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28
07
2013
Juan Carlos Torres

Que la tecnología no deshumanice al hombre.

Por: Juan Carlos Torres

La sociedad moderna del siglo XXI está profundamente definida por las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC). Desde el desarrollo económico, industrial, social  y cultural de las naciones; hasta las relaciones profesionales e interpersonales, la educación y la recreación, entre otros; están transversalmente vinculadas con las tecnologías.

Nuestra generación y subsiguientes afrontan un riesgo inconmensurable como consecuencia de la interdependencia hacia tecnología en todos los niveles, tanto que las personas dependemos de ella casi que absolutamente. De mi consideración,  coexistimos en un mundo más artificial del que necesitamos para ser medianamente felices.

Si bien los avances tecnológicos y la modernización son evidentemente un factor de progreso, estos a su vez se rebelan como un agente de deshumanización; no por la tecnología como tal, sino por el uso que se le dé a esta. La relación hombre y tecnología existe desde que el ser humano existe, es de caracterizar la ciencia, la biología, la agricultura, la ganadería, los sistemas comerciales; todos han sido inventos del hombre que le han permitido poder convivir con el entorno; es decir, la tecnología facilita nuestras vidas. Sin embargo, por ser una creación humana es imperfecta y como tal tiene sus riesgos.

La tecnología está tan intrínseca en nuestras vidas que inclusive, ha modificado nuestras pautas y comportamientos, al punto que es común ver  familias dividas, donde sus miembros pasan más tiempo viendo televisión en sus habitaciones, conectados a internet o jugando en la computadora, experimentando un gran aislamientos de la vida familiar, lo que  provoca el desarraigo  de los valores sociales instruidos desde la predica cristiana. Este patrón de comportamiento atípico suele replicarse en diferentes escenarios de la vida social, generando un gran detrimento del tiempo dedicado al cultivo de las relaciones interpersonales.  Asimismo solemos priorizar la atención de un mensaje de datos o de una llamada telefónica interrumpiendo e irrespetando con quienes estemos conversando previamente, no importando si la llamada no amerita con urgencia su contestación. O peor aún, sacrificamos los momentos de compartir en familia o con los amigos, socializando  más con el teléfono móvil; incluso nos conectamos más con la tecnología que con los asuntos familiares mientras estamos en los hogares.

Los medios audiovisuales y las nuevas tecnologías de la comunicación constituyen los canales de socialización e interrelación más poderosos, no solo por sus contenidos, sino también por las nuevas formas de establecer relaciones sociales para acceder a la información; relegando a la familia como agente socializador fundamental e indiscutible en el desarrollo integral de las personas.

El internet por su parte, ha traído consigo un nuevo modelo de intercambio de información y contenidos, drásticamente diferente al paradigma de los medios de comunicación convencionales como la prensa, la radio y la televisión. Aunado a ello, el chip tecnológico con el que vienen nuestros hijos, nacidos en la época de la revolución cibernética, denominada la generación 2.0 o generación  “i” de interactiva.

La oferta  tecnológica es inagotable, por tanto es imposible su prohibición en los procesos de desarrollo de competencias y habilidades de nuestros hijos, por el contrario se debe aprovechar las numerosas ventajas que estas herramientas de aprendizaje y comunicación proveen. Bien utilizadas y consciente de sus riegos, las tecnológicas contribuye al desarrollo integral de las personas, estas pueden ayudar en el estímulo de la creatividad, la innovación y la autoestima; y si sabe seleccionar y dosificar su uso, permiten integrar conocimiento y entretenimiento. No obstante, no debemos olvidar que muchas  innovaciones tecnológicas  no aportan nada al desarrollo de la humanidad, como algunos juegos online para niños y jóvenes; entre otros.

Pero no todo en la tecnología es malo. Por otro lado  si se quiere, la tecnología humaniza, por cuanto fomenta la socialización de las personas; por ejemplo, a través de las redes sociales y los chat, nos permiten conocer gente nueva, incluso permite a las personas introvertidas o con algún tipo de limitación, comunicarse con otros a través de la red, sin barreras. Sin embargo, no hay que olvidar que es deshumanizante encerrarse en el mundo de las relaciones virtuales sin ser capaces de comunicarse cara a cara en el mundo real.

Es muy difícil vislumbrar el impacto y efecto que tendrá el mal uso de las Tecnologías de la Información y las comunicaciones en nuestras vidas en el mediano y largo plazo. Sin embargo, es previsible que modifique los patrones en las relaciones interpersonales y las pauta de comunicación e intercambio entre los seres humanos. De hecho, en el marco de la política pública de los mal llamados gobiernos electrónicos, se pretende que todos los servicios que provean los estados y particulares a los ciudadanos, se realicen a través de canales electrónicos, lo que si bien, por una parte contribuye a prestación de servicios con calidad en términos de estrategia antitrámite, eficiencia y racionalización de recursos físicos y económicos; a su vez genera un alto grado de deshumanización por cuanto sacrifica el contacto físico. Sería como tener un abogado o un médico por internet.

La expansión de la era cibernética ha sido tan acelerada que aún no hemos alcanzado a digerirla y mucho menos a comprenderla, ni siquiera conocemos los riesgos de publicitar, comprar y compartir información en la web. Realmente no nos hemos preparado para enfrentar la responsabilidad que amerita el manejo de las nuevas tecnologías.

Es importante enfrentar esta problemática, estableciendo reglas sencillas, que permitirán una mejor convivencia y relaciones  sociales, ayudando a su vez a entender que la tecnología es solo una herramienta,  no una forma de vida constante.

La tecnología no debe ser vista como enemiga, la deshumanización que produce el mal uso de ella es la que atenta contra el ser humano y sus valores; pero puede contrarrestarse si se controla y ejerce con autoridad, de otro modo, los impactos serán negativos. Por tanto, dependiendo del uso que se haga de ella, así será el resultado. No hay que olvidar que la tecnología es sólo un medio y no un fin.

 

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