Ilustración generada por inteligencia artificial para este blog de El Espectador.

Caer o no caer en la trampa de Roy: esa es la cuestión. Y para eso, toca leerlo entre líneas.

La izquierda no puede caer en la trampa de Roy Barreras desde cuando amenazó con hacerse contar en la consulta interpartidista del 8 de marzo. “Primero nos contamos y luego nos juntamos”, le dijo a María Jimena Duzán, que estuvo muy suavecita con él en la entrevista de su podcast, a diferenció de la Mariajime que mostró las uñas en una columna de Cambio titulada: “El circo de hoy”, y que en su podcast re-tituló: “El CNE le hizo el milagrito a Roy Barreras”. Como dice el vallenato, la periodista mató al tigre y se asustó con el cuero al tenerlo de frente para confrontarlo.

“Su última hazaña —dice María Jimena— es de no creer: en cosa de días, convirtió la gran consulta de la izquierda prevista para este 8 de marzo en un circo en el que el dueño del espectáculo es él”.

Roy ha montado un edulcorado discurso. Asegura ser capaz de superar el millón y medio de votos que Iván Cepeda obtuvo en la consulta del Pacto Histórico en octubre para ser el candidato oficial de la izquierda, pero el poeta y ahora novelista Roy no se refiere a los más de dos millones trescientos mil votos que sacó la izquierda toda en esa misma consulta, según este reporte oficial de la Registraduría. Y eso sin sumar los casi 400 mil votos que fueron invalidados (nulos o no marcados), prueba del analfabetismo electoral que no logramos superar en Colombia.

La trampa matemática es doble: al desconocer el resto de votos, Roy impone una cantidad que, según él, mataría la candidatura presidencial de Cepeda, sin mostrar medio centímetro de respeto por las encuestas que él lidera, y esa imposición, que es más bien suposición, de paso le soluciona a Gustavo Petro la molestia de hacer pública su malquerencia —o no preferencia— hacia Cepeda en favor de Roy o, mejor, de las deudas políticas que pudiera tener con éste.

El hecho de que el presidente diga que no hay que votar la consulta interpartidista del 8 de marzo, no significa nada, con un Roy que, solito, lleva décadas aceitando la maquinaría electoral, y nada más estaba esperando con paciencia este momento para engrasar sus manos otra vez.    

Pero volvamos a la matemática electoral.

En números reales, el Pacto Histórico movilizó dos millones setecientos mil votos en la consulta de octubre, que mal contados son los mismos votos que obtuvo en las votaciones a Senado en 2022. Porque la izquierda, disciplinada como es, vota unida y al final cubre al candidato ganador.  El propio Roy lo dijo: “Este no es un proyecto individual de Iván ni de Roy. Es un proyecto histórico colectivo para llegar juntos el centro y la izquierda, no las personas”. Si sus palabras fueran verdad, su rostro no estaría hoy en el tarjetón de la interpartidista y habría aceptado el liderazgo de Cepeda sin chistar, así de simple.

Desde ese ábaco, Roy tendría que sacar más de dos millones setecientos mil votos que le permitan plantarse fuerte frente a la izquierda, y ser viable como presidenciable por encima de ésta. Pero ¿acaso hay algún acuerdo previo que obligue a Cepeda a bajarse del tarjetón para que Roy ocupe su lugar?

Las preguntas que todos se hacen son las obvias y, por lo mismo tanto, incorrectas. ¿De dónde saldrán esos votos si el hombre está perdido en las encuestas y tampoco se le ve en las plazas públicas, llenándolas? ¿O qué espera Roy, que los mismos que votarán por Pacto Histórico al Congreso, algo confundidos, le voten también a él? En todo caso, no entiende uno la lógica de su confiado optimismo.

Mi apuesta: Roy podría igualar los votos de Cepeda, tal vez sí, pero no superar fácilmente los 2.700.000 del Pacto Histórico. Las preguntas correctas arrancan con ésta: ¿Ya hay buses a todos los barrios con la pancarta de Roy?

Hoy la realidad es ésta: Los votos que le faltarían tanto a Cepeda como a Roy para ganar en primera vuelta o pasar a segunda vuelta, dependen más de Petro que de cualquiera de los dos candidatos en combate, por más poder de negociación que tenga Roy Barreras, aceptando que es bueno en el arte de juntar gente para agrandar su propia foto. Por lo tanto, la habilidad del presidente Petro —para salir indemne ante cualquier señalamiento—, ha consistido en parecer que se hizo a un lado para que al final no sepamos de qué lado estuvo.

