Jeffrey Epstein, Ghislaine Maxwell y Andrés Pastrana, imágenes tomadas de sus cuentas públicas en la red social X.

Doctor Andrés Pastrana (en otros tiempos Excelentísimo señor presidente):

El domingo de elecciones lo vi muy tieso, hasta teso y muy majo, como siempre divina y pulcramente vestido, desde el muy exclusivo Liceo Francés de Bogotá, pontificando sobre los problemas de Petro con el CNE o acusándolo, en X, de robarse la presidencia.

Ya se le notan los 72 agostos, y no los bríos de hace veintipico cuando —hasta ahora me vengo a enterar—, se conoció con Ghislaine. Maxwell, que para entonces tendría 40 diciembres encima y todavía no era la pareja de Jeffrey Epstein, según las malas lenguas. Con ella hubo cruce de correos electrónicos, uno que otro subidito de tono, o eso me pareció, ya veremos si son impresiones mías.  

Los reprodujo la BBC de Londres mientras el país andaba anestesiado la víspera electoral del 8 de marzo. Al concluir la lectura, pensé: –Esperemos a que pase la batajola y volveremos con el doctor Pastrana, que por lo pronto le sigue haciendo pistola a las casi doscientas mujeres que le piden respuestas a 20 preguntas sobre su relación con el tristemente célebre Epstein y la señora Maxwell, hoy en prisión condenada por tráfico sexual, y con menores de edad, labor que adelantaba para el finado multimillonario y su selecta clientela.

Pero su señoría no ha tenido tiempo para responder a esas ¿nimiedades?, incluso pasó de agache ante ciertas preguntas de la BBC. Tiene tiempo eso sí para opinar sobre lo divino y lo diluviano en materia política, a pesar de que, como figura pública, dejó de ser relevante desde cuando le anularon la personería jurídica a su partido Nueva Fuerza Democrática. ¿Qué por qué sé eso? Pues porque, en un país con alzhéimer colectivo, soy de esos jurásicos que por fortuna todavía lee prensa.

También por esos días, El País de España publicó esta ilustrada columna sobre el “safari humano” de Ghislaine Maxwell y Andrés Pastrana. Así lo titularon ellos. Alcancé a pensar que se trataba de una excursión a Panaca con Nohra y los niños, como la que hizo otro expresidente, Iván Duque, y su primera dama, quienes viajaron al Quindío en 2020 en combo familiar (incluidas tres amigas de su hija y las mamás de ellas), con cargo al erario público. Pero no. Lo del “safarí humano” hace referencia a algo que podría ser mucho peor que usar un avión presidencial con fines vacacionales y sobre lo cual sumercé lindo le debe explicaciones al país.

Don Andrés, don Andrés… ¿hasta dónde pudo llegar su amistad con miss Maxwell para que ella le escribiera estas líneas que reproduce la BBC de Londres?

En un correo usted le dice a ella: “Yo quería conocer a tus amigos crees que todavía soy muy joven”.

En otro correo, hablando de otro asunto, ella le responde a usted: “No solo voy a tener que darte unos azotes muy muy fuertes la próxima vez que te vea, sino que tendré que hacer algo aún más cruel. Lo estoy pensando seriamente”.

Me pregunto, expresidente, qué nivel de confianza debe existir entre un hombre y una mujer para intercambiar correspondencia en esos términos, o qué pudo pasar previamente y dónde pasó eso exactamente. Podrían acusarme de chismoso y sin oficio, pero recuerde que ninguna suspicacia es menor cuando toda una nación sigue expectante por conocer de su propia boca sí estuvo o no en la isla de Epstein, cuántas veces y con qué objeto. Seguimos deseosos de que los archivos privados del señor Epstein desentierren nuevos secretos, amén de la eficiente labor de la justicia estadounidense.

Los demás correos corresponden a conversaciones íntimas y pueden leerse aquí porque ahora son de conocimiento público.

Por último, y ya para no atormentarlo más con mi imprudencia, le recuerdo que su homólogo, el expresidente Bill Clinton, tuvo que comparecer ante el Congreso de los Estados Unidos (y también su esposa) para explicar hasta dónde llegó la relación con el pederasta Epstein. El hombre insiste en que se conocieron por cuestiones de obras benéficas y que desconocía el asunto de sus delitos sexuales, aun cuando una de las fotos reveladas muestra a míster Clinton recostado en un jacuzzi con alguien más, a lo mejor —pensé yo, que soy bienpensado—, sumergido en aguas “muy benéficas” para la salud.

Se me ocurre entonces que no sería mala idea que también el Congreso de Colombia lo cite a usted con relación al mismo caso, para que responda las preguntas de las periodistas y para que aclare toda las dudas en torno al “safari humano”, por la delicada aseveración que el abogado y periodista Guillermo Pérez plantea en su columna.

La persona que podría citarle es el senador Iván Cepeda; sí, el mismo que llevó a juicio a Álvaro Uribe; aquel a quien usted trató de chantajista en un trino, luego de que el candidato presidencial anunció en otro trino una denuncia penal contra usted “para que se investiguen las posibles conductas punibles en que pudo haber incurrido”.

No siendo más, esperamos, su señoría, que tenga las agallas de repetir en público lo que escribe con tanta fiereza cuando se escuda en la pantalla de su teléfono celular. El país es todo oídos.

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