Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

Sos un güevón

El tamaño de las güevas está directamente relacionado con la poligamia o la monogamia de la especie. Las leyes evolutivas predicen que entre mayor dimorfismo sexual menos voluminosos serán los testículos. Habíamos hablado en los artículos anteriores sobre la diferencia en la apariencia de machos y hembras, y cómo esta diferencia se correlacionaba con la diferencia en el comportamiento sexual. En los monos antropoides hay gran dimorfismo entre gorilas y muy poco entre los bonobos. En esta escala, los humanos caemos en un punto medio entre el enorme gorila de espalda plateada, cuyos testículos son pequeñitos y las hembras son fieles, y el chimpancé bonobo, primate de tamaño pequeño y güevas grandes, unos “cornudos” totales. Pero a pesar de la mayor corpulencia del macho en la especie humana, los testículos no son tan pequeños como los del gorila. El mayor tamaño indica que la especie no es monógama, y la infidelidad femenina ocurre con frecuencia. Se cree que el 10% de los hijos que nacen en un hogar ¡Qué lo críe el marido como si fuera propio! Pues es un producto de la infidelidad.

Como dice en el libro de Antonio Vélez, Homo sapiens: “Se sabe que una sola eyaculación del macaco puede contener miles de millones de espermatozoides, y que sus testículos son relativamente grandes. También se sabe que los macacos viven en grandes grupos y en medio de una enconada lucha sexual. Los gorilas de espalda plateada se distinguen entre los primates por poseer testículos muy pequeños en comparación con su voluminoso cuerpo. Por contraste, los chimpancés, mucho menos vigorosos que sus primos hermanos, poseen testículos que, en relación con el peso corporal, son dieciséis veces más grandes. Cuando la hembra del chimpancé está ovulando, puede llegar a copular hasta cincuenta veces al día con una docena de machos diferentes (Miller, 2001). En respuesta, los machos han evolucionado hasta llegar a poseer testículos de 64 gramos de peso, pero sus penes son muy pequeños. En este sentido, los humanos caemos en un punto intermedio entre nuestros dos parientes primates más cercanos. Somos un término medio entre el dominante gorila, dueño de un harén poco disputado, y el chimpancé, especie en que las hembras son mucho más promiscuas”.

Las güevas grandes en la especie lo son para producir muchos espermatozoides, para ganarle la guerra espermática a los otros machos, pues la hembra no se comporta con fidelidad. Las gueväs pequeñas dan fe de que hay monogamia femenina extendida en la especie. Cuando machos y hembras se parecen mucho en tamaño, colorido y dimensiones, se predice monogamia (como ocurre en casi el  noventa por ciento de las aves).

Dentro de los primates, los gibones son monógamos, y no existe el dimorfismo sexual entre ellos: además, comparten el cuidado de las crías. Para el macho, tener una sola hembra le evita gastar energía en la competencia por ella. Pero la monogamia no es nada común entre los mamíferos, solo el cinco por ciento la practica (lobo gris, nutrias).

El matrimonio, dicen algunos estudiosos del tema, es la reglamentación cultural que les asegura a más cantidad de machos el tener acceso a alguna hembra, pues un macho poderoso podría tener acceso a todas las hembras y no dejar ninguna para los demás. La mayoría de los machos de las aves del paraíso se quedan sin reproducirse. Unos pocos, los exitosos, se aparean con todas las hembras disponibles. Dice la historia que Mulay Ismaíl, el sultán sangriento, tuvo más de ochocientos hijos; lo mismo dicen de Gengis Kan. Quienes recuerdan la película Anna y el rey sabrán que la famosa institutriz se encargó de educar a los sesenta y siete hijos, a las muchas esposas y concubinas del Rey Mongkut, de Siam.

Así que a los machos, con el fin de aumentar su eficacia reproductiva, les quedan tres caminos: alargar el tiempo de la copulación, copular con frecuencia o ser furibundamente celosos e impedir que otros machos se acerquen a su pareja.

En conclusión: para el macho lo mejor es la cantidad, para la hembra, la calidad, y para ambos, la variedad.

Para entender al hombre se recomienda la lectura de Homo sapiens. Autor: Antonio Vélez, publicado por la Editorial Universidad de Antioquia.

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