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Archivo de julio, 2012

31

07

2012

Diego Leandro Marín Ossa

Guía 2 para ver a “Escobar, el patrón del mal”.

Por: Diego Leandro Marín Ossa

El temor a la televisión

El pánico que generan los contenidos televisivos del seriado tiene origen en la incapacidad que experimentan los padres y los educadores, ante la magnitud simbólica de un ser como Escobar, quien hace mucho tiempo dejó de ser persona para convertirse en un personaje en todos los sentidos que esto implica: para los “benefactores” de este hombre fue un ser divino, casi un santo o un mártir; para los creadores de contenidos un ser tan complejo y rico en matices que siempre ha funcionado bien dentro y fuera de la ficción. Y cabe preguntarse ¿qué representaría para las víctimas?, y ¿qué significaría para los poderes en Colombia?

Ahora bien, tanto él como los demás actores sociales de aquella época en que vivió son los artífices de semejante mito. Si por una parte puso en jaque al Estado colombiano y a todas sus instituciones, por otro lado actuó como un redentor de los oprimidos, como un dador de los desfavorecidos y en últimas como un rebelde que adquirió el poder suficiente, como para enviar un mensaje a las élites del poder en Colombia y en los Estados Unidos de Norteamérica: siempre que en la sociedad se junten la desigualdad, la ignorancia y la indiferencia se engendrará el verdugo de esa sociedad. Todos y cada uno dejaron espacios entre las líneas de una historia que él escribió a su modo, es decir que Escobar supo aprovechar las carencias materiales, las ambiciones de poder y otras cosas más, para darle un sentido emancipador a sus actos delictivos.

Y es que la megalomanía de este hombre lo llevó a hacer de sí mismo un relato que en su momento superó la ficción y que en el seriado en realidad se expone de manera atenuada, en comparación con lo que tanto ayer como hoy han registrado nuestros telenoticieros.

Entonces el temor a la televisión no es más que la expresión social de nuestra incapacidad por comprender cómo es que una persona se convierte en el signo de una sociedad injusta hasta adquirir la categoría de un personaje de ficción, la misma sociedad que ahora disimula un riesgo latente: que el fenómeno se repita una y otra vez y no precisamente a causa del seriado, sino de las raíces torcidas de nuestra frágil democracia. (Continua la próxima semana)

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26

07

2012

Diego Leandro Marín Ossa

El espectáculo de la realidad.

Por: Diego Leandro Marín Ossa

El lenguaje oral y gestual del reality tiene un poder de encantamiento singular que alimenta las pasiones de concursantes y espectadores. Basado en un trucaje y el abuso de la especulación, semejante en cierta medida al sector financiero que genera angustias de otra índole, los programas de este tipo se diseñan bajo la premisa de suministrar pequeñas dosis de resentimiento, frustración y miseria protagonizada por un padre que anhela pagar la cirugía de su hijo, una madre soltera que sueña con ser estrella de la pantalla chica o un joven campesino que no sabe leer y se aprende las canciones de memoria para competir en la noche de gala. Además en cada capítulo, nos encontramos con una que otra sorpresa, estrategias para “capturar” a la audiencia, mucha luz moviéndose por todos lados y una asesoría especializada en mercadeo y comunicación que garantice el éxito rotundo en los nichos de mercado establecidos con antelación.

Que el reality es una manifestación del aburrimiento, el mal gusto y el desencanto estoy de acuerdo. Pero también es una alternativa de quien halla placer en perder el tiempo, chismosear y “sacarle el cuerpo” a la reflexión, a la trascendencia. Habrá incluso quien encuentre placentero mirar este tipo de programas para tratar de comprender qué está pasando con los sueños de la gente común y corriente, a dónde van las ilusiones y entretenerse con la vida rosa de otros más “afortunados” que el desdichado espectador. Y también enterarse qué hace ante las cámaras el extraño, el vecino o el pariente para salir de las dificultades que le puso en el camino la vida. Eso también es cierto.

Pero el asunto no se reduce a identificar las virtudes de dichos productos audiovisuales, o los propósitos ideológicos disfrazados en el empaque de beneficencia en el que se envuelven estos programas.

