Del mundo de los nule

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La pirámide de Los Nule

Mientras los Nule envían cartas acusando a sus antiguos socios y acreedores, las investigaciones descubren los mecanismos que los llevaron a la debacle  y que utilizaron para transferir parte de  los dineros de créditos y anticipos a cuentas en el exterior .


Mientras los investigadores vienen descubriendo  los mecanismos que utilizaron los Nule para apropiarse de recursos que no les pertenecían y sacar del país entre 30 y 50 millones de dólares a lo largo de varios años, los Nule intentan desviar las investigaciones hacia sus antiguos socios y acreedores en un movimiento desesperado.

Mediante una carta de cuatro páginas al Fiscal Luis Alfonso Triana, que adelanta el caso, desde su refugio en Miami, Miguel Nule  trata de darle un giro a las investigaciones en su contra, pasando de acusado a acusador.  Pero por su parte, la Fiscalía apunta a concluir  que el derrumbe del Grupo Nule no fue fruto de una quiebra propia del curso adverso de los negocios, ni siquiera de  la mala administración, o del exceso de gastos -en lujos como aviones privados, viajes, casas y carros deportivos- sino más bien, obedecería al modelo  que asumieron: una  pirámide financiera que tenía que estallar tarde o temprano.

El origen de los recursos de los Nule eran los anticipos que el estado les otorgaba para ejecutar las obras que les adjudicaba en los procesos licitatorios.  Como se sabe, los Nule, en vez de construir las obras  con los anticipos,  se dedicaban  a obtener  más recursos de particulares y del sector financiero con base en el activo que significan los contratos con el Estado, con atractivas tasas de interés (Bancos, Fondos de pensiones, Fondos de Inversión, mesas de dinero y prestamistas particulares) . Así mismo utilizaban los anticipos para “comprar”  más contratos del Estado, según sus propias declaraciones.

Con los  recursos captados,  los Nule destinaban una parte a pagar  las obras propias y las que subcontrataban a terceros –que en su mayoría eran firmas vinculadas a ellos mismos, como ocurrió en la Calle 26 (Sector Tres de Transmilenio) donde los mayores contratistas eran MNV S.A. y Gas Kpital  S.A. , sus propias empresas.

Las captaciones las usaban también para cubrir los gastos de su costoso tren de vida: el jet privado  por valor de unos  US$80 mil al mes, que usaban entre otros viajes para mandar a una de sus hijas a clases de tenis a Miami, los sábados. Y por último, sacaban importantes recursos al exterior  a través de pagos por “servicios” a compañías del mismo Grupo.

En efecto, los investigadores han encontrado que los Nule habrían hecho la operación de sobrefacturación también en Panamá para extraer dineros de sus empresas en Colombia.  Lo que han descubierto y trata de demostrar el equipo especializado que estudia el caso, es que los Nule crearon varias empresas en Panamá, que utilizaban para  firmar contratos de obras en ese país. Luego, las  empresas “contratistas” facturaban sus servicios y trabajos -pavimentación de carreteras, construcción de vías, arrendamiento de equipos, pago de personal, compra de materiales- a las empresas de los Nule.

Acto seguido,  los responsables en Panamá solicitaban  el dinero a Bogotá para cubrir  el pago de esas facturas.  Los Nule, amparados en éstas,  giraban las sumas a sus empresas en Panamá, pero en vez de pagar a los proveedores (que no existían) se giraban esas sumas a  sus cuentas en otros países.

El círculo del dinero

En esa dinámica, el faltante se fue acumulando obra tras obra, de manera que para cumplir los compromisos en todos los frentes, los Nule  tenían que endeudarse por sumas cada vez mayores,  y  se veían obligados a ganar licitaciones por valores cada vez más altos.  Así,  el hueco financiero fue creciendo como en cualquier pirámide ya que los gastos eran superiores a los ingresos.  La “rentabilidad” no la generaban las obras,  sino que  eran recursos de los nuevos anticipos y de los créditos que captaban. Así, sin nuevos contratos o nuevos créditos, era previsible que la pirámide se derrumbara.

