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Hasta cuándo

En esta dirección han sonado las voces de algunos expresidentes latinoamericanos, amplificadas por las de un par de presidentes en ejercicio, entre ellos el colombiano con un discurso envalentonado (que con los días ha ido callando) y el del más resoluto presidente uruguayo, quien avanzó con más que discursos y desafíos. Todos ellos ya han empezado a ver lo evidente: la criminalización de las drogas ilícitas, y peor todavía, la criminalización de su consumo, es un camino que no conduce a ningún lado. Digo que han empezado a ver lo evidente, pero tal vez tampoco sea esto cierto: ya lo habían visto, pero no lo habían reconocido. ¿Por qué? No lo sabemos: la criminalización iniciada hace casi medio siglo por el criminal Nixon es una de las farsas mejor sostenidas y con peores resultados de nuestra época, y sin embargo seguimos sin obtener respuestas más o menos razonadas de por qué continuar sosteniendo un edificio tan absurdo como este.
Ya sé, o creo saber (lo que no digo es porque no lo veo, mi ceguera no es tan a propósito): porque las palabras de los anteriores son rugidos de gato a la espera de que el verdadero tigre responda con un rugido de indudable autoridad. Pero no hay tigre que ruja cuando tiene el negocio perfecto, el sartén por el mango: ellos consumen mientras otros ponen los muertos, pero ellos criminalizan y venden las armas, y luego califican a los demás países por no seguir correctamente sus políticas. No rugirá pronto, no en vano es el tigre.
Mientras tanto otros gatos con más o menos garras rugen también. Ahora es el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza. Qué digo, el secretario general de la OEA próximo al retiro, José Miguel Insulza, quien al igual que los gatos anteriores ha empezado a decir lo que hace décadas ya decía el economista Friedrich Hayek: la criminalización de las drogas y la criminalización de su consumo no conducen a ninguna solución. Sólo empeora el problema pero, como se sospecha hace décadas, siempre hay quienes se benefician de los problemas. Y lo que dijo Insulza fue a propósito de los consumidores: hay que empezar a verlos como enfermos, como víctimas del narcotráfico y no como cómplices del narcotráfico. Tal vez sean bienintencionadas las palabras del secretario general, pero no dejan de ser peligrosas y desviadas.
En un extremo está ver a los consumidores como criminales que hay que hacerlos purgar su vicio con un tanto de represión policial, visión autoritaria que enbuenahora se ha ido eliminando en varios países, entre esos Colombia, gracias al esfuerzo de los jueces constitucionales. Esa visión está en un extremo, pero la del secretario (y muchos más) se va al otro extremo: victimizar al consumidor y partir de premisas de inferioridad o vulnerabilidad del consumidor, no verlo como un criminal sino como víctima, que es una visión que va disparada por espejo, y en contravía de los mismos consumidores a quienes manifiestamente busca defender, para su despecho.
Los consumidores no son víctimas ni victimarios: son consumidores, y punto. No son buenos ni malos, son consumidores. Son personas con dignidad, con capacidad de razón, que pueden autodeterminarse y decidir si toman decisiones que vayan en contra de su salud. Precisamente eso es lo que busca permitir una sociedad liberal: que las personas puedan determinar su plan de vida de acuerdo con sus preferencias sin que el estado ni la sociedad les impongan un modelo moral, un modelo paternalista que parta de la comprensión de los ciudadanos como subhumanos. No. El que fuma lo hace porque quiere, porque le gusta, y hay que respetarlo, hay que aprender a vivir en una sociedad de riesgos. Porque lo contrario nos puede llevar a empezar por imponer un modelo de vida sana a los fumadores y ¿luego qué? ¿Pancartas en McDonald’s para que me digan lo que no sé, que es poco saludable para mí? En otras palabras: una sociedad liberal es la que permite que cada uno viva su vida y deje vivir la vida a los demás.
De ahí que la visión proteccionista que propone Insulza sea, al igual que la visión criminalista, sesgada. Y sin embargo no hay que olvidar que es una declaración política importante, que puede ser una declaración paulatina. Quién sabe.
El péndulo se movió para un extremo, y ahora se propone otro. Hasta cuándo tendremos que esperar para que llegue al equilibrio.

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