<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
    xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
    xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
    xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
    xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
    xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
    xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
    xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"
    >

<channel>
    <title>Blogs El Espectador</title>
    <link></link>
    <atom:link href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/los-edificios-se-estan-tragando-las-casas-bogotanas/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Sun, 31 May 2026 19:13:48 +0000</lastBuildDate>
    <language>es-CO</language>
    <sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
    <sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
    <generator>https://wordpress.org/?v=7.0</generator>

<image>
	<url>https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/11163253/cropped-favicon-96-32x32.png</url>
	<title>Los edificios se tragan las casas bogotanas | Blogs El Espectador</title>
	<link></link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
        <item>
        <title>Los edificios se tragan las casas bogotanas</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/los-edificios-se-estan-tragando-las-casas-bogotanas/</link>
        <description><![CDATA[<p>Poco se habla del crecimiento vertical de la ciudad. ¿El desarrollo urbano e inmobiliario es oportunidad u oportunismo?  ¿Qué recuerdos tiene el lector sobre la casa de su infancia?</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Fotografía tomada desde el puente de la estación Marsella de Transmilenio. </em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-bacf3d652dc390ea15c0e493daba080f wp-block-paragraph"><strong>“Milagro que esa casa siga en pie, en este país de demoliciones, saqueos, incendios y olvidos”: Fernando Vallejo, escritor colombiano, en referencia a la casa del poeta bogotano José Asunción Silva, ubicada en el centro histórico. (Novela <em>Chapolas negras</em>)</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cualquiera que haya leído el título de esta historia sabrá que en su entorno más cercano donde hoy hay un edificio, ayer había una casa. Y donde hoy levantan un edificio, mañana levantarán otro, y otro, y otro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No sé si todavía en las casas de hoy desalojan a la gente <em>a las malas</em>, como en la película <em>La estrategia del Caracol</em> (1993), basada en un hecho real que ocurrió en la Bogotá del siglo pasado. Lo que sí vemos es que las casas se alargan en ese frenesí inmobiliario que experimenta la capital. Pierden su sencillez para ser tragadas, sepultadas, bajo moles de cemento, hormigón y asbesto. Dinosaurios inanimados de nuestro tiempo pavoneándose en medio del paisaje.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los desalojos tienen ahora nombre rimbombante: gentrificación. Vivimos la era de la verticalización urbana. ¿Quién nos dirá, por ejemplo, cuántas casas se está llevando por delante el Metro de Bogotá?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos habita la desmesura, esa tendencia a exagerarlo todo&#8230; hasta la riqueza. Los urbanizadores construyen edificios de 30 pisos y más, quizás para susurrarle a Dios sin que sepamos. ¡Qué va! Más bien se trata de un afán desmedido de dinero que está creando hacinamiento urbano, prueba de que la ciudad sigue creciendo peligrosa y desordenadamente. ¿Qué normas alientan este apetito capitalista?  ¿Quién autoriza las licencias, quién determina qué tan alto es demasiado alto?</p>



<p class="wp-block-paragraph">En un artículo de la Revista Bitácora Urbano Territorial (Universidad Nacional), el profesor Germán Montenegro-Miranda, arquitecto y Doctor en Geografía, escribió lo siguiente en 2018: <em>“Este desequilibrio estaría en contradicción con el principio fundamental de la Ley de Ordenamiento Territorial colombiana, que prioriza el derecho general de las personas por encima de los particulares, derechos que empiezan a generar una geografía del conflicto ligada a la pérdida de la calidad de vida relacionada directamente con la saturación de la edificación”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta neurosis urbana, los conjuntos cerrados tienden a parecerse a inquilinatos, con la diferencia de que al inquilino lo llaman co-propietario. Son pequeñas ciudades dentro de una ciudad, ya de por sí caótica, mal planificada. “Estamos locos, yo me imagino el infierno que deben ser esas asambleas de propietarios&#8221;, se lamentó el arquitecto Carlos Niño, durante el Conversatorio “La arquitectura en Bogota: Momentos y generaciones”, convocado por la Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá. En la misma tertulia, el joven arquitecto Alejandro Rogelis, quien creció en la Bogotá de los conjuntos&nbsp;cerrados, añadió con tono pesaroso: “Aparecieron las rejas y se empezó a romper la ciudad”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo, que sufro de acrofobia, no viviría en rascacielos. Ante un leve temblor, ¿cuánto tiempo tardaría uno en tocar tierra? Pero, bueno, estar cerquita a Dios debe tener sus ventajas. Prefiero tener los pies en la Tierra y la cama pegada al suelo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vivir en semejante altura es estar agarrado de la nada. Como viajar en un avión que nunca aterriza. El edificio de seis pisos, donde vivo, ya me parece alto. Y los hay que se levantan sobre colinas,&nbsp;reforzados a lo maldita sea con más estructuras de concreto y acero, que le hacen fieros a la naturaleza. Si la llaman edificación de gran altura, ¿es correcto decirle propiedad horizontal a la propiedad que crece verticalmente?