En los hospitales de Medellín trabajan conjuntos de médicos de distintas especializades: pediatría, ginecología, ortopedia, cirugía, urgencias, etc., y es verdad que el trabajo en estos hospitales es descomunal. La cantidad de pacientes en cada sala supera la capacidad de trabajo del personal a su cuidado.

Los hospitales y clínicas necesitan mejor dirección de sus directores, mejor control sobre los médicos empleados, y recibir retroalimentación. El personal debe ser ético y los doctores, excelentes directores de los jóvenes aprendices de médico. Desafortunadamente, esto no es así. En Medellín, y seguramente en algunas otras partes del país, los doctores maltratan a los residentes y estudiantes, quienes, a su vez, cuando suben de jerarquía les dan de la misma medicina a sus respectivos pupilos, y así perpetúan el maltrato.

Después de conversar largamente con más de veinte estudiantes de Medicina que realizan su internado en las distintas clínicas y hospitales de Medellín, llega uno a la conclusión de que los médicos que laboran en estas parecerían tener la intención de dejar sus responsabilidades en manos de los estudiantes y residentes. Claro está, con excepciones a la regla. En cada uno de estos hospitales hay también muy buenos médicos, responsables y educados, pero no son la norma.

Veamos las formas más comunes y generalizadas de maltrato con estudiantes del sector Salud.

  • Irrespeto en el trato verbal con estudiantes y enfermeras. Trato confianzudo, muchas veces insultante. Algunos médicos se burlan de los defectos físicos de sus estudiantes y hacen chistes con otros médicos, en presencia de los jóvenes. A una joven la llamaban la bigotuda, y a otra, la gordita. Algunos médicos coquetean con las enfermeras y las estudiantes, e incluso van más lejos. Sé de uno que le dio una palmada en la cadera a una enfermera. Los estudiantes fueron testigos.
  • Hay descuido de las salas, y la irresponsabilidad laborar es rampante. Muchos médicos no pasan rondas de día, y mucho menos por las noches. “Y me llaman si se complican las cosas”, ¡les dicen a los estudiantes! Cuando se han complicado, casi siempre es muy tarde y no hay cómo ayudarle al paciente. Dejan su responsabilidad en manos de los estudiantes. Algunos médicos pasan horas en sus oficinas tomando tinto y mirando internet. Algunos ponen a los estudiantes a hacer el trabajo que ellos deben hacer. Sé de muchos estudiantes que justo al terminar la jornada de 12 horas, antes de salir, el médico les pide el favorcillo de pasar las historias clínicas al computador. Sé de médicas que se pintan las uñas o se van para la peluquería en horas de trabajo.

Los médicos no se toman el trabajo de explicarle al paciente, en términos sencillos, de qué sufre. Hacen preguntas que el paciente no puede responder, porque no las entiende: ¿dígame usted qué siente? Tratan al adulto mayor como si fuera un niño con retraso mental. Cuando el paciente es de un nivel educativo muy bajo o sin educación, el médico tiene la responsabilidad de hacer las preguntas que le permitirán al paciente saber qué enfermedad tiene. Los médicos responden con grosería y afán a las necesidades del paciente. Les gritan y los tratan despóticamente. Son especialmente duros con los ancianos y con los más pobres de la sociedad. Su trato es cruel, sin compasión por el dolor, el hambre, la pobreza y el estado del paciente.  Muestran desprecio por la incultura o falta de escolaridad del paciente y hasta ejercen muchos procedimientos con rudeza física, aumentando el dolor del paciente.

Muchas veces los médicos no leen las historias clínicas. Las quejas más comunes me las hicieron los estudiantes que habían rotado en Ginecología, en el Hospital General de Medellín. Allí la ley parecería ser la de “sálvese quien pueda”, quien esté de buenas. Sé de un médico que puso a un estudiante inexperto a suturar a una paciente a quien le había hecho una episiotomía. ¡No hay derecho! ¿Cómo puede ser que se deje en manos de una persona por completo inexperta la atención de un parto complicado? Incluso hacer las suturas de una episiotomía obliga experticia. Hacerlo mal puede dañar para siempre la vida sexual de una mujer y su posibilidad de tener otros partos. Por lo menos el doctor debería haber estado vigilando el proceder de su estudiante. Sé de trato expresamente rudo para sacar un bebé en un parto difícil.

Cuando los residentes y estudiantes se enferman tiene que ir a trabajar, porque no hay una planeación en la que se disponga de estudiantes alternos que los cubran en esos casos y porque una ausencia podría ser tan catastrófica para los que quedan al cuidado de los pacientes que el estudiante enfermo se siente en el deber de ir, aun asumiendo el riesgo de contagiar a los pacientes que están más enfermos que él.

Cuándo será que la medicina moderniza sus prácticas, empezando por racionalizar y moderar las horas de trabajo y los turnos. Ya está comprobado científicamente cómo aumentan los errores de una persona cuando tiene falta de sueño. Pero, por lo visto, no hay nadie que se preocupe por cambiar las cosas.

Hoy en día una persona hace una compra, y al instante le llega a su correo electrónico un cuestionario para saber cómo le fue, cómo lo atendieron, qué quejas y reclamos tiene. Los hospitales y la atención médica carecen de estas sanas prácticas. ¿Por qué?, se pregunta uno. ¿Por qué no hay controles sobre los médicos, sobre los hospitales, sobre las clínicas, sobre la atención, sobre el respeto y el trato con el paciente? Esto debería ser una norma. No hay posibilidades de progreso sin retroalimentación. Nada puede mejorar sin críticas al sistema.

Saco al Hospital Pablo Tobón Uribe de la lista, pues los estudiantes con los que hablé lo calificaron muy bien. Aunque el horario es en extremo duro para los estudiantes y residentes, los médicos ejecutan su trabajo con responsabilidad, y no hay maltrato, pues hay controles sobre cada miembro del personal. Es un hospital ejemplar que controla a sus médicos y a sus internos para que el establecimiento funcione como debe funcionar; por lo menos cuando estaba el doctor Aguirre en su dirección.

El que ha recibido maltrato sin cuestionarlo, considera que es normal perpetuarlo. Hay que cambiar las cosas. La regla de oro no es solo no hacer lo que no quieres que otros te hagan a ti, sino actuar como si el resto del mundo fuera a actuar como tú actúas.

 

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