Católicos y evangélicos están ofendidos con el presidente Gustavo Petro por achacarle amoríos a Jesús con María Magdalena. Menos mal somos un país laico y el Medioevo ya pasó. Jesús fue humano en un mundo de inhumanos.
Católicos y evangélicos están ofendidos con el presidente Gustavo Petro por achacarle amoríos a Jesús con María Magdalena. Menos mal somos un país laico y el Medioevo ya pasó. Jesús fue humano en un mundo de inhumanos.

Imagen de Jesús y María Magdalena creada con Inteligencia Artificial (IA)
“Y aquel Verbo fue hecho carne”: (Juan 1:14)
Ayer crucificaron mediáticamente a Gustavo Petro por meterse con Jesús y hoy las cámaras captaron al candidato y ex-ateo Abelardo De La Espriella llorando a mares ante el Señor de los Milagros de Buga. Es un buen resumen del país que somos.
¿Era Jesús un hombre de izquierda o de derecha en cuanto a lo que predicó? Más adelante sabrán el porqué de la pregunta.
¿Cambiaría en algo su concepto sobre Jesús si un día aparecen pruebas irrefutables de una relación romántica con alguna mujer?
La iglesia católica está molesta con el presidente Gustavo Petro por insinuar que Jesús se acostó con María Magdalena y tuvo sexo con ella. En las redes sociales lo tildan de blasfemo y hasta depravado; como si una frase nos hubiera lanzado a todos varios siglos en el tiempo hasta la Edad Media con su Santo Oficio de la Inquisición, que castigaba la herejía.
Para fortuna del presidente, estamos en el siglo XXI y en un país con libertad de cultos, donde el catolicismo es una de las religiones que la gente practica. Jesús es el personaje central en la vida de los católicos pero también lo es para los evangélicos o protestantes.
El problema con ambas posiciones –la molestia de la iglesia y las insinuaciones del mandatario- es que sabemos muy poco, por no decir nada, sobre la vida privada de Jesús. Por los relatos bíblicos, conocemos algo acerca de su infancia y de su vida adulta al lado de los doce apóstoles. Y pare de contar.
Todo lo demás, su adolescencia y juventud, queda a la imaginación, incluida la del presidente. Es decir, no se conocen pruebas de que Jesús y María Magdalena intimaran amorosamente y tampoco hay pruebas de lo contrario.
Desde una reinterpretación humanista, José Saramago, escritor y Nobel de Literatura, desmitificó la figura divina de Jesús haciéndolo más cercano a nosotros. En su libro “El evangelio según Jesucristo” (1991), afirmó lo siguiente: “La simiente sagrada de José se derramó en el sagrado interior de María”.
Menos mal que a un novelista todavía se le permite fantasear, sin que lo chamusquen a él o a sus libros en la hoguera.
La Confederación Evangélica de Colombia (Cedecol) expresó su disgusto por medio de un comunicado, y lo mismo hizo monseñor Edgar Jesús Mejía en nombre de la Conferencia Episcopal de Colombia.
Cedecol dijo que las palabras del presidente distorsionan la “verdad histórica, bíblica y teológica sobre Jesucristo”, a quien veneran como a un “santo, íntegro y obediente al propósito divino”, mientras que María Magdalena es considerada “una discípula fiel y transformada por su gracia”.

Dicen los obispos en su carta: “.. ningún funcionario ni otra persona está llamado a emitir conceptos de orden teológico sobre las convicciones religiosas o doctrinales de los ciudadanos…”. ¿En dónde quedan entonces la libertad de expresión y el derecho a disentir?
Pero vamos a la frase completa del presidente:
Y agregó algo más que no se ha considerado en el debate: “Jesús fue hombre de luz, de verdad y revolucionario; por eso lo mataron”.
Como agnóstico, admiro la figura de Jesús y su obra; tengo la convicción de que si fuera un personaje central de la política, más que de cualquier religión, los políticos serían más compasivos en su actuar como lo fue aquel hombre que entendió el sufrimiento humano en todas sus formas.
