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18
05
2015
Ricardo Abdahllah

El torero y la joven ciclista

Por: Ricardo Abdahllah

Nunca conocí a Erika . A pesar de eso , Bucaramanga llama, éramos amigos en Facebook y teníamos algunas decenas de amigos en común. Fue así como me enteré de su muerte. Tenía 26 años.  La golpeó un Transmilenio cuando trataba de esquivar un bus de la Universidad Manuela Beltrán estacionado en el lugar por el que debían pasar las bicicletas.

Ese mismo día, o el anterior, o el siguiente, un torero de nombre Saúl Jiménez Fortes recibió una doble cornada en el cuello en la Plaza de Las Ventas. Las fotos son impresionantes.

Cuando empecé a leer la historia de la joven ciclista me hizo pensar en varios amigos que a pesar de la peligrosidad de las calles bogotanas y de un clima impredecible como pocos, han escogido transportarse en bicicleta. Fue leyendo los detalles que me enteré que la chica, además, venía de Bucaramanga para trabajar en la capital, como lo habían hecho tantos conocidos y luego supe que teníamos muchos amigos en común que, en medio del dolor, hablaban de sus crespos, del metal y el reggae y la salsa, de que ella era la pura alegría.

No quiero recurrir a Erika como un símbolo de quienes defienden la bicicleta como un medio de transporte alternativo que debería ser mayoritario, ni a la cornada que recibió Jiménez Fortes como una imagen icónica para los antitaturinos. En el primer caso por respeto a la tristeza ; en el segundo porque lo mejor es olvidar su nombre. De todas maneras  las dos causas terminarán por ganar y quienes hoy defienden el auto particular como rey de la ciudad y la fiesta brava como una tradición nos parecerán de aquí a veinte años tan ridículos como los que hace un tiempo se oponían al derecho de las mujeres a la propiedad privada o de los negros a asistir a la escuela.

Lo que quiero decir es que si hace una semana me hubieran preguntado si todas las vidas valen lo mismo yo habría dicho que sí, pero habría sido una respuesta automática, una de esas cosas que hay que decir. Ahora pienso lo contrario, que no tengo ni la sabiduría cobarde ni la tranquilidad de consciencia necesaria para que todas las vidas valgan lo mismo  No creo que se puedan poner en la misma balanza un indígena que armado con un bastón ritual defiende la poca tierra que le queda a su comunidad y la del policía que armado y con armadura le dispara sin ni siquiera ponerse a pensar qué intereses está defendiendo.  Me duele más la muerte de un maestro que la de un soldado, la del que tira una piedra contra un tanque, que la del que dispara una ráfaga contra una multitud desarmada. La de un inmigrante que se ahoga en el Mediterráneo que la de un político neonazi austriaco que se mata manejando borracho.

No todas las muertes pueden entristecerme como me entristecieron las muertes de Carlos Pizarro o de Carlos Gaviria; no me entristecieron la de Álvaro Gómez Hurtado ni la de Margaret Thatcher ni la de Juan Pablo II.

Tampoco creo que nunca sintiera tristeza por la muerte de un torturador, una categoría que me gusta amplía para que allí quepan  Julio César Turbay y los soldados americanos de Abu Gharib y un montón de agentes del F2 y el B2 y Pinochet y los toreros.

Erika murió en el borde de la calle.  La atención médica  a Jiménez Fortes fue rápida y de la mejor calidad. El portal especializado Aplausos.es lo entrevistó en el hospital donde dijo que esperaba volver a torear pronto. Jiménez Fortes no se arrepiente “Esa misma tarde, con el primer toro viví sensaciones muy bonitas » llegó a decir.

La tauromaquia no puede justificarse sin esa cierta arrogancia que atribuye a los hombres el papel de reyes de la creación. Como si esta vaina hubiera podido ser creada por alguien, un cínico que no fue capaz de mover su dedo para que el torero muriera en la arena y la chica ciclista llegara tranquila a casa y entre las dos noticias otra relación que el hecho de que aparecieran una seguida de la otra en mi timeline.

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15
05
2015
Ricardo Abdahllah

El día del alumno

Por: Ricardo Abdahllah

En el 2003 yo acababa de terminar mis estudios de ingeniero. Como había hecho la tesis para Ecopetrol, la compañía estatal era un poco mi destino natural. Había pasado la prueba psicotécnica ( eso habla mal de las pruebas psicotécnicas) y me habían llamado a una entrevista. Tras la cual habría otra. El proceso era largo y por esa historia del pan y el sudor de la frente yo necesitaba trabajar. Mi maestro-gurú-tutor-senseí de literatura, Hernando Motato, supo que buscaban un profesor de Español en el Instituto Caldas. De allí habían salido mi hermana, mi tía, un par de primas y algunos compañeros de borrachera pero él no lo sabía.
Sabía en cambio que fue el primer colegio de Bucaramanga en el que habían dejado que los estudiantes llevaran piercing y pelo largo.
Yo tenía el pelo largo en ese entonces.
(suspiro)
“Puede servirle mientras sale lo de Ecopetrol” dijo y yo dije “Mientras tanto. Prof’ despañol, why not?”
Cuando la rectora me entrevistó, dijo que yo no servía para profesor de español, pero que siempre había creído que un profesor de literatura, no de español Y literatura, era necesario.
En las dos cosas, doña Luthing Ocaziones, era visionaria.
“Tiene carta blanca. Haga lo que quiera con tal de que lean”.

Mi primer curso fue un Cuarto Primaria. Había un cierto, Bill Álvarez, que hacía ruidos de marrano.

Eso recuerdo.
KILL BILL

La siguiente clase les llevé “Instrucciones para llorar” de Cortázar. Una de las cinco María Alejandras del curso hizo tan bien el esfuerzo que lloró atacada de verdad. En el otro quinto, los montadores del curso le pegaron al que mejor siguió las instrucciones.
Por llorón.

Así comenzaron los dos años en el mejor trabajo que he tenido en la vida.

Porque a pesar de los llantos de verdad, la cosa había funcionado. Los niños habían entendido que por un libro se puede llorar.

Al principio tuve los cuartos y quintos primaria las María Alejandras y Bill, además de un Taller de Escritura con alumnos de 8 a 11 donde la mayoría se había inscrito porque no había más cupo en los talleres de deportes o eso decían. Yo supe que era mentira el día que Manuel R. , de octavo, me mostró sus cuentos. Eran sangrientos. Escritos con las tripas y llenos de tripas. Le presté una antología de jóvenes autores italianos del “horror extremo” , que no sé si me devolvió pero estoy seguro de que la leyó. Les regalé unas fotocopias de Opio en las Nubes y luego supe que gente “ajena” al taller las estaba leyendo.

