, sensata y sensible políticamente, resuelve hacer uso de su soberanía y retirarlos en forma contundente de la cumbre en la que se habían atrincherado. Siendo todo esto apenas un episodio de la historia, porque nada está escrito para siempre.</p>
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        <author>Eduardo Barajas Sandoval</author>
                    <category>Destellos de un mundo en mutación</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127905</guid>
        <pubDate>Tue, 14 Apr 2026 23:46:04 +0000</pubDate>
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