Para analizar este fenómeno mediático es necesario contemplar ciertos aspectos que hoy en día no se pueden pasar por alto, no a la hora de “digerir” estos productos audiovisuales que no sólo son complejos de abarcar en el análisis de su consumo, sino que además se presentan como una mercancía que se produce, circula y se recepciona, influyendo incluso en las variadas formas de interacción social en la ciudad, como en los diversos espacios en que se concreta y se diluyen las maneras de comunicarse.

En el reality la intimidad es la mercancía. Gracias al conocimiento previo de la vida privada de los participantes, el televidente encuentra cierta identificación ante la pantalla. En el momento decisivo, el gesto del amenazado conecta al espectador con su angustia, el brillo en la mirada penetra hasta el lugar más hondo de su mente donde se sortean los anhelos reprimidos durante mucho tiempo.

Un silencio y el participante piensa de qué manera responder ante el jurado. Gotas de sudor invaden los rostros, muchas sonrisas prefabricadas y el ritmo respiratorio termina siendo compartido dentro y fuera del televisor, en la tarima y en la sala de la casa.

Frente a frente, cara a cara, el espectador y el amenazado se conectan. El simulacro comienza. En su interior ambos monologan, planean qué podrían hacer con tanto dinero y fama. Juegan al rey y al mendigo. Salvan en su ensueño la economía raquítica de sus familiares, pasean por el mundo entero y en pocos segundos de fantasía regresan, uno al escenario y el otro a la sala. Allí se decidirá el futuro de los dos.

En ese sentido, lo de menos en el reality es juzgar la técnica del baile, el canto o la actuación. Aunque cada día en la oficina, la buseta, el colegio o la universidad todos los espectadores resuelvan “especular”, lanzar conjeturas sobre tal o cual participante quien merece continuar luchando por el primer lugar, lo más importante siempre es el triunfo simbólico de televidentes y participantes, en el sitio virtual donde se realizan sus ilusiones.

No importa si el amenazado gana o pierde siempre y cuando le haya entregado al público el intento heroico por alcanzar el éxito. La cumbre desde la que pocos se asoman para mirar un horizonte promisorio.

Todo sea por la ilusión, esa manera ajena de soñar que otro ser es afortunado porque gana lo que se considera que nunca va a llegar a nuestra vida. Aquello que en ese momento se presiente lejano, digno de un ser superior.

En esta dimensión tan dramática se pierden el tiempo, la razón y la intuición, el lugar es ocupado por el deseo. De allí la facilidad que experimenta el televidente al identificarse con las situaciones  que se presentan en el programa y la dificultad de tomar distancia para razonar.

La imagen audiovisual que influye en el cuerpo y la palabra de quienes participan en el reality encanta al espectador y lo arroja a su destino de soñador. Este tipo de programas no están hechos para pensar, están pensados para sonar. El problema aparece cuando en su ensoñación, en su evocación el participante y el espectador no encuentran salida material o simbólica ante sus dificultades, o si lo hacen la visualizan estrecha. Si el participante es eliminado el espectador es derrotado. Entonces la tragedia es más intensa pues queda una lección: los sueños no se cumplen de una manera tan fácil, hay que lucharlos y cada vez van a estar más lejanos. Es preciso ser mejores.

Otra cosa es si ante la promesa de un mañana mejor se abre una puerta de posibilidades ante sus sentidos y ambos encuentran en el triunfo, los quince minutos de fama a los que cualquier mortal tiene derecho como lo decía Andy Warhol. Después de aquellos instantes decisivos en que peligra el éxito, la victoria y la fortuna tanto para amenazados como para espectadores. Luego de haber contemplado entre chismes y bromas la suerte de los participantes, para los espectadores llega el espectáculo de la realidad. Para todos y cada uno de quienes contemplaron con pasión enconada, cinismo y desdeño el programa.

De manera simbólica, el baile y la actuación siguen ahora en la oficina, la buseta, el colegio o la universidad. Es necesario tener cuidado pues “el jurado” que en este caso toma forma en las variadas expresiones del poder está listo todos los días para eliminar a unos cuantos, ya sea por talento y convivencia, sean estas en exceso o en defecto.

