Es claro que Paloma Valencia, la candidata presidencial, y Juan Daniel Oviedo, su candidato a vicepresidente, se tapan con la misma cobija, la del uribismo, pero no con la misma bandera, la de los derechos de la comunidad LGBTIQ+.
Es claro que Paloma Valencia, la candidata presidencial, y Juan Daniel Oviedo, su candidato a vicepresidente, se tapan con la misma cobija, la del uribismo, pero no con la misma bandera, la de los derechos de la comunidad LGBTIQ+.

Imagen elaborada con IA. Tomada de la cuenta en X de Tola y Maruja.
Pregunta incómoda: ¿Quién cambió de equipo: Oviedo o Uribe?
Confieso que tenía dudas sobre cómo titularía esta columna. Mi país en rosa fue la primera idea que cruzó por mi cabeza, acordándome de la película Mi vida en rosa.
Siguiendo con ideas cinéfilas, luego pensé en El secreto de la montaña… de El Ubérrimo. Busqué el logo del Centro Democrático y se me ocurrió una ligera modificación al eslogan siguiendo la mamadera de gallo nacional que surgió tras la nominación de Juan Daniel Oviedo como candidato a la vicepresidencia de la República por el partido (partido político, quiero decir), de Álvaro Uribe. El nuevo slogan podría ser: Mano floja, corazón grande.
Mientras hacía estos ejercicios creativos, llegó la noticia de que Oviedo fue ovacionado al grito de “vice” durante el concierto de Miguel Bosé en Bogotá, según algunos titulares de prensa.
Cautivo del uribismo, imaginé a Oviedo, dedicándole una de las canciones del español al doctor Uribe. Esa que dice “Seré tu amante bandido, bandido”, mientras algunos le gritan a Oviedo “vendido, vendido” en redes sociales. Pero la parte que más me gusta es esa que dice: “Yo seré un hombre por ti / Renunciaré a ser lo que fui”. (Aclaremos dos cosas: en Colombia el término bandido puede tener connotaciones menos románticas y Juan Daniel Oviedo no renunció al centro, porque siempre fue un funcionario al servicio del uribismo, como lo cuenta Daniel Coronell en la columna “Uribe con piel de Oviedo”).
El hecho es que el doctor Uribe salió del clóset ideológico al aceptar que un hombre abiertamente homosexual sea compañero de fórmula de su protegida la senadora Paloma Valencia. Para decirlo en tono jocoso, el tal rayo homosexualizador, que por supuesto no existe, ha tocado el corazoncito del uribismo. Ahora falta ver si los electores uribistas están o no seducidos por esta ola rosa que, para bien y para mal, domina por estos días la conversación pública.
Porque en su forma de ser, Colombia sigue siendo el país de las tres C: conservador, católico y camandulero, que en lenguaje simple significa: solapado, morrongo y doblemoralista. En las urnas veremos si ese país todavía late.
Veremos qué regiones le ponen más votos a la fórmula Valencia-Oviedo, lo que será un buen indicador para determinar qué tan de mente liberal (o demente homofóbica), somos en este primer cuarto del siglo veintiuno.
En 2020, el país vio cómo en Antioquia un hombre intolerante atacó a puñaladas la bandera de la comunidad gay. Para variar, el hombre resultó ser uribista, como quedó claro en esta nota de Noticias Uno. Cinco años después, también en Medellín nos aterró la muerte salvaje de Sara Millerey, víctima de la transfobia. Fue un transfeminicidio: Le quebraron sus extremidades y la arrojaron como animal a un riachuelo, y allí murió pidiendo clemencia en aguas putrefactas.
Cuando se les niegan derechos a las personas diversas, cuando se les despoja de humanidad por su orientación sexual, se les expone a la brutalidad de una sociedad (suciedad) intolerante que decide lo que es bueno y lo que es malo para los demás.
Paloma Valencia ha dicho: “…seguiré defendiendo la familia, que es un núcleo central en mi discurso, porque las familias fuertes son una Colombia fuerte. Y quiero ser muy clara en decir que nosotros creemos en la libertad de la familia en inculcar los valores de sus hijos, en defender su educación, y el Estado no tiene por qué adoctrinarlos ni ideológica ni políticamente”.
En estas palabras quedó retratado el oportunismo de la candidata y su partido, porque mientras defiende lo que llama familia tradicional, hombre y mujer –no hombre con hombre, ni mujer con mujer-, arropan en sus filas a un hombre que se declara orgullosamente marica, pero al mismo tiempo le escupen en su propia cara uno de los postulados del uribismo: los gays y las lesbianas no tienen derecho a formar una familia.
Me atrevo a usar este lenguaje, porque el mismo Oviedo se siente cómodo hablando de él en primera persona: “Siendo marica, yo no vengo a mariquear el Centro Democrático ni el país”, recoge el diario La Opinión. “No me volví un marica uribista”, recoge Infobae.
Valencia es tajante: “Yo no estoy de acuerdo con la adopción gay”, a pesar de que este derecho, el de la adopción homoparental, está consagrado en nuestro ordenamiento jurídico desde 2015. Sería interesante saber qué piensa el novio del candidato al respecto.