La otra estrategia: atacar a Cepeda “con cariño”

Queriendo quitarle mérito a Cepeda, que lidera encuestas y llena plazas, dice Roy: “Cualquiera que hoy represente a Petro, va a llenar las plazas”. Lo paradójico de la frase es que él, que se muestra tan afecto y cercano al presidente, ni siquiera ha cogido un megáfono. Su estrategia consiste en usar los medios como altoparlante para decirnos que es el llamado a continuar lo que Petro empezó. Ha sido especialmente hábil imponiendo la agenda; frente a eso, la izquierda está rezagada: muy bien que llene plazas, pero muy mal que se aleje de la conversación pública y de los medios. Roy se mueve a sus anchas en la tarima mediática, la de la prensa y las redes sociales, la que más ruido hace.

Roy alega ser también fundador del Pacto Histórico pero decidió hacer campaña por fuera del Pacto Histórico. También dijo: “Yo noto a Iván nervioso”. Lo llama compañero y al mismo tiempo, de modo sutil, lo hace ver disminuido. Conforme corran los días hasta llegar al 8 de marzo, Roy se pondrá más agresivo, confrontador, y conforme logre su objetivo en las urnas, pasará de la benevolencia del lobo en piel de oveja, al ataque frontal contra una izquierda ya dividida, o lo que quede de ella. Si se sale con la suya el domingo, el 9 de marzo Roy estrenará careta.

En consecuencia, la pregunta correcta que la izquierda debe hacerse es: ¿Qué acuerdo está haciendo Roy por fuera de la izquierda para sacar del juego a Iván Cepeda? Él habla de ondear las banderas del centro –de hecho se declara liberal progresista-, pero ¿a qué centro se refiere? ¿Qué centro representan, por ejemplo, los barones electorales o los clanes políticos?

Quiero creer en las buenas intenciones del poeta, pero prefiero pensar que esas mueren donde sus versos se transforman en prosa clientelista.

La izquierda debe negociar con Roy Barreras, sí, porque esos votos suman, pero los votos de la izquierda no pueden ponerse al servicio de lo que sea que en términos políticos represente el Roy de hoy, y ese es el verdadero problema aquí: no saber a quién o a quiénes representa el poeta, ni qué intereses defiende.

Siguiente pregunta: ¿Está siendo todo lo transparente que debería ser?

Con un presidente progresista, cuya imagen favorable se acerca al 50% en algunas encuestas, la izquierda debe mantener un candidato propio, que por supuesto no es Roy. La izquierda puede incluso aceptar que Roy sea su fórmula vicepresidencial —para conformar eso que él llama la centro-izquierda—, pero no rendirse fácilmente para aceptar un cargo decorativo.  

Si la izquierda endosa los votos de su militancia a Roy y Roy termina siendo el nuevo presidente en 2026, Dios o Petro mediante, ¿a quién le preparará Roy el camino para 2030?, a sabiendas que llega a la Casa de Nariño con acuerdos políticos de los que hoy nadie sabe nada, seguro como está de dar la sorpresa el 8 de marzo.

¿Por qué no pensar mejor en un Roy que, despojado de su ego y sus delirios de grandeza presidencial, atraiga votos para que la izquierda consolide su proyecto de cambio cuatro años más y él plante la semilla, ahora sí, de su candidatura presidencial para 2030?

¿Qué justifica que todo tenga que ser como él quiere y dice que debe ser?

El problema con un Roy obsesionado con el poder  (y con votos amarrados), es que termine siendo el peor enemigo de la izquierda colombiana si la jugada política no le sale, lo que sea que eso signifique en materia de canibalismo político. Porque los políticos saben que la venganza es ese plato que se sirve frío; él afán no tiene. Y si está nervioso, que lo debe estar, lo disimula muy bien.

Hablar de camaleones no tiene ya ningún sentido, ni lo tiene sugerir que Roy es el Maquiavelo criollo, guardando tooodas las distancias que lo separan del pensador italiano.

Hoy, cuando los partidos políticos se han despojado de su alma, ciertos políticos, inspirados quizás en el fenómeno therian, actúan más bien como ranas, saltando, no de piedra en piedra, sino de charco en charco, en clara señal de que la política se volvió un acto de múltiples malabarismos ideológicos por una razón simple: cuando las ideologías incomodan, funcionan mejor de adorno, como los principios de Roy Barreras, que ha construido su mejor ficción desde la política y la está sabiendo vender.  

Próxima entrega este lunes: Una salida digna para la izquierda frente al (posible) huracán Roy 

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