300 GOTAS

Publicado el Bastián Baena

La cerveza más costosa del planeta

A los 8 años abandonó la escuela para ayudar a su madre con las tareas de ser mujer. Desde hace 25 años despierta cada madrugada para iniciar la travesía que la llevará a descubrir el agua. A unos cinco kilómetros de casa aún podría rescatar algunos litros de una charca que recoge los restos de las últimas lluvias.

Cada día repite la rutina de ir y venir unas cinco veces. No se detiene para descansar, no se queja ni pide ayuda. Es ella quien asiste a su marido en las labores del cultivo y el ganado, atiende al tiempo los deberes del hogar, cocina y limpia, cuida a sus tres hijos y dedica ocho horas diarias a cruzar territorios desérticos acarreando un bidón amarrado a la espalda.

Su hija mayor la acompañará hoy por primera vez. En el camino la madre relata sobre el río que descendía por estas laderas rocosas cuando tenía la edad de su hija. Caminarán varios kilómetros y removerán los desechos acumulados sobre la superficie fangosa de la charca, espantarán los burros que quieran disputarse las aguas lodosas y aprovecharán para darse el lujo de refrescar sus cuerpos después de dos semanas sin bañarse.

La pequeña niña se ha iniciado así en una rutina que la apresará durante toda su vida y que podría resolverse con algo tan cotidiano para tantos: una llave de agua en casa. Mientras no exista esta llave, la esclavitud del agua cerrará para ella cualquier oportunidad de acceder a la educación.

Afuera de casa el hombre espera a su mujer mientras se distrae en un juego de cartas. Empieza a ocultarse el sol y aún queda una lección por aprender. No olvidarse: el agua del último viaje será para complacer a su esposo preparando la cerveza para él y sus amigos.

The scarcest beer on the planet

At age 8, she left school to help her mother with the chores of being a woman. For 25 years she has been waking up every morning to begin the journey that will lead her to find water. About five miles from home, she might still salvage a few liters from a pond that collects the remains of recent rains.

Every day she repeats the routine of coming and going to the pond for about five times. She does not stop to rest, she does not complain or ask for help. It is she who assists her husband with the work needed for taking care of crops and livestock, while also attending to household duties, which include cooking, cleaning and caring for her three children. On top of that, she spends eight hours every day to cross desert territories carrying a big pot strapped to her back for collecting water.

Her eldest daughter will accompany her for the first time today. Along the way, the mother tells the story about the river that used to come down these rocky slopes when she was her daughter’s age. They will walk several kilometers and will remove waste accumulated on the muddy surface of the pond, shoo donkeys who want to dispute the muddy waters and, finally, they will enjoy the luxury of refreshing their bodies after two weeks without bathing.

Thus, the little girl has been initiated into a routine that will doom her throughout the rest of her life, a routine that could be solved with something as simple as a faucet at home. Until such change, the slavery of water will put down any opportunity to access education for her.

In the porch, the man awaits for his wife while he distracts himself with a card game. The sun begins to set and there is still a lesson to learn. Do not forget: the water collected during the last trip will be used to please her husband by preparing beer for himself and his friends.

Fuente: abayetiopia.org / fao.org / un.org

 

Fotografía: sermujersxxi.blogspot.com
Fotografía: sermujersxxi.blogspot.com

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