Conspirando por un mundo mejor

Publicado el Yolima Vargas Garzón @yoligrilla

El dolor no puede llevar a la respuesta violenta

Generan repudio los intentos de un sector de la prensa colombiana y del Centro Democrático en cabeza del Senador Álvaro Uribe Vélez por atizar el conflicto en la frontera entre Venezuela y Colombia, pidiendo medidas de fuerza en respuesta  al cierre y deportación acelerada de colombianos desde Venezuela. Y de la misma manera, también genera repudio aquella otra floja posición que justifica el silencio, la ausencia de crítica o algún vestigio de protesta ante una actitud injusta y provocadora del presidente venezolano Nicolás Maduro, usando como argumento que el conflicto interno del país ha dejado mayor número de desplazados y que a éste si no se le ha prestado la misma atención o cobertura.

No se entiende cómo el fenómeno de violencia y desplazamiento interno del país pueda justificar o suavizar la crisis de miles de colombianos, incluso venezolanos, que sufren como consecuencia de las medidas extremas y repudiables por parte de la guardia venezolana. ¿Acaso los horrores del desplazamiento interno de Colombia borran el hecho de que las familias expulsadas o huyendo de Venezuela hayan perdido todo, o que hayan sido separadas de manera arbitraria cuando un hijo de padres colombianos tiene nacionalidad venezolana? Lo cierto es que hoy el presidente Nicolás Maduro se suma a la larga lista de desplazadores de colombianos.

Comentario en Facebook de Luis Felipe Botero

La comparación que intenta restar relevancia a un hecho claramente inaceptable por parte del presidente Maduro,  es equivalente a sugerir que el cruel fenómeno de desplazamiento interno de Colombia no es relevante, pues el de Siria es dos veces más grande y grave.

Es comprensible y legítimo que ante el temor de que una porción de la sociedad colombiana ceda a los llamamientos de guerra, patriotismo peligroso, violencia y agresión en contra de los hermanos de Venezuela, surjan voces que alerten, llamen a la calma y pidan una solución dialogada al conflicto. Es posible estar en desacuerdo con muchas de las medidas y políticas del gobierno del presidente Santos y aún así, ante esta situación coyuntural, compartir y apoyar la posición diplomática por la que ha optado. No se corre el riesgo de ser inconsecuente por hacerlo, al contrario, la humanidad debe estar por encima de cualquier ideología política.

Lo que sí se le concede a voces polémicas como la de la exsenadora Piedad Córdoba, es que con la misma prontitud, disposición y celeridad con la que se está asistiendo a los colombianos desplazados en la frontera, deberíamos reaccionar en el futuro ante situaciones de desplazamiento por conflictos internos; además de la urgente necesidad de una mayor atención del gobierno colombiano con las vulnerables y abandonadas poblaciones de frontera hoy víctimas del azote de bandas criminales que trafican, intimidan, asesinan y se dedican a la minería ilegal. La colaboración binacional para combatirlas es urgente.

 

Muchos colombianos se sienten impotentes al ver la grave situación  y se preguntan, ¿qué puedo hacer? Es aconsejable escuchar la intervención del Senador Jorge Enrique Robledo en nombre del Polo Democrático Alternativo, quiénes piden apoyar iniciativas de diálogo y solución por vía diplomática, afianzar la relación entre connacionales y dar asistencia a las personas en estado de vulnerabilidad en la frontera.

No hay que caer en el juego de la provocación, del odio, el conflicto y la violencia. Ante la posición arbitraria y detestable del presidente Maduro,  vale la pena poner la otra mejilla. Entre Colombia y Venezuela han existido y existirán fuertes lazos de hermandad, la hostilidad y el cierre de la frontera afecta por igual a los pobladores de ambos países.

Preocupa mucho la situación de la población Wuayú, históricamente el mismo pueblo a pesar de la división artificial, así como otros pueblos indígenas divididos a lo largo de la frontera.

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A los Rojas los desplazó primero Colombia que Venezuela. Vice (28 agosto 2015):
«Decían que éramos paramilitares, como si fuéramos asesinos». Marcaron su casa y después de haberse ido les robaron las tejas y unos cables. El terror se desató con la amenaza de arrestar a los hombres por paramilitarismo. «Nosotros teníamos la carta de refugiados, pero fuimos maltratados psicológicamente y verbalmente»

@yoligrilla

 

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