Con-versaciones

Publicado el Bat&Man

Gustavo Petro y los indicadores imposibles

… en mis sueños tú caminas chorreando de un viaje por mar

sobre la autopista que atraviesa América anegado en

lágrimas hasta la puerta de mi casa de campo en la noche

de Occidente

-Allen Ginsberg-

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Bat: Por supuesto que es infinitamente más fácil cambiar una calle que una idea. O construir una biblioteca que despertar el amor por la lectura. O conseguir un voto, que formar un ciudadano democrático.

Man: ¿Y?

Bat: Que ya estoy harta de que los opinadores de oficio intenten evaluar la gestión de Petro desde indicadores estrictamente tecnocráticos.

Man: ¿Está aburrida de que lo evalúen así, o de que siempre salga rajado?

Bat: Aburrida de que sumen peras y resten manzanas. Si a un águila le aplican una prueba de canto, siempre va a salir rajada. El gobierno de este Alcalde tiene indicadores duros en muy buen nivel. Como por ejemplo, la disminución radical de la mortalidad materno-infantil. Pero hay otros logros que no se vuelven números. Son los más difíciles de alcanzar.

Man: Para mí, lo que no se puede medir, sencillamente es ideológico. Así de simple.

Bat: Ahí está la trampa, Man. Los números, cuando se refieren a una realidad humana, pueden ser más ideológicos que las consignas. Y al revés: lo que no se puede medir, opera objetivamente aunque no esté representado en cifras.

Man: Vayamos por partes, como dijo ya sabe quién. ¿Concretamente de qué estamos hablando?

Bat: Estamos hablando de que en los análisis que se hacen sobre el gobierno de Petro, no cuentan algunas variables que son determinantes para una sociedad.

Man: ¿Como por ejemplo…?

Bat: Como por ejemplo… La relativización de los poderes monolíticos.

Man: ¿Qué, qué?…

Bat: Que Petro, con el debate que dio frente a sus disciplinadores de turno (léase Procurador, Contralor o hasta Presidente), ha probado, más allá de toda evidencia, que el límite es la ley.

Man: ¡Valiente prueba! ¡Eso lo sabíamos mucho antes del show de Petro!

Bat: Lo sabíamos, pero no lo habíamos visto públicamente aplicado. El colombiano promedio siempre espera que gane el atajo, la influencia, el truco, pero no la ley. Y en el episodio de la destitución de Petro, fue evidente que, contra todo pronóstico, se impuso la ley. Fue un momento profundamente pedagógico. Esos hechos calan hondo en la mentalidad de los pueblos y marcan un antes y un después.

Man: ¿Y qué venimos ganando nosotros con eso?

Bat: ¡Cómo que qué ganamos! El país entero se instaló en una nueva forma de pensar la ley. Fuimos testigos de que en un asunto altamente sensible, ya no son los “perdonavidas” quienes tienen la última palabra. Ganamos un siglo de pensamiento. Ganamos la Modernidad. Ganamos un Estado de Derecho operante.

Man: ¡No me venga con el cuento de que Petro es el pionero de la Modernidad en este país! Eso sí se sale de toda proporción… Usted ya está rayando en el delirio… Mal que bien, la ley siempre ha estado ahí. Falla mucho, sí. Pero Petro no fue el que escribió el capítulo histórico del Estado de Derecho…

Bat: Obviamente no en estricto sentido. Pero su caso es quizás el más emblemático, por excepcional y por contundente. Petro confrontó al establecimiento desde el poder, no desde el margen. Y así se convirtió en el símbolo de un contrapoder eficaz. Eso es inédito en Colombia.

Hasta en rincones apartados del país se vivió día a día ese pulso y ese triunfo. Los colombianos presenciamos un episodio histórico concreto en el que la ley fue superior a esos poderes unipersonales que parecían imbatibles. ¿Cómo mide usted ese avance? ¡Es imposible! El país ya no es el mismo. Y todos lo saben.

Man: Está en todo su derecho de verlo así. A mí me parece que exagera.

Bat: Y a mí me parece que usted lo minimiza. Pero no nos quedemos ahí. Vamos con otro de los grandes avances, virtualmente imposible de medir: la diferencia.

Usted ya sabe cómo es la cantaleta… Que hay que tolerar la diferencia… Que toca respetar las opciones de género… Que para allá, que para acá… Pero, que yo sepa, solo durante el tiempo de Petro ese respeto por la diferencia tomó forma, tomó cuerpo y se convirtió en una realidad palpable en el marco del gobierno. Desde que este hombre llegó al poder la comunidad homosexual, y los negros, y los indígenas y las mujeres, y los pobres, y los campesinos… hablan más durito.