La clase de literatura estaba funcionando, al cabo de unos meses, la rectora decidió robar una hora de español a cada curso. De cuarto primaria hasta undécimo.

A los de cuarto los puse a hacer en plastilina los animales fantásticos de Borges. Tenía la certeza de que alguien que lee Borges a los nueve años ya está perdido para el mundo.
Como en décimo había metaleros (Carlos D. y Ángela A. y Joya por ejemplo) y “freaks” (Henry y Ruca y Silvia y la otra Silvia) y como yo mismo lo había sido (freak y metalero) pude despertarlos con las Letanías de Satán de Baudelaire, repitiendo en coro “Oh, Satán, ten piedad de mi larga misería”. Para la apatía de noveno, digamos de Gonzalo J., tuve que recurrir a fragmentos de Sexus de Henry Miller.
“Profe’ ¿Entonces en literatura se puede usar la palabra ‘coño?”
¿Qué carajos les habían enseñado entonces hasta entonces?
Como profesor de literatura tuve que pelear con las editoriales que quieren imponer a toda costa un plan lector no siempre erado pero siempre punta de criterios comerciales, con el profesor de educación física que tenía ínfulas de militar y con algunos militares que pasaron por allí para una charla de reclutamiento.
“Yo quiero ir” dijo Catalina R. “Yo sueño con entrar en la Armada”
Como profesor de literatura tuve que pelear con la coordinadora de disciplina que no entendía que si íbamos a escribir poesía lo mismo daba tener las patas en el piso o sobre el pupitre; con el coordinador de disciplina que no entendía que yo no podía pedirle a mis estudiantes que se pusieran correa si a mí también se me escurrían los pantalones y con algún padre que se quejó de que su hijo escribiera cuentos llenos de sexo y heroína.
Hay padres de familia que se quejan por nada.
Pero para recordar los conflictos y las trasnochadas monumentales tengo que hacer un esfuerzo. En cambio lo que salió bien me viene tan rápido que no doy para ordenarlo. En dos años reciclamos la basura del colegio para construir las naves especiales de los cuentos de Bradbury, volvimos varias clases una tertulia (yo llevaba el café en un termito porque la greca de la sala de profesores no me la prestaban pa’ esas cosas), inventamos finales diferentes para los cuentos de Poe, leímos a Pizarnik, copiamos a Pizarnik, hicimos poemas que se parecen a los de Pizarnik, leímos a Caicedo, copiamos a Caicedo, hicimos cuentos que se parecen a los de Caicedo (Si en el colegio uno no se siente como Pizarnilk o Caicedo uno es una persona normal, qué asco). Armamos veladas de poesía que iban de unas bellezas de poemitas en rima a vainas de lo más gore, publicamos un libro, me robé varios estudiantes para el Taller al que asistía en la Universidad (y uno de ellos se rumbió a mis amigas que tenían veinte y eran entonces “veteranas”), inventamos nuevas muertes para Gómez Jattin, fuimos a mercados y cementerios después de clase para entender que un periódico escolar no tiene gracia si es sólo para contar lo que pasa en el colegio, algunos estudiantes me pasaban sus textos, no los de la clase, otros, los que hacían luego del colegio (allí donde empezaba la vida), otros me decían que querían matar a los papás pero que no querían decirlo a la psicóloga. Vimos películas de Chaplin y a todos les gustaron y no nos perdimos una feria del libro.
Hicimos también “Romeo y Julieta”. Juan Sebastián hizo de Julieta.
Y escribían sobre eso. Escribían sobre todo.

Decir que me iba fue jodidísimo.

Lo último que hicimos fue un festival de teatro. En el cartel una docena de obras, entre ellas Don Quijote, Hamlet y Macbeth. Para el final de Edipo Rey, David, de octavo, tiró en el escenario dos pelotas de ping-pong ensangrentadas. Fue su propia idea y nadie sabia de ese efecto especial.

Yo siempre he querido ser actor” dijo.

 En ese Festival de Teatro, Gonzalo J. quiso hacer el papel de Hamlet, pero por organización de los ensayos, ese papel lo hizo Henry y a él le tocó Quijote.

Tres semanas después en una izada de bandera, volvió a utilizar la palabra quijote o quijotesco, no me acuerdo.

Y hablaba de mí, que me iba.

Yo no sabía de ese homenaje en mi último día como profesor. No sabía que ese día iba a tener al menos doscientas cartas de despedida sobre mi escritorio y ahora mientras escribo estas cosas que he contado tantas veces aún se me aguán los ojos. Una metáfora, un lugar común que no les habría perdonado.

Manuel R. es abogado, no sé si escribe aún, puede que lea. Carlos A. escribe crónicas muy bien hechas para el diario ADN , Juan Sebastián L. ha ganado concursos nacionales de cuento, también es abogado y hace carrera como trotamundos. Juan Pablo C. es realizador audiovisual y varios otros también ha trabajado detrás de cámaras. Diana X.F., que nunca hizo nada en clase, creo, me dijo que esperaba que por culpa del curso de literatura, el día que nos encontráramos hablaríamos de otra cosa que de hijos y televisión. Sergio M. estudió filosofía. Catalina R. nunca fue a la armada; en lugar de eso se graduó de periodista. Uno de los hermanos Hernández pasó por París, fuimos a la tumba de Napoleón y luego a averiguar un violín. Cuando Angélica Z. y Diana M. pasaron por París, visitamos la tumba de Cortázar. El de las instrucciones para llorar.  Angélica Z. estudió cine y es reizquierdista y Diana M., estudió cine y tiene una pastelería, que son dos lindas maneras de vivir.

Por Facebook veo los pasos de los hermanos Naranjo y de los hermanos Bernal y de Ana M. y a Daniel V. y a María Teresa C. y de las María Alejandras y no sé que habrá sido de Paulo ni de Ferrer o Corzo o los gemelos o Pedrito ni de Pamplona ni de Constantino ni de Sandra V. y sus comadres Laura y Viviana y ni de Lucero ni de Vlacho, que pobrecito se parecía a mí. No sé en dónde andarán Sara A. y Sharoon P. ni los hermanos Sabogal o Charlie P.  , ni Ruben A.  ni he sabido de  de Erika P. y Juan S. (que escribían eran hijos de escritores) pero sospecho que de toda esa lista algunos siguen escribiendo y estoy convencido que algunos leen con más juicio de lo que lo hago yo.

¿Qué habrá sido de Bill?

