“Pensad que esto ha sucedido: os encomiendo estas palabras. Grabarlas en vuestros corazones al estar en casa, al ir por la calle, al acostaros, al levantaros; repetídselas a vuestros hijos”. (Primo Levi, Esto es un hombre, Trilogía de Auschwitz). 

No soy quien para juzgar a Dios porque, como dice la gente, para juzgar solo Dios. Pero tengo piedra. ¿Ustedes no se enojan con Él?

Hay días en que me siento muy contrariado, como si me creyera con el derecho a reclamarle por sus omisiones. Estoy en esos días. A veces desubicado, casi siempre angustiado y muy enojado al saber que los niños palestinos escriben sus nombres en manos o antebrazos para que los puedan identificar si son asesinados. Es como escribir el epitafio en el propio cuerpo. La lógica pierde ante la sinrazón. Llamarnos civilización humana es otro sinsentido. Más bien damos lástima pero nadie nos lo dice, y somos demasiado presuntuosos para admitirlo.

Lo peor es no saber por qué me enojo con Dios, si dejé de creer en su existencia desde que tengo más preocupaciones que respuestas. Si ustedes las tienen, qué afortunados son. Creo, eso sí, que nos inventamos a Dios para hacer soportable la vida; de la misma forma que inventamos al Diablo para tener a quien culpar de nuestras desgracias mayores, porque de las otras culpamos a cualquiera –incluso a Petro-, menos a nosotros.

Siento amenazada la alegría de vivir, no solo la mía. Digamos que la espiritualidad está en cuidados intensivos y las religiones ya no son suficientes para llenar vacíos. Como agnóstico encuentro cierto alivio en la literatura y, por lo que me han contado, son más inofensivos los libros que la medicación que reciben los pacientes psiquiátricos. El problema no es la crisis de fe en Dios, sino la crisis de fe en el ser humano, porque nos levantemos cada día a matarnos o matonearnos los unos a los otros. Asomarse a las redes sociales ya es para valientes.

Creo en Jesús pero no en Dios. Ese es mi verdadero dilema. De niño fui creyente y todavía defiendo a capa y espada sus enseñanzas porque fue un ser de carne y hueso, alguien que encarnó genuinamente tres virtudes en desuso: humildad, bondad y compasión (o empatía que llaman). Por lo que sabemos de él, Jesús fue una buena persona. En cambio, ¿Qué es Dios? ¿Dónde está Dios para pedirle una que otra explicación? ¿Por qué Dios no está cuando más se le necesita?  ¿Es más fuerte la ira de Dios que la de “insignificantes” humanos, cuyos lamentos desoye este mundo de ciegos? Si Dios no ha podido evitar las guerras y menos detenerlas, ¿su papel es equiparable al de la ONU?

Medio mundo puso el grito en el cielo para frenar lo que pasa en Gaza, pero Arriba nadie atiende las plegarias. Trato de comprender qué quiso decir Santa Teresa de Ávila: “Se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por aquellas que permanecen desatendidas”.

Cierro los ojos e intento imaginarme el cielo de nubes hacia adentro. Lo más cercano fue un perrito llamado Querubín que tuvimos en casa el siglo pasado; según el diccionario de la Real Academia Española, RAE, en la religión católica, los querubines son “los espíritus celestes que forman su segundo coro y, junto con los serafines y los tronos, la primera jerarquía, la cual contempla directamente a Dios y canta su gloria”. Suena bonito, ojalá fuera verdad.

Pero intento creer, cómo no.  Imagino que en días soleados Dios se asoma por un balcón para echar un vistazo abajo, no sé si antes o después de la siesta. Le escribía cartas en Navidad pero nunca respondió. O no sabía leer, porque una vez pedí un balón y  me salieron con un par de medias debajo de la almohada.