El golpe decisivo ocurrió cuando fueron descalificados – en mayo de 2010- de la licitación de la Ruta del Sol. Al quedar excluidos de este gran negocio de US$1200 millones de dólares, los Nule quedaron en el vacío, sin nuevos recursos que sostuvieran la pirámide.

Los investigadores han encontrado pruebas que demuestran cómo los Nule aplicaron ese modelo durante años.  A pesar de la lentitud en la reconstrucción de los hechos por el caos absoluto de la contabilidad de las compañías, las cifras que los Nule  presentan para excusar su conducta  se refieren a contratos en curso, los cuales en ningún caso – debido a los gastos que ellos mismos hicieron- eran suficientes para realizar las obras contratadas.

Es decir, los flujos de caja derivados de las obras estaban comprometidos con terceros, o se encontraban embargados, por lo que desde marzo de 2010,  ellos suspendieron la gran mayoría –si no la totalidad-  de los frentes de obra que se encontraban ejecutando, entre ellos la Autopista Bogotá-Girardot, Paletará, Palmira, y el reparcheo de la malla vial de Bogotá.

El flete de firmas

Otra modalidad de gastos que contribuyó a la caída de la pirámide, fue  el “flete” de firmas para ganar licitaciones. Los investigadores han encontrado una serie de acuerdos privados  que  los Nule firmaban con las empresas que se presentaban con ellos a las licitaciones. Estas empresas eran necesarias para sumar los puntajes que les permitirían ganar las licitaciones.

Ante el Estado se presentaban con una composición accionaria que les garantizaba ganar la adjudicación. Pero luego, en acuerdos privados registraban los porcentajes reales de los socios, de manera que los Nule asumían el control total de las concesiones y obras, lo que les permitía mantener a flote su modelo financiero.

También avanzan los investigadores en investigaciones dactiloscópicas, pues es posible que hayan falsificado poderes para usar nombres de empresas en licitaciones. También se estudia cómo a partir de poderes que les otorgaban sus socios para realizar actos específicos como participar en procesos licitatorios, los Nule  se  extralimitaban en la ejecución del poder conferido, para comprometerlos económicamente  ante terceros. Así parece haber sido el caso de Alejandro Char, quien le dio un poder  general a los Nule, con el que lo comprometieron a ser solidario con obligaciones del Grupo.

El universo de ciegos

Lo que es una sorpresa para los investigadores, como en el caso Madoff en Estados Unidos, es que durante tantos años nadie se hubiera dado cuenta del modelo que montaron los Nule. Por ejemplo, cuando a  finales de 2008 se destapó el crédito que habían hecho en octubre de 2006, por $28 mil millones con la Dirección Nacional de Estupefacientes,  las autoridades han podido intervenir. Pero se limitaron a exigir el pago de la deuda, sin analizar por qué los Nule acudían a un crédito de la DNE, en vez de acudir al sector financiero como hubiera sido lo normal.

El pago de este crédito lo incumplieron en reiteradas oportunidades, hasta que el propio Presidente Uribe intervino.  Con este hecho resultaba evidente  que  los Nule tenían problemas financieros y que habían usado los dineros captados producto de anticipos y de terceros en asuntos distintos a las obras.   De hecho, la Concesión Bogotá-Girardot había emitido bonos por valor  de $250 mil millones  de pesos poco tiempo antes de la captación a la DNE, lo que implicaba que debían tener más que suficientes recursos para ejecutar la obra, y no era así.

Es inexplicable, al igual que en el caso Madoff,  que en obras sometidas a controles, interventorías y auditorías, las autoridades  no se dieran cuenta ni sospecharan de lo que ocurría.  Y mucho menos explicable, que durante muchos años dejaran de pagar impuestos:  Acumularon deudas a la Dian por aproximadamente $ 60 mil millones, y aún así seguían siendo beneficiarios de contratos con el Estado.  Como se sabe, es un requisito para participar en las licitaciones, y para resultar adjudicatario, estar al día en todas las obligaciones tributarias. Excepto los Nule.