Los espectadores que hayan conseguido identificar la estrategia para llegar al final de su destino con éxito y cumplir la misión encomendada son los que triunfan. La competencia es para los más fuertes en la constante lucha de las especies por sobrevivir. Elogios, una sonrisa, el brillo en la mirada y el empaque servirán como aderezo. Han de seleccionarse bien las palabras y los gestos. Todo puede ser usado a favor o en su contra.

El reality se traslada a “la vida rea”, deja de ser un lugar donde se premia el talento y se convierte en un sitio donde se castigan la honestidad y la iniciativa.

Esto motiva el análisis del lenguaje del reality en el contexto del público, la influencia en el comportamiento del espectador y la apropiación simbólica de dicha realidad. Para ello la pregunta por el sentido es fundamental, vale interrogar ¿qué lleva a un grupo de personas a publicar sus problemas privados en televisión?, ¿porqué la gente busca fama y reconocimiento en un concurso que involucra sus pasiones más secretas?, ¿qué no encuentra la gente en las instituciones educativas, los hospitales y demás ámbitos de lo público que al parecer haya en la pantalla chica?, ¿qué propone la academia desde la comunicación social y la educación, para hacer un uso ético y estético de este tipo de programas con criterios formativos?

Considero que así como los medios masivos de comunicación convierten en mercancía las ilusiones y desengaños de la gente, en ese simulacro de beneficencia que se difunde a través de la televisión y luego se reproduce por calles y carreras, oficinas y cafeterías a lo largo y ancho de la ciudad, es necesario que se piense la manera de identificar ciertas estrategias, que de manera análoga pueden servir para diseñar realities que eduquen a la gente. Por mencionar un ejemplo, en lugar de alimentar entre participantes y público la competencia por obtener una cirugía que la EPS les niega, diseñar programas alrededor de la prevención de la enfermedad o el uso adecuado del servicio de salud.

El reto es educar y entretener. Habrá que pensar en las maneras de generar disfrute sin que sea a través del dolor o la desgracia ajena. Los problemas económicos y sociales que rodean este fenómeno de especulación mediática tendrán otros escenarios y otros requerimientos de tipo político. A la academia le corresponde avanzar en la reflexión y a los medios enfrentar su deuda ética, actitud que cuando no es evasiva en la mayoría de los casos es desdeñosa.

(Este texto lo publiqué por primera vez en la Revista de Comunicación y Cultura Mi Ratón en el año 2006 y ahora lo pongo a su consideración, dada la vigencia del tema).

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07

2012

Diego Leandro Marín Ossa

Imágenes del Festival Convivencia Rock 2012 realizado en Pereira.

Por: Diego Leandro Marín Ossa

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07

2012

Diego Leandro Marín Ossa

Convivencia Rock 2012 cerró con Calton Coffie en Pereira.

Por: Diego Leandro Marín Ossa

El Festival Internacional Convivencia Rock realizado en Pereira este fin de semana, cerro tres días de intensa actividad musical, con Calton Coffie acompañado por la banda pereirana Sativa.

Calton Coffie obtuvo el Premio Grammy en 1993 cuando hacía parte de la banda Inner Circle. En el cierre lo acompañó la agrupación pereirana de reggae Sativa, de quienes dijo Coffie, admira su trabajo musical y siente gran placer en compartir el escenario.

De sus grandes éxitos se recuerda Sweat y Bad Boys, con los que hizo vibrar al público que se reunió en el Parque Olaya para disfrutar del cierre.

Por su parte los músicos pereiranos de la banda Sativa, reconocidos por su participación en el festival Rock al Parque 2012, expresaron su orgullo al acompañar musicalmente a Coffie en el escenario.

Colton Coffie acompañado por la banda pereirana Sativa.

Colton Coffie acompañado por la banda pereirana Sativa.

La altura del encuentro lo proyecta como uno de los festivales más importantes en la escena del rock internacional.

Hay que destacar la calidad de las agrupaciones, el apoyo de la empresa oficial y privada, la organización, la seguridad y la energía del público, que proveniente de diferentes latitudes del país, disfrutó de esta fiesta desde el viernes 20 de julio y hasta la noche del domingo anterior.

