Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

Antoni Tàpies 88

“Recogió de todas partes los despojos de un tiempo tachado, gris y difícil, y convirtió su pintura en un arma, en un emblema, en una manera de expresión en cuyo espejo se vieron tres generaciones, la del estupor, la de la esperanza, la del desencanto”. Juan Cruz 

Tàpies significa tapia, pared, y puede ser una casualidad, pero su obra pictórica parece basada en las paredes: es plana, sin volumen, sin claroscuro, sin color. Es de los matices de la tierra: café, negra, blanca, gris; del color de las tapias. Su obra nos invita a la contemplación, nos sugiere descubrir lo que se encuentra adentro, y espera que ese contenido nos ilumine.

El pintor catalán es un hijo de su tiempo: antifranquista, dadaísta, formalista, surrealista, abstracto, minimalista y conceptual. Es todo eso, pero ante todo es él mismo; con una forma de hacer arte identificable de lejos, única e importante.  Tàpies es el artista de la elegancia espiritual. Con los elementos más básicos como arena, tierra, cemento, polvo de mármol, conforma sus obras que nos hacen meditar sobre los misterios de la materia y la energía, sobre el misterio de la belleza y la armonía, sobre el misterio de la síntesis, de la comunicación sin representación. Y es elegante porque conoce la belleza y el decoro. Su obra atrae, conquista, seduce la mente intelectual a través de la intuición; nunca choca, ni ofende, ni empalaga. Sus pinturas no están ahí para representar; no, ellas son en sí mismas objetos, para ser comprendidos y tratados como objetos.

Antoni Tàpies amaba la filosofía zen y en su obra permea lo espiritual. Su obra es directa, honesta, sin artificios; deja sospechar la integridad y seriedad del artista. Tapies no pareció preocupado por las vanguardias, era un tipo de persona que trabajaba para sí misma y que creía en lo que hacía. Un hombre concentrado en lo que tenía en su interior, un artista refinado intelectualmente, que sabía lo que estaba haciendo y lo sabía con perspectiva y dimensión, sin olvidar que las actividades humanas están demarcadas por lo ético, y el arte no es ninguna excepción. Antoni Tàpies buscaba generar un cambio en el espectador, un cambio para bien, para hacernos reflexionar y volvernos mejores.

Si se fuera a resumir la impresión general que deja su trabajo, se podría decir que es materia y gesto. Materia, porque la obra está compuesta de elementos sin disfrazar, puros, pegados al lienzo, que están ahí para hacernos pensar, descubrir, entender, develar el misterio. Gesto, porque la energía del trabajo se degusta directamente. Con traperas, con escobas, Antoni Tàpies trazaba, manchaba y raspaba, como un niño lo hace en una hoja de papel, o en la playa con un palo, solo que Tàpies lo hacía sobre maderas o lienzos de gran tamaño.

El artista catalán descubrió todas las posibilidades de la mancha y la riqueza y trasmisión de energía que hay en el gesto directo; por eso se siente tan plenamente la velocidad y la fuerza implicadas en el acto artístico.Y es verdad que a veces el gesto pictórico, la mancha, recuerdan la caligrafía oriental; también conceptualmente descubrimos el anhelo oriental de dejar percibir lo grande en lo pequeño y lo pequeño en lo grande, pero en general, su obra no remite a nadie más que a Antoni Tàpies y solo a él, tan seriamente único.

Antoni Tàpies Puig nació el 13 de diciembre de 1923 y murió el 6 de febrero del 2012, a los 88 años.

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