Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

Eutanasia

Escrito por Eufrasio Guzmán Mesa

El derecho a la vida es el pilar de los derechos y eso implica el derecho a una vida de calidad, disfrutando de las facultades básicas y disponiendo de una conciencia mínima de los actos y el pasado. Pero ese derecho a la vida, tan escaso y poco extendido en una nación que no se conmueve con las casi trescientas muertes de líderes comunales y defensores de los derechos, se lo debe complementar con el derecho a una muerte digna.

Yo quiero hacer eco de las iniciativas que en el pasado se han presentado sobre eutanasia en Colombia. Ante la finitud, decía el poeta, “coros de alegría”. Alegría no es bullicio, es serena conciencia de tránsito de que al partir se nace de otra manera. Eso lo consagra la navidad que es nacimiento en el lugar dónde todo parece declinar. Ese es el sencillo y luminoso misterio del árbol. Yo me quiero unir a ese leve llamado y recordar que ese cambio de estado, ese tránsito, que a todos nos corresponde preparar, caminar, presenciar, es una hermosa oportunidad de saber, de aprender, de ampliar nuestra conciencia de que la carne es un camino, la vida un estado cambiante y que vivirla sabiamente es siempre una visión de su fuerza pero también de sus delicados hilos.

Terminando el semestre quiero evocar a Luis Martorell, a Alberto González, a Jairo Escobar, amigos personales que han partido por declinación de su cuerpo físico. Sus gestos de amistad fueron raíces de bienestar, sus partidas lecciones inolvidables del árbol de la vida que brota desde la tierra amada. Y en homenaje a ellos, y a los muertos que como dice el poema de Atahualpa Yupanqui, todos llevamos atrás, quiero reivindicar la eutanasia. Y no solo en los casos extremos. Hay soluciones para el 99% de los males, en un futuro la extensión de la vida puede convertirla en una monotonía insufrible.

Sin sensibilidad, sin capacidad de emocionar, con la conciencia extinguida, una memoria vacía puede ser parte de una realidad inaceptable. El sufrimiento moral profundo y un hondo sentimiento de fracaso y de derrota no siempre se pueden superar en los momentos en los cuales han declinado las capacidades de reinventarse, de renacer y el sentido de la existencia se evapora entre nubes de olvido y dolor.

En todos los países de la tierra habrá que revisar este derecho, en varios ya está vigente. Suiza, Holanda y Bélgica fueron los primeros países en legalizar el suicidio asistido en 2002, pero bajo estrictas condiciones. Un cuerpo médico debe, por ejemplo, certificar que el paciente padece un sufrimiento insoportable sin posibilidad de cura. Pero opino que hay que ir más allá del dolor físico insoportable, hay sufrimientos diferentes cuyo remedio es inexistente. En Colombia se presentó hace diez años un proyecto de ley completo, excelente, con una justificación teórica apoyada en las sabias palabras del sacerdote y teólogo católico Hans Küng. Quedó en la gaveta pero situaciones recurrentes imponen su actualización y discusión.

No será fácil este tema pues en nuestra nación el talante de la Iglesia es muy conservador y hasta los civiles dedicados a la política son, muchos de ellos, fundamentalistas, dogmáticos. Todos ellos quisieran una restauración de formas y valores que impidieran el avance de la evolución de la sexualidad, por ejemplo, y van a dificultar el estudio sobre la eutanasia; pero hay que desarrollar esos debates trascendentales pues el terreno de esas batallas no es otro que estos cuerpos que nos presta la vida maravillosa.

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