Trasformación en águila de un chamán Olmeca -10 a 6 siglos a de C.

 

Además de la gran variedad de plantas medicinales que se utilizan desde tiempos inmemoriales, las alucinógenas han tenido una función importante en los rituales y ceremonias sagradas. Casi siempre han estado en manos de los grandes sacerdotes y chamanes, y hoy en día, en un mundo casi por completo desacralizado, seducen a los jóvenes que las consumen con propósitos recreativos y de experimentación. Muchos aseguran que algunas de ellas son realmente curativas de molestias mentales como la ansiedad, estrés postraumático, fobias y muchos estados depresivos.

Psychedelic Vision by Thelma1

Los que saben aseguran que los efectos más interesantes se consiguen con los hongos que contienen psilocibios, alucinógenos de gran potencia. Estos permiten hacer “viajes” al pasado, reconocer otros yoes que nos habitan internamente. Al consumirlos producen, en la primera fase, una cierta euforia seguida por risa y acompañada de pensamientos creativos. En una segunda fase se tienen pensamientos de tipo filosóficos, se hacen viajes al interior del yo o a la infancia, se tiene acceso a experiencias espirituales y de trascendencia, se llega a cuestionamientos nuevos y sorprendentes, que el tomador no se había hecho nunca antes, y se llega a la resolución de conflictos internos; además, se aumenta la sensibilidad a la belleza, se altera la percepción del tiempo, ralentizándolo, se producen cambios de conciencia, cambios emocionales, se aumenta le percepción periférica del movimiento, y permiten vivenciar como reales recuerdos muy viejos o anteriores. Como efectos negativos, pueden producir miedo, dolor de cabeza al día siguiente, ansiedad, vértigo, mareo, confusión, caída de la presión sanguínea, atención y memoria reducidas. En muchos casos recomiendan no comer proteína un día antes de la experiencia con hongos.

Los alucinógenos, en general, dan vómito, diarrea, gases, malestar estomacal, síntomas que se pueden resumir como de intoxicación. Existen más de 200 especies de hongos que contienen psilocibina. Casi todos poseen esporas oscuras y láminas, y crecen en bosques tropicales y subtropicales.

En Colombia, el yagé o ayahuasca, oriundo de la cuenca amazónica, es el preparado más utilizado para limpiar el yo de sus impurezas internas y externas. Es una mezcla de dos plantas: la enredadera de ayahuasca (Banisteriopsis caapi) y un arbusto llamado chacruna o changropanga (Psychotria viridis). La mezcla de estas dos plantas produce la sustancia alucinógena dimetiltriptamina (DMT), cuyo efecto puede durar de seis a ocho horas. Los chamanes la llaman purgante del cuerpo y del alma, pues, además de que lleva a la introspección y a la alucinación, permite viajes astrales y tiene efectos sedantes, es purgante y hace vomitar. La ayahuasca, también conocida como yagé, se experimenta bajo la supervisión y el canto continuado del chamán durante el “viaje”. Vale anotar que cada “viaje” es distinto según el peso de la persona, su tamaño y su estado mental. La gente responde de maneras muy distintas a su ingestión. Recomiendan una dieta vegetariana y muy reducida, antes de tomarlo. Los que ingieren el yagé dicen que experimentan la muerte del ego, que el yo se disuelve, y que descubren nuevas dimensiones de la realidad. En personas bipolares o con tendencia a la esquizofrenia, el consumo puede ser muy negativo y desencadenar episodios sicóticos severos y empeoramiento de las enfermedades mentales.

Consumir yagé tiene tres estadios. En el primero, que dura quince o veinte minutos, el cuerpo reacciona a la bebida con vómito y diarrea. Luego empieza una fase de dos horas, aproximadamente, en las cuales se producen las alucinaciones. Las personas recrean momentos del pasado o inventan situaciones en los que el yo se sustituye o se encarna en otro, y se revelan motivos ocultos, miedos profundos, frustraciones, epifanías, etc. Luego sobrevienen el cansancio y el sueño. Al siguiente día se pueden revivir, transitoriamente, momentos vivenciados durante la toma del yagé.

El peyote (Lophophora williamsii), tan famoso en Las enseñanzas de don Juan, libros de Castañeda, es un cactus mexicano, común en el desierto de Matehuala y Real de Catorce, también crece en Texas. Su componente alucinatorio es la mezcalina. Los indígenas americanos lo han usado en sus rituales ceremoniales, y la gente busca la experiencia por sus efectos, no solo alucinatorios, sino de meditación y sicoterapia sicodélica. El cactus es pequeño, llega a medir solo 12 centímetros de diámetro y 5 cm de altura. Para obtener de la mezcalina un efecto sicotrópico es necesario consumir de 0,3 a 0,5 gramos, y la experiencia es larga, pues dura alrededor de 12 horas.

Las hojas de Salvia Divinorum contienen salvinorina-A, cuyos efectos psicoactivos pueden ser intensos, y de otra índole distinta de los demás psicodélicos. Sus hojas se mastican o se preparan en infusión. Cuando las hojas frescas se mastican, se obtiene el efecto buscado a los treinta minutos y dura más o menos una hora. Las hojas secas fumadas traban a los a los 30 segundos, y el efecto es pasajero, pues dura unos pocos minutos. Cuando se consume, se experimenta mucha sensibilidad a la luz y al sonido. Sus propiedades psicoactivas sólo pueden ser experimentadas en la oscuridad y en el silencio.

Un pequeño aparte del libro aún sin publicar: La ciencia y el mundo maravilloso de los seres vivos. Autores Antonio Vélez y Ana Cristina Vélez

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