Los pagos por servicios inexistentes

Un elemento adicional que encuentran los investigadores, en medio del enorme desorden  y caos de la contabilidad, fue la recurrente aparición de facturas pagadas sin soportes reales, por servicios y compras que nunca ocurrieron.  Al mismo tiempo fueron apareciendo  continuas transferencias y giros  hacia las empresas de los Nule en Panamá, basados en el pago de facturas por servicios  ficticios, que aun les falta ejecutar.

Las facturas para pagar servicios o compras inexistentes empezaron  a descubrirse a comienzos de 2010 en la Concesión Bogotá-Girardot.  La Superintendencia de Puertos y Transportes los sometió a control por sobrefacturación a mediados de ese año. Cuando los acreedores financieros se enteraron, revisaron las cifras y encontraron que los balances eran inconsistentes, estaban manipulados. Al revisar,  confirmaron que los presupuestos no coincidían con la ejecución de las obras: Si construían 100 metros,  cobraban 500, y así  obtenían liquidez.  Los Nule , en ese momento, aceptaron a regañadientes recalcular las deudas pues como habían construido menos de lo que se había pagado, le salían debiendo a la concesión Bogotá-Girardot sumas muy elevadas, superiores a los $50 mil millones de pesos.

Los investigadores también estudian si Los Nule incluyeron a otros proveedores de servicios en esa Concesión en el pago de sobrefacturaciones para mantenerlos “contentos” y silenciados, esperando que como siempre  al final llegaran los dineros de la siguiente licitación ganada para cubrir los faltantes.  De allí que en sus acusaciones defensivas, los Nule -desde Miami- dirijan  sus acusaciones contra sus antiguos socios y proveedores, aduciendo que ellos fueron  parte de la operación que los llevó a la quiebra.

Falta ver como las autoridades logran que los antiguos administradores del Grupo Nule, como Elba Estella Barrera, Mauricio Galofre y Jorge Luis García,  cuenten su versión de los hechos.

El efecto perverso del círculo social

Los Nule gozaban aún de reputación en 2009 y de un amplio respaldo político que encabezaba José Elías De La Espriella (Joselito) –uno de los más cercanos amigos del Presidente Uribe . El acceso a los círculos sociales y de comunicación se los garantizaban algunos de sus afamados asesores. Además, contaban con los servicios de bufetes de abogados de prestigio en ese momento, como era el de Álvaro Dávila, quien además los ayudó a “estructurar” varios negocios. Así lograron  aplazar el escándalo público y darle contentillo al Ministro de Transporte Andrés Uriel Gallego y al Director del Inco, entre otros.  A nadie le convenía un escándalo justo antes de las elecciones.

De esa manera lograron sobreaguar durante algunos meses más y ocultar parcialmente los faltantes con nuevos créditos obtenidos en el mercado financiero formal e informal, que les permitió hacer pagos parciales  a sus acreedores, así como aparentar que las obras seguían ejecutándose, desplazando algún personal y equipo a las obras.

Con estos hallazgos, es difícil que la Fiscalía le crea a los Nule, que fueron los socios y proveedores quienes quebraron a sus empresas.   Como en toda pirámide, llega un momento en que el pago de los compromisos supera los dineros que ingresan a las arcas.  Fue en ese momento cuando los Nule recurrieron a mecanismos desesperados para cubrir sus faltantes y tranquilizar a los acreedores.  Cuando se agotó ésta vía, como en el caso Madoff, el andamiaje se vino al piso. Centenares de proveedores pequeños y medianos,  aparte de los grandes acreedores, quedaron afectados, con sus trabajadores cesantes y sin recibir sus pagos durante mucho tiempo.

A diferencia del caso Madoff que se quedó sin recursos, los Nule parecen tener dinero  a su disposición, pues mantienen un tren de vida elevado, con sus residencias en Italia, Argentina y Estados Unidos y sus constantes viajes entre estos países.

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