Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

Seamos prudentes, evitemos peligros

Como dice la fábula de Los dos cazadores:

Pedro Ponce el valeroso,

y Juan Carranza el prudente,

vieron venir frente a frente

al lobo más horroroso.

El prudente, temeroso,

a una encina se abalanza

y, cual otro Sancho Panza,

en las ramas se quedó.

Pedro Ponce allí murió.

¡Imitemos a Carranza!

 

En ciudades inseguras, o sea, ciudades en las que la policía reporta un número considerable de casos de violencia, robo o secuestro, recomiendan los expertos que evitemos andar solos. La gente dice que ante un revólver, poco vale el número de personas que anden juntas, pero esto no es siempre cierto. Los leones eligen el animal que se sale de la manada para perseguirlo y cazarlo, al que está distante del grupo. Los grupos atemorizan, pues el ladrón no sabe quién puede ser peligroso dentro de un grupo. Recomiendan los expertos que evitemos aquellos lugares con más alto índice de criminalidad. Al llegar a una ciudad nueva debemos averiguar con las personas de la localidad o en internet sobre la seguridad de los sitios que pensamos visitar. Es prudente siempre evitar sitios alejados, oscuros y solitarios, barrios que tengan fama de peligrosos y carreteras sin seguridad.

Si estamos obligados a hacer un largo recorrido en auto y sin compañía debemos dejar en casa o en el hotel las tarjetas débito. El paseo millonario aumenta el riesgo para el ladrón y para nuestra vida. Recomiendan llevar efectivo suficiente y atractivo, de manera que si el ladrón o atracador se mete al auto o nos secuestra, el monto obtenido le sea satisfactorio y nos abandone pronto.

Aunque uno nunca sabe cómo va a reaccionar, y este es un punto importante en el desencadenamiento de los hechos, lo mejor es practicar mentalmente la apropiada reacción ante el atraco: entregaremos lo que nos pidan, sea carro, cartera, celular, reloj, joyas, etcétera.

Si estamos por fuera del auto, digamos en un parqueadero, y al acercarnos vemos que una persona está abriendo la puerta de nuestro auto, recomiendan no gritar ni salir a defender el vehículo. Debemos alejarnos y llamar a la policía. Nunca, por ningún motivo, protejamos nuestros  bienes, tratemos de recordar a tiempo que primero está nuestra vida y la de los nuestros.

Creamos en nuestro instinto. Si sospechamos algo extraño en el ambiente, nunca esperemos a comprobarlo, simplemente alejémonos de la persona o situación sospechosa tan rápidamente como podamos.

Definitivamente, seamos mal educados. Muchos robos ocurren porque el ladrón es persuasivo y nos sentimos mal al desatender su llamado. No tenemos que ser educado con los extraños. Si sospechamos, sentimos o intuimos que aquel puede hacernos daño, no esperemos a comprobarlo; por eso: no abramos la puerta del auto ni de la casa, no abramos la ventanilla, no contestemos el teléfono o colguemos de inmediato si sospechamos algo truculento en la llamada. No permitamos que un extraño se nos aproxime en la calle para hablarnos, y menos aún, para hacernos un favor que no hemos solicitado, o para pedirnos un favor que suena raro. Alejémonos corriendo, no nos dé pena mostrarnos cobardes y correr.

Si el lugar en el que nos encontramos tiene fama de peligroso, no hablemos con desconocidos. Desconfiemos de la amabilidad sin motivo.

Si una persona se sube a su auto, salgamos de este en cuanto se pueda.

No compremos en la calle objetos robados que nos están ofreciendo por bajo precio.

Si nos piden el bolso y el ladrón no lleva un arma de fuego, tirémoslo al suelo y corramos.

No aceptemos llamadas telefónicas si desconocemos la fuente de la llamada, pidamos el número si es del banco y llamemos luego. No aceptemos premios de boletas que no hemos comprado, aunque nos digan que es por buen comportamiento con nuestra cuenta o con nuestro celular, etcétera. Recuerde: NO HAY NADA GRATIS.

Seamos prudentes, temerosos y cobardes, que vida hay solo una.

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