Yo no sé si lo que escribo toca algunas vidas y casi estoy seguro de que no, pero sé que no hice tan mal ese papel de eslabón, de pasar lo que leí en la casa y aprendí de Clodomiro Silva Pinto y Marcial Reyes y Guillermo Rozo Pachón a todos esos Sebastianes y María Alejandras.

Transporté algunos libros de una cabeza a otra, ya con esa trascendencia me sobra, ya con ese reconocimiento basta.

 Borges decía, o dicen que decía, que prefería que otros se enorgullecerían de los libros que él había escrito, que le bastaba estar orgulloso de los que había leído. En el día del profesor me pasa lo mismo (¿Pero al revés?). Que otros reciban las felicitaciones por lo profesores que son: yo me enorgullezco de los alumnos que tuve.

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05
04
2015
Ricardo Abdahllah

Por qué soy ateo (y por qué jodo con eso)

Por: Ricardo Abdahllah

El pasado viernes (santo), una amiga comentó una de las imágenes que había subido a mi cuenta de Facebook “Últimamemente estás muy dedicado a criticar las cosas de Dios. Tanto que, viniendo de ti, ya es casi aburrido”.
Yo entiendo que la aburra, pero no es cierto que estuviera “Muy ocupado con las cosas de Dios”. La imagen que ella comentaba era una camiseta con el rostro de Jesús representado en una manera más bien clásica. No sólo no había nada de ofensivo en la imagen, sino que Axl Rose la había usado con frecuencia durante su gira del Use Your Illusion.
Es decir, era doblemente sagrada.
Y tampoco es que yo estuviera ocupado “con las cosas de Dios”. En mis últimos posts (¿estados?, ¿actualizaciones?), hablaba de un nacionalista británico que no era capaz de quemar una bandera de Europa, del ascenso del Frente Nacional en Francia, de una fresa que evocaba (demasiado) el sexo de una mujer, el manifiesto de las Femen, de una película sobre la esclavitud de los gitanos. Algo decía sobre la legalización de la droga en cada vez más estados de los Estados Unidos, había subido unas fotos del trabajo de un parce que hace kibuki, una noticia sobre la entrada de Palestina a la Corte Penal Internacional, otra sobre el problema del agua en la Guajira y una caricatura sobre el gato de Schrödinger.,
Es decir, que para insinuar que yo me la pasaba hablando e Dios habría que aceptar que Dios estaba en todas partes. Yo puedo llegar a admitir que esté en el sexo de las mujeres, en particular si parece una fresa o en las fresas,en particular si se parecen al sexo de una mujer, pero no creo que Dios esté en Palestina o parado viendo a los indígenas colombianos morir de hambre. Si estuviera allí y siendo tan todopoderoso como dicen, no hiciera nada sería un cabronazo.
A no ser que esté Y no esté, un poco como el gato de Schrödinger.
En mi muro de Facebook, había, en resumen, posteado sobre las cosas que me interesan, no sólo como individuo, sino como miembro de una sociedad. Si alguien quiere llenar su muro con fotos de su bebé y sus viajes o frase de la biblia, tiene el derecho de hacerlo, pero a mí me parece que reducir las redes sociales a una exposición de los momentos de felicidad o a un solo tema es un desperdicio de todas las posibilidades que ofrecen.
La sugerencia que me hacen es dejar que cada quien crea lo que quiera, allá ellos con su Dios barbudo y su hijo mechudo y la paloma, pero siguiendo la misma lógica habría que dejar tranquilas las creencias de los que apoyan la ocupación israelí, la producción y consumo industrial de carne, la prohibición del matrimonio igualitario o el aborto, la superioridad de una raza o nacionalidad y el auto particular como derecho inalienable en función del cual hay que diseñar las políticas urbanas y ambientales. Ideologías peligrosas, todas.

Yo no tengo ningún problema con las personas creyentes. Conozco muchas que son excelentes ciudadanos, más altruistas y más correctos de lo que yo lo seré jamás. Puede que algunos de ellos lo hagan movidos por la idea egoistísima de una recompensa o autoritaria del deber, pero estoy convencido que la mayoría son excelentes personas que no dejarían de serlo si desterraran de sus vidas la idea de una divinidad, si cambiaran una moral religiosa de reglas por una ética humanista de principios.

Por la misma razón por la que dejé de pelear con la gente que no tiene los mismos gustos musicales que yo o que no es hincha del Atlético Bucaramanga, no tendría problema con la religión si su práctica se limitara a un entorno privado, casa, iglesia o monasterio. Sólo que pasa lo contrario, las religión, las religiones, son fuerzas políticas activas, cuyas posiciones y estrategias influyen más allá de los que en ellas creen. Yo preferiría no pelear con la religión, pero Dios y su parche empezaron y siguen buscándome. A nivel metafórico cuando él (Él) no levanta su mano poderosa para partir con un rayo a la senadora Valencia; a nivel político cuando los gobernantes de un país laíco como Colombia entran en histeria colectiva por la visita de un papa (Papa) que en dos años de pontificado no ha hecho otra cosa que condenar en abstracto las injusticias del mundo sin una sola acción concreta o cuando la religión se invoca para negar a las parejas homosexuales el derecho de tener hijos o para obligar a las mujeres que rechazan la opción de la maternidad a tenerlos.
Toda religión es por definición discriminatoria porque cree tener una verdad única y mira con odio o al menos con condescendencia a los que no la aceptan. Toda religión limita las posibilidades de desarrollo personal al encausarlas en una única vía. Toda religión es misógina y homofóbica.

Si alguna vez tengo hijos, ellos nacerán ateos. No fue mi caso. Nací católico, soy bautizado (guacala), asistí un par de años al Templo Cristiano del Avivamiento y ya como último intento leí los libros de Cony Méndez. Nunca tuve ese momento de matar a Dios, más bien se me fue muriendo, primero por culpa suya (por inacción, porque el mundo se sigue jodiendo y él ahí, nada, rascándose la barba) y también por culpa de los libros de Vargas Vila que había en mi casa, y luego los de Nietzsche y más tarde los de Saramago. La fe ciega resiste mal a las lecturas variadas y por eso las religiones insisten en los libros autorizados.

No niego que el metal tuvo su responsabilidad, desde el “Ni Dios ni Satán existen” de La Pesti hasta el arte blasfémico de Cradle of Filth. Haber estudiado una ciencia exacta en una universidad pública no ayudó a la cosa, uno entiende que no porque un fenómeno aún no haya sido explicado que la explicación no exista y tengamos que inventarla sin ninguna base ni ninguna prueba. El pensamiento científico busca combatir la ignorancia con el esfuerzo de la investigación; el pensamiento religioso recurre a la pereza de la aceptación de explicaciones instantáneas.