Me gustaría entrevistarlo. Le hablaría de Tú sobre la guerra, porque me siento más cómodo tuteando que hablando de usted para disimular la insolencia de mis preguntas. Sí alguien va al cielo por estos días, haga el favor de transmitirle mis inquietudes:

1. Dios: Si todos somos hijos tuyos, y nosotros somos el tercer mundo… ¿A qué categoría pertenecen los niños palestinos? ¿Son ciudadanos de quinta? Ni a las moscas las persiguen para matarlas con tal sevicia.

El ex-canciller Rodrigo Pardo criticó al gobierno colombiano por poner en peligro las relaciones con Israel. “¿Para qué pagar un precio alto por algo que, al fin y al cabo, es muy lejos?” Las negrillas son mías. No se le puede llamar “algo” a una guerra desigual que extermina familias enteras y ese “algo lejos” es tan demencial al “algo cerca” que ocurre a diario en Colombia. Abusamos de las ligerezas, como si nada hubiéramos aprendido de nuestra  de por si desalmada realidad. El conflicto colombiano suma alrededor de ocho millones de víctimas, que así lo recuerda “El Testigo” (Netflix), del Canal Caracol. Son nuestras violencias captadas por la lente del premiado fotógrafo Jesús Abad Colorado. “Una imagen no vale más que mil palabras. Imágenes y palabras en el periodismo son necesarias para luchar contra el olvido”, dice el fotoperiodista. Ver este documental es entender, con ojos encharcados, que la paz, la propia y la ajena, debería ser una obligación más que un derecho, porque hay mucho insensato atravesándosele.

2. Dios: ¿Observas la guerra en vivo y en directo o a través de TikTok  o San Pedro te hace un resumen diario?

No sé cómo lidiar con la impotencia. Desde la pandemia opté por apagar la tele para cuidar la salud mental y en las redes sociales me cuido de los “desinformadores seriales”. (Este episodio del podcast El Hilo aborda ambos asuntos).

3. ¿Supiste que el número de muertos pasó de doce mil desde el 7 de octubre?  Y no te doy la cifra de niños porque te pondrías a llorar. ¡Esa monstruosidad matemática no es nueva en los titulares de prensa!

4. ¿Viste las fotografías de los pequeños rescatados de entre los escombros, de los huérfanos en medio de los cadáveres insepultos y de los niños heridos o muertos? En promedio, un niño muere cada 10 minutos, dijo la BBC. Gaza se convierte en un “cementerio de niños”, denunció la ONU. ¡Por Dios, Dios!: Casi la mitad de las víctimas empezaban a vivir. A mí, que tengo una nietecita de tres años, esas imágenes me ponen mal.

He vuelto a leer “Ante el dolor de los demás”, el ensayo de la escritora Susan Sontag (1933-2004): “En una era de sobrecarga informativa la fotografía ofrece un modo expedito de comprender algo y un medio compacto de memorizarlo. La fotografía es como una cita, una máxima o un proverbio” (página 26), pero más adelante, página 42, nos interpela: “Quizás las únicas personas con derecho a ver imágenes de semejante sufrimiento extremado son las que pueden hacer algo para aliviarlo (…) Los demás son mirones, tengamos o no la intención de serlo. En cada caso, lo espeluznante nos induce a ser meros espectadores…”.

La orgía de violencia nos insensibiliza. No hay vacuna contra eso, porque si antes eran normal los cilindros bomba estallando sobre una iglesia repleta de gente, (Bojayá, Colombia, 2 de mayo de 2002), ahora estamos normalizando que un misil destripe una casa con seres humanos dentro. Resolví no ver más fotografías ni videos de la guerra. Siento que al hacerlo algo se quiebra en mí. es el espíritu que llora acurrucado. Gracias a Susan Sontag comprendí que mirón y morboso no quiero ser, porque si nos dejamos alcanzar por la insensibilidad, nos habremos despojado de la poquita humanidad.

5. ¿A dónde irán, Dios, los que reniegan y te niegan? Primo Levi, (1919-1987), que era químico antes que escritor y salió vivo de un campo de concentración para contarle al mundo las perversidades allí cometidas, escribió el siguiente aforismo: Si existe Auschwitz, no puede existir Dios”. Pienso que su frase aplica, tristemente, a todas las guerras: las de antes, las de ahora, las que faltan y las que vengan cuando uno se haya largado, que ese será el fin del mundo de cada quien.

