Los progresistas saben que Juan Daniel Oviedo está muy lejos de ser uno de los suyos. Y si el hombre acepta ser el vice de Paloma Valencia su verdadera piel quedará expuesta. No la tiene fácil. Y vamos a ver por qué.

—¿Sabes que voy a votar por Oviedo para que no gane Paloma?

La frase se la escuché el viernes por la tarde a una amiga mamerta que detesta al uribismo pero decidió solidarizarse con Oviedo después de que Abelardo De La Espriella se mofó remedando su forma de hablar y haciendo alguna insinuación de más, así ahora El Tigre costeño salga a defenderse argumentando que no se metió con la condición sexual de exdirector del DANE.  

—Pero ¿Cuál es el lío si Juan Daniel Oviedo hace rato rompió el closet?, le respondí; él mismo le contó al mundo lo feliz que es al lado de otro hombre, un diseñador más joven que él, con quien sostiene una relación estable.

El hecho es que pasó el domingo y todos seguimos boquiabiertos.

Un millón doscientos cincuenta y cinco mil votos son muchos para alguien que no lideraba en las encuestas. Entonces, resulta lógico eso de que miles, como mi amiga, apoyaron a Oviedo en las urnas para restarle votos a la protegida de Álvaro Uribe, sin desconocer que Abelardo, queriendo hacer más, lo convirtió en víctima de sus comentarios homofóbicos y de paso asumió el papel como su jefe de campaña exprés. Es que nadie sabe para quién trabaja y los políticos, como los peces, siempre mueren por la boca.

Pero Juan Daniel Oviedo podría ser ese globo qué fácilmente se desinfla si no administra con humildad su cuarto de hora y si no aprende a desenredar los entresijos de la política.

A Paloma Valencia, que le propuso ser su vicepresidente, le impuso condiciones, y Álvaro Uribe, que es quien dá las órdenes en el Centro Democrático, no se calló y pronto salió a respaldar a su pupila por defender los postulados del uribismo, frente a personajes como Oviedo que le piden desmarcarse del expresidente y a la vez la cuestionan por querer acabar con la JEP, el tribunal que se creó tras el acuerdo de Paz con las FARC.  

Paloma, para restarle importancia a Oviedo, dijo que tiene cinco nombres entre el tintero para elegir su fórmula. ¿Cinco? Creo que está improvisando o cañando ante la demora del otro en decidirse. (Por estos días hay desespero de muchos buscando candidatos para un cargo que goza de poco prestigio; tal es el desespero que Uribe está cediendo frente a Oviedo en su afán por volver a gobernar a Colombia en cuerpo ajeno).

Juan Daniel Oviedo debe levitar a esta hora, creyendo que está viendo a Dios en vivo y en directo, poniendo al todopoderoso expresidente a comer de su mano, para saber que al final, si ganan, las cosas se harán como diga Uribe y no como diga Oviedo en su papel de reparto.

Ya sabemos que quien no ha visto a Dios, cuando lo ve se asusta. Eso es lo que pasa cuando uno cree que puede mirar directo al sol sin sufrir quemaduras o daño en la retina. Se le olvida que está bajo los efectos embriagantes de un golpe de suerte (es decir, del golpe de opinión que le debe a Abelardo), sin una estructura política de base que lo respalde, y por lo tanto, quiéralo o no, a merced de esa vieja clase política que hará con él lo que quiera.

Porque los votos de opinión ayudan pero no siempre son suficientes, menos en una elección donde las maquinarias llegan para arrasar. Recuerden que Oviedo, en su condición de candidato presidencial, había presentado su propia lista al Congreso (La Lista de Oviedo a Senado y Cámara), y no alcanzó el umbral para elegir un solo congresista. Apenas consiguió 104 mil votos. ¿Qué pasó ahí?, es lo que nadie le está preguntando en medio de la fiesta.  