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Man: No, hombre, Bat. Eso también es completamente desproporcionado. Todas esas comunidades llevan décadas en una gigantesca lucha por reivindicar sus derechos. No le adjudique a Petro los logros de esos grupos…

Bat: Es que no se los estoy adjudicando. Lo que digo, simplemente, es que con Petro lo diferente se convirtió en una dimensión puntualmente acogida en el marco del Estado. Dejó de ser teoría. El alcalde de la ciudad más importante de Colombia convirtió a esos sectores -que antes actuaban como minorías paralelas- en pieza objetiva de una obra de gobierno; en componente cotidiano de una mentalidad.

Una cosa era verlos exigiendo sus derechos, en las calles o en las mesas de negociación, y otra cosa ha sido mirarlos ejercer como funcionarios, como comunicadores, como interlocutores. Cambió el peso específico de esos grupos. ¿Cómo hace usted para medir eso? ¿Cómo ponerle un número al hecho de que “el diferente” y “el vulnerable” tienen otro lugar en la conciencia de los ciudadanos?

Man: ¡Ay, Bat! ¡Volvemos a lo mismo! No se puede decir que eso sea obra de Petro. Esos temas son muy gaseosos… Usted no puede probar cuánto ha incidido Petro en esos cambios, ni yo tampoco puedo presentarle evidencias de lo contrario.

Bat: Precisamente: no se puede medir. Pero sí es claro que ningún otro gobernante había realizado acciones tan puntuales para alcanzar ese propósito de inclusión. La carreta la manejan muchos, pero la bandera en el poder la izó Petro.

Man: Con cara gana Petro y con sello tampoco…

Bat: O viceversa…

Man: ¡Ja!

Bat: En serio, Man. Yo entiendo que haya mucha gente que no comparta el estilo, o el hablado, o las ideas de Petro. Pero no reconocer que su gobierno ha sido un genuino punto de quiebre en nuestra realidad, es de una enorme mezquindad.

Man: Es posible que no sean mezquinos quienes no ven eso que según usted es tan claro. Simplemente, en otras formas más gerenciales de ver el mundo, toda esa perorata no nos beneficia de manera práctica. Hay temas urgentes que no encuentran solución con Petro. Que el transporte funcione. Que ni la vida, ni la honra peligren en un transmilenio. Que no lo maten a uno por un celular. En fin, lo que a los ciudadanos comunes y corrientes nos afecta diariamente.

Bat: El viejo debate entre lo importante y lo urgente… De todos modos, en esos puntos esta administración también ha logrado mucho. Pero no vamos a meternos en ese debate. Está trilladísimo y se diseñó para aprovechar los vacíos de conocimientos técnicos de la ciudadanía. No vale la pena morder ese anzuelo. Al menos por ahora.

Man: ¡Hágate!… ¡Hágate!…

Bat: En serio. Es en serio. Hay otros temas sobre los que también debemos cuestionarnos. Preguntémonos, al menos:

¿Cuánto ha crecido el país en materia de conciencia verde, tras la gestión de Petro?

¿Cómo medimos el grado de incidencia del poder ciudadano, después de la tutelatón, o del balcón que no le gustaba a la Revista Semana?

¿De qué manera establecemos el porcentaje en que se ha incrementado la inserción de los proyectos de izquierda en el marco de la democracia gracias a Gustavo Petro?

¿En qué medida los políticos tradicionales han tenido que cambiar sus agendas, después de logros tan contundentes como la consolidación del derecho al mínimo vital de agua, o la jornada única?…

Hay más, mucho más… Pero dejémoslo ahí, por el momento.

Man: Algo le abono a sus planteamientos, Bat: tocan puntos que se deben examinar. Son variables que no se pueden medir directamente, pero sí se reflejan en realidades cuantificables. Y hay que escudriñar a ver qué sale.

Bat: No se escudriñan porque son temas que no atraviesan la quintaesencia de la política tradicional: el dinero. Esos asuntos no tienen aplicación en el esquema mental de los tecnócratas criollos. Ellos necesitan un modelo de sociedad medible, no esa suerte de inestabilidad creativa que miles de ciudadanos están haciendo posible a través de Gustavo Petro. Son realidades que no dan origen a gráficos, ni a evaluaciones numéricas. Por supuesto, tampoco exigen una partida presupuestal. Por eso no forman parte de la discusión.

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