Los “uribestias” existen y los bodegueros también, no son un mito; lo confirmó el propio Álvaro Uribe Vélez, en un video que dejó mal parado al uribismo. Uno quisiera escribir sobre cosas amables, pero los políticos no ayudan.
Los “uribestias” existen y los bodegueros también, no son un mito; lo confirmó el propio Álvaro Uribe Vélez, en un video que dejó mal parado al uribismo. Uno quisiera escribir sobre cosas amables, pero los políticos no ayudan.

Mitin del uribismo en San Onofre, Sucre. Imágenes tomadas de las redes sociales.
Crecí escuchando que a los mayores hay que respetarlos. Pero hoy nos corresponde hablar de todo lo contrario: del irrespeto que nace de los mayores hacia los más jóvenes.
Secretos en reunión son de mala educación, decían. Pero el secreto hoy está en boca de todos: Uribe fue pillado infraganti dando órdenes para matonear al adversario en las redes sociales. Peló el cobre, como decimos. Desnudó su alma, sus intenciones y su carácter de hombre vengativo, sin saber que el micrófono lo delataría. La escena tuvo lugar en San Onofre, Sucre.
Si usted es político, y no cantante, cerciórese de tener el micrófono apagado en caso de que se le ocurra soltar alguna bestialidad. Ningún asesor de imagen, ni siquiera el que presume de estar más preparado que un yogur, podrá salvarlo del juicio social por decir en público lo que se dice en privado.
El video, que rueda por ahí, dejó claro que el Uribismo es el partido de un solo hombre: Álvaro Uribe. El hombre septuagenario que sin filtros, ni mediadores, recibe gente en tarima, reparte tareas y dice qué asuntos se deben tocar.
Mientras su pupila Paloma Valencia arengaba, su jefe inmediato, sin pararle bolas a ella, impartía órdenes: “Me encanta que la hagan llorar en las redes con los comentarios a esa María José. Que le hagan llorar”, repitió exultado el expresidente a la periodista Julia Navarro, —exempleada de la revista Semana y ahora empleada del uribismo—, quien, refiriéndose a una tercera persona, le informó “Yo he hecho videos ayer de usted y de hoy y se los paso para mover con los bodegueros…”.
En el país de los feminicidios y la violencia permanente contra las mujeres, hacerlas llorar es lo que hacen miles de hombres casi que por deporte y a diario. Cero consideración, cero respeto, cero sensibilidad, cero empatía hacia ellas.
Como hombre, Uribe no me representa. Para vergüenza del gremio masculino, en poquitas palabras “ha sentado cátedra” sobre una vieja e insana costumbre: el matoneo digital, que es la manera cómo se ataca a las personas en las redes sociales para descalificar, humillar, invalidar, amedrentar…
Uribe no se comporta como ex presidente, mucho menos como estadista, quizás porque nunca lo ha sido. Desesperado por ganar las elecciones de 2026, se lo ve como una persona enfebrecida o afiebrada por las redes sociales.
La víctima de los comentarios se llama María José Gómez, una joven activista e influenciadora de izquierda, quien mediante un trino denunció la agresión de la que fue objeto por parte de un expresidente de la República que ahora aspira a un puesto en el Senado, cargo que ya ocupó una vez y dejó botado en 2020 para impedir que lo investigara la Corte Suprema de Justicia por los presuntos delitos de fraude procesal y soborno, valga recordarles a aquellos con cabeza de chorlito.
Escribe María José Gómez en este trino: “El expresidente @AlvaroUribeVel manda a su ejército de bots a intimidarme y “hacerme llorar”, porque su método siempre ha sido el miedo, el hostigamiento y la amenaza. Mientras tanto, Paloma Valencia va finca por finca a pedirle el voto a los jornaleros de Córdoba, gente que pasó toda la vida trabajando sin derechos, sin estabilidad y sin poder cotizar pensión, porque su esfuerzo solo sirvió para enriquecer a los mismos de siempre, los poderosos y terratenientes.
A esa misma gente pobre y sin oportunidades hoy le quieren quitar incluso la renta básica de 230 mil pesos mientras ellos ganan más de 50 millones al mes sin hacer nada por el pueblo.
Las amenazas y actos de intimidación del expresidente Uribe en mi contra han sido reiterados y públicos. Si algo llega a sucederme en este país, lo hago exclusivamente responsable, por el clima de persecución que ha promovido en mi contra en la tierra del presidente @petrogustavo
No te tengo miedo @AlvaroUribeVel No me vas a hacer llorar. Yo hablo desde la realidad social que ustedes explotaron y despreciaron. Aunque pasen siglos, aunque intenten borrarnos, detrás de mí vendrán más. Eres la peor escoria de este país y así te va a recordar la historia”.
Como era apenas lógico, el Centro Democrático (CD), mediante un comunicado salió en defensa de los suyos, para responder al presidente Gustavo Petro, quien señaló en su cuenta de X que “las bodegas obedecen a formas comunicacionales de la extrema derecha tratando de manipular la opinión pública. Es un delito”.
No sé qué es peor: si la orden de Uribe para que los bodegueros hagan lo suyo o la respuesta lamentable y por escrito del CD. “El presidente Uribe nunca ha negado sus bodegas de ‘uribestias’, por el contrario, se siente muy orgulloso de ellas. Somos millones de ‘uribebestias’ siguiéndolo y replicándolo con convicción y pasión. (…) Las bodegas de Uribe son el corazón de los colombianos”.
En otro video, como justificándose, aparece Uribe saludando a sus seguidores de la siguiente manera: “Quiero invitar a todas aquellas personas cercanas que en el país nos ayudan con sus teléfonos, que yo los llamo mis bodegueros uribestias. ¿Ustedes me han visto por ahí con mi pocillo uribestias?” Les voy a mandar dos docenas de esos pocillos”.
—Ah, bestia. No me lo esperaba. En materia de halagos el mundo cambió, y la gente ya no se ofende porque la tratan de bruta —fue lo que pensé.
Menos mal no hubo aplausos, ni vítores por parte de los habitantes de San Onofre, porque quiero creer que ellos sí entendieron la frase como lo que es: un insulto, no un halago, como Uribe pretende hacerlo ver.
Mediante el autoinsulto, el uribismo está justificando cualquier burrada o metida de pata, mientras que el fanatismo político conduce a la gente a creer cada cosa que dicen sus líderes sin cuestionarlos medio centímetro.
Está mal maquillar con un juego de palabras comportamientos políticamente incorrectos para tapar comportamientos, también, políticamente incorrectos.
Así que si ustedes, queridos lectores y electores, buscan personas correctas en la política, quizás están buscando en el lugar equivocado. Donde a uno lo traten de bestia, ahí no es.
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