Blog de notas

Publicado el Vicente Pérez

El crimen indignado

Hace pocos días alguien me escribió un tuit: «Los urabeños son un equipo de futbol de la B? y nadie va a proponer una marcha contra ellos? (sic)», entonces le respondí «Difícil. Contra las Farc sí, porque andan en el campo. En cambio estos están aquí. La gente teme que la maten. ¿No?»

Pero era un error: las Farc también están en la ciudad, y ni las bandas (que bien pueden ser ejércitos) criminales ni las guerrillas responden a unas marchas, pero sí pueden sacar comunicados diciendo sentirse “conmovidos”. Por el contrario, pienso ahora, si hay que marchar contra alguien (entiéndase en todo contexto), es contra el Estado, pues ese monstruo abstracto que no identificamos es el que debe responder, al que le dieron un poder y el que lo debe cuidar. Claro que todos tenemos que cumplir equis y ye cosas, pero eso no nos obliga a responder ante una protesta: el Estado sí debe hacerlo.

Pero tampoco. ¿Para qué marchar? Yo no creo en las marchas, aunque se ven muy bonitas, eso sí. ¿Y todo esto a qué va? Pues a que el Frankestein colombiano, el adefesio narcoparaoligo (aquí se agregan muchos prefijos), en fin, paramilitar, resultó posando como el crimen indignado, sí, y reivindicándose organizó un paro armado la semana pasada en el occidente del país. ¿No es mucho descaro? Pero para qué marchar, si el Gobierno respondió rápido (que ya era tarde) y organizó consejo de seguridad en Santa Marta, y ahora dice que la estrategia contra las Bacrim está funcionando y por eso ellas quieren dialogar. ¿Dialogar? ¿De qué? Bien hace el Gobierno —entre otras cosas porque no puede— negando de tajo esa posibilidad.

Lo evidente es que la Ley de Justicia y Paz del gobierno de ese personaje retirado que esporádicamente hace noticia con unos trinos desubicadísimos, no sirvió para mucho. O sí, para extraditar a los cabecillas que tanto terror sembraron aquí. Y para acabar (con el nombre) con los paramilitares, que se reorganizaron en muchas bandas que ahora cobran muchas extorsiones. Al excelso varón del gobierno anterior deberían darle dos premios por esa ley que apoyó en su gobierno: el Nobel de Paz por acabar con los paramilitares, y el de Literatura por titular con inigualable ficción dicha ley: ni justicia ni paz, pues impunes están quedando delitos atroces y por las paz pregúntele a los campesinos de Córdoba o del Urabá antioqueño. Pregúntele. ¡Ah! Se me olvidaba: pregúntele a cualquier colombiano, que nosotros nunca hemos vivido eso.

En fin, puede resultar que muchas, la mayoría de las bandas criminales se entreguen viendo su accionar reducido, y el Gobierno debe preparar tanto los planes militares para reducirlos como los judiciales para asegurar el respeto de la ley.

Por otro lado, las Farc en un comunicado ha invitado a reiniciar la cachetada que le dieron al país en el Caguán, pero ellos saben que aquí no se cree en su palabra, faltan los hechos. Hace unas semanas León Valencia escribió en Semana invitando a ‘Timochenko’ a que marcara la historia de Colombia con la paz. Sólo esperar, nos queda, a que el Gobierno maneje con inteligencia el asunto, pues inteligencia es lo que ha faltado en esta guerra de bala y machete. El fin del fin está por verse.

Volviendo al tuit que cité, creo que con lo de equipo de fútbol hacía una broma. Yo no la he entendido. Pero lo que sí entiendo es que mucha gente en Colombia todavía no habla de lo que le pasa, de lo que ve; no marcha, no escribe, no se inmuta por un miedo antiguo. Por el miedo a que los maten.

P.S.: leí un aviso de movilidad en Cúcuta en el cual pedían «respete las señales de transcito». Bien, yo las respeto, pero las de tránsito. Que por favor ellos respeten las de gramática.

@VicentePerezG

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