Iván Cepeda y Roy Barreras, candidatos presidenciales. Fotografías tomadas de sus cuentas en la red social X.
“Estos son mis principios, y si no le gustan tengo otros”: Groucho Marx:
¿Quién gobernaría mejor a Colombia: un poeta o un filósofo?
Un filósofo humanista entiende mejor lo que es la justicia social, mejor que el poeta y mejor que el político. Además, mientras Cepeda sostiene su candidatura sobre el estandarte de la ética y los valores humanos, Roy sabe que clientelismo y principios riñen, así que estos últimos se vuelven incómodos: de sus cien candidatos al Congreso, muchos están o investigados o cuestionados, según La Silla Vacía.
Titular de la revista Cambio: “Roy Barreras suma apoyos clave y toma distancia de la izquierda radical”. Es decir, propone unir a Colombia mientras divide a la izquierda, y hábilmente va trazando distancias: Roy representa el centro, según Roy, y Cepeda se comporta como alguien de la izquierda extrema, según Roy.
Nadie sabe si Petro respalda o no a Cepeda. Es el secreto mejor guardado. Si Petro le quita el respaldo a Cepeda, la izquierda quedará huérfana para 2026; incluso, una traición del presidente al progresismo genuino que encarna Cepeda, tendría consecuencias lamentables de cara a las elecciones 2030.
Mientras la izquierda no tenga una figura rompedora, pasarán décadas antes de que pueda soñar con volver a la Casa de Nariño. Pasarán 30 años para que la izquierda tenga en sus filas a alguien, hombre o mujer, con las agallas y carisma de Petro. Es posible que ni siquiera haya nacido todavía. La izquierda se está tardando en la tarea de forjar liderazgos para el futuro.
Si Roy iguala o supera los votos de Cepeda (1.500.000) o iguala los 2.700.000 votos del Pacto Histórico, se convertirá en el candidato no del progresismo, sino del establecimiento, y por establecimiento entiéndase toda la clase política tradicional, donde caben incluso los uribistas, pues Roy ya fue uno de ellos.
Como quien dice, el gallo tapado para vencer a Cepeda en las presidenciales no sería Abelardo De la Espriella, sino el propio Roy, que hábilmente usa la expresión “izquierda extrema” cuando le cuestionan su traición a Iván Cepeda, el que antes era su amigo y hasta lo llamaba “compañero”, apelativo que se nota falso viniendo de él, pero que lo seguirá usando porque resulta útil para atraer el voto de una izquierda confundida. Mientras tanto, el uribismo, que no ataca a Roy, ataca a Cepeda para situarlo en la izquierda más radical.
El Colombiano recoge las declaraciones de la candidata Paloma Valencia: “El camino que propone Iván Cepeda es el de Cuba y Venezuela”.
Su jefe Álvaro Uribe, más agresivo, lanzó una acusación contra el candidato del Pacto Histórico al compararlo con Fidel Castro y al afirmar que trabajaba para las FARC. “Cepeda ha sido útil para el terrorismo y no sabe de nada más”. En ese “no sabe de nada más”, al expresidente se le olvida de manera conveniente el Cepeda que lo puso frente a los estrados judiciales y podría ponerlo en la cárcel, porque el caso contra él sigue abierto, ya que, por un lado, el fallo absolutorio fue apelado y, por otra parte, se abrió una investigación contra los magistrados que lo declararon inocente.
De hecho, para atacar a Cepeda, Roy salió en defensa de Uribe: “Esa idea de andar persiguiendo presidentes y obsesionados por meterlos a la cárcel divide al país”, dijo. Así que la derecha y la derecha más extrema encontraron ya inspiración en un Roy exuribista para agitar la causa anticepedista.
El Todos contra Cepeda podría ser el apoyo velado del Uribismo para llevar a Roy sano y salvo a la otra orilla, mientras le meten piedras en los bolsillos a Cepeda para hundirlo. Lo estigmatizan por su condición de hombre de izquierda, rotulándolo de comunista cuando no lo es (lo fue). En la entrevista con Daniel Pacheco (La Silla Vacía, 23 de febrero), el propio Roy pone de manera intencional las palabras Partido Comunista y Cepeda radicalizado en la misma oración.
¿Qué tan diferente es lo que hacen hoy contra Cepeda de lo que hicieron en el pasado (años 80sy 90s), contra los líderes progresistas, incluido el senador y periodista Manuel Cepeda, padre de Iván Cepeda, asesinado en 1994?
