(Artículo para EL PAÍS, el diario global, edición América-Colombia, febrero 2026)
Enhorabuena CARACOL televisión está promoviendo la campaña “Mejor Conversemos”[i], que pretende “enfrentar la polarización que atraviesa el país”. Es una campaña dirigida a todos los colombianos y colombianas y nos emplaza a conversar, es decir, a reconocernos en medio de nuestras múltiples e inevitables diferencias, para poder alcanzar acuerdos sin eliminarnos, descalificarnos y condenarnos a un odio perenne. En ese sentido, es una poderosa campaña que promueve la democracia, justo en medio del debate electoral. Porque, y no está demás repetirlo hasta la saciedad, la “democracia es aquella forma de gobierno que permite contar cabezas en lugar de cortarlas”, según la definición mínima de James Bryce[ii], aunque en nuestra historia se haya convertido en todo lo contrario, en una forma de cortar cabezas sin poder contarlas. Así ha pasado, en cada gobierno, incluso el actual, cuya divisa es la Vida y la Paz Total, pues es imposible tener un número preciso de las víctimas mortales durante su gestión, como consecuencia del degradado conflicto armado “interméstico” en que estamos atrapados, prolongado por el combustible inextinguible de las economías ilícitas.
¿Conversarán Petro y Trump?
Tal es el asunto de las economías ilícitas que, al ser simultáneamente doméstico e internacional, debería ser abordado por los presidentes Petro y Trump más allá de sus veleidosas personalidades, pues al buscar cada uno tener razón e imponerse soberbiamente sobre su contradictor, el fracaso estaría asegurado. En ese sentido, deberían aprender el arte de conversar, competencia esencial en todo estadista, en lugar de polemizar agriamente para doblegar y someter a su contrario. Para ello, si el encuentro se realiza sin la presencia de periodistas y el despliegue mediático de sus megalómanas personalidades, es probable que discurra la conversación en modo dialógico en lugar del dialéctico y polémico, lo cual auguraría acuerdos pragmáticos en torno al control de los cultivos de uso ilícito, la destrucción de laboratorios clandestinos de cocaína –que no fábricas, como las llama Trump— y, seguramente, el aumento de incautaciones, para bien de ambas partes. Pero si discurre en el escenario público, rodeados de cámaras y periodistas, es probable que cada uno se empeñe en demostrar que moral y políticamente es superior al otro, como bochornosamente Trump lo hizo con Zelenski, humillándolo ante todo el mundo. Entonces ya no conversarían, más bien se insultarían. Y sería un espectáculo deplorable, con consecuencias negativas para todos. En lugar de ser un encuentro entre estadistas, se parecería a la forma como discurre la campaña electoral en la actualidad, donde cada candidato y partido se disputa el título de “salvador de la patria” y se proyecta como el paradigma de rectitud, competencia y honestidad.
El maniqueísmo polarizador de las redes sociales
Es claro que en ese clima de maniqueísmo moral y político es casi imposible conversar, pues la política ya no se desarrolla en el espacio del debate público sino en el de la descalificación subjetiva absoluta del adversario, a quien se le niega las credenciales para debatir y es condenado de antemano como un indeseable y un peligro para la democracia. Todo lo anterior exacerbado por mentiras y tergiversaciones en las redes sociales, donde cada bando defiende su candidato y candidata como la máxima personificación del bien, encarnación de la virtud, defensor de la democracia, campeón de la seguridad y el patriotismo. Desde luego, sería ingenuo pedirles que no polaricen más, pues ellos saben bien que del éxito en denostar y acabar con la respetabilidad y credibilidad de sus adversarios depende su triunfo en las urnas. Incluso el llamado “centro político” incurre en la confusión de la polarización, pues afirma que fuera de él no hay salvación y atribuye a los demás candidatos la polarización. Una falta imperdonable de lógica política, más que de lógica matemática, de la que es maestro Sergio Fajardo. Ante semejante panorama, que cada vez se degradará más, la responsabilidad de los medios de comunicación es inmensa, así como la de cada ciudadano para no dejarse arrastrar por esa vorágine maniqueísta. Una vorágine que busca sustituir la conversación por el insulto, la deliberación por la descalificación y la verdad respaldada en investigaciones, hechos y cifras por un cúmulo de mentiras sustentadas en prejuicios, odios y suspicacias que corren vertiginosas por las cloacas de las redes sociales y las bodegas a sueldo.
Más allá de “Mejor Conversemos”.