Soy blasfemo, a ratos y casi siempre en tono de chiste, porque eso me permite definir el espacio social en el que existo como ateo. Soy ateo no porque crea que Dios no existe, sino porque sé que no existe y en eso él tiene la culpa.

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08
03
2015
Ricardo Abdahllah

Follar: la libertad que asusta

Por: Ricardo Abdahllah

Juro – pero a nadie le importa- que no imaginé este texto como una conmemoración de este día, que la idea me daba vueltas desde que me llegó por primera vez el enlace a una columna titulada “La Esclavitud de Follar”, que la sicóloga chilena Constanza Michelson Martínez publicó en febrero del año pasado en la revista The Clinic y que es una nueva versión de su texto “La esclavitud del revolcón” publicado por primera vez en el 2012

Este:

 

http://www.theclinic.cl/2014/02/11/la-esclavitud-de-follar/

 

 Con semejante título no sorprende que el texto logre destacarse entre tantos artículos con “títulos anzuelo” que circulan en las redes sociales. Lo que sorprende, más bien, lo que decepciona, es que haya tal cantidad de personas que parezcan estar de acuerdo con semejante antología de ideas retrógradas y clichés sobre la sexualidad y el feminismo. Como si la liberación sexual, que permitió que por primera vez en venticinco siglos las mujeres fueran vistas como seres autónomos con derechos sobre su cuerpo y su placer, hubiera sido un error porque, la idea no podría ser más machista,  son incapaces de manejas su libertad.

Para desarrollar sus argumentos, Michelson Martínez se sube con gusto en una corriente que insiste, por ignorancia o por pereza intelectual, en presentar el feminismo como la versión femenina del machismo, cuando en realidad, desde los planteamientos de Mary Wollstonecraft hasta las acciones de las Femen, ha sido una lucha contra las injusticias derivadas de una sociedad patriarcal. Es cierto, el término correcto habría sido « antimachismo », así se evitaría la confusión entre quienes no tienen el tiempo o las herramientas racionales para saber que un concepto va más allá del término que lo designa, pero resulta que el feminismo como término existió antes que el machismo y fue el que permitió su definición. ¿Con plastilina? el feminismo se opone al patriarcado; como consecuencia aparece el machismo que se opone al feminismo. Por eso decir que el feminismo es un machismo femenino es (tan tonto) como decir que el antiracismo es un racismo contra los blancos. Una inexactitud no siempre malintencionada pero siempre peligrosa porque deslegitima la lucha por la equidad de las mujeres.

“¿En qué momento las mujeres tomamos esa consigna de feminismo peuco y nos convencimos de estar disponibles al follón sin pedir nada a cambio?” pregunta la autora en sus primeas líneas. Yo no sé que es ‘peuco’. Yo sé que en un marco de igualdad y libertad en el sexo no se “pide” a cambio. Lo contrario es la prostitución, en sus formas más suaves o más escabrosas. “Los hombres históricamente han estado dispuestos a pagar un costo por acceder a una mujer, con una cita, con palabras de amor, en el extremo con dinero” insiste Michelson Martínez. Claro, pero esos son los ‘machos’ que luego esperan que la mujer les pertenezca, los que aún creen que “el hombre propone y la mujer dispone”, que el sexo es algo que se da en lugar de compartirse, un medio de comercio, en el que la mujer ofrece su cuerpo al hombre a cambio de amor, de atención o de protección.

“Es como haberle pedido al mismo empleador que nos tenía con contrato fijo, una boleta de honorarios” prosigue la psicóloga. Dice que no quiere caer en nostalgias reaccionarias, pero nos da , parafraseándolo, el viejo y vulgar consejo con el que las madres daban a sus hijas “quién va a querer la vaca cuando tiene la leche”.

A la autora le aterra que follar sea bueno para la salud y se queja de que se piense que “alguien que no tiene sexo -por que no puede, o no quiere- estaría enfermo”. Así insinúa que para evitar ese presión sobre las mujeres que no tienen sexo, sería preferible regresar al estado anterior, en el que las que eran consideradas enfermas (y encerradas y relegadas de la sociedad) eran las mujeres que desafiaban su papel exclusivo de reproductoras y tenían sexo por placer.

Claro que el sexo es bueno para la salud, desde que sea entre dos personas en condición de igualdad, esa igualdad que ella echa por tierra al sugerir que follar es “fálico”. A mí se me ocurre que es igualmente vúlvico, que las mujeres son seres sexuales, que tienen el derecho de multiplicar sus amantes sin que eso implique la sanción social a la que llama un texto que insinúa que el sexo, el sexo libre, el sexo fuera del marco social establecido, es decir el de la dominación masculina, “trivializa el cuerpo” y “atenta contra las posibilidades de un encuentro: la amistad, la ternura, la solidaridad, al menos una fraternidad política con el otro”.

Habría que explicarle que al contrario, que el sexo refuerza y multiplica esas posibilidades, pero sería inútil intentar discutirlo con alguien que piensa que las mujeres aún deben modelar sus cuerpos “de acuerdo al fetichismo masculino” y que apoya su argumento diciendo “ quién no se ha sacado fotos de pedacitos de sus presas para exhibirlas en las redes sociales.”
Para la sicóloga, la mujer que muestra lo hace para complacer a los hombres. No le cabe en la cabeza a la que pueda hacerlo para ella misma. Porque sí. Porque se le dio la gana. Tantos años de lucha para que las mujeres puedan vivir el sexo como les de la gana para que ahora esta iluminada venga a decir que deben recibir algo más que el placer en condiciones de consenso. El sexo es eso, placer compartido, del que puede o no, nacer una complicidad, que puede o no ser el fruto de una complicidad (de esposos, de amigos, de poliamorosos, de desconocidos que se gustan) pero para el que no hay otro requisito que las ganas, el deseo mutuo.

“Para que esto no parezca– que seguro ya lo parece- un lamento conservador o un gemido de mina histérica, hay que entender que a veces la libertad prometida no es más que una nueva domesticación” dice la autora. La verdad es que sí suena retrógado. Muy retrógado. De la reacción pura.

Y no olvidemos que usa la palabra “presas”

En estas semanas se ha hablado mucho de la libertad de expresión, a la que le ponen el pero cobarde. Con la libertad sexual es lo mismo. Con todas las libertades, con la Libertad, en general. A veces tengo ganas de decir que esa gente que ante la libertad de asusta y pide que no le den de a mucha porque puede caer en el libertinaje, no la merece. Pero sí, todos merecen la libertad. Todas merecen la libertad y la vida no debería ser otra cosa que su búsqueda y su celebración. Libertad para follar o para no, aunque al envolver el sexo en una historia de amor de cuento de hadas como condición, y no como una de las miles de consecuencias posibles, no saben lo que se pierden.