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Prefiero las casas y amo las casas, sobre todas las cosas. Extraño aquella donde pasé mi infancia, una casa de barrio popular, cuyo primer piso fue alquilado por mis abuelos al llegar a Bogotá a principios de los 70s. Vivieron de pagar la renta como don Ramón durante diez años, hasta adquirir el terreno donde con ayuda de sus hijos construyeron un rancho propio. Porque eso era. Un rancho con paredes y techo de zinc al principio pero luego se transformó en una casa de verdad, con sus dos pisos, desde donde se puede observar la ciudad, con lo bonito y lo feo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las casas antiguas con patios, zaguanes y cuartos de San Alejo —como la casa de mi infancia, al sur de Bogotá— están desapareciendo. En el patio había un árbol de tronco grueso, donde enterramos a mi única tortuguita. Se tenían animales porque las casas eran amplísimas. Comenten un <em>crimen </em>esas familias con tres y cuatro perros en apartamentos de 50 metros. Teníamos albercas descomunales, donde se lavaba la ropa y lo bañaban a uno. ¿Todavía existen las albercas? </p>



<p class="wp-block-paragraph">Los zaguanes eran cómplices de los amoríos tempranos y los besos bobos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Le manda a decir mamá que se entre ya —decía uno, ya <em>volantoncito</em>, al hermano o la hermana mayor, en edad de merecer, mientras él o ella candoroso, permanecía apostado en el portón, buscando lo que no se le había perdido. A menos que los papás se descuiden, en los edificios modernos ya no se pueden hacer esas gracias. De hecho, en los edificios nadie sabe quién vive al lado, como no sea cuando toque hacer un reclamo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Estamos viviendo unos encima de otros, pero no hemos sido capaces de aprender a convivir. Debemos generar una nueva ciudadanía a partir de espacios públicos compartidos. Es un hecho que cada vez habrá menos habitantes en la ciudad y no puede ser que la única interacción de muchas personas sea con una pantalla. Nos estamos volviendo una sociedad más repulsiva con el otro”, me cuenta Gina Martínez, una amiga, a quien le aterra que “algo que estamos perdiendo con las construcciones de altura”.</p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>En nuestra época la vida transcurría en la cuadra más que en la casa. </em></p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Imagen del barrio La Merced.</em></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="995" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/25090059/ZETA-EDIFICIO-BARRIOS-CON-CALLE-1024x995.jpg" alt="" class="wp-image-117401" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/25090059/ZETA-EDIFICIO-BARRIOS-CON-CALLE-1024x995.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/25090059/ZETA-EDIFICIO-BARRIOS-CON-CALLE-300x291.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/25090059/ZETA-EDIFICIO-BARRIOS-CON-CALLE-768x746.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/25090059/ZETA-EDIFICIO-BARRIOS-CON-CALLE.jpg 1079w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<h2 class="wp-block-heading">Pasando por encima de las casas, los edificios reescriben la historia de las ciudades.</h2>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">En la otra casa, la casa propia de nuestra infancia, en cuya entrada había un árbol de saúco y una planta de ortiga, mi abuela era el ogro de los prospectos para yernos: amenazaba a los intrusos con bañarlos en orines si los veía rondando a sus hijas. ¡Oh, si aquella planta de ortiga hablara, cómo nos dolerían los recuerdos!</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cada vez que cae una casa cae herida la memoria. Mueren las personas, mueren las casas, muere el pasado. Una historia sepultada es el principio de otra. Las generaciones o las degeneraciones. Eso depende. Derrumbadas las casas ahora sí podremos dedicarnos a construirlas en el aire para emular la promesa del maestro Rafael Escalona a su amada Ada Luz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De la casa de mi infancia tengo dos recuerdos feos. En una ocasión, los ladrones entraron por la terraza a través del tercer piso, usando una escalera gigante de madera. Desde el primer piso cargaron, otra vez hasta el tercero, el equipo de sonido que recién había traído de Cartagena el tío Jairo, el primero que tuvo la fortuna de conocer el mar y el primer caso de cáncer en la familia materna. Al día siguiente aparecieron los elepés regados por toda la casa y en la calle la prueba del delito: la escalera de madera que los rateros olvidaron llevarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El otro robo fue con ocasión del matrimonio del Tío Oliverio, para la fiesta de Reyes de 1979; de pronto, se fue la luz y cuando volvió ya habían desaparecido la mitad de los regalos del cuarto secreto, que tan secreto no fue. Todavía no inventaban la lluvia de sobres. Mientras los grandes bailaban y se emborrachaban, y los ladrones hacían su enero, los niños nos untábamos de calle.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque en nuestra época la vida transcurría en la cuadra más que en la casa. La calle era nuestro mundo a conquistar. Nos gustaba más la calle que la comida, porque en la calle llenábamos las horas con alegría hasta que salía la luna a acompañarnos. Los amigos se hacían en la calle. Jugábamos a timbrar en las otras casas y salíamos a correr. “Tin tín corre corre” se llamaba ese juego. Por eso hay una canción de rock en español que se llama <em>La calle, </em>del dúo bogotano <em>Compañía Ilimitada</em>.