Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

Atreverse a denunciar

Cedo la palabra a Catalina López Arango

Supe de alguien que se atrevió a denunciar un caso de abuso laboral, de alguien que tuvo la valentía de enfrentarse, alguien que vivió la permisividad imperdonable de quienes tenían en sus manos la posibilidad de sentar un precedente ejemplarizante; y se me ocurre analizar el papel que, consciente, inconsciente o covenientemente, cada uno de nosotros asume en la epidemia que están sufriendo nuestros niños, adolescentes y mujeres en los casos de abusos, maltratos y violaciones sexuales.

¿Por qué cientos de colombianos en las empresas, los colegios, en el campo, en las fiestas, en su relación, en el bus, en la calle, en su casa, camino a casa, en la ciudad… siguen siendo sujetos de delitos sexuales una y otra vez, todos los días, de las formas mas aberrantes, ante prácticamente los ojos de alguien que vio, supo o sospechó pero calló, toleró, fue indiferente o no quiso hacer nada?

¿Qué hago yo? ¿Qué hace usted?
¿Es usted de los que niega la evidencia?
¿Es usted de los que tapa?
¿Es usted de los que se burla de quienes se atreven a denunciar?
¿Es usted de los que desacredita?
¿Es usted de las personas a quienes el tema ni les va ni les viene?
¿Es usted el juez que otorga el beneficio de casa por cárcel a esta clase de individuos?
¿Es usted el abogado que defiende lo indefendible?
¿Es usted el jefe que ante la denuncia, prioriza los estados financieros y el “buen nombre” de la empresa?
¿Es usted el profesor que nunca trata el tema con sus alumnos porque todavía están muy pequeños o porque eso no es de mi materia?
¿Es usted el papá o la mamá que permite chistes machistas, divulga fotos o comentarios peyorativos y permisivos con conductas que claramente atentan contra la privacidad de las personas?¿Es usted el tipo de mamá que permite que su compañero sexual acose sexualmente a sus hijas?
¿Es usted el/la adolescente que no toma partido, se queda callado y omite expresar su opinión frente a esta situación?
¿Es usted la persona que NADA tiene que decir?
¿Es usted la persona que se pregunta porqué esta periodista, aquella actriz o esa modelo “apenas” ahora vienen a decir lo que les pasó hace años?
¿Es usted de los que DUDA de la palabra de quienes denuncian públicamente que fueron objeto de alguna conducta abusiva?
¿Es usted el rector de colegio que tiembla ante la posibilidad de que un escándalo semejante salga al público?
¿Es usted el propietario de la empresa que prefirió darle otro nombre, otra connotación, otro significado, otra interpretación a esa conducta claramente sexual y delictiva?

Mirémonos. Tomemos partido. Expresemos nuestra posición inflexible hacia estas prácticas toleradas, a veces tapadas, convenientemente ignoradas, tristemente desacreditadas y generalmente enfrentadas con benevolencia por quienes están investidos en mayor o menor grado de autoridad ante los ojos de los demás, sean estos jueces, jefes, religiosos, padres, compañeros, pusilánimes comités de ética, legisladores o miembros prominente de la sociedad.

No permitamos que nuestros niños, nuestra juventud, siga siendo violentada por una institucionalidad que no castiga de forma pronta, concreta, definitiva y ejemplarizante a los culpables. Se necesitan posiciones, condenas, leyes y opiniones disuasivas, impactantes y contundentes.

La permisividad y la impunidad son los cómplices perfectos de los monstruos que acechan a una próxima víctima. ¿Quien será? ¿Será su hija en la fiesta o en la discoteca? ¿Será su pequeño mientras juega en la guardería? ¿Será su amiga, su novia, su alumno, el estudiante de colegio?

El monstruo acecha. Siempre acecha. Ya tiene elegida a su presa siguiente. Y en el momento menos pensado atacará.  Es lo único cierto. Y volverá a acechar. 

¿Y usted que hace, empodera al monstruo o lo debilita?

 

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