Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

El paraíso queda en La Cabaña de Beto y Marta, en Nuquí

La belleza no se puede explicar con palabras, por eso uno tiene que ir a Nuquí, y no solamente a ver las ballenas jorobadas, que en agosto y septiembre llegan a la zona a parir los ballenatos, sino a reconocer y experimentar en carne propia las características del paraíso.

Desde Medellín, en el aeropuerto Olaya Herrera, se toma un avión pequeño de la compañía San Germán Express, que en media hora o un poco más te deja en el pueblo, ubicado en el golfo de Tribugá. Si ya has hablado con Marta o con Beto, uno de los dos va a recogerte; seguramente te espera en el miniaeropuerto para hacer contigo la travesía en lancha hasta La Cabaña, que en realidad son varias cabañas. Desde que uno se sube a la lancha empieza el asombro, pues las aguas del Pacífico son muy distintas de las del Atlántico. El Pacífico fue llamado así porque a los conquistadores les pareció un mar en extremo calmado. Denso y oscuro contra un cielo denso y oscuro, parece un paisaje sin fin, pues la línea del horizonte se pierde en numerosas tonalidades de grises.

Un aguacero puede desplomarse en cualquier momento. El sonido de la lluvia es tan fuerte que parece que lo oyeras a través de parlantes. Ver llover en el Chocó es toda una experiencia para los sentidos: el olor de la tierra, el sonido del agua y la densidad de la atmósfera cargada de gotas de agua. Si no estás preparado para ensoparte, es recomendable llevar paraguas o capa impermeable. El Chocó, después de dos regiones en India, es el tercer lugar del mundo con mayor precipitación, de 11,770 milímetros de agua anual. La humedad, las frecuentes lluvias y el sol del trópico hacen que la selva crezca con una fuerza inconmensurable y llegue hasta la playa. La vegetación es exuberante en el sentido pleno de la palabra.

El verde y la densidad de la selva te anuncian que vas llegando. La playa de La Cabaña de Beto y Marta es enorme; no importa que la marea modifique su tamaño sustancialmente, porque sigue siendo amplia. Las cabañas se esconden entre la vegetación, y no puedes verlas desde la playa. Caminando, es fácil perderse, pues realmente La cabaña de Beto y Marta está escondida entre la vegetación más variada imaginable: palmas de coco, plátanos, árboles frutales, como papayos, chirimoyas, cítricos, carambolos, flores y una gran huerta con hierbas que uno ni se ha soñado.

Las cabañas son lindas, muy limpias y cómodas; además, este es un lugar que invita a vivir los momentos más románticos. No hay energía eléctrica, pero ellos almacenan energía solar, y en las mañana y en las noches te cargan el celular y los aparatos eléctricos. La comida es un festín, variada, exquisita y hecha y servida con amor. Al desayuno, café, chocolate, arepas con queso, pan recién horneado, queso costeño, mermeladas hechas allí. Al almuerzo, jugo de fruta, siempre algo nuevo, pescado de la variedad que se encuentre en las aguas saladas, fresco y delicioso siempre, o frito o en leche de coco o en salsa soya o en un atollado de la región o en ceviche; decir que en el lugar se come la mejor yuca del mundo entero no es una exageración. La yuca del chocó es algodón y el sabor es único. Siempre me he preguntado por qué los dueños de restaurantes no compran directamente este producto en el lugar dónde es mejor y sin comparación.

Beto y Marta son excelentes anfitriones, son personas generosas, divertidas y alegres. Uno siente que ellos están para ayudarlo, para cuidarlo y para que el paseo sea inolvidable.

Localizar la cabaña de Beto y Marta, teléfono:+573117759912

En Facebook: https://www.facebook.com/betoymartanuqui/

 

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