</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-4e463cec171f15a6e7933c4c94c93b7c wp-block-paragraph"><strong><em>Si te encuentras solo al atardecer</em></strong><strong></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-30ee71905218a3e3f1e486d301a75ddc wp-block-paragraph"><strong><em>Y no tienes nada, nada, nada más que hacer</em></strong><strong></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-744e6dc19314b17ef51d5eec1b59eb6d wp-block-paragraph"><strong><em>Toma tu walkman ponte en camino, déjate llevar</em></strong><strong></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-d600a5af58c44bbab82217d401c3d986 wp-block-paragraph"><strong><em>La calle será tu amigo, el sedante de tu soledad</em></strong><strong></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-e41c921fcd41c7fe51d786a294e6aab7 wp-block-paragraph"><strong><em>Yeah uh oh uh oh uh oh</em></strong><strong></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-a2107e12c7cada15a146e298926df5c0 wp-block-paragraph"><strong><em>En la calle</em></strong><strong></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-4fa9dcba99aac285b474e4dc0ed3665f wp-block-paragraph"><strong><em>Algo bueno va a pasar</em></strong><strong></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-812a0bf658dc8f846d8a12f621d754b9 wp-block-paragraph"><strong><em>Ven sale a la calle</em></strong><strong></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Llegábamos sudorosos de la calle, vueltos uno ocho, a veces mugrientos. Los niños de ahora siempre están impecables. Son sedentaria y obesamente caseros, aunque el término casero es un decir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pasando por encima de las casas, los edificios reescriben la historia de las ciudades. A las casas que desaparecen les sobrevive la nostalgia. La modernidad observa desafiante al cielo. Esa modernidad se eleva como cometa, despojándonos del pasado, arrastrándose por los aires no sabemos hacía dónde. ¿Quién defenderá nuestra huella colonial cuando vengan a arrasarla?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando uno extraña la casa de su infancia, en realidad lo que extraña es la infancia misma, por aquellos que se marcharon para siempre. <strong>FIN.</strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-0aebb028c68848bd9c29375ad11d5abe wp-block-paragraph"><strong><em>Ya no vive nadie en ella</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-6100dc7b8af02bd264058369605bebb1 wp-block-paragraph"><strong><em>y a la orilla del camino silenciosa esta la casa</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-9203b333833b83c2a395e57ee654abbf wp-block-paragraph"><strong><em>se diría que sus puertas se cerraron para siempre</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-1831a7420074d0ccad69bedaee3bfa4b wp-block-paragraph"><strong><em>se cerraron para siempre sus ventanas</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-83d1eb983f23e41857337582a5f44808 wp-block-paragraph"><strong><em>Gime el viento en los aleros</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-d364ca6c9fba03e9c0a41532b38fa8a3 wp-block-paragraph"><strong><em>desmoronanse las tapias</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-04fd5c1c6e451e692d507dcc0c4b1e31 wp-block-paragraph"><strong><em>y en sus piedras cabecean</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-1b397869f8e69bd04c770ffb8dfb8af0 wp-block-paragraph"><strong><em>combatidas por el viento, las acacias</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-9f9e6c181aa4f9ef58a0a5762cefd725 wp-block-paragraph"><strong><em>combatidas por el viento las acacias</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-596bc567c38593e26e92e483ead5c77a wp-block-paragraph"><strong><em>Dolorido, fatigado de este viaje de la vida</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-fa963519ebc58fe62ed03404d48a440a wp-block-paragraph"><strong><em>he pasado por las puertas de la estancia</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-da00c37366a9dfa0692ee3843ea95d5d wp-block-paragraph"><strong><em>y una historia me contaron las acacias</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-5bc1bf2aa2573470143b478841e44931 wp-block-paragraph"><strong><em>todo ha muerto, la alegría y el bullicio</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-e1a76a6d8ca228a5eef5bbe9c794507f wp-block-paragraph"><strong><em>Los que fueron la alegría y el calor de aquella casa</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-a3b48fd04cba1dd60fb2d88fb8618e21 wp-block-paragraph"><strong><em>se marcharon unos muertos y otros vivos</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-bfa45ba553a69bed3176ce842daa8d46 wp-block-paragraph"><strong><em>que tenían muerta el alma</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-b04a9ee9d575a24c45b6aaff8720863e wp-block-paragraph"><strong><em>se marcharon para siempre de esta casa.</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-08da11da43b23d11e0ede0087ff2189b wp-block-paragraph"><strong>Las Acacias (Pasillo, 1978)</strong> <strong>Canción de Dueto de antaño</strong> <strong>Compositor: Jorge Molina Cano</strong></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong>Mañana: </strong>Los edificios hiperdensificados de Bogotá. Entrevista con el arquitecto Carlos Campuzano Castelló. </p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=117366</guid>
        <pubDate>Sat, 28 Jun 2025 13:20:19 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/25085658/ZETA-EDIFICIO-MONSERRATE.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Los edificios se tragan las casas bogotanas]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
    </channel>
</rss>