Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

Lo que dice Chomsky de la economía

El famoso intelectual Noam Chomsky conversa con la editora en jefe y fundadora del National Observer, Linda Solomon Wood, sobre la política de COVID-19, la economía global y el medio ambiente. Lo que se trascribe aquí son los fragmentos más importantes de la conversación.

Linda Salomon dice:

La mayoría de nosotros hemos estado en alguna forma de aislamiento, de más o menos cinco semanas. Algunos hemos estado lidiando con el miedo a perder el trabajo, a perder a las personas que amamos, y reconocemos que no tenemos idea de lo que se viene. Ciudades como Vancouver están al borde de la rebeldía. Las provincias están buscando ayuda, y en USA está pasando lo mismo. El pago mes a mes del salario es algo que está desapareciendo del panorama, por lo menos para la mitad de los canadienses. La mitad de la población del mundo no tiene agua corriente ni jabón para lavarse las manos. Nos preguntamos: ¿puede surgir una nueva economía después del Covid- 19?

Chomsky contesta:

Hay personas que se creen los dueños del mundo, que planean y deciden el futuro de la economía. Existe otro grupo: la población general, quienes al momento están inactivos, esperando a ver si el plan de estos primeros continua, o cómo es implementado. El plan de los dueños del mundo es reconstruir la economía bajo las reglas del neoliberalismo de los últimos 40 años, pero hacerlo con mano más dura, aplicando más controles sobre la gente, con medidas mucho más autoritarias. Están haciendo esfuerzos mayores para garantizar que el modelo no vaya a tener interferencias, que nadie pueda evadirlo.

Esta situación que vivimos da una buena oportunidad para hacernos preguntas sobre el tipo de mundo en el que queremos vivir. Preguntarnos si lo queremos distinto, si queremos vivir en un mundo en el que asuntos como este de la pandemia no ocurran, y recordar que, aunque ahora mismo la estamos sufriendo, esta no es la crisis mayor que tenemos, hay otras mucho peores. Tarde o temprano escaparemos de esta pandemia, a un costo severo. Pero no vamos a escapar del derretimiento de los cascos polares, ni del aumento del nivel del mar, ni de todas las extremas consecuencias del calentamiento global.

El país con mayor influencia en el mundo, Los Estados Unidos de América, está en manos de un partido y un líder que desean exacerbar la crisis. Un grupo que bien puede acabar todo proyecto de una vida humana organizada. Ellos quieren que la crisis sea tan severa e inminente como sea posible. Están poniendo todos sus esfuerzos ahí.

Los programas neoliberales están diseñados para que la riqueza se quede concentrada en unas pocas manos. En USA esto es extremo, y en otros lugares del mundo la cosa no es diferente. En USA, antes de la crisis, el 0,1%, no el 1%, sino el 0,1% de la población, posee el 20% de la riqueza de todo el país, y cerca del 50 % de la gente tiene pasivos negativos de patrimonio neto, mayores que los activos, y apenas podrían superar cualquier cosa que saliera mal. Esas políticas se podrían cambiar. De hecho, no es utópico pensar que podemos volver al período de antes de Reagan, Thatcher y del resto. Período en el cual las políticas eran distintas, con distintas consecuencias.

Podemos cambiar las cosas y desde ya. Por ejemplo, hay programas de estímulo en el Congreso de la República que han sido aceptados. Sin embargo, personajes diabólicos como el senador líder Mitch McConnell salió a decir que el programa de estímulo no podía dar dinero a los Estados Azules, como New York, ya que votaron por el partido demócrata. Y la razón que adujo fue que las futuras generaciones no debían pagar por los errores que los Estados han cometido en el pasado. Los errores para ellos son haber tenido un plan de pensiones para la policía, los bomberos, los profesores y otros. Según él, si esos estados quieren gastar el dinero así, deben pagar por ello.

Ahora, miremos de qué manera usan el dinero los republicanos. Empresas como las aerolíneas —que se han pasado los últimos años atiborrándose de superganancias, y usándolas no precisamente en beneficio de los consumidores, pues no hacen nuevas industrias— recompran sus acciones para aumentar las ganancias de los inversionistas y de los gerentes. Se gastaron 45.000 millones de dólares en estímulos y sacaron de estos estímulos 50.000 millones de dólares; en otras palabras, si estos ricos y poderosos y el sector corporativo quieren malgastar sus dineros para enriquecerse aún más, nosotros, la gente normal, somos los que terminaremos pagando por ello. Pero si los Estados gastan el dinero en pensiones para la clase trabajadora, entonces, mala suerte, eso no es lo que ellos quieren, y para eso, ellos no van a dar dinero. Esa es la mentalidad de la administración actual, con un nivel de sadismo que es difícil de describir, aunque sea muy claro. Otro ejemplo es la propuesta para el Presupuesto Federal, de la administración de Trump, que presentó el 10 de febrero de este año. La pandemia estaba en su furor, la gente se estaba muriendo, y la propuesta para el Presupuesto Federal fue continuar recortando los dineros designados para la salud: reducir aún más el presupuesto para el Centro para el Control de Enfermedades. Al mismo tiempo que se recortaba dinero para esta causa, la administración subsidiaba las industrias de combustibles fósiles (estas industrias están socavando el prospecto para una vida humana organizada) y por supuesto, también apoyaban con dinero a los militares, ya de por si inflados. Esa es la mentalidad de la administración de Trump, la cual hace eco a la mentalidad del partido Republicano, el cual se salió de sus carriles hace años ya.

