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17
08
2012
diegoleandro73

¿Acaso importa la formación de la opinión pública?

Por: Diego Leandro Marín Ossa

En medio de los debates que ha generado la serie de publicaciones provenientes de Wikileaks surge la pregunta. Y para orientar el entendimiento humano al respecto, es preciso decir que la opinión pública como uno de los cimientos de las democracias modernas se ha transformado en lo práctico y en lo teórico.

Estas mutaciones responden al contexto en el que las sociedades han asimilado las ideas de ciudadano y ciudadanía, pues para occidente la categoría de ciudadano ha dependido de las dinámicas de poder y las estructuras sociales dominantes desde la antigüedad. Y el contexto está determinado por los intereses y necesidades de quienes detentan dicho poder, es decir que depende de lo establecido. A contracorriente, en la dialéctica de la sociedad aparece con frecuencia un individuo o un colectivo que ponen en jaque al establecimiento y de nuevo el poder sufre otra mutación.

Por otra parte las ideas de ciudadano y ciudadanía van de la mano con las de democracia, poder y medios de comunicación y en este sentido es que la opinión pública se constituye en un factor clave cuando se trata de comprender las dinámicas sociales contemporáneas. Cuando se estudia tanto la sociología de la comunicación como la filosofía política, se identifican las teorías que asumen al sujeto receptor como algo que se puede observar y analizar desde sus conductas, su lenguaje y sus creencias. El resultado de dicha aproximación va a justificar los estudios de mercadeo, la medición de audiencias, los estudios de recepción, las investigaciones orientadas a cuantificar o a cualificar las sociedades de ayer y hoy, pero ¿Quién desea hacer el trabajo más difícil?: educar a la gente como receptores de información.

Otro aspecto a tener en cuenta son diversas las concepciones a cerca de la opinión pública y que tienen implicaciones en la forma de ser, sentir y actuar, así lo han pensado Platón, Maquiavelo, Locke, Rousseau, Ortega y Gasset, Hannah Arendt o Habermas. Así mismo la historia obliga a replantear el papel de los mediadores de información – docentes, periodistas, padres de familia – cuando disponen de métodos para la construcción de criterios orientados a que los ciudadanos aprendan a actuar sobre la vida práctica.

Es importante informarse, pero es más importante saber qué hacer con esa información. Si es cierto que las sociedades son entendidas por los especialistas del marketing como grupos de potenciales consumidores, para los medios de comunicación como audiencias de espectadores, para las campañas políticas como potenciales votantes, el rol de dichos mediadores se hace más complejo y requiere nuevas formas de articular la consecución de información útil y las dinámicas formativas apropiadas ante los cambios veloces que se vienen presentando.

Una reflexión que es urgente hacer tiene que ver con la relación sujeto – Estado y en ese mismo sentido el desempeño de los medios de comunicación; acontecimientos como la filtración de los cables de embajadas norteamericanas en Wikileaks, son apenas el inicio de una serie de transformaciones en el panorama de la información masiva, la libertad de expresión, el derecho a la intimidad y la importancia de la opinión pública, ¿será el ocaso de los medios de comunicación de masas tal y como los conocimos a finales del siglo XX?, lo dirá la historia. Sin embargo se puede anticipar que las prácticas de las sociedades contemporáneas a contracorriente, cada día se consolidarán en las redes sociales como dispositivo de acción política. Y que los países que gobiernan el planeta se inventarán la legislación que permita obstaculizar este proceso.

Hoy se puede hablar de Wikiwar. Si por un lado causa sensación la evidencia del teatro de marionetas sobre el que está cimentado el poder de los Estados nación, por otro lado nos debe preocupar el fortalecimiento de radicalismos que a la postre son el caldo de cultivo de cualquier tipo de fascismos, totalitarismos y dictaduras cuyo lugar de disputa ya no se ubica en tan solo dos orillas ideológicas.

Si, la publicación de los cables son esperados con ansiedad, manejados como carnada de perro cazador, pero no es asimilada, ¿Quién asume la labor formativa?, ¿Quién ayuda a interpretar semejante verdad?

Por todo esto importa la formación de una opinión pública desde los hogares, las aulas de clase y los medios de comunicación que están emergiendo con otras opciones informativas para entender y actuar sobre la vida práctica. No basta con que Wikileaks publique y los medios hagan el papel de democratizadores. No es suficiente con una nueva legislación en el manejo de la información, el asunto de fondo comienza con una sociedad educada para interpretar y el fortalecimiento de escenarios para el debate público y argumentado.

Nota: Este texto se publicó en medios virtuales en el año 2011 y en los primeros meses del 2012, valga su publicación aquí con motivo de la polémica por el caso Assange.

Categoria: General

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