Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

Durmiendo con chupasangres

No hay enemigo pequeño, y sí que es verdad cuando estamos hablando de insectos, del zancudo que zumba en el oído por la noche, de las hormigas que se suben por la bota del pantalón, de las pulgas y los chinches de cama, de las abejas, cuando se es alérgico a su picadura.

Bill Bryson, en su magnífico libro (como son todos los de él), En casa. Una breve historia de la vida privada, dedica unas páginas al suplicio que fue durante cientos de años la dormida en colchones de hojas, de paja, de lana, de algodón o de plumas. No solo los colchones eran deformes y duros (por eso de que la cama ha de ser de piedra de piedra la cabecera); eran deletéreos para la salud, por los insectos, los hongos y otros animales que vivían en ellos. Daban alergias, rasquiña y piquiña, durante la noche.

Pensamos que ese problema se terminó, se exterminó, pero, la verdad sea dicha: NO. Muchas personas en el mundo duermen con chupasangres. Según el entomólogo británico Kenneth Haynes, entre las tibias cobijas, los chinches de cama siguen alimentándose de sangre humana, porque se han vuelto resistentes a los insecticidas. En el año 2000 hubo un resurgimiento. Ahora hacen la fiesta en los colchones de los ricos y de los pobres, en los colchones de los hoteles, en las butacas de los cines, y en los dormitorios universitarios.

Durante la Segunda Guerra Mundial, con el uso del DDT, prácticamente desaparecieron, pero el DDT era muy tóxico para los humanos también, y fue retirado del mercado. Este insecto pertenece al grupo de los que presentan una metamorfosis incompleta, ya que las diferentes etapas de desarrollo hasta llegar al individuo adulto se dan sin etapa de pupa. Una hembra adulta pone unos 2-3 huevos al día, lo que se traduce en unos 150-500 huevos a lo largo de su vida.

En la evolución, se reproducen y sobreviven los que resisten los embates del medio, así que los insectos de hoy son los hijos de padres que fueron resistentes. Haynes, experto en chinches, encontró una población de estos, en Cincinnati, USA, resistentes a 10 000 veces la dosis normal de deltametrina, un insecticida común. Y esta no es ninguna excepción, pues él y sus colegas entomólogos han visto que más del 85 % de los chinches de Gran Bretaña tienen algún tipo de gen resistente a los insecticidas.

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¿Cómo son las camas de los grupos humanos nómadas? Cerca al lago Turkana, en África, las almohadas sirven también de butacas, pues son de madera. Se imagina uno que no gozan de colchones, ya que no hay nada más difícil de trasportar que un colchón. Los colchones han evolucionado en sus materiales, confort y resistencia a deformarse. La tecnología del sueño sigue progresando, el problema es que los enemigos que quieren compartir la cama con nosotros, también.

 

 

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