Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

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Generalidades

La historia de la cultura demuestra que todos los talentos humanos pueden estar acompañados de ese ingrediente mágico llamado creatividad, elemento que parece producir algo a partir de nada: artes plásticas, arquitectura, diseño, música, danza, ciencia, literatura, cine, magia, humor, tecnología, culinaria, negocios, política, publicidad… Ingrediente ubicuo, presente en todos los dominios de la vida, pero todavía un gran desconocido.

La creatividad es un fenómeno complejo, multicausado, pleno de matices, multifacético. Por eso su estudio exige aproximaciones variadas. Por cada disciplina humana o dominio intelectual debe existir una forma particular de ser creativo, original e innovador. Esto permite pensar que las rutinas cognitivas responsables del fenómeno también son variadas. Sin embargo, por la economía que se observa en los diseños de la naturaleza, no es absurdo esperar que detrás de él existan algunas rutinas generales, todoterreno, sin importar el campo específico de trabajo.

La creatividad parece ser algo que no ocurre en una región particular de la corteza cerebral; tampoco se parece a las emociones o al lenguaje, que tienen su origen en estructuras y circuitos particulares del encéfalo. No es descabellado pensar que la creatividad es un componente importante de la capacidad de predicción. Una forma de actuar en el mundo interior, por ejemplo, imaginando las consecuencias de las acciones imaginadas. Este tipo de experiencia se alimenta de la ensoñación, la fantasía y el recuerdo. Algunos hasta se atreven a afirmar que la creatividad no es más que la facultad de elaborar predicciones por analogía, operación que hacemos de forma continua mientras estamos despiertos.

Y al hablar de creatividad, esta debe entenderse de una manera muy general, de tal suerte que abarque desde los actos cotidianos, sencillos, hasta las obras excepcionales de los genios. En esencia, los actos cotidianos de creatividad son similares a los raros vuelos de la genialidad, pero son tan comunes que por lo regular los pasamos por alto.

Con el correr del tiempo, las concepciones de la creatividad han oscilado entre dos extremos: racionalismo y romanticismo. Los racionalistas piensan que la creatividad es fruto de una mente consciente, inteligente, un proceso deliberado y racional. Los románticos, por su lado, postulan que la creatividad surge de un inconsciente irracional, y que la deliberación consciente, más que ayudar, interfiere con el proceso creativo.

Existen mitos sobre los actos creativos. Más de uno cree que todo se produce en repentinos momentos de inspiración de un genio solitario. Pero algunos sicólogos aseguran que la creatividad puede explicarse sin invocar musas inconscientes: todo se debe a un trabajo aplicado e insistente, ayudado por procesos mentales inconscientes.

Dicen que en la música, el 99% de lo producido es fruto de una gran dedicación, y que apenas el 1% se le puede atribuir a la inspiración. La verdad es que la composición musical de gran calado rara vez se produce en un rapto de inspiración. Mozart, por ejemplo, muestra en sus manuscritos que trabajaba con sumo cuidado, haciendo revisiones frecuentes. Casi todos los compositores famosos dedicaban largos periodos a la preparación y revisión de sus trabajos. A Brahms le tomó veinte años escribir su primera sinfonía, y el Concierto núm. 1 en sol menor de Max Bruch fue escrito al menos diez veces entre 1864 y 1868, pues el autor lo revisaba después de cada ejecución en público.

Otro mito muy difundido sostiene que la creatividad de alto nivel está asociada con algunos rasgos de demencia, especialmente entre poetas y artistas; que para ser un genio creativo debe poseerse un poco de locura. Sin embargo, los estudios que se han realizado demuestran que, por lo menos, no existe ninguna asociación entre esquizofrenia y creatividad. La verdad es que son pocos los genios reconocidos que han terminado en el manicomio. Los demás, junto con los creativos de menor rango, aquellos que no merecen el calificativo de “genios”, son personas normales, o por lo menos personas que pueden vivir en sociedad sin causar mayores traumas. En el caso de personas muy distinguidas en el ámbito social, los historiadores se han tomado el trabajo de destacar sus peculiaridades, esas inconsistencias en el comportamiento y pequeños defectos mentales, tan comunes en la mayoría de los mortales, para convertirlos en señales de genialidad. Se hipertrofian características insustanciales para mejorar la biografía.

Los científicos han hallado que, en general, los grupos son más creativos que los individuos que trabajan aislados, pero es necesario que compartan un conjunto de propósitos y conocimientos, que se complementen en sus especializaciones y que la organización premie la colaboración grupal. Thomas Edison fue en realidad el nombre de un colectivo que trabajaba en desarrollo de nuevos productos, de tal suerte que, en palabras de un asistente suyo, las cuatro mil patentes que figuran a nombre del prestigioso inventor fueron el producto de un equipo de catorce personas.

 

 

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