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22
02
2015
Ricardo Abdahllah

García-Peña, el cónsul que se hizo querer

Por: Ricardo Abdahllah

Como vivo en las nubes con las fechas me confundí por una semana y me perdí el homenaje que la comunidad colombiana le hizo al cónsul Daniel García-Peña como despedida de su cargo en París. Llevo horas dándole vueltas a la frase y aún me suena como el pie de foto de una imagen de páginas sociales.

La cosa al contrario tiene mucho de inusual, en los diez años que he vivido fuera de Colombia nunca había escuchado que la comunidad decidiera por sí misma realizar un evento de este tipo y ahora que lo pienso nunca creo haber escuchado que los colombianos supieran siquiera quién era el consul de su país.

Más inusual aún es que si los colombianos de París organizaron ese homenaje es porque no querían que García-Peña se fuera.  Es inusual  porque las relaciones entre los colombianos y sus funcionarios suelen estar marcadas por el interés , la tensión y la desconfianza. Las tres cosas se acentúan cuando se trata de cargos “de libre nombramiento y remoción” , esa figura monstruosa que convierte posiciones que deberían estar al servicio de la gente en una moneda con la que se pagan a posteriori favores políticos o se trabajan los votos y contratos que han de venir. En un puesto transitorio , no es raro que ciertos funcionarios diplomáticos asuman su cargo con desinterés, haciendo lo mínimo o menos que eso y manteniendo una distancia con la gente a la que deberían servirle, en parte porque los ciudadanos no pueden ejercer sobre ellos ningún control y en parte por una innegable diferencia de clases y origenes.

Durante los dos años y pico que García-Peña permaneció como cónsul en París se dio como tarea acabar con la desidia-de-funcionario y con la distancia-de-consul. De lo primero habría que decir que modernizó el consulado convirtiéndolo en un lugar digno al que uno podía ir sin la predisposición con la que se va a los lugares a los que se va a hacer papeleo. Para describir cómo se lograron esos cambios habrá que empezar por contar un detalle de fina coquetería como fue la instalación de una máquina con café, agua fría y chocolate GRATIS, además de un computador en el que los usuarios podían consultar e imprimir GRATIS algún documento pendiente. Habría que hablar de las modificaciones en el espacio físico, la creación de una sala de espera y la implantación de tableros digitales, terminales para permitir el pago con tarjetas bancarias (consignar en Francia es complicadísimo)y una biblioteca abierta al público y especializada en literatura colombiana.

Quienes han estado siguiendo la historia habrán reconocido en el párrafo anterior algunos puntos carta que ha circulado en internet y aparecido en medios como Las Dos Orilllas http://www.las2orillas.co/colombianos-en-paris-quieren-garcia-pena-siga-siendo-el-consul/ además de ser retomada por Enrique Santos en su columna de El Tiempo http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/la-diplomacia-del-nuevo-pais-enrique-santos-molano-columnista-el-tiempo/15203656.

El objetivo inicial de la carta, que redactamos y firmamos con treinta colombianos residentes en Francia y algunas asociaciones políticas y artísticas era lanzar una petición en internet para invitar a la reflexión a los responsables del cambio consular con la esperanza de que permitieran a García-Peña continuar su labor. Nuestra petición, junto a otra lanzada en los mismos días reunió unas trescientas firmas.

Como lo he dicho, estoy en desacuerdo con el principio de “nombramiento y remoción” y más con el uso que se le da en Colombia, pero  la petición no iba tan lejos, sólo se solicitaba que al menos se le permitiera a García-Peña permanecer en el cargo los cuatro o cinco años que le han sido acordados a sus predecesores y sobre los cuales él se había proyectado para continuar las reformas y mejoras en el consulado de París antes de que una llamada en plena época navideña le solicitara su renuncia sin mayores explicaciones.

Dos años más no parecía una solicitud desmesurada, sobre todo si consideramos que la persona que va a remplazarlo y que al parecer tiene una absoluta urgencia de ocupar el cargo, es decir, Claudio Galán, tiene ya y desde hace dos años, una representación una diplomática a su cargo, el consulado colombiano en Viena.

La excelente gestión de García-Peña no explica más que en parte el interés de los colombianos de París por “quedárselo” , a ella se suma el esfuerzo del cónsul por eliminar la distancia existente entre la institución y los ciudadanos. “Se lo ve almorzando con los que trabajan de obreros” me decía una conocida hace un par de días.

Retomando otra de las ideas expuestas en la carta habría que decir que no sólo como persona García-Peña se ha acercado a los colombianos, incluso a aquellos privados de la libertad, sino que ha logrado acercarlos al consulado a través de conciertos, conferencias y eventos para el público infantil. Bajo la dirección de García-Peña el cónsul dejó de ser un tipo encerrado en una oficina al que era imposible acceder y el consulado una extensión de la burocracia nacional.

Más que haberme perdido el homenaje, que fue sencillo y sentimental según me cuentan, y al que asistió gente de todas esas colombias diferentes que existen en París, lo que me da embarrada es que García-Peña se vaya a pesar de haber sido el primer cónsul que yo conozco que gracias a su gestión y a su carisma terminó por hacerse querer.

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22
01
2015
Ricardo Abdahllah

Respondiéndole a Ricardo (O sea a mí)

Por: Ricardo Abdahllah

Carolina Vanegas, un amiga que vive en Montréal, un municipio cercano a Quebec en Canadá (¿Dry?) y a quien también conocíamos por estas tierras como “la parcera”, escribió en mi muro de Facebook esta larga respuesta a mi anterior entrada en el blog. No estoy de acuerdo con todo lo que dice Carolina, como tampoco estoy de acuerdo con todo lo que yo digo, pero en otras cosas sí que coincidimos. Piensa ella, pienso también, que no todas las ideas que no son las nuestras son opuestas a las nuestras y como si sigo escribiendo los voy a aburrir diciendo que sí que el debate es constructivo y todas esas cosas que ya saben, los dejo con Carolina, señalando solamente que el día que la conocí dejó caer un petaco con 24 botellas de cerveza Kronenbourg.