“Un país se considera tanto más desarrollado cuanto más sabías y eficientes son las leyes que impiden al miserable ser demasiado miserable y al poderoso ser demasiado poderoso”. (Primo Levi, Esto es un hombre, Trilogía de Auschwitz). 

6. Si fuimos capaces de crear tantas religiones, ¿por qué no darnos una mano para, con la misma imaginación, crear un Estado para el pueblo palestino? ¿No es mejor eso a que los borren del mapa, como quisieron hacer los nazis con los judíos después de matar a seis millones?

7. ¿Podemos prescindir de los altos cargos diplomáticos y de personalidades como el Papa o el Dalai Lama, ya que ni los unos ni los otros han servido para frenar la carnicería humana? ¿Cuál es la utilidad de aquellas figuras en el mundo descuadernado de hoy?

8. Dios, Tú que Creaste todo y a todos, ¿Qué diferencia encuentras entre el odio de la Alemania nazi por el pueblo judío y el rencor de Israel hacia el pueblo palestino?

El mundo está tan jodidamente desquiciado que nos quieren hacer creer que solidarizarnos con el dolor de los palestinos significa odiar a los judíos ¡Falso!  No debería usarse el drama histórico judío para atropellar los derechos palestinos, como bien lo argumenta en la revista Raya el profesor Mauricio Jaramillo Jassir, de la Universidad del Rosario. “El propio Israel –dice él- se autodefinió en 2016 como una nación judía, a pesar de las reticencias varias y expresas de los israelíes y judíos en el mundo. Hemos visto a la dirigencia israelí hablar en nombre del bien y del mal en términos religiosos (la lucha entre los hijos de la luz y los hijos de las tinieblas, dijo Netanyahu)”.

9. Dios, ¿Eres adicto al café por las mañanas o estás curado de adicciones?

10. Por último, ¿Te arrepientes de algo, Dios?

LAPIDIARIO

LUNES: El periodismo independiente y las regiones  triunfaron en el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar (PNPSB 2023): Colombiacheck, La No Ficción, Baudó Agencia Pública, Cerosetenta,  Vorágine, El Armadillo, Mutante  y El Malpensante.

MARTES: El buen periodismo en Colombia tiene rostro de mujer. El PNPSB destacó a dos mujeres inmensas: Vida y obra a Cecilia Orozco (Reportera y columnista de El Espectador y directora de Noticias Uno) y Periodista del Año a Laura Ardila, columnista de El Espectador y autora del libro “La Costa Nostra”.

MIÉRCOLES: Los medios tradicionales no brillaron en la gala del PNPSB. Algo están haciendo mal. Ganaron los medios públicos: cinco premios para RTVC, en radio, televisión y pódcast.

JUEVES: Lamentable: no hubo una sola mención en el PNPSB a la guerra en Gaza, donde han muerto 41 periodistas, según Reporteros sin fronteras.

VIERNES: El periodismo en su laberinto. En su discurso, la periodista Cecilia Orozco ofreció un dato preocupante sobre el desprestigio de la prensa colombiana: “La encuesta Edelman 2023 sobre credibilidad en las instituciones del país, muestra que únicamente el 34% de los periodistas y el 38% de los medios cuentan con la confianza de sus audiencias, con tendencia a la baja. En la encuesta Invamer, el resultado tampoco es satisfactorio: el 53% no cree que seamos fuentes confiables de información”.

SÁBADO: El jurado del PNPSB 2023, en cabeza de la escritora Yolanda Reyes, alertó sobre la manera como se manipulan las noticias. “… logramos hallar referentes escasos, hay que decirlo, pero excelentes, de noticias que mantienen los límites propios de su ámbito –sin esa tendencia a editorializar, con interjecciones, bufidos y música de acción– que se ha vuelto un cliché y que confunde la propaganda política (partidista) con la información”.

 

 

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