Bajolamanga.co

Publicado el Bajolamanga

Estoy con Uribe

Por: Sebastián Díaz López (@sebastiandiazlo)

Gracias a él he podido conocer lo más bajo de la política de este país: las intrigas, las mentiras, la traición, la cólera y el sufrimiento fortuito que causa la viudez del poder. Yo mismo he entrevistado cara a cara para mis investigaciones a ex jefes paramilitares, defensores de derechos humanos y periodistas que lo han vinculado con la conformación de grupos paramilitares en Antioquia, entre ellos el triste célebre escuadrón de la muerte de Los 12 Apóstoles, en el cual –dicen testigos como el mayor(r) Juan Carlos Meneses, hoy preso- Santiago Uribe Vélez fue su principal instigador. (Proceso que aún está a la espera de un veredicto).

En otras ocasiones me he reunido por cuestiones periodísticas con testigos civiles que lo han relacionado con chuzadas, complots por debajo de la mesa para perpetuarse en el poder y como el artífice de una mafia que gobernó durante ocho años a un país que creyó verlo todo.

Quizás el favor que le podemos hacer a Uribe es creerle lo que dice. Ya no hay caso. Tiene una capacidad hipócrita de voltear la torta a favor de él cuando las evidencias y testimonios lo incriminan. Cada día, cuando le estalla un escándalo en sus manos y utiliza su gran megáfono de Twitter para atacar a quien lo acusa, pierde adeptos el que ha sido catalogado por muchos como el gobierno más corrupto de la historia reciente de Colombia.

Desde cuando estalló el escándalo de la entrega de la exdirectora del DAS María del Pilar Hurtado a la justicia colombiana, sus trinos hablan per se y dejan muy claro su concepto de estado de derecho. No mencionó lo que hoy está comprobado por la justicia de este país: la interceptación, entre otros objetivos, a la Corte Suprema de Justica cuando esta investigada a sus aliados políticos, entre ellos su parapolítico primo Mario Uribe, por reuniones con grupos paramilitares. Hoy el señor Mario Uribe purga una condena de siete años y cinco meses por concierto para delinquir agravado.

Acierta el periodista Antonio Caballero en su reciente columna en la revista Semana cuando dice que “no es por ser uribistas que la justicia persigue a tantos uribistas. Sino porque muchos uribistas son proclives a delinquir”. No olvidemos que cuando fue presidente cogobernó con ocho de cada 10 investigados por parapolítica, cuando el modelo político paramilitar se había tomado el 35 por ciento del Congreso, según investigaciones de Verdad Abierta y la Fundación Nuevo Arcoíris.

Por eso me parece curioso cuando Uribe y su grupo político se rasgan las vestiduras cuando el régimen de Nicolás Maduro atropella a la oposición venezolana. Él -¡cómo no!- respetó tanto a la oposición cuando fue presidente de Colombia, que durante su gobierno el DAS, que dependía directamente de él, persiguió y creó montajes no solo a la justicia, sino a periodistas, políticos y a todo aquel que se opuso a sus políticas de gobierno. Pero ahora con actitud lisonjera se va lanza en ristre contra el chavismo.

Mientras que en Venezuela los opositores a Maduro, como Leopoldo López, dejan que la justicia politizada de este país los mangoneen, los uribistas como la misma María del Pilar, el exministro Arias, Luis Carlos Restrepo y Luis Alfonso Hoyos se valen de tretas o del argumento chimbo de “persecución política” para que evitar entregar las explicaciones de sus actos a la justicia y al país. Cuando le hacían debates de control político a sus opositores era por seguridad del país, pero cuando se los hacen a él o a sus exfuncionarios es por “persecución política”. Esa es su lógica.

Para más Óscar Iván Zuluaga cuando aceptó ir al interrogatorio citado por la Fiscalía el pasado viernes. Por lo visto entendió que no es una condena, sino un momento en el que él podrá explicar la novela del hacker Sepúlveda en su campaña.

Habiendo dicho lo anterior, espero que entiendan por qué escribo que es mejor decir que estoy con Uribe. Es un absurdo, un oxímoron que permite ignorar los comentarios bajos y las explicaciones fuera de la realidad de un político que cada día va más en decadencia. Por lo menos gracias a él conocí lo más bajo de la política colombiana, que es mucho que decir de un país que ha sido penetrado hasta los tuétanos por el narcotráfico y la corrupción.

Gracias a Uribe comprendí el significado de lo que es para él un “buen muchacho”.

 

Esta y otras columnas podrá leerlas en www.bajolamanga.co (@bajo_lamanga)

Comentarios