(pd: si quiere póngale título)

Desde ese mediodía en el que esos muchachos masacraron a doce personas lo he visto asumir la defensa de los caricaturistas y de la revista, pero también lo hevisto alzarse contra la religión y lo sagrado y los ofendidos. Y me he dado cuenta que, a diferencia de un montón de otros casos y situaciones, son varios los puntos en los que disiento con usted en cuanto a su lectura de estos hechos y sus causas.

A usted la tragedia le tocó de cerca, mucho más cerca que a muchos de nosotros, a usted le mataron a sus colegas, le atacaron a su gremio, en su ciudad, Charlie Hebdo es una revista que usted conoce y lee y por eso entiendo, como lo había dicho usted hablando de otro personaje en una de sus entradas anteriores, que de pronto se exceda en momentos de rabia. Pero lo que no le entiendo es que diga que “la lógica de simpatizar con los asesinos, que es al parecer la que ejercen quienes no profesan admiración por la revista, quienes no son Charlie, o quienes simplemente no le reservamos a la revista el lugar del corazón que usted le reserva, equivale a justificar a los que mataron a Jaime Garzón […]”. Cuando se empezó a especular sobre causas y motivaciones se levantaron voces que hablaban de islamofobia, de irrespeto al que es diferente, de marginalización de comunidades enteras, y que pretendían que había una explicación tras la matanza, que seguramente no era producto de la violencia fortuita de hombres entrenados; y eso no es lo que equivale a una justificación. Además, en ninguna de las que eran informadas y sensatas percibí simpatía por los asesinos. Seguro, por ahí vemos a gente diciendo que ellos se la buscaron porque el imperio, porque qué alzados, porque Allah. Pero ellos no son los que nos conciernen.

Los que salieron a marchar el domingo son los que se sintieron afectados de una u otra manera por la tragedia. Le creo que allá estuvieran muchos (aunque no todos) de los que se movilizan contra la megaminería y demás, pero no creo que esa sea una “cierta idea amplia de la izquierda”, y menos “humanista”, y mucho menos que Charlie haga parte de ella. Charlie se burla y critica a todas las religiones, como se ha dicho hasta la saciedad, y lo hace siguiendo la centenaria tradición satírica francesa, como también lo han repetido todos, pero aunque se haya posicionado contra los horrores de la religión, el colonialismo, y el racismo, lo hizo desde su posición de francés privilegiado observador de injusticias, no siempre se puso en el lugar de los que sufrieron, en el lugar del que representa en sus ilustraciones, en el lugar del otro. Creo que afirmar lo contrario es darles crédito por algo que no buscaban. Al respecto, la mejor frase que he leído es la siguiente (sacada de un artículo de opinión de un admirador de la revista): “we diminish (the cartoonists’) sacrifice if we give their actions shelter in another kind of piety (than ridicule) or make them seem too noble, when what they pursued was the joy of ignobility”.

Las divisiones son evidentes desde hace un buen tiempo en Francia, y Charlie seguramente sí ayudo a contribuir en eso. Ellos son libres de caricaturizar al que sea pero deben asumir que sus publicaciones enajenan a un buen número de los millones de musulmanes “de verdad” -los que siguen las enseñanzas de su religión sin afectar la integridad del de al lado, esos que también dicen defender los que hoy gritan haut et fort que son Charlie- en una república que pretende que sus ciudadanos no se identifiquen públicamente con su raza o religión y que entrona una laïcité en la que parecen no caber estos millones, y con esto no quiero decir que tengamos que cambiar a toda Francia y sus tradiciones con el objetivo de acomodar, quiero decir que ésa es una realidad que Francia evita enfrentar. (Además,desde que estuve de intercambio allá pensé que Francia no era un país laico: un país que todavía celebra y oficialmente le da estatus de día feriado a la Ascensión, al Pentecostés, y al Día de todos los santos es un país católico o de tradición católica, ¡no laico! Pero bueno, eso ya viene siendo otro tema).

Es desproporcionado tomar las armas contra los lectores, los vegetarianos, los metaleros o cualquier otro grupo de gente que ejerza su oficio, hobby, la actividad que sea, en paz. En eso estoy de acuerdo, y en eso han estado de acuerdo todos los que tienen dos dedos de frente y han opinado sobre el tema. Cuando usted dice que reaccionaría si “alguien argumentara en Internet que leer está mal”, dice también que se siente concernido porque siente la necesidad, grande o pequeña, de asumir la defensa de “leer” usted mismo. Lo mismo que sucede, a un mayor o menor grado, con un nivel de tolerancia más o menos elevado, con alguien a quien le dicen que su dios o sus rezos o su religión están mal. (De hecho, chistoso ver como se desdibuja la línea entre “los libros”, “los que leen” y “los lectores”).

Es difícil definir en qué consiste una ofensa, (¿en qué momento entre “respondería si tengo tiempo” y “tomaría las armas” diría usted que se siente ofendido?). Al igual que el problema de que “lo sagrado” sea diferente para todo el mundo,“una ofensa” se emite y se percibe de formas distintas. Usted habla de las vacas, de Fidel, del espagueti volador, de una cierta idea de familia; déjeme preguntarle si usted cree que la libertad de expresión tiene un valor sagrado para usted. Y si usted ha reaccionado tan duramente a los hechos porque le mataron a conocidos suyos, colegas, pero también porque le atacaron (de la forma más vil) la libertad de expresión.

Usted dice que si pedimos que nadie se burle u ofenda o hiera las creencias de otros tendríamos que quedarnos callados y estáticos. Pues en base a lo anterior yo creo que usted levanta su voz de protesta en contra de los armados por las obvias razones de que mataron gente, y porque le ofendieron y le hirieron su creencia de que la libertad de expresión no tiene límites. Antes de decir que el no respeto a las creencias de los otros inevitablemente y con papel protagónico nos dio tantas cosas buenas, debería considerar la posibilidad de que en el que sospecho que es su caso, el de alguien a quien le atacan la sagrada y no negociable libertad de expresión, defenderla no es un retroceso. Defenderla y blindarla contra ataques y ofensivas es lo que equivaldría a un avance. Por supuesto que le doy gracias a Iggy Pop, canto Orgasmatron a todo pulmón, y no podría concebir mi vida sin los avances de la liberación femenina, pero el que se burla u ofende o hiere no es siempre es el bueno, y el burlado u ofendido o herido el del lado equivocado.