Hitler fue quizás uno de los peores criminales de la historia humana. Asesinó seis millones de judíos, 30 millones de eslavos y a los homosexuales. Pero Trump es peor. ¿Qué quiere Trump? Quiere destruir el proyecto de que los seres humanos tengamos una vida organizada. Está maximizando el uso de combustibles fósiles y destruyendo todas las regulaciones que puedan disminuir o restringir el daño que esto trae.

Hace dos años, la National Transportation Agency escribió un documento en el que aseguró que al final de la centuria el calentamiento global alcanzará cuatro grados Celsius sobre los niveles preindustriales, lo cual, lo sabe cualquier analista, es catastrófico. La conclusión de dicho documento es señalar que es absolutamente necesario parar la producción de emisiones de carbono a la atmosfera. Así que los planes de Trump son peores que los planes que tuvo Hitler, pues las consecuencias son mucho más catastróficas. Trump no deja tener controles sobre la emisión de carbono de los automóviles, lo cual nos tira por el desbarrancadero. Dado que este es el negro futuro, ellos sacan, mientras llega, tantas ganancias del negocio como sea posible.

Además, han decidido callar a los científicos, relajarse y eliminar esencialmente todo control sobre las emisiones de plantas de carbón. Polucionan las aguas, pues vierten mercurio en estas. Lo hacen para embolsillarse más dólares. La administración de Trump echó al suelo los planes de la administración de Obama. No importa qué tanto daño se le haga a la gente. El precio del petróleo es bajo, y no se toman medidas para combatir esto, ni se habla del control sobre las armas, ni de la probabilidad de una guerra nuclear. Cualquiera que mire, ve que es casi un milagro que estemos vivos, sabiendo que las decisiones de Trump solo han empeorado la situación.

En agosto pasado, Trump acabó con el tratado INF, que fue establecido por Reagan. En este, Reagan y Gorvachev acordaron reducir la probabilidad de una guerra nuclear. Casi inmediatamente después de abandonar el tratado INF, Trump lanzó un misil que violaba todas las normas. Su acto fue como invitar a Putin a desarrollar un armamento con el cual destruirnos. Acabar con el tratado es genial para para la industria militar, pues esta va a fabricar más armas de destrucción, que terminen con todo, y ellos tendrán más dinero para tratar de construir defensas contra esas armas, lo cual también anima a los otros a producir armamento. Pero aquí no termina el asunto, pues luego, la administración de Trump sacó del camino al tratado de Cielos abiertos, que reduce el riesgo de accidentes de guerra nuclear de manera significativa. Putin ha suplicado a USA renegociar el tratado START, que se propone limitar la posesión del número de misiles y de armamento nuclear. La respuesta de Trump es incluir a China y con ello encontrar una excusa que prevenga que el tratado se firme. El control sobre las armas se va a terminar también, y esto es muy grave y muy serio.

En este momento podemos hacer dos cosas: volver al mundo más brutal, más destructivo, o podemos sobreponernos a estos problemas con medios que están disponibles. Tenemos que acabar con la crisis ambiental, y asegurar la vida de los humanos en la Tierra. Tenemos que acabar con las armas nucleares, que no tienen razón de existir. Tenemos que cambiar el modelo económico, la crisis económica que hace que el 0,1 de la población sea dueña del 20 % de la riqueza. Esto no tiene porqué ser así. Conocemos maneras de terminar esto.

A la pregunta ¿cómo tener un futuro mejor? La respuesta de Chomsky es:

Decidiendo por las personas adecuadas para gobernarnos, escogiendo a las personas que van a protegernos. Es necesario saber quiénes son los que quieren poner más billetes en el bolsillo de los ricos, y saber quiénes son los que están preocupados por el futuro del planeta y de los niños de hoy. Los movimientos sociales pueden lograr que se mitiguen los daños y causas del calentamiento global.

Chomsky señala a los personajes malvados que gobiernan varias naciones y dice así:

Las acciones de la administración de Trump aumentan la severidad de la pandemia. Los médicos que están tratando de proteger a la gente, no están bien protegidos ellos mismos, por culpa de esta administración. Bolsonaro está tratando de destruir el mundo, tumbando la selva amazónica. Israel es un país cada día más de derecha. Modi, en la India, está tratando de demoler la democracia secular y de crear un movimiento de derecha nacionalista (Modi ha liderado al gobierno de la NDA como primer ministro y, desde febrero de 2019, la alianza gobierna 18 estados). Hungría están acabando con la democracia y volviéndose una dictadura. Salvini, en Italia…

¿Qué podemos hacer? Le preguntan, a lo cual Chomsky responde:

La gente se puede movilizar, presionar y conseguir cada vez más poder. Las multitudes crean conciencia. Las corporaciones tienen que ser benefactoras de la gente, no de los ricos, y esto se logra solo bajo presión. Es considerable la fuerza que tienen los movimientos populares, la movilización popular. Somos más civilizados que antes y esas presiones son importantes.

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