Ahora bien: Oviedo también se siente el próximo alcalde de Bogotá. Sacó más de medio millón de votos en la capital, pero también hay que recordarle que el Pacto Histórico puso más de 900 mil votos en Bogotá, doscientos mil más que el Centro Democrático. Eso pone a Oviedo en la disyuntiva de si aspirar a vicepresidente de la República, con un papel segundón, o aspirar a ser alcalde de la primera ciudad con un rol protagónico, enfrentado al principal partido progresista de Colombia, que tiene a Bogotá como su principal bastión. Si hoy gobierna un alcalde de derecha, Carlos Fernando Galán, al que le ha ido mal, lo más seguro es que la izquierda vuelva a recibir las llaves del Palacio Liévano.  

Además, nada garantiza que el Centro Democrático gane las elecciones presidenciales en mayo, o en junio si pasa a segunda vuelta, así que aceptar ser la fórmula de un partido perdedor también es un riesgo para alguien que se abre camino con su primer millón. Del mismo modo, formar parte de un gobierno nacional, en caso de que gane Paloma Valencia, implica un desgaste natural para quien tenga futuras aspiraciones políticas. En fin, celebren pero con moderación, como decía mi abuelita, que llegó a vieja por escuchar consejos. Se necesita sosiego ante un Daniel que puede caer en travesuras muy costosas para sostener su propia reputación.

Sí Oviedo, sin vanidades, entiende la realidad real como es, es posible que esté a tiempo de poner los humos y la humildad en el lugar correcto, y descubrir cómo fue que logró su alta votación en la Gran Consulta por Colombia.  No fue un milagro del Espíritu Santo, en todo caso. Creo que todavía no ha tomado conciencia de eso y lo tienen bajo presión para dar el Sí o el No en el altar uribista; así le será difícil pensar con lucidez.

¿Quién es ese hombre?

Oviedo pone cara de ser un tipo buena gente pero de antemano se sabe que todos los políticos usan su mejor máscara en campaña, porque se trata de atraer votos dando la mejor impresión, no de repeler ciudadanos, y eso se logra diciendo lo que la gente quiere escuchar: o sea, todo lo contrario a lo que en realidad se piensa. Y lo que se hace es lo que se piensó, no lo que el ciudadano distraído escuchó. Por eso, los “buenos” políticos para ser malos políticos se aprenden un truco: que la boca no delate al cerebro. Lo que no supo hacer Abelardo De la Espriella. Histrionismo: la capacidad de saber leer e interpretar un guión para que los demás le compren la actuación en las urnas.  

Oviedo, el hombre que ha servido en gobiernos uribistas, sin ser progresista ha sido hábil construyendo un relato con aroma progresista a punta de frases edulcoradas y bien aprendidas que ocultan infructuosamente su verdadero talante ideológico. Su auténtico yo. Pero los datos lo dejan en evidencia, porque lo que se ve (sobre su pasado como funcionario público) no se pregunta. Ni el mejor asesor de imagen puede tapar eso. Él es un candidato de derecha, los demás no debemos porqué ser cándidos, creyendo en conversiones extraordinarias.

Así lo describe el escritor Darío Rodríguez en el Diario de Boyacá:

Oviedo encontró su tono repartiendo periodicazos y Abelardo De la Espriella hizo el resto. El candidato atigrado debe estar lamentándose por su papel de idiota útil. De puertas hacia adentro hay que preguntarle a los de su equipo de campaña que tan buen ser humano es Juan Daniel Oviedo. Lo digo porque creo que los políticos colombianos son en general muy regulares, precisamente porque no son buenas personas.

Su discurso pausado de consejero matrimonial, casi parece el de un monaguillo con deseos de llegar a cura, de aquel que promete felicidad para todo el mundo, empezando por la propia. No hay político sin ego y menos político sin ambición. Al menos, con la reposición de votos ya aseguró una buena cantidad de efectivo que lo debe tener de plácemes: ¡más de diez mil millones de pesos para su cuenta personal!

Gane o pierda, políticamente hablando, sea o no quien cargue la maleta de Paloma Valencia, sueñe despierto o no con la Alcaldía de Bogotá, ya comenzó a disfrutar las mieles del buen negocio en que se convirtió la política en Colombia.

Bobo ustedes y yo, queridos lectores, que no hemos querido dar ese triple salto mortal. 

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