La semana posterior a elecciones, la prensa se llenó de titulares e imágenes sobre la pareja de Juan Daniel Oviedo. Desde el muy serio diario El Tiempo hasta el portal Las 2 Orillas, se preguntaban quién es Sebastián Reyes, el joven diseñador de modas que conquistó el corazón del político.
En una sociedad homofóbica, que lo somos, Oviedo no debería hacer alarde de su vida privada ni exponer al muchacho como lo hace. Creo que confunde las cosas y deja una impresión distinta a la que quiso proyectar cuando ganó el voto de opinión. Porque bueno es culantro pero no tanto.
Creo que esto se saldrá de control si no aterriza en la realidad del país en el que vive, donde la sola mención del término ideología de género causa urticaria. Pero dejemos claro que esa es otra narrativa inventada de forma hábil por la derecha colombiana desde el plebiscito de 2016 para violentar el acuerdo de paz, poniendo a los niños en el centro de los debates políticos con el fin de asustar a los papás. Hablemos mejor de justicia de género y que eso nos lleve a un debate más amplio sobre las libertades individuales
Colombia está lejos de ser esa nación liberal que permita a cada quien hacer lo que se le dé la gana con su cuerpo y su sexualidad. Mucho hemos avanzado, pero cada nuevo gobierno de derecha y cada nuevo Congreso con mayorías de derecha significan una estocada a los derechos de las personas con identidad de género diversas, un tiquete al pasado.
En cuestiones normativas Colombia es ejemplo ante el mundo. “Han sido más de 120 sentencias de la Corte Constitucional con avances jurisprudenciales históricos en unión marital, adopción, cambio de nombre o reconocimiento de parejas del mismo sexo”, me explica el abogado Germán Rincón Perfetti.
Sin embargo, el Congreso actual se desentendió de la Ley integral trans y la ley que prohíbe las mal llamadas terapias/prácticas de conversión, que en realidad son métodos de tortura contra personas diversas. “Esos proyectos de ley no han avanzado principalmente por culpa de las bancadas cristianas, conservadoras y del Centro Democrático”, me resume vía WhatsApp Viviana Vargas Vives, abogada defensora de derechos humanos, lesbiana, activista y sobreviviente de violencia sexual. (Pronto leerán una entrevista completa con ella en este blog).
“Es muy probable que se hundan –añade la activista-. La de terapia de conversión que es la más urgente se ha presentado tres veces, y siempre esas bancadas la hunden”. Valga decir que la senadora Paloma Valencia ha votado negativamente esta iniciativa todas las veces.
Preguntas incómodas
De ganar Paloma Valencia las presidenciales, con Oviedo a bordo, ¿eso por sí solo garantizará nuevos avances para la comunidad LGBTIQ+? Nadie lo sabe, porque la historia demuestra el poco, por decir nulo, poder que tienen los vicepresidentes en Colombia. Lo único cierto por ahora es que esos millón doscientos cincuenta y cinco mil votos de Oviedo en la consulta del 8 de marzo funcionaron como terapia de conversión proselitista de los uribistas, que durante dos décadas le han negado derechos a unas minorías, que en cuestión de votos son bastantes.
No sabemos qué piensa, de puertas para adentro, sobre Oviedo, una persona como Uribe. Él, que ha proyectado la imagen del machoman de la política, aquel hombre montañero de carriel y machete al cinto.
Nadie se llame a engaños. Al ungir a Oviedo, Uribe salió del closet en asuntos ideológicos apenas de labios para afuera. Porque loro viejo no aprende a hablar, ni siquiera con el caudal electoral que, se supone, le transferirá el exdirector del DANE a Paloma Valencia en las elecciones del 31 de mayo.
Pero veamos lo positivo. El que un homosexual sea candidato a vicepresidente habla de cierta apertura mental. Por esos mismos días, el columnista Felipe Zuleta Llera, salió en defensa de Abelardo de la Espriella por acusaciones de presunta homofobia contra Oviedo. “Cómo va a ser homofóbico Abelardo, si yo, que soy gay, he estado en su casa, he comido con sus padres, he estado con Ana Luz, su maravillosa esposa y sus hijos. Lo he visitado en muchísimas oportunidades con mi pareja”.
Si gana Paloma, veremos si la bandera arco iris es izada a la entrada de la Casa de Nariño, veremos si Uribe y Oviedo van juntos a la Marcha del Día del Orgullo y, lo más importante, veremos si por fin los 17 senadores del Centro Democráticos respaldarán las leyes en favor de la comunidad. Los debates deberían servir para saber si, por ejemplo, el uribismo se comprometerá en campaña a desempantanar las iniciativas arriba mencionadas.
Si esta unión queda en palabras, palabras, palabras, como la canción, que se tengan de atrás, porque podría sobrevenir el primer estallido social rosa en las calles de Colombia para obligarlos a honrar cualquier promesa, de modo que la inclusión de Oviedo como fórmula no sea un asunto meramente cosmético y transaccional.
Teniendo en cuenta que Álvaro Uribe Uribe tendrá un papel activo en el comité político de Paloma Valencia, tengo un consejo para el doctor Oviedo: sea obediente y cuide lo que diga, no sea que un día de estos reciba una llamada de un expresidente emberracado: “Si lo veo, le doy en la cara, no heterosexual”.
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