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Evocar a Jaime Garzón

Hace una semana dirigí un ejercicio cultural destinado para jóvenes, un homenaje a Jaime Garzón. El desarrollo era sencillo, pues Jaime Garzón habla por sí mismo a través de sus vídeos; solamente necesitaba reseñar su vida, explicar quién fue, mostrar unas imágenes y cuando ya estuvieran familiarizados con el personaje mostrar alguno de sus vídeos. Yo prefiero aquél que empieza diciendo “vamos a decir colombianos al grupo heterogéneo de personas que habitan el territorio llamado Colombia”, pues siempre tengo la misma sensación que expresa él en ese vídeo: el orden lógico de las cosas en Colombia está invertido.


Se acercaba el mediodía y la actividad fue precedida por un cuentero quien con un mito sobre el inicio del periodismo (mostrándolo como una profesión malvada y a Garzón como uno de los pocos buenos y comprometidos periodistas) sirvió como preludio para mi inicio. Para conocer el público comencé con una pregunta sencilla “¿muchachos, han oído hablar de Jaime Garzón?” y para mi sorpresa el silencio en el auditorio fue sepulcral. ¡Ninguno!


Otra decepción me llevé al mostrar un vídeo de Godofredo Cínico Caspa (sí, el que habla sobre Uribe) y una niña de manera natural exclamó:

–¡Qué enfermo! –Y luego notó su impertinencia mientras con una sobreactuada paciencia yo le intentaba explicar que no era enfermo, que había personajes así de “cínicos” y que en la vida pública colombiana teníamos varios ejemplares (cité a Fernando Londoño recordando unas palabras de Daniel Samper O.).

Sin embargo los análisis de Jaime Garzón a la sociedad colombiana tocan directamente a los jóvenes de cualquier generación. Así cuando él decía:

–Fíjese como es de absurda nuestra lógica, que cuando un hombre tiene tres novias es el putas; y si la niña tiene tres novios es una puta –Entonces brotaban risas culpables en el auditorio y el discurso se hacía más cercano.

Son doce años desde que murió Jaime Garzón, yo estaba niño y aún recuerdo las imágenes del lustrabotas que él personificaba. Doce años después de un crimen hasta el momento impune cabe preguntarle a su recuerdo “¿dónde está tu victoria?”. Es claro que a la generación de jóvenes a la que él le predicó al día de hoy no han propuesto ni mucho menos ejecutado (con la sempiterna obstrucción de la “clase” que él mismo enunciaba) cambios significativos en este país. Y la generación que hoy es joven aparentemente está desentendida de estos temas, aunque me atrevo a pensar que no es así, solamente está desinformada y no se ha despertado de un profundo letargo pero seguramente las palabras de Jaime Garzón todavía son aplicables y pueden generar ese despertar. “Es que no hay líderes”, no. Sí hay líderes, y no es cuestión de buscarlos en una arriesgada expedición, ellos están ahí esperando a que se les escuche. Este país está en una transición generacional, y en cada espacio de esos es posible un cambio de rumbo o un redireccionamiento de la cultura nacional. Pero falta lo de siempre, voluntad.

Hay nuevas generaciones de periodistas, humoristas, escritores, activistas, políticos, economistas, artistas, empresarios, hombres y mujeres de negocios, que se están formando, que pueden traer aportes si actúan con inteligencia. Sin embargo, un humorista colombiano hace más de una década veía la esperanza en los jóvenes y de mano de los indígenas dejó en letras indelebles el contraste del artículo 11 de la C. P. indígena con la ordinaria: “nadie llevará por encima de su corazón a nadie, ni le hará daño en su persona así piense y diga diferente”. Y fue el entendimiento de estas palabras las que hicieron falta para que no lo mataran.

@VicentePerezG

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