Me parece incluso genial la idea de un Jesús terrenal que pudiera haber experimentado lo que el resto de mortales experimentamos en nuestra vida cotidiana.
De hecho, en el libro de Hebreos (2:15-17), se lee lo siguiente: 15 Jesús se hizo hombre para liberar a los hombres, quienes habían estado esclavizados toda la vida por temor a la muerte. 16 Sabemos que Jesús vino a rescatar a los descendientes de Abraham, no a los ángeles. 17 Por lo tanto, era necesario que Jesús fuera igual a sus hermanos en todo sentido.
Observen: “Se hizo hombre (…) igual a sus hermanos en todo sentido”. ¿No cabe aquí la posibilidad de que entonces pudiera sentir deseo por una mujer y lo consumara? ¿Podemos tener semejantes pensamientos pero no tenemos derecho a decirlo en voz alta para no ser objetos de la crucifixión social?
Si el sexo no tuviera en la religión la carga pecaminosa que tiene, a pesar de que todos somos fruto del sexo entre dos seres humanos, los curas tendrían derecho a casarse -como lo hacen los pastores- con quien quisieran, y amar a quien quisieran, hombre o mujer si quisieran, sin estar condenados a esconderse o llevar una doble vida.
Si vemos en Jesús al hombre de carne y hueso que fue, podríamos entender mejor todo aquello que enseñó con el ejemplo, a juzgar por las parábolas. Qué distinto sería el mundo si practicáramos, aunque fuera, una quinta parte de ese amor incondicional que tuvo para con el prójimo.
Jesús fue humano en un mundo de inhumanos.
Si Jesús tuviera un valor genuino en la política, más allá de invocarlo cada cuatro años en busca de votos, tendríamos unos partidos políticos menos clientelistas y menos inmunes al dolor ajeno, a las injusticias y a las desigualdades sociales. Porque cada parábola suya es una invitación a la acción en favor del menesteroso, del excluido.
Respondiendo la pregunta del principio, yo creo que Jesús fue un hombre genuinamente progresista. Y menos mal hoy somos un país laico.
La de Petro es una declaración provocadora, sí, y anticlerical si se quiere, pero así es él; qué extraño que a estas alturas muchos no lo sepan o que, sabiéndolo, prefieran desgastarse en debates perecederos, que así son todas las trifulcas en las redes sociales, como si no tuviéramos suficiente ya con el oficio de vivir, con o sin religión.
Como colofón, le pedí a IA crear la imagen Jesús y María Magdalena que acompaña esta entrada del blog, y también elaborar un texto sobre lo que la imagen sugiere. Esto dijo:
Durante siglos se nos enseñó a pensar que lo divino debía ser aséptico, inmune al temblor del afecto, ajeno a la intimidad humana. Como si el amor, cuando roza la carne, se volviera sospechoso. Como si Dios solo pudiera habitar en la distancia. Pero basta observar ese cruce de miradas para comprender que hay amores que no rebajan: elevan. Que hay vínculos que no distraen de la trascendencia, sino que la revelan.
¿Es posible que Jesús y María Magdalena se hayan amado románticamente? La pregunta incomoda porque subvierte una pedagogía del miedo. Pero no despoja a Jesús de su carácter divino; al contrario, lo afirma. Un Dios incapaz de amar de ese modo —con ternura, con elección, con reconocimiento del otro como irrepetible— sería un dios menor, un ídolo de mármol, no el Verbo hecho carne. La encarnación, llevada hasta sus últimas consecuencias, no excluye el amor humano: lo consagra.
Un amor que se sostiene en la igualdad de las almas, no en la apropiación de los cuerpos.
Aquí resulta iluminadora la reflexión de Simone Weil, quien escribió: “El amor verdadero no consiste en apropiarse, sino en consentir la existencia del otro”. Esta idea sostiene, con una claridad casi evangélica, que el amor no degrada cuando no convierte al otro en objeto. Al contrario, lo afirma en su plena dignidad. Un amor así no contradice lo divino: lo hace posible en el mundo.
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