Bajolamanga.co

Publicado el Bajolamanga

Buriticá: el marasmo de una tierra que brilla

Por: LUIS GABRIEL MERINO (@luisgabrielmeri)

Falta un cuarto para las once de la mañana y desde el tercer piso de un edificio improvisado de tablas, apodado “Space” para enfatizar lo endeble de su construcción, suenan rancheras estridentes. Sus notas se riegan por el nuevo barrio, San Antonio, construido un par de meses atrás por cuatro mil mineros que llegaron a buscar oro en la vereda Los Asientos, entre las grietas inclinadas de las montañas de Buriticá, en el Occidente Antioqueño. La leyenda cuenta que la estatua del Santo homónimo, parado al margen de la vía que va a la cabecera, se mueve cada noche, señalando con el dedo el lugar de la montaña con la mejor veta de oro.

Durante el último año, la minería informal ha transformado completamente la dinámica y vocación económica de los municipios del Occidente, especialmente Buriticá, Giraldo, Santa Fe de Antioquia, Caicedo, Sabanalarga y Cañasgordas. La región ha visto la expansión acelerada de esta problemática especialmente después de la intervención interinstitucional que se realiza en la vereda Los Asientos de Buriticá desde noviembre de 2013, hecho que ha significado para las administraciones municipales, un enorme reto institucional para mantener la convivencia y la seguridad ciudadana. La intervención, que ha tenido múltiples críticas (como las escuchadas esta semana en la Asamblea Departamental), evacuó preventivamente a cuatro mil personas que llegaron desde zonas históricamente mineras, la mayoría de ellas del Nordeste Antioqueño.

Pero es importante enfatizar que la minería es problemática no por la práctica minera como tal. Lo es porque la ejecuta una cultura que se niega a asumir procesos de formalización. Y con esto no me refiero exclusivamente a la cultura minera, sino a nuestra idiosincrasia general, que es facilista y siempre prefiere lo informal a lo formal. Negamos y repelemos la formalización, ya que esta exige agruparnos para definir consensos, estructuras jerárquicas, estatutos, distribución idónea del capital, limitaciones y responsabilidades. La formalización implica el reconocimiento de una herencia legal, del acato de una normativa. Es decir, es una práctica colectiva y esa es precisamente nuestra falencia.

La informalidad, por su parte, es una práctica individualista que no necesita consensos, ni acata normativas, ni define jerarquías, ni sigue reglamentos. Por esto es más barata, menos aparatosa, más fácil y más inmediata. La formalidad es demorada, engorrosa, difícil y en muchas ocasiones, menos lucrativa. Pero, lo que no vemos a primera vista, es que la formalidad construye sociedad a largo plazo, ordena y edifica. Por esto la intervención en Buriticá toca un nervio vital en nuestra cultura, que históricamente ha sido minera y se ha congregado alrededor del oro como lo relata cualquier historia básica de nuestra Antioquia. La intervención ataca el núcleo de nuestra tendencia innata de hacer las cosas de la forma más rápida e improvisada posible.

Como ejemplo, es importante recordar que con la migración minera a Buriticá, aumentaron las motos en el municipio en un 800%. Esto no sería un problema, si con la llegada de las motos no hubieran llegado igualmente los accidentes que crecieron exponencialmente, al igual que los parqueaderos construidos improvisadamente en la vía, la contaminación ambiental, las basuras arrumadas en cada esquina, el consumo de estupefacientes y alcohol, las riñas callejeras, el aumento en la prostitución infantil, los problemas de convivencia ciudadana, las construcciones de tabla improvisada sin los mínimos de seguridad implicando un claro riesgo para la vida, la contaminación con mercurio en las fuentes de agua. Y para terminar la cadena de nuestra cultura ilegal, como la renta fácil es el imán perfecto para la llegada de bandas, grupos, combos y ejércitos ilegales que pululan mágicamente alrededor de ella, el inocente problema inicial de formalización empresarial se convirtió en un problema gigante de orden público.

Por eso el reto va en doble vía. La institucionalidad debe demostrar que la vía formal puede ser igualmente lucrativa y para eso estoy de acuerdo con que se necesita crear una legislación que facilite la acción de la minería a pequeña escala. Y es un reto para la población en general, que tiene que entender que la ruta, no sólo para la minería, sino para todas las prácticas sociales, es la vía de la formalización, ya que es la única puerta a la legalidad, que es a su vez la única que lleva al orden, que a su vez es la única que lleva a la construcción de una sociedad en paz.

San Antonio ya no existe como barrio y del “Space” de madera solo quedan las fotos. Las rancheras se apagaron  y ya no hay rumba desde las once de la mañana. De San Antonio sólo queda el nombre, y la estatua, eso sí, que todavía señala con el dedo donde está la mejor veta.

 

Esta y otras columnas podrá leerlas en www.bajolamanga.co (@bajo_lamanga)

Comentarios