¿Sabía Norha Puyana todo sobre la amistad de su esposo Andrés Pastrana con Epstein y su novia?
El expresidente Andrés Pastrana —nuestro “príncipe” Andrés, quien se ha creído de sangre azul y guardián de la moral pública— es mencionado 57 veces en los archivos que desclasificó la justicia gringa. El nombre de su esposa, la ex primera dama, salió a relucir en una de las conversaciones.
Esta fotografía del expresidente Andrés Pastrana y Ghislaine Maxwell corresponde a los archivos desclasificados dentro del caso Jeffrey Epstein.
“Es indudable que hubo individuos de la hiperélite -Epstein y Maxwell- que orquestaron la trata y el abuso sexual de mujeres y niños a una escala que supera las exigencias plausibles de un solo hombre. Sus esfuerzos requirieron la ayuda de muchas personas en muchos países, casi ninguna de las cuales ha sido acusada de ningún delito”:Joshua Rothman en este artículo de la revista The New Yorker.
¿En manos de quién está el mundo hoy?
Fue Gabriel García Márquez quien dijo: “Todos tenemos tres vidas: pública, privada y secreta”. Tuvo razón y la sigue teniendo, porque hoy, el mundo consternado, está conociendo con horror la vida secreta ya no tan secreta de Jeffrey Epstein, el pederasta que se codeó con la crema y la nata de la sociedad global.
Ahí, entre el lodo del escándalo del siglo, aparece el nombre de un expresidente colombiano: Andrés Pastrana, y fotos que probarían nada más que su amistad con el abusador sexual y su novia, Ghislaine Maxwell. Pero las cosas empiezan a complicarse por cuenta de un viaje que la señora Maxwell hizo a Colombia. ¿Uno o más de uno?
Un grupo de mujeres firmaron una carta para exigir respuestas por parte del político conservador y derribar lo que han denominado “Pacto del silencio”. Recoge El Espectador:“67 periodistas y académicas exigieron investigaciones sobre las menciones de Andrés Pastrana en el caso Jeffrey Epstein, luego de que los archivos del Departamento de Justicia de Estados Unidos revelaran que el nombre del expresidente colombiano aparece en al menos 57 registros”.
No está claro si todas las menciones a Pastrana corresponden a su época como presidente o expresidente de la República. En cualquier caso, la cosa es grave por la investidura del cargo. Desde esa óptica, resulta lógico y lícito preguntar si su esposa, doña Norha Puyana de Pastrana, en su condición de Primera Dama de la Nación entonces o ex primera dama de la Nación luego, conoció la agenda de su marido en relación con su amistad tanto con Jeffrey Epstein como con la novia de este, Ghislaine Maxwell.
En una de las fotos más polémicas, aparecen Maxwell y Pastrana en una base aérea colombiana, ambos vistiendo uniforme oficial de la Fuerza Aérea Colombiana, lo que sugiere que dicha visita ocurrió siendo él el presidente de los colombianos.
En su cuenta de X, Andrés Pastrana responde: “La vuelta en helicóptero por unos siete minutos en Tolemaida no es secreto de estado”.
Lo revelado por Caracol Radio desmiente en principio esa versión de los siete minutos y demostraría que Pastrana no está siendo todo lo transparente que se le pide ser.
Dice Caracol Radio: “La socia de Epstein respondió con un largo párrafo en el que cuenta que tiene muchas más fotos del día en que piloteó el Black Hawk colombiano y confirmó lo que Andrew Lownie afirma en su libro sobre la relación de Jeffrey Epstein y la caída en desgracia del príncipe Andrés de Inglaterra: que Maxwell hablaba de haber disparado contra terroristas desde el helicóptero”.
Y enseguida, el sitio web de la emisora, transcribe el texto en el que Maxwell detalla la invitación que le hizo el presidente Pastrana a Colombia.
“Tengo otras fotos: recibiendo la información previa al vuelo; besando a mi copiloto al volver a tocar tierra; yo con el presidente de Colombia, quien me invitó y organizó todo el jaleo —incluyendo a los terroristas que corrían para que les disparara—; yo haciendo una voltereta hacia atrás en el helicóptero; yo sobrevolando la Amazonia a 3 pies de altura sobre la copa de los árboles a 200 millas por hora. ¿Entiendes lo que te digo? Además, tengo el casco especial (que usé en el helicóptero) y dos balas reales de 7 pulgadas que me regalaron como recuerdo. Los tengo en mi oficina listas para mostrártelos y contarte todo cuando vengas a verme”.
