Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

La fórmula del cine

Es casi imposible ver una película de Hollywood que no caiga en una fórmula reconocible. La fórmula se repite porque funciona. “Funcionar” significa que el espectador promedio disfruta la película y la ve hasta el final.

Tom Hanks en 'Noticias del gran mundo', lo último de Netflix

Los jóvenes y adolescentes son los observadores promedio. Casi todo el cine que se filma está dirigido a esta población. Para el adulto que ha visto cine, la fórmula, en cambio, es desalentadora. Se le vuelve inevitable anticipar lo que va a ocurrir. Poder hacerlo hace perder la emoción y el interés. En Noticias del gran mundo (con Tom Hanks), una película nueva hecha con la fórmula, se sabe desde el principio todo lo que va a pasar. Utiliza la misma fórmula de Cielo de media noche (con George Clooney) y de El revenido (con Leonardo DiCaprio), aunque esta última es mucho más larga, casi eterna, y fue premio de la Academia. En las tres, la fórmula es evidente. Incluso, en El revenido se aplica unas tres veces durante la filmación (debería llamarse El repetido, pues ocurre lo mismo una y otra vez, solo cambia el agresor).

Los seres humanos aman las historias que son culturalmente importantes. Las fórmulas narrativas generales llevan milenios perfeccionándose; y el cine, aunque es nuevo (cien años aproximadamente de desarrollo), ha encontrado un formato altamente efectivo, porque involucra texto, lenguaje, imagen y música, lo cual permite un procesamiento rápido de narrativas complejas. Ya el teatro griego había descubierto el orden de la narración que gusta, que tiene sentido para las personas. El comienzo de una obra, la prótasis, introduce los personajes y el escenario; la mitad de la obra, la epítasis, constituye la historia y contiene la acción principal, hasta llevarla justo al clímax; y el final, la catástrofe, presenta el clímax y la resolución final.

La fórmula resulta de un conocimiento de las escenas y sus picos emocionales; además, de los lapsos que debe tener, y lo que deben durar entre una escena y otra para mantener la atención del espectador. La película debe entretener, interesar, pero, al mismo tiempo, debe reducir la carga cognitiva del espectador; en palabras sencillas: debe entregarse fácilmente, ser comprensible para un gran número de personas. Según el público al que vaya dirigida, se maneja el equilibrio entre facilidad o dificultad del procesamiento cognitivo.

El sicólogo James Cutting, de la Universidad de Cornell, analizó 150 películas de Hollywood, y descubrió que las más nuevas siguen la fórmula con más precisión. Encontró que, en general, las películas se dividen en cuatro actos: configuración, complicación, desarrollo y clímax, con dos subunidades opcionales de prólogo y epílogo y algunos puntos de inflexión y puntos de trama.

En otros doce estudios, James Cutting encontró que los aspectos normativos se reducen a cinco dimensiones estilísticas, y que, en general, las narraciones cinematográficas tienen aproximadamente la misma estructura que las narrativas en cualquier otro dominio, sea obra de teatro, novela, manga, cuento popular o incluso historias orales, pero con las limitaciones de tiempo de ejecución, cadencias y construcciones particulares exclusivas de cada medio.

No importa que haya truco en las artes, lo importante es que este no se deje descubrir. Uno quiere que le metan la mentira bien metida, que lo deje a uno convencido. El que una película sorprenda es algo que se agradece, y más si esta interesa lo suficiente como para que uno quiera verla hasta el final. Todavía es mejor si permanece en nuestra mente una vez finalizada, si despierta emociones intensas, si enseña, si hace reír o llorar. Es agradable tener que hacer algo de esfuerzo para captarla. Lo muy fácil aburre, lo muy difícil agota. Para el adulto, es cada vez es más difícil ser sorprendido, porque básicamente ha visto más, tiene más experiencia, así que todo se va pareciendo, todo luce menos original. Ya es suficiente sentir que no se perdió del todo la hora y media de atención.

Hay películas independientes que distorsionan suficientemente la fórmula, hasta hacernos pensar que no la tienen. Estas son las que nos parecen creativas y originales. Cada día son más escasas.

Se puede predecir que en el futuro habrá programas de computador que nos conocen tanto que, incluso, descubrirán que podríamos reaccionar a otras fórmulas que todavía no conocemos. Se encargarán de escribir las historias del cine y de la literatura. Y todo esto, porque pueden guardar los datos de las reacciones de millones de personas que observaron la película o leyeron el libro, y saben cómo reaccionaron ante estos, ya sea con interés o con desinterés, o interrumpiendo o alargando el tiempo de lectura o de observación.

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