Creo que meter en el mismo costal que los asesinos a quienes no compartimos el valor que le da usted a las caricaturas y a la revista y decir que le ponemos “peros” a la libertad de expresión es injusto. Uno de sus comentarios recientes que más me sorprendió fue que “si alguien habla mal del ateísmo, siento que están hablando mal de una idea y no de una persona”, habiendo dicho unas semanas atrás que si las mujeres decíamos que nos sentíamos ofendidas con acciones o actitudes de los hombres, era todo lo que bastaba para pararlas, que un hombre no tenía nada que refutar. ¿Por qué me sorprendió? Porque usted reconoce que los hombres son el grupo dominante y las mujeres el dominado y por ende sólo les corresponde a ellas poner sobre la mesa qué es lo que encuentran ofensivo de ellos. Al igual que las mujeres, muchos musulmanes han dicho de buena fe que se sienten heridos por Charlie. Y no creo que tenga que entrar en la discusión sobre si ellos son los dominados o los dominantes. Cuando se habla de los musulmanes y de lo que es cercano para ellos les corresponde a ellos mismos expresar lo que se sienten. Dejémoslos a ellos decir lo que tienen que decir; no asumamos su posición ni hablemos por ellos.

“No apruebo la masacre de los indígenas de América, pero quién los manda a ofender con ídolos las creencias de los conquistadores”, también dijo usted hace poquito. Por supuesto que no apruebo la masacre, ni muchas de las cosas que pasaron hace 500 años. Pero dígame acaso cómo hemos evitado el completo exterminio. Lo hemos evitado porque hemos venido reconociendo que las creencias de los indígenas son tan dignas de existir como las nuestras y las de cualquier otro. Si las creencias con las que usted no comulga no merecieran respeto, ¿cedemos ante la presión de una minera canadiense que con la aprobación de Ingeominas quiere extraer oro en un área del Vaupés que los Macuna han defendido principalmente porque lo consideran un territorio sagrado? ¿condenamos a los descendientes de los Aztecas porque después de cinco siglos no hemos visto una prueba de que los niños sacrificados le hayan dado alegría al dios de la lluvia? ¿les imponemos nuestra cosmovisión a los que todavía resisten? Las creencias religiosas de los pueblos originarios hacen parte esencial de su identidad, lo han dicho ellos, no nosotros; y eso, gústenos a nosotros o no. (Un poco con respecto a esto, pero aplicado a zonas urbanas multiculturales, Talula posteó una entrevista de Zygmunt Bauman que me pareció que da en el punto, el viejo dice que “Un multiculturalisme superficiel, une (fausse) fascination pour la diversité ont envahi nos vies” y que nos encontramos entonces en un “système qui reconnaît la légitimité de cultures différentes de la nôtre, mais ignore ou refuse tout ce qu’elles comportent de sacré et de non négociable. Ce manque d’un respect authentique s’avère profondément humiliant”).

Ya que también habla de punk le cuento que los punkeros de la difunta miroiterie (le sorprenderá saber que ellos son abiertamente amigos de los adoradores de Allah) fueron los primeros en anunciar su ausencia el domingo de la marcha. El booker dijo que sentía que presenciaba “Un terrorisme fondamentaliste religieux et un terroisme laïcard… La liberté de culte comme la liberté d’expression sont des valeurs laïques et on les oppose, et on les détruit sous nos yeux…”. La que servía cerveza a veces y tenía la cara llena de piercings escribió: “En fait c’est foutu. Des dizaines d’années à nous battre, prendre sur nous, pédagogiser au quotidien et à long terme, lire, écrire, faire, défaire, refaire contre le racisme, l’islamophobie, l’antisémitisme, le sexisme et toutes les formes d’offenses posibles –dont CH était un porte-plume de premier plan. Tout ce travail aujourd’hui n’est plus audible –ou du moins il l’est encore moinsqu’hier, il sera encore moins audible demain (refiriéndose a la marcha) […]”. Por eso le digo que no todos los que se mueven contra la megaminería y demás estaban ahí, ni los locos ni los de Food not bombs etc.

Pero bueno, ya escribí más de lo que tenía pensado. Me queda la impresión de que no nos indignamos por la violencia, ni por los muertos, ni siquiera por la ofendida libertad de expresión, pues peores cosas han pasado estos días en distintas latitudes y las mismas puertas no se abrieron. Mi intención con esto era exponer puntos sobre por qué no es incompatible no ser Charlie y creer que las ofensas se pueden arreglar con métodos diferentes al Kalashnikov, ni inconciliable no creer en Dios y respetarles las creencias a los demás.

En twitter: @LaCaroVand

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18
01
2015
Ricardo Abdahllah

Charlie Hebdo (aún)

Por: Ricardo Abdahllah

I

Cosas que hay que decir

Desde lo de Charlie Hebdo he tenido mucha rabia, pero hoy estoy más bien triste, triste porque a raíz de lo que he dicho, es decir, de lo que pienso, sobre ese mediodía en el que dos ___________ (es difícil encontrar la palabra) masacraron a doce personas , con algunas de las cuales había hablado alguna vez y otras de las cuales eran amigos queridos de amigos que quiero mucho, he terminado peleando con gente que quiero y respeto.

Me reprochan, con rabia, que estoy defendiendo a un grupo de racistas, o que “estuvo mal, pero…” (esos peros que no deberían existir cuando hay muertos de por medio) o que soy un fundamentalista de la libertad de expresión o que no está bien ofender a nadie o que los muertos de París valen más o menos que los de Nigeria…

Pero hay cosas que hay que decir.

La primera es que a diferencia de publicaciones “respetables” como Le Point y L’express, que no cesan de atacar los musulmanes y de presentarlos como una horda de bárbaros que quiere minar Europa utilizando las ayudas estatales, Charlie Hebdo nunca fue un diario racista. No es sólo mi impresión, es también la de gente como Dominique Sopo, el presidente de SOS Racisme, la más importante (e implacable) ONG contra el racismo en Francia. Desde el día de la masacre, Sopo no ha dejado de repetir que Charlie, lucidamente crítico de todas las religiones, siempre cuestionó el islam, pero nunca a los musulmanes y al contrario, fue un fiel compañero de las luchas antirracistas en Francia. Que Charlie le dio con toda al programa de “definición de la identidad francesa” propuesto por Sarkozy (que gracias a la presión de la prensa terminó cancelándose) y que incluso le buscó la caída al ministro Claude Guéant… por sus declaraciones antimusulmanas.

Además Charlie se burló de los racistas del Frente Nacional, de los racistas de Generation Identitaire, de la paranoía racista de Eric Zemour y de Houllebecq y , llevando hasta el fondo la ironía, de los comentarios racistas en contra de la ministra Christiane Taubira, que siempre ha sido lectora del semanario.