¿Acaso estamos hablando aquí de lo que podría ser una cacería humana recreativa, como las que describe Steffen Jacobsen en una de sus novelas? Es decir, ¿la señora pudo haber matado gente por diversión? ¿Eso pasó?
Es imposible que en apenas siete minutos Maxwell haya hecho un sobrevuelo por la selva colombiana. ¿Está diciendo el expresidente toda la verdad o va a esperar a que los archivos desclasificados sigan hablando por él?
Al caso Pastrana-Epstein, le ha salido otra pata tan grave como la inicial: el caso Pastrana-Maxwell.
Lo que las nuevas revelaciones indican es que al caso Pastrana-Epstein, le ha salido otra pata tan grave como la inicial: el caso Pastrana-Maxwell. Se necesitan explicaciones más detalladas, y menos a la ligera que las ofrecidas por él en X, para no mancillar el honor militar por la gravedad de las afirmaciones de Maxwell y las acusaciones previas que pesan sobre ella ¿Existe la bitácora que explique al detalle cuál fue el objetivo del vuelo en helicóptero y qué más pasó mientras la mujer permaneció en Colombia?
Dentro de los archivos desclasificados por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, el nombre de doña Norha Puyana aparece mencionado una vez en uno de los correos de Maxwell con otra persona, como lo reseñó el portal La Silla Vacía:
Recoge La Silla Vacía: “En el correo la mujer de apellido Larsen le pregunta a Maxwell sobre su viaje a Colombia y su encuentro con Pastrana. Maxwell es expareja de Epstein y fue su socia, condenada a 20 años de cárcel por reclutar a cientos de niñas víctimas”.
Y a renglón seguido, el portal colombiano añade el texto de la conversación:
“Sería estupendo volver a verte y me encantaría intercambiar historias sobre Colombia contigo. Me intriga saber si habrás coincidido con las personas que me introdujeron en Colombia. Comencé mis aventuras allí con Helena de Yugoslavia y Thierry Gaubert, amigos de París. Son muy amigos de Pastrana —creo que su esposa, Nora, es francesa, ¿verdad?—. De todos modos, volveré allí para quedarme con ellos de nuevo en Semana Santa”.
Luego aparece una segunda mención a la ex primera dama colombiana dentro de la investigación periodística de un medio francés, con una foto que la respalda.
Recoge La Silla Vacía: “Larsen le dice a Maxwell que visitó Colombia junto a Thierry Gaubert y su entonces esposa, la princesa Helena de Yugoslavia.
Thierry Gaubert fue amigo y exconsejero del presidente francés Nicolás Sarkozy. Su carrera política quedó sepultada por la corrupción: estuvo involucrado en el ‘Caso Karachi’ y el ‘Caso Takieddine’. Por los primeros hechos, la justicia francesa lo condenó finalmente en 2020 a dos años de prisión.
En 2011, como contó el medio francés Mediapart, se conoció que la policía francesa encontró que Gaubert tenía una mansión en Colombia llamada Cactus en el municipio de Nilo, a tres horas de Bogotá.
Mediapart, en su momento, conversó con la primera ama de llaves de Gaubert quien contó que la propiedad era visitada por Pastrana y su esposa, Nohra Puyana. “En una ocasión, de hecho, los Gaubert habían podido llegar a Nilo gracias al helicóptero de Pastrana”, relata la investigación”.
Dice La Sila Vacía que la empleada le proporcionó a Mediapart esta fotografía con el expresidente.
¿Amistades peligrosas?
Si Ghislaine Maxwell vino a Colombia invitada por Andrés Pastrana, ¿Cuántas veces vino y a qué vino? ¿Se hicieron otros viajes mientras él ejercía como presidente de la República? ¿Fue un viaje de placer como decimos? Si fue así: ¿Quién cubrió los gastos de venida, estadía y regreso? ¿Si fueron unas vacaciones, cuál fue la razón para que una civil, y extranjera para más señas, vistiera prendas de uso exclusivo de la Fuerza Aérea Colombiana? ¿Fue la señora Maxwell tan amiga de Norha Puyana, como al parecer lo fue de su esposo Andrés?
Y la pregunta que nadie se ha hecho y que parecería obvia en el contexto que nos ocupa: ¿Acaso vino la señora Maxwell, sin que nadie lo supiera, con la intención de reclutar mujeres también en Colombia?
