La composición química de estos dos líquidos se niega a involucrarse. Las moléculas de aceite son mucho más grandes que las del agua, y además ambos cuentan con una alta tensión superficial que les permite formar enlaces de hidrógeno y mantener sus moléculas muy unidas. Debido a esto su adherencia es débil y no pueden mezclarse, por lo que se les conoce como líquidos inmiscibles.

El aceite es así uno de los más poderosos contaminantes del agua. Cada litro de aceite de cocina usado puede contaminar más de mil litros de agua. En su recorrido por las tuberías, y mezclándose con detergentes, forma un tapón que obstruye las cañerías o viaja transformado en una sustancia espesa que llega a los ríos y mares, creando una capa en la superficie del agua que impide el paso de la luz y el oxigeno, y poniendo en riesgo la vida marítima.

Cada vez son más las empresas que se dedican a reciclar este aceite para convertirlo principalmente en biocombustibles de última generación, como el biodiesel, además de otras alternativas energéticas u otros usos farmacéuticos. Con un litro de aceite usado en casa se puede fabricar diez kilos de jabón casero, o emplearlo como fertilizante para plantas.

La pregunta es entonces qué destino darle al aceite que usamos para cocinar. Desistir de contaminar con aceite es un compromiso exigente, ya que resulta engorroso recogerlo en envases para luego transportarlos a estos centros de reciclaje que no abundan en todas las localidades.

El aceite es hidrófobo, no así nosotros, hidrófilos amantes del agua. Que nuestra excusa no sea la comodidad. Replanteemos nuestros hábitos y tratemos de evitar con nuestras prácticas la contaminación del agua. Que todo empiece por generar una conciencia social en la que cada individuo esté enterado de las consecuencias de ciertos hábitos, que esté informado de las posibles soluciones que se ofrecen para no insistir más con estas prácticas, y esté asumiendo un consciencia social en la que ya no malgastamos los recursos cuando pueden ser reutilizados.

Water and oil do not get along

The chemical compositions of these two liquids refuse to get involved. Oil molecules are much larger than water, and they both have a high tension surface, which allows them to form hydrogen bonds and maintain their molecules tightly bound. Because of this, their adhesion is poor and can not be mixed, so they are known as immiscible liquids.

Oil is thus one of the most powerful water pollutants. Each liter of cooking oil can contaminate over a thousand liters of water. On its way through the pipes, and mixed with detergent, it forms a plug that clogs the pipes or travels through them transformed into a thick substance that reaches rivers and seas, creating a layer on the water surface that prevents the passage of light and oxygen, endangering marine life.

Increasingly, more and more companies engage in recycling this oil to turn it primarily into next-generation biofuels, such as biodiesel; in addition to other energy alternatives or other pharmaceutical uses. With one liter of used oil ten kilos of homemade soap can be produced at home, and it also can be used as fertilizer for plants.

The question is then: What destiny are we going to give to the oil we use for cooking? Withdrawing from contaminating water with oil is a demanding commitment, as it is cumbersome to collect it in containers and then transport it to these recycling centers which are rare in all locations.

Oil is hydrophobic, but we are not, we are hydrophilic water lovers. Let us not use our comfort as an excuse. Let’s rethink our habits and try to keep from polluting water through our own practices. May it all start by generating a social conscience in which each individual is aware of the consequences of certain habits, and is informed of the possible solutions offered to not stress these practices. Thus, each one of us can assume a consciousness which prevents us from wasting resources when they can be reused

Fuente: consumosolidario.com / quepasasi.info

 

Fotografía: nosedigamas.wordpress.com

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