Por ejemplo, valdría la pena que, a cada candidato y candidata, en lugar de preguntarle CARACOL por sus propuestas y programas salvíficos, primero le preguntará cuánto ha invertido en su campaña, quiénes son sus financiadores, cuáles son sus redes de apoyo sociales, empresariales, barriales o ciudadanas en donde desarrolla su actividad política y profesional, qué compromisos ha asumido con quienes dice representar y hasta defender. Que no nos digan más que defienden a todo el pueblo colombiano y que si votamos por ellos todos ganamos. En fin, que son la reconciliación y la paz, en lugar del resentimiento y la “lucha de clases”. Así por lo menos tendríamos una información que podríamos verificar si es cierta o falsa. Porque no hay aportantes desinteresados y menos filántropos del “bien común” en ninguna campaña electoral. Entonces cada ciudadano podría depositar su voto con información veraz, no solo contando con sus prejuicios, ignorancia, simpatías y antipatías personales, incluso más allá de sus limitados y comprensibles intereses personales, familiares, empresariales o gremiales. Porque votar no es solo un asunto personal, es una responsabilidad pública, pues nuestra decisión afectará a toda la sociedad. También sería muy valiosa una investigación sobre los perfiles y el pasado de cada candidato y candidata a la presidencia, sus relaciones en el mundo profesional, empresarial, social y político, incluso familiar y personal, pues quien tenga antecedentes de malos tratos y deslealtad con los seres que dice amar, difícilmente podrá afianzar relaciones de confianza y bienestar en el ámbito público.
Lo privado es público en la vida política.
En una figura pública no cabe esa dicotomía absoluta, como un compartimento estanco, entre su vida privada y la pública, como bien lo demuestran Trump y Clinton, tan cercanos a Epstein. Así como los deslices, acosos y abusos sexuales de tantos otros a la derecha, centro e izquierda. Mucho menos, quienes hayan cosechado su éxito profesional o político en la penumbra de relaciones con organizaciones criminales o delictivas, como sucedió con la “parapolítica” y también con grupos insurgentes, que les proporcionaron a sus candidatos miles de votos de electores coaccionados en los territorios bajo el control de sus armas, como las AUC y la extintas Farc-Ep. Pero también es muy importante reconocer a quienes se perpetúan, elección tras elección, en el Congreso a punta de redes clientelares, corrupción administrativa, contratación ilícita, dádivas y la compraventa de votos, para convertir el Estado en un botín a su servicio y el de sus financiadores. Al respecto, valdría la pena que CARACOL profundizará esas relaciones, el pasado de esa legión de candidatos y candidatas para el Congreso, que cada cuatro años se reeligen, la mayoría sin apenas trabajar y hoy devengan más de 34 millones y medio de pesos[iii] y se lamentan por haberles eliminado este gobierno la prima especial de servicios de julio equivalente a 16.9 millones.
“Mejor Conversemos” también con otros Medios
Para ello la campaña “Mejor Conversemos” también debería conversar con otros medios de investigación como CONGRESO VISIBLE[iv], supervisión de campañas como la MISIÓN DE OBSERVACIÓN ELECTORAL[v], formación de ciudadanía como PARES[vi], FORO POR COLOMBIA[vii], IDEAS PARA LA PAZ[viii] y directores de revistas virtuales como RAZON PÚBLICA[ix] y la SILLA VACÍA[x] para que todos tengamos claro por quiénes votar el próximo 8 de marzo. Para que nuestro voto sea, en efecto, un voto de opinión ilustrado a favor de alguien que merezca nuestra confianza y no tanto un voto de aversión contra alguien y terminemos eligiendo a quien quizá no lo merezca. Que el nuestro sea un voto producto de la deliberación y no de la manipulación. De la conciencia y no del miedo. De la razón y no de la pasión o una emoción personal pasajera. Que sea la expresión de nuestro compromiso con lo público, más allá de una transacción a favor de nuestros intereses y la defensa a ultranza de un statu quo corrupto y decadente. De lo contrario, millones de ciudadanos, en lugar de votar, continuarán botando y perdiendo su conciencia en las urnas, para luego concluir que “todos los políticos son iguales”, siendo ellos mismos quienes irresponsablemente los eligieron. O, peor aún, aquellos que no votan y proclaman orgullosos que se abstienen porque les asquea la política e ignoran así la sabia advertencia de Edmund Burke[xi]: “Los políticos corruptos son elegidos por ciudadanos honestos que no votan”. Toda la razón tenía Bertolt Brecht en su poema: “El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, ni participa en los acontecimientos políticos, es tan burro, que se enorgullece e hincha el pecho diciendo que odia la política[xii].
[i] https://www.bluradio.com/entretenimiento/mejor-conversemos-formato-que-llega-a-caracol-television-para-reflexionar-sobre-la-polarizacion-rg10
[ii] https://en.wikipedia.org/wiki/James_Bryce,_1st_Viscount_Bryce
[iii] https://www.infobae.com/colombia/2026/01/21/asi-quedara-el-salario-de-los-congresistas-tras-ser-eliminada-la-prima-especial/
[iv] https://congresovisible.uniandes.edu.co/
[v] https://moe.org.co/
[vi] https://www.pares.com.co/
[vii] https://foro.org.co/
[viii] https://ideaspaz.org/
[ix] https://razonpublica.com/
[x] https://www.lasillavacia.com/
[xi] https://es.wikipedia.org/wiki/Edmund_Burke
[xii] https://www.epdlp.com/texto.php?id2=18258