Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

Saxofón y sexapil (sex appeal)

¿Por qué hacemos música, por qué en todas las culturas se canta y se baila?

Jovenes bailando y cantando, fotografía  tomada en Unganda, en 2014, por Steven Pinker.

Algo como la música, que sin dudas produce tanto placer, y desde la infancia, pues ya se sabe que los niños prematuros a los que se les cantan canciones de cuna engordan y maduran más rápidamente que los niños que pasan en el silencio de las incubadoras, debe ser una adaptación biológica. Las adaptaciones son características que aparecen y por ser beneficiosas para el individuo terminan imponiéndose en la población y formando parte del genoma. Aunque la capacidad musical es una característica de la especie, la compartimos todos en mayor o menor grado, aunque aún no se sabe si es un producto de otras adaptaciones o es en sí misma una de ellas.

Los sonidos son una fuente enorme de información sobre el entorno. En la naturaleza, la mayoría de los animales oyen, pero son mudos. Algunos pocos insectos, los peces y los reptiles emitensonidos, mientras que muchos anfibios y mamíferos hacen llamados, y casi todos los pájaros cantan. El circuito neural que se necesita para producir sonidos está presente en el cerebro medio y en la medula espinal, desde hace 400 millones de años. Solo en el último cuarto de tiempo de la historia evolutiva de los animales estos producen sonidos voluntarios, diferentes de los que se hacen con el movimiento y sus roces contra el mundo.

Los beneficios de la comunicación por medio de sonidos son enormes. Entre la misma especie, es útil poder comunicarse acerca de un peligro inminente o anunciar la presencia, o como llamado  para las parejas potenciales. El sonido es una manera económica, rápida y eficiente de enviar una señal. Un grito de auxilio viaja más rápidamente que dos seres corriendo para encontrarse. Además, los sonidos transmiten información cuando la oscuridad de la noche impide ver, o en el bosque, entre la maleza.

Reaccionamos a los sonidos no solo prestando atención y entendiendo de dónde y de quiénes provienen, sino también emocionalmente: algunos sonidos nos atraen y otros nos dan miedo. Pero todo esto está todavía lejos del mundo musical.

En la naturaleza, el talento musical lo poseen las aves y los cetáceos. Ambos elaboran sus llamados de una manera estética, que nosotros llamamos musical, y al igual que nosotros, poseen la capacidad innatamente, pero muchos de ellos aprenden canciones al oírlas, o modifican el canto natural de su especie. Algunas aves aprenden el canto de otras aves, por imitación, y saben crear variaciones. El ave lira  es la campeona en imitación, no solo para cantar las canciones de otras aves sino también para producir el sonido del disparo de una cámara fotográfica y de una motosierra. Nuestros parientes más cercanos no son musicales: entre los primates no hay nada parecido a hacer música o cantar; la pregunta interesante es: ¿por qué? No hay duda de que el lenguaje es una adaptación; sin embargo, somos únicos en el grado de elaboración y complejidad del lenguaje. A pesar de que trae enormes ventajas, es, casi podría decirse, exclusivamente humano.

Algo tan aparentemente innecesario como la música y, sin embargo, juega un papel importante en la vida de la gente. El placer es un mecanismo de recompensa que premia los comportamientos que son beneficiosas para el individuo, y el que proporciona la música es indiscutible. La música genera muchas emociones variadas: felicidad, alegría, tristeza, dolor, disgusto. Las canciones de cuna son también universales.

Su origen pudiera estar en las llamadas de alerta. Los primates, todos, despliegan gritos de alarmade distintos tipos; gritos de mucha utilidad pues despiertan emociones fuertes en sus congéneres. Pero no pasan de ahí, ¿por qué?

Algunos piensan que su origen puede estar en el lenguaje hablado, como si fuera una ramificación del mismo. Las recitaciones son formas exageradas de los ritmos, tonos y patrones que usamos al hablar. El problema es que la música y el lenguaje activan distintas partes del cerebro, no comparten las mismas neuronas. El lenguaje se maneja en el hemisferio izquierdo y la música en ambos. Se puede estar afectado cerebralmente en la capacidad de hablar y mantener la capacidad musical intacta. Se conocen cantantes (Pedro Vargas) que al envejecer hablan con dificultad, pero al cantar lo hacen con enorme gracia.