El público en la presentación de Colton Coffie

El público en la presentación de Colton Coffie

(Espere más información sobre Convivencia Rock en los próximos días).

Sígame en http://www.correveydilesya.blogspot.com/

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07

2012

Diego Leandro Marín Ossa

Guía 1 para ver a “Escobar, el patrón del mal”.

Por: Diego Leandro Marín Ossa

Entre la amplia variedad de reacciones con relación a la serie Escobar, el patrón del mal, se me ocurre una guía para ver la serie que por estos días ha causado polémica dentro y fuera del país. Ya se ha hablado de los efectos nocivos que se supone generará en las audiencias tal programa televisivo, y por ello considero que es preciso aportar algunas ideas que sirvan a los televidentes, y sobre todo a los padres de familia y educadores para que vean la serie, con elementos de juicio que les permita reflexionar y actuar según sus intereses y necesidades culturales y educativas.

Todos opinan, pero ¿comprenden lo que dicen?

La construcción de la opinión toma tiempo, y aunque en la primera semana de emisión del seriado ya se habían generado reacciones viscerales con relación a sus contenidos, fenómeno creciente hasta la fecha, sirve mucho aportar elementos para educar a las audiencia con relación a este asunto.

Una primera reflexión que es necesario plantear es que ante las reacciones más apasionadas generadas hasta ahora, da la impresión que en Colombia vivimos en medio de la paranoia del “enemigo interno” y vemos en cualquier expresión mediática del mal un blanco certero para descargar nuestras obsesiones.

Pero dos problemas que esto trae, es que por una parte acusamos la existencia de distractores mediáticos que nos alejan de la problemática social y sin embargo seguimos el juego. Y por otro lado vemos el mal donde no existe.

Me explico: es cierto que existen fórmulas para concentrar la atención en los temas que se quieran poner en el pensamiento y en la boca de la gente. Si bien este es el caso del seriado, además me parece que la intención es actualizar asuntos de gran impacto político que aún están sin resolver y vender una historia que nadie, hasta ahora, se atrevió a tratar en la ficción televisiva.

De allí que el origen de toda polémica con relación a la serie, radica en la dificultad de asimilar de qué manera dicho relato representa nuestra realidad a la vez que es un producto que se vende, y aunque esto nos extrañe es importante que nos preguntemos ¿qué debemos tener en cuenta para elaborar una opinión útil para educar audiencias con respecto a la recepción televisiva?

La necesidad de educación

Acusar a la televisión de ser la causante de los males que oprimen a la sociedad es el camino fácil, pues ¿qué más se puede decir después de esto?, si acaso es necesario que todos reiteremos los efectos nocivos que generan los medios sobre la sociedad, cuando convencidos de ello, pensamos que estos hacen de seres como Escobar una apología del delito, y así tal creencia bastará para que nos convenzamos de que esta es la raíz del mal.

Pero dudo que un programa de televisión sea el causante de la desigualdad, la corrupción, el narcotráfico y todo lo que de esa mezcla se deriva en nuestro país. Por ello es importante que eduquemos a los niños y a los jóvenes en la recepción televisiva, pero primero que todo a los padres y a los educadores en la comprensión de los fenómenos mediáticos que hacen parte de las dinámicas en la construcción de una sociedad.

Acciones educativas

Las acciones de control que emprenden los diferentes actores de la sociedad sirven para la regulación de contenidos violentos en los medios de comunicación, pero no es la única vía para garantizar la educación mediática de las audiencias televisivas. Se hace necesario que los padres y los educadores acompañen a los niños y jóvenes en su recepción, que se establezca un diálogo: primero con relación a lo que ellos ven, segundo con relación a lo que ellos apropian y tercero con relación a los que ellos no comprenden. De esta manera el seriado se convierte en una oportunidad educativa en la que todos participamos.

Para hacerlo de manera que sirva en el proceso educativo, se hace imprescindible comprender los modos de ser de la televisión y asumir que no es el único dispositivo cultural que existe, además de organizar una serie de acciones de aprendizaje para elaborar una memoria histórica con los jóvenes.

(Continua la próxima semana)

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