Unas fotografías no pueden incriminar a nadie, ni asociarle con posibles crímenes sexuales, a menos que las imágenes por sí mismas sean evidencia de la comisión de un delito. Lo que quiero decir es que se necesitaría ser muy estúpido para dejarse tomar fotografías con un criminal sabiendo que lo es. Ese no es el punto aquí.
Otorgándole el beneficio la duda al expresidente Pastrana, cabría pensar que Jeffrey Epstein planeó de manera hábil ampliar su círculo social para demostrar su poder de influencia, usando para ello a todo tipo de personajes influyentes. Lo que nadie ha logrado establecer es si todas las personas mencionadas en los archivos, uno: sabían de las andanzas no santas del señor Epstein y dos, si fueron atraídas a hacia su red criminal (hacia su secreta vida perversa) con fines criminales.
En los casos, por ejemplo, del intelectual Noam Chomsky o del científico Stephen Hawking –con Esclerosis Lateral Amiotrófica, ELA, una enfermedad que lo mantuvo paralizado desde los 21 años-, uno creería que no, que esas personas no se prestarían para algo sucio y ruin. Que muchas personalidades, quizás sin saberlo, contribuyen a forjar la fama de Epstein como hombre importante, porque él así lo planeó y los usó con ese propósito. Con Esptein muerto, la única que sabe la verdad es la señora Maxwell.
El deber superior de la prensa es derribar cualquier silencio que cubra de impunidad al poder y a los poderosos.
Los ciudadanos tenemos derecho a conocer la verdad, pase lo que pase. Recordemos que Andrés Pastrana fue periodista antes que político (su familia fue dueña del noticiero Tv Hoy y del periódico La Prensa), así que conoce de sobra el legítimo derecho la sociedad a que se conozca la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad sobre su relación con este escándalo. Mientras escribo esto, El Espectador trae el siguiente titular: “Escándalo del nivel del Watergate: Justicia de EE.UU. borró archivos de Epstein y Trump”.
Al señor Pastrana no se le está acusando de nada, porque no hay hasta ahora pruebas que lo inculpen directamente de ningún hecho atroz, pero en su condición de expresidente de la República está obligado, por el buen nombre suyo, el de su familia y, sobre todo, el del país, no solo a dar explicaciones —que las empezó a dar acorralado por las presiones—, sino a demostrar que no mantuvo vínculo alguno con la red criminal que orquestaron Epstein y su novia.
Ser amigo de un asesino, no lo hace a uno asesino, del mismo modo que ser amigo de un pedófilo no lo convierte en uno. Pero en ambos casos, todas las suspicacias que hoy recaen sobre Andrés Pastrana tienen su origen en dos dichos propios de nuestra sabiduría popular: “El que anda entra la miel, algo se le pega” y “Dime con quién andas y te diré quién eres”.
Lo que el país necesita saber es cómo comenzó y hasta dónde llegó esa amistad con el tristemente célebre Jeffrey Epstein y su novia. Los medios colombianos nos siguen debiendo la gran entrevista con Andrés Pastrana, donde no quede pregunta sin hacerse. El deber superior de la prensa es derribar cualquier silencio que cubra de impunidad al poder y a los poderosos.
De las 20 preguntas que hacen los periodistas en el documento “No al Pacto de Silencio”, la más importante es la última: ¿Estaría dispuesto a tener una conversación pública para contestar estas preguntas?
Resulta poco elegante y al menos descortés de su parte, dejar que otros hablen por usted, señor expresidente, que es el principal aludido en este asunto. No se defiende la honra compartiendo la misma cobija.
No basta con que diga que “nunca viajé en el infame avión ni visité la infame isla”. Del expresidente Andrés Pastrana seguimos esperando un Sí o un No a esa pregunta final. Si el silencio permanece, se entenderá, como dice la sabiduría popular, que el que calla, otorga.
Alexander Velásquez
Escritor, periodista, columnista, analista de medios, bloguero, podcaster y agente de prensa. Bogotano, vinculado a los medios de comunicación durante 30 años. Ha escrito para importantes publicaciones de Colombia, entre ellas El Espectador, Semana (la antigua); El Tiempo y Kienyke. Ha sido coordinador del Premio Nacional de Periodismo CPB (ediciones 2021, 2022, 2023). Le gusta escribir sobre literatura, arte y cultura, cine, periodismo, estilos de vida saludable, política y actualidad. Autor de la novela “La mujer que debía morir el sábado por la tarde”. El nombre de este blog, Cura de reposo, se me ocurrió leyendo “La montaña mágica”, esa gran novela de Thomas Mann.
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