Otros proponen que la capacidad musical humana es consecuencia de la capacidad de imitar sonidos del mundo animal. Las neuronas espejo son las que utilizamos para aprender copiando, o por imitación. La imitación de otros miembros de la misma especie sirve para establecer una relación, demarcar un territorio, aprender un dialecto local, aprender comportamientos; Al imitar se ponen en acción tres mecanismos: escogencia, que discrimina entre lo que se va a imitar; trasformación, que implica llegar una acción a través de otros, y producción de nuevas acciones corporales.

La capacidad musical como producto de la selección sexual parece ser la teoría más fuerte. Y esta idea fue propuesta por Charles Darwin. La musicalidad como comportamiento que embellece sexualmente, que nos hace más atractivos. Si las aves machos les cantan a sus hembras es porque a ellas las impresiona y las seduce el canto. Y entre los precursores del hombre, Darwin pensaba que antes de la conquista del lenguaje, el canto pudo haber sido una manera de enamorar y demostrar amor. El ser capaz de hacer performances cada vez más y más complejos y creativos es una demostración de que el macho es de buena calidad. Para que tenga sentido lo que el macho haga, el cerebro de la hembra tiene que evolucionar paralelamente y ser capaz de encontrar ese sentido y de evaluarlo.

Otra característica curiosa de la música es que en general gastamos mucho más tiempo oyendo música, y esta es más importante, justo cuando tenemos las hormonas en el furor de la juventud. La gente se queda estancada musicalmente en la música que oyó cuando era adolescente, después incorpora muy pocos estilos y nuevos a su repertorio. Las personas mayores, si ese no es su campo de desempeño, oyen poca música.

El baile y la música habían estado muy relacionados, y lo siguen estando en aldeas pequeñas donde todavía se canta y baila grupalmente. Ambos son eventos sociales que crean lazos estrechos entre los miembros de una población. Es algo hermoso que se ha ido perdiendo con la vida de ciudad, con la vida solitaria de las metrópolis. El que ha bailado durante muchas horas en grupo sabe que se pueden lograr unos estados de despersonalización y éxtasis maravillosos.

Adaptaciones costosas y peligrosas son muchas veces producto de la selección sexual. Cantar y hacer música es una manera de demostrar que las cosas de la vida ya han sido resueltas y sobra tiempo y energía para darse ese lujo. Algunos hombres maduros, cuando los coge el demonio del medio día, se meten a clases de saxofón, guitarra o tiple; ellos no saben por qué lo hacen, pero ellas sí. Los músicos y bailarines son de hecho más atractivos para las mujeres, que los hombres normales. Pensemos en los cantantes, en los compositores, en los pianistas, violinistas y directores de orquesta, nos parecen irresistibles.

En las selvas tropicales de América del Sur, los científicos han descubierto un nuevo género y tres nuevas especies de insectos cuyos llamados usan los tonos más altos hasta ahora registrados en el reino animal. Los insectos han perdido la capacidad de vuelo, debido al reducido tamaño de sus alas, por lo cual, esta adopción de frecuencias ultrasónicas extremas les es ventajosa para evitar a los depredadores, como los murciélagos.

Las frecuencias usadas ​​por la mayoría de los saltamontes oscilan entre los 5 kHz y 30 kHz. La de esta especie Supersonus llega a los 150 kHz. El rango de la audición humana termina alrededor de los 20 kHz. Por esta razón, el nuevo género ha sido nombrado Supersonus.

El Dr. Fernando Montealegre-Z, de la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad de Lincoln, Reino Unido, ha dicho que: para llamar a las hembras distantes, los saltamontes masculinos producen canciones por medio de la  ‘stridulation’; para hacer esto, una de las alas (raspador) se frota contra una fila de «dientes» que posee la otra ala. Al lado del rascador se encuentra una especie de tambor vibratorio que actúa como altavoz. Por medio de una combinación de tecnologías de última generación, los científicos encontraron que los Supersonus crean una «caja cerrada» con su ala derecha, con el fin de emitir el sonido. Así funcionan los altavoces. Los altavoces grandes irradian frecuencias bajas, mientras que los pequeños emiten frecuencias altas.

Muchas de las ideas de este ensayo aparecen en Orians, Gordon H. Snakes, Sunrises and Shakespeare. How Evolution Shapes Our Loves and Fears y en Homo artisticus . Una perspectiva biológico evolutiva, de la misma autora de este blog.

 

 

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