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El país de la intolerancia extrema

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Solo ha transcurrido mes y medio de este año y los casos de intolerancia extrema en el país ya no dan abasto en los medios nacionales, y la gente parece no notarlo. Ya son tan parte de nuestro día a día, de nuestra cotidianidad, que uno más o uno menos lo mismo da, ya son parte del paisaje.

Personalmente me generó un hastío leer tantas noticias similares en tan poco tiempo, y es que con una debería ser más que suficiente para generar repudio nacional, tal como se generó en París con el semanario Charlie Hebdo. Pero es claro que los colombianos hemos ido perdiendo la sensibilidad debido, en parte, a nuestra cruda realidad y a nuestro conflicto interno. En un país en donde llegaron a poner collares bomba un asesinato por celos no se le compara, como sucedió hace poco en el municipio de Caldas en Antioquia. Pero eso no es suficiente en Colombia.

Ayer nada más leía como el jugador de fútbol Vladimir Marín del Independiente Medellín, recibió una pedrada dentro del bus que transportaba al equipo cuando salía del estadio en Ibagué. ¿Hasta dónde llega el fanatismo? Y es que desde que se siga perpetuando la creencia popular de que en reuniones sociales no se puede hablar de fútbol, política o religión, nunca vamos a tener la capacidad como personas de dar esas discusiones y terminar riéndonos.

En pleno siglo 21, una institución de la trayectoria y el nivel de la Universidad de La Sabana en Bogotá, emitió un concepto a través de su facultad de medicina para la Corte Constitucional donde considera el homosexualismo como una enfermedad. Cuando la diferencia se considera una enfermedad de entrada se niega la existencia del otro por lo que es. Es sin duda un retroceso en el tema de derechos humanos y de igualdad.

Otra universidad que ha estado en el ojo de los medios por estos días, pero gracias a sus estudiantes, es la Universidad de Los Andes. Con el proyecto de las diez mil becas del Ministerio de Educación han llegado a las mejores universidades del país personas de bajos recursos, que en otras circunstancias no podrían estar allí. Dicho proyecto se basó en el que ya existía en Antioquia, implementado por el actual gobernador Sergio Fajardo en su administración, y al cual le viene apostando desde que fue alcalde de Medellín. La discusión ha girado en la discriminación a la que se han visto sometidos algunos de los becados por parte de los demás estudiantes. Han sido tratados de “guisos” y hasta de “hampones”. Pero sería bueno que los jóvenes y las universidades de Bogotá miraran hacia la capital antioqueña. Universidades privadas como EAFIT y la UPB, que también hacen parte de la lista de las 100 mejores de Latinoamérica junto con la Universidad de Los Andes, reciben cada semestre personas beneficiadas con el fondo de educación superior, y no se han presentado problemas de discriminación, bullying o matoneo sobre ellos. La gente no se da cuenta quien tiene beca o quien paga de su bolsillo el semestre. De hecho la connotación de tener una beca es algo positivo.

En el campo digital ya son conocidas las peleas que se dan en twitter, de los que están a favor de unos y otros, de los que apoyan el proceso de paz y de los que no. Y en este año que es electoral, donde prima el que más grite, va a ser pan de cada día. Pero no me refiero a quedarse callado, porque el tema político es sin duda un debate en sí mismo, y la red social se presta para ello, el problema está cuando se considera al otro como enemigo por no pensar igual. Cuando se incurre en ataques e insultos se muestra claramente una incapacidad para defender con argumentos aquello en lo que se cree. La gente siempre parece estar a la defensiva, y el primer medio que ven a la mano para defenderse es la violencia. Nada justifica la violencia contra el otro, y menos cuando la discusión se da en el campo de las ideas.

Y me podría quedar mencionando otros casos, como la del agente de tránsito que fue atacado con acido, o el joven que asesinó a golpes a un habitante de calle, ambos casos en Medellín; o el caso denunciado en La Fm por un joven publicista que dice que fue atacado a golpes por un vicepresidente de Avianca, o del asesinato de mujeres por celos, o de periodistas por opinar diferente. Todos los hechos mencionados tienen tanto de ancho como de largo, pero son una muestra de lo que nos hace falta madurar como sociedad, de ese respeto por la diferencia del que tanto hablamos. Nos hace falta respirar profundo.

 

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