Entre tanto, crece el número de comentaristas que respaldan a Roy, incluido Enrique Santos Calderón —que con la edad perdió la exquisitez de su pluma de Contraescape ahora que escribe para Cambio—, con lo cual podría uno malpensar que en todo esto se nota la mano invisible del (otro) establecimiento que representa Juan Manuel Santos.
Recuerden ustedes que el año pasado Santos le pidió a Uribe unirse “para defender la democracia”, cuando Petro propuso la Consulta Popular. ¿Y si Uribe y Santos están dialogando (del verbo confabular) sin que sepamos? El común denominador entre Uribe y Santos se llama Roy Barreras. Y como Santos y Uribe, Roy ya está hablando de seguridad, paz y justicia social, en ese orden.
Si el Pacto Histórico no encuentra rapidito la manera inteligente de comunicar para parar la guerra sucia mediática que se viene incrementada contra su candidato, en cuestión de semanas el mensaje habrá calado, como caló cuando convencieron al país de que Colombia se volvería Venezuela con Petro. Un amigo me dice que la gente ya no le come cuento a esa estrategia burda.
—Sí y no, respondo yo. No lo creyó hace cuatro años con Petro, pero Cepeda es Cepeda, así que si fuera él, no me confiaría de esa tesis, menos sabiendo que hay un 30% de colombianos indecisos, según las encuestas.
Si Roy termina imponiéndose como el candidato de la centro-derecha, —vendiéndose como el candidato de la centro-izquierda, y con los votos de la izquierda—, es posible que gane la presidencia, no para mejorar el país, sino para hacerse temprano con el título de presidente de la República y, de paso, dejar al establecimiento sentado, otra vez, en el solio de Bolívar. Apuesto mi cabeza a que estamos a nada de una nueva encuesta que mejore los números de Roy; es cuestión de paciencia.
Pero si Roy no se sale con la suya el 8 de marzo, su reputación como operador político lo devolverá al principio: el poeta que escribe malos versos en sus ratos libres, mudará de piel para buscar la silla vicepresidencial, como la cuota inicial de su candidatura presidencial en 2030. No creo, sinceramente, que se conforme esta vez con tan poco.
Una salida digna para la izquierda
El camino que le queda a la izquierda es actuar conforme a sus principios. Porque los principios no cuestan lo que cuesta un plato de lentejas. Es decir, deben llegar con Iván Cepeda hasta el final, sin acuerdos; es lo correcto, incluso si el candidato pierde. Antes que componendas, el Pacto Histórico debe plantearse la posibilidad de hacer una oposición inteligente al nuevo gobierno (esté o no en cabeza de Roy), que siembre la semilla para encarar 2030 con ánimos renovados y ojalá con una figura fuerte que debe empezar a construirse hoy, porque para antier es tarde. La izquierda no puede darse el lujo de seguir pensando en el poder sin prepararse para ejercerlo.
En condición de opositor a un posible gobierno de Roy, el Pacto Histórico tendría cómo defender todo aquello en lo cree —y eso incluye, salir a la calle a defenderlo, con los mismos que hoy acompañan a Cepeda en la plaza pública—, pero si hace acuerdos con Roy, para encaramarse con el poeta en el mismo bus, el partido quedaría maniatado, desdibujado y sin ninguna autoridad moral, porque los principios no se negocian por unos cuantos puestos, por una torta burocrática con muchos clientes detrás rumiándola.
Si el Pacto Histórico se convierte en eso, en un partido que transa por sobras, desmantelará su alma, será otro partido tradicional más; y el progresismo desaparecería como desaparecido está el centro en esta campaña presidencial.
Esa no es la izquierda en la que yo creo desde los 14 años, ni por la que voté en 2022. Si algo así ocurre, por primera vez reconoceré el valor del voto en blanco, que si bien no quita ni pone, me permitirá dormir con la conciencia tranquila, como hasta ahora, y no viendo cómo otros negocian, a costa de mi voto, los valores ideológicos que han moldeado mi existencia durante 40 años.
Amo la poesía y la filosofía por igual: pero creo más en la sinceridad y decencia del filósofo Cepeda que en las del poeta Roy para gobernar un país de tiempo atrás desigual por culpa de las decisiones políticas. Pero soy realista, de los que usa la cabeza en vez del corazón: me preocupa que la izquierda, sin aliados para dar la pelea ante esa clase política rancia pero efectista que representa Roy Barreras y su harto cuestionado pasado político multicolor, termine cediendo a los chantajes del poeta.
“Puedo escribir los versos más tristes esta noche…”.