Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

Mi villano favorito y Jean Fouquet

El pintor Jean Fouquet nació en Francia en el siglo 15, pero su educación artística la realizó en  Italia. Cuando Fra Angélico pintaba sus frescos en el Vaticano, Fouquet se encontraba estudiando en Roma,  lo cual le dio la oportunidad de conocer los novedosos métodos de Fra Angélico. La pintura en Europa vivía un momento extraordinario. Se había seleccionado el camino que conducía a la conquista del realismo. Se conocían métodos eficaces para producir la sensación de volúmenes dispuestos naturalmente en el  espacio. Sin embargo, no era observando la realidad cómo estas sensaciones se lograban, era copiando los trucos más eficaces y desarrollando nuevos. La pregunta que el artista se hacía no era ¿cómo se ve esto en la realidad?, sino, ¿cómo se hace para que esto se vea como si fuera real? Leonardo da Vinci, unos años más tarde, se preocupó también por lo que ocurría en la realidad, por observar cuidadosamente y registrar lo observado. En ese sentido fue excepcional, pues su obra fue en gran medida investigativa.

David Hockney, en la actualidad famoso pintor inglés, escribió un libro en el que aseguraba que esta conquista de realismo se había logrado con tecnologías como la cámara oscura, la cámara lúcida y los espejos; sin embargo, el experto en óptica David G. Stork analizó las imágenes de las cuales hablaba Hockney, para llegar a la conclusión de que la hipótesis que este y su colega sostenían estaba equivocada.

Para entender lo que ocurría en la pintura de principios del Renacimiento es importante conocer la situación precedente. La pintura medieval, de la cual copiaban los artistas sus modelos, no había intentado  describir el mundo como lo vemos: desde un determinado ángulo y una cierta distancia, como si fuéramos testigos oculares. La pintura medieval narraba los sucesos, y para ello, los ordenaba como si se tratara de fichas en un plano, dando a los sujetos un tamaño más simbólico que realista: los personajes de más alto rango social y divino se presentaban de mayor tamaño. El artista acomodaba en un plano, casi siempre frontal,  los elementos en el marco de representación, que podía ser el retablo, la pared o el panel de madera. El espectador hacía una especie de lectura, de interpretación aprendida; pues, sin conocer de antemano las historias narradas no las podía entender.

En esta pintura que está entre la época medieval y el Renacimiento, muchas veces llamada primitiva, se pueden notar varios aspectos que la hacen especialmente atractiva:

Nos ubica en un espacio casi siempre irreal, pero no surreal.

Los personajes son más producto de un diseño que de copia de la realidad. Son representaciones, como lo son las muñecas de trapo respecto a las niñas.

Los volúmenes son sólidos, simétricos y parten de sólidos platónicos.

Las superficies son lisas, brillantes y el sombreado es tan sutil que es casi difícil de detectarlo.

La atmósfera es casi siempre cristalina y mágica.

La pureza y saturación de los colores dan apariencia inmaculada a los volúmenes.

La luz es cálida y parece emitida por los cuerpos.

Las telas de los vestidos se ven sólidas, parecen de mármol y luego pintadas.

Madona y el niño, Jean Fouquet

En el Villano favorito  o Mí, el despreciable, como se llama en inglés  “Despicable Me”, se han diseñado espacios y personajes usando criterios que se pueden comparar con la pintura de principios del Renacimiento, seguramente sin pretenderlo.

El cine en general utiliza personajes reales y filma en espacios “reales”. Nos gustan que nos cuenten historias, y bastan rudos elementos para que nos metamos en ellas y las creamos. Es increíble la capacidad humana para adaptarse mentalmente a unos escasos recursos representativos, y considerarlos convincentes. Cuando  nos cuentan una historia con sentido y coherente, que tiene que ver con asuntos humanos, nos creemos el cuento rápidamente  y completamos lo que sea necesario para verlo como un todo completo y lleno de sentido.

Hay muchos formatos como los del cine animado,  mudo, realista, digital, tridimensional, etc.; hasta los dibujos más sencillos, como los de la película  “Persépolis”, trasmiten con fuerza la información deseada.

Parece que a los niños les gusta más el mundo representado, simplificado en sus formas y colorido, irrealmente colorido, que el real. La ilustración digital o animación que se hace hoy, increíblemente sofisticada, parece diseñada con criterios prerrenacentistas. Quizá  porque comparte las mismas características que se señalaron anteriormente. Aplíquelas el lector a cualquiera de estas películas animadas, y verá como volúmenes simples, bañados en hermosos coloridos compactos, cuyas sombras y luces apenas se detectan, dejan sus redondeces bailar ante sus ojos.

Ver el Villano favorito es ver un juego de volúmenes creados con sutileza y solidez que se comportan ópticamente como los objetos, espacios y personajes en las pinturas de Hans Witz, Antonello Da Messina, Rogier Van Der Weyden o Jean Fouquet.

Es asombroso lo que hacen los diseñadores e ilustradores hoy: desarrollan por un camino nuevo, una visión “antigua”, la redescubren y juegan con ella explotando todas sus posibilidades expresivas. Al lector le parecerá descabellado encontrar este parecido; sin embargo, al entender la función de la imagen, es más fácil aceptar que pueden haber parecidos entre lenguajes que han sido creados para representar, sin pretender ser fieles ópticamente a la realidad, que buscan crear un mundo incluso más poderoso, directo y mágico que el real.  En últimas se trata del desarrollo de lenguajes pictóricos altamente expresivos y peculiarmente creativos.

Las historias narradas en el Villano favorito uno y dos son, en cambio, predecibles para los adultos. Las películas para niños son historias para adultos, pero simplificadas. Las historias de amor que se desenvuelven en estas son completamente estereotipadas. Me pregunto si no sería mejor exponer a los niños a la visión de otras alternativas, otras formas de querer y de relacionarnos. Las parejas felices no bailan necesariamente en sincronía.

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