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El olvido que seremos

Estuve en busca de un libro para reflexionar durante mis retiros y decidí llevarme uno que me pareció muy prometedor: El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince. Este libro es una catarsis literaria, un vuelco emotivo sobre la figura de su padre, Héctor Abad Gómez. Leyéndolo no sólo encontré lo que buscaba para mi reflexión personal, sino una contextualización de la violencia colombiana de los años ochenta, del paramilitarismo; encontré las imágenes de un país inequitativo desde tiempos inveterados.

Los hechos se remontan antes de que yo naciera, y con pesar lo narrado coincide en la realidad con el país en el que he crecido. No son los paramilitares los que azotan con su violencia a Colombia hoy, pero la violencia es sólo un síntoma de la crisis (qué redundante es anunciar esta crisis). Especialmente hay una historia que quiero compartir y es la mejor analogía que he encontrado sobre la tragedia de la desigualdad en Colombia. La resumo y complemento con palabras del autor:

A los 18 años, el día de su grado de colegio, Héctor Abad Faciolince atropelló a una mujer que acababa de salir de una iglesia. La mujer quedó muy herida, se la llevaron urgentemente a un hospital cercano y él, entre sus nervios, pidió ser recluido en un hospital mental para dar tiempo a un trámite para evitar (llegado el caso) ir a prisión. Doña Betsabé (así se llamaba la anciana) se recuperó lentamente de las múltiples fracturas. La mamá de Héctor empleó a sus hijos en una empresa de administración como vigilantes, empleados de aseo, etcétera… La conclusión que sacó la mujer de este accidente (una mujer bastante humilde) suena a tragicomedia, pero es la lamentable realidad: “Este accidente ha sido una bendición para mí. Se lo ofrezco al Señor. Él me lo mandó, porque yo salía de misa, y le estaba pidiendo que les diera trabajo a mis hijos. Pero antes yo tenía que pagar por mis culpas. Pagué por mis culpas y el señor les dio trabajo. Es una bendición”.

Todavía hoy, más de treinta años después, este tipo de conclusiones sobre las desgracias se repiten. No es reprochable encontrarle el lado positivo a lo lamentable, por el contrario es una resignación con la que hemos aprendido a convivir; lo reprochable son las circunstancias en las que viven millones de personas, a las que un empleo, sin importar los huesos rotos, les es un gran alivio.

Evitar ser el olvido que seremos (una frase de Borges) es como luchar contra la condición humana. Pero postergar el olvido en el que el polvo se convertirá y remplazarlo por esperanza, construyendo un mejor mundo que el que recibimos (esta es una idea del padre del autor) es un fin admirable en la vida de un ser humano.

A PROPÓSITO: después de la gira de Mahmud Abbas por América Latina quedó la sensación de que la paz entre palestinos e israelitas se acerca. Probablemente Abbas sea un próximo Nobel de paz, sin embargo, deseo que sea con méritos duraderos y no como los esfuerzos de Rabin.

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