Petro, haz lo tuyo en Washington.

Hay quienes se relamen de gusto deseando que Donald Trump le eche mano al presidente Gustavo Petro tan pronto como pise el tapete de la White House. La preocupación se ha extendido como leyenda urbana. Es raro que las casas de apuestas no hayan hecho las suyas. Sobre ese temor, creo que la mejor respuesta la dio el escritor Julio Cesar Londoño en esta columna de El Espectador: “Trump no capturará a Petro. Él es perverso, no estúpido”.

Es una lástima que nuestro presidente no hable en perfecto inglés, pero puede darse la mano con Donald Trump que, hasta donde sabemos, tampoco habla ni papa de español.

Presidente, no están de más un par de consejos para la noche anterior: Duerma bien y temprano, aguántese las ganas del tinto porque se desvela, nada de lanzar trinos a las 3:00 de la mañana. El Tío Sam y nosotros se lo agradeceremos.

Ya en el Salón Oval, apriete su mano con firmeza. Lo sé, qué vaina, le toca con la derecha. La historia dirá que por primera vez un exguerrillero colombiano habló de tú a tú con el hombre más poderoso del mundo. Nadie la quitará lo bailao.

Si todo sale de maravilla, usted podría ser en adelante El Gran Colombiano.

Sea concreto y directo, escuche más y hable menos; o al menos, hable lo justo, no divague. En cada cosa que diga recuerde que representa a 50 millones de colombianos. No nos cause una gastritis, porque ni Omeprazol hay en la EPS.  

Nada de megáfonos, please. Ni a la entrada, ni a la salida. ¡Please!

Deje al presidente Trump ser, eso le elevará el ego.

No lo interrumpa.

Con que diga thank you, thank you, thank you (las veces que sea necesario), es suficiente.

Pero no se le ocurra, señor presidente, imitar a María Corina Machado, colgándole al gringo la Cruz de Boyacá, que solo se concede a ciudadanos nacionales o extranjeros por sus servicios a la nación o a la humanidad. Esperemos un gesto genuino de altruismo para que algún día Donald la merezca.

Ahórrese las menciones a Gabriel García Márquez, las mariposas amarillas y Aureliano Buendía, pues dudo mucho de que el gringo lea literatura; aunque pensándolo bien, sería magnífico obsequiarle una edición en inglés de “Cien años de soledad”. Pero cuidadito con mencionarle a la United Fruit Company y la masacre de las bananeras. Dejarlo que solito llegue a ese capítulo.

Llénelo de regalos para él, Melania y los niños. ¡Recuerde que es un hombre materialista como buen capitalista que es!

Cuando esté haciendo la selfie, invítelo a Colombia. ¡Quién quita que le coja la caña!

No se indisponga si siente que el gringo lo mira por encima del hombro o con desdén y desconfianza. En su imaginario de hombre gigante no somos más que el patio trasero de Estados Unidos, aunque es probable que nos considere más bien su gallinero. Si pensar así lo hace feliz, ¿para qué contradecirlo? Con que lo vea a usted de traje, corbata y zapatos Ferragamo, sabrá que hace siglos colgamos el taparrabo.

No le lleve saludes de nadie (no repita el oso de Iván Duque con Su Majestad, el príncipe Felipe de España), y mucho menos le hable de Nicolás Maduro o del finado Jeffrey Epstein. ¡No le toquen ese vals porque lo matan!

Supongamos que el gringo le dice: —¿Un güisquicito, míster Petro?

Pilas con decirle que yes a míster Trump; puede ser una trampa del doctor Álvaro Leyva, que de seguro ya debe estar haciendo coquitos en alguna esquina de Washington.

A Trump no le hable del amor cósmico ni de estrellas, ni de Mercurio retrógrado, porque él no está listo para esa conversación y no lo estará por lo que le resta de vida. A él toca hablarle con palabras dulces que empiecen con la letra b: “bisnes son bisnes”, billetes verdes, barriles…

Le recomiendo a sumercé y a los lectores del blog este análisis del portal Razón Pública. Hay razones suficientes para sentirse orgulloso y salir vivito y coleando de esta visita.

Dice Ricardo Miguel Arquez, experto en resolución de conflictos:“En materia de cultivos de coca, el crecimiento pasó del 43 % en 2021 y 13 % en 2022, durante el gobierno anterior, a un 9% en 2023 y apenas un 3 % en 2024, acercándose hoy a un crecimiento prácticamente nulo. El máximo histórico de 230.000 hectáreas quedó atrás. Más revelador aún es el costo humano: la erradicación forzada dejó entre 2011 y 2022 más de 120 policías muertos y cientos de heridos; en los últimos tres años, las cifras se reducen drásticamente. A ello se suman 889 toneladas de cocaína incautadas en 2024, una cifra sin precedentes”.

Presidente, ¡nada de nervios! Si usted sobrevivió cuatros años a la feroz oposición colombiana, Trump será pan comido.

Deseemos, sin mezquindades, que el mandatario colombiano salga airoso, renovado y con buenas noticias debajo del brazo… izquierdo. Si las relaciones entre Colombia y los Estados Unidos mejoran, tendremos motivos para celebrar San Valentín este mes. 

Como Fonseca, sorpréndalo con un buen ramillete de flores colombianas:

Hablando en serio, si a Petro le va bien en Washington, a Colombia le irá bien. Es lo único que debería importarnos. Bueno, ¡y también que volvamos a verlo por estos lares, claro! 

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