Conspirando por un mundo mejor

Publicado el Yolima Vargas Garzón @yoligrilla

Los niños y las niñas: Jaime Carrasquilla-Negret (1946 – ∞)

Todos y todas son afectuosos y tiernos. Vienen en diversos tamaños y colores. Algunos tímidos, otros extrovertidos. Los hay malgeniados o muy amables. Algunos son ágiles en el caminar y el correr y otros son lentos y torpes. Hay de los que usan anteojos y de los que todo lo ven. Les gusta jugar, correr, trepar árboles y meterse en la arena; el agua les encanta, especialmente cuando no se trata de bañarse. Les agrada pintar, cantar, disfrazarse y hablar. Una hoja de papel, un lápiz o un pincel los fascina y de sus manos y bocas brotan dibujos e historias maravillosas. Tienen un magnífico sentido del humor y les encantan las bromas y los juegos en los que aparece el doble sentido. Les gustan los amigos y las amigas con los que comparten grandes aventuras. Poseen una imaginación ilimitada y son expertos en preguntar y quieren conocer, saber y entender, cómo son y cómo funcionan las cosas. Son altamente curiosos y poseen múltiples explicaciones sobre los aconteceres y sucesos, es decir, saben de las cosas, tienen información que manejan y enriquecen con sus conversaciones y por medio de sus experiencias y en contacto y relación con los adultos. La naturaleza ( animal y vegetal ) y los experimentos los fascinan; los encanta un cuento o una historia bien narrada. Un helado, un dulce, una colombina y las bebidas gaseosas los paralizan. No entienden aspectos relacionados con el pasado y el futuro no les preocupa: es hoy. Les aburren los discursos de los adultos, pero cuando en vez de “discursearlos”, los acompañan y les permiten hacer muchas cosas, o los acompañan haciéndolas, se emocionan. Los abuelos y familiares divertidos, que juegan con ellos, los acompañan y son amables, los llenan de satisfacción. Entienden perfectamente las normas explicadas y razonadas. Les molesta la arbitrariedad y les choca la imposición. Poco les gusta la melosería, las visitas, los adultos que hablan en media lengua y se exceden en caricias, los saludos obligatorios, los silencios, las filas, las respuestas poco claras. Los ofenden las mentiras, los gritos, la burla, el sarcasmo y el menosprecio.
Una sonrisa amable, una carcajada, una cara de picardía o unas lágrimas desconsoladas, deberían paralizarnos. Una palabra amable, un abrazo oportuno, un gesto de complicidad, una sonrisa, un acompañamiento silencioso, una mano firme y segura, sin limitaciones, los serena y les da confianza. Y cuando hablemos con ellos, debemos agacharnos para estar a su altura. Así les evitamos la asfixia y que se puedan romper el cuello.» Jaime Carrasquilla-Negret

Gracias Jaime.

La historia de un héroe pedagógico. Diana Uribe.

La muerte de un amigo.

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