Hay que decir que varios de sus dibujantes comenzaron su carrera con ácidas caricaturas denunciando el racismo y el colonialismo francés durante la guerra de Argelia, que se burlaron de las intervenciones de Hollande en Malí y de Sarkozy en Libia y de las pruebas nucleares de Chirac en el Pacífico, que simpatizaron con movimientos independentistas alrededor del mundo, con los altermundialistas, los ecologistas y las feministas y que no faltaron sus bromas, es decir sus ataques, a la ocupación israelí en Palestina.

La lógica de simpatizar con los asesinos porque los muertos eran franceses u “occidentales”, equivale a justificar a los que mataron a Jaime Garzón porque era colombiano y Colombia exporta droga, está dominada por los paras y nunca se ha pronunciado a favor del Estado Palestino.

Me han dicho que la marcha del domingo pasado fue consensual y que París nunca ha salido a marchar así por los muertos en otros países

Hay que decir que uno protesta por lo que le toca de cerca. Porque le mataron al vecino o al señor cuyos dibujos uno miraba a escondidas cuando era adolescente. No se puede recriminar a los colombianos que marcharon contra las Farc que no lo hicieran por la ocupación de Marruecos en el Sahara Occidental o por la decapitación de un rehén francés en Argelia.

Pero sobre todo hay que decir que muchos de los que marcharon el domingo son los mismos que se movilizan en las calles contra la energía nuclear o la megaminería o por la liberación de Palestina , por el no aumento de la edad de jubilación o los derechos de los sans-papiers. Gente que tiene una cierta idea amplia de la izquierda, una idea humanista, de la que Charlie hace parte.

Hay que decir que en su edición post-masacre, los sobrevientes de Charlie dedicaron un artículo a la situación en Nigeria.

Me han dicho que qué tanto puede creersele a Netanyahou o a Merkel o a Rajoy marchando por la libertad de la prensa.

Hay que decir que estoy de acuerdo, que además los de Charlie, los que quedaron, tampoco hubieran querido verlos, como tampoco querían ver (y lo hicieron saber) a Manuel Valls y como no querían que se cantara La Marsellesa. Que simplemente uno no se pone a pelear con los que van al funeral de un hermano. No en ese momento.

Me han dicho que se quieren instaurar divisiones en la sociedad francesa.

Hay que decir que esas divisiones no son culpa de Charlie y que Charlie siempre luchó contra ellas. Que así como en esa marcha hubo gente que aplaudió a la policía y muchos no lo hicimos, también hubo mucha gente que gritaba “libertad libertad” y otros , la mayoría, que no creemos que la libertad en Francia esté amenazada, que hay una responsabilidad social en la creación de ese vacío por el que esos muchachos cayeron en el delirio fundamentalista. Que ese no era el punto.

Pero esos muchachos (¿Encontré la palabra?) no dispararon contra el intervencionismo occidental ni en defensa de la imagen de los musulmanes en Francia, esos muchachos oprimieron el gatillo por razones religiosas y así lo reivindicaron. Asesinaron a doce personas porque algunas de ellas se habían burlado de algo que para ellos era sagrado.

II

Lo sagrado

Yo no tengo nada sagrado. Soy ateo, y eso lo aprendí de mi mamá que está brava porque insulté a la mamá del Papa. Aunque estudié en el Colegio Bachillerato Patria, tampoco creo mucho en la patria. Tengo eso sí, algunas ideas a las que estoy apegado Soy vegetariano (imperfecto porque a veces como pescado), no soporto a los racistas, no soporto que digan cosas negativas de los gitanos, me gusta leer, me gusta el rock entre otras cosas. Le doy vueltas a todo esto porque a falta de tener algo sagrado, me pongo a pensar qué pasaría si alguien agrediera algo que para mí es importante.

Digamos los libros, la literatura, la posibilidad de leer.

(Iba a escoger el rock, pero me imaginarían mechudo y ya hace rato que mis características capilares no me lo permiten. Y la última vez que hice headbanging me dolió la nuca)

Digamos los libros.

La posibilidad de leer.

Digamos que alguien hiciera una caricatura, vulgar si se quiere, de los que leen. Yo no reaccionaría.

Digamos que alguien argumentara en Internet que leer no está bien. Si tengo tiempo respondería.

Digamos que alguien con cierto peso en las decisiones políticas, comenzara a sugerir que hay que prohibir la lectura. Allí asumiría una posición pública y fuerte.

Digamos que esa persona dijera que hay que eliminar a los lectores. Yo debatiría de manera agresiva, organizaría acciones, vería qué permite la ley para detenerlo.

Digamos que se pusiera en obra la eliminación física de los lectores. En ese momento tomaría las armas. La violencia sólo valdría como respuesta a la amenaza de la eliminación y esto cuando no existiera otra manera de defenderse.

Eso pienso.

Pienso que sería desproporcionado tomar las armas contra alguien que se burla de los lectores, o de los vegetarianos o de los metaleros y que si a alguien lo mataran por eso yo me indignaría y no insinuaría que se lo merece.

Claro que hay una diferencia entre “cosas que me importan” y “cosas sagradas” (yo no tengo la culpa de haberme liberado de esa gran superstición que es la religión. Todas las religiones) pero el principio es el mismo. No por eso dejo de tener amigos creyentes e incluso practicantes y no me impide reconocer que aunque Dios no existe (en 3000 años no ha dado una sola prueba de su existencia) la idea de Dios puede engendrar tanto ángeles como monstruos. Fui voluntario en una parroquia donde todos sabían que yo era ateo y escuchaba rock “satánico” y allí nos entendíamos todos. Allá me mamaban gallo por mi ateísmo, y yo mamaba gallo de su religión.

El problema es que “lo sagrado” es diferente para todo el mundo. Para algunos la bandera lo es, para otros la naturaleza, para el Papa su madre (la de él); para los hinduistas las vacas, para los cubanos Fídel, para los rastas, un porro y el emperador de Etiopía, para los farianos la imagen de Tirofijo, para los pastafarianos el Espagetti Volador, para los uribistas, Uribe. Hay gente para quien es sagrada una cierta idea de familia o una cierta manera de adorar a Dios.

Si pedimos que nadie se burle u ofenda o hiera las creencias de otros tendríamos que quedarnos callados y estáticos. La idea de que la tierra giraba alrededor del sol ofendía tanto a la iglesia que Giordano Bruno terminó en la hoguera y no hay que ir tan atrás: el aborto y la homosexualidad ofenden creencias y por eso nuestro país del Sagrado Corazón está atrasadísismo en esos temas. Si siempre respetáramos las creencias si siempre hubiéramos evitado herir los imaginarios ajenas no habrían existido el punk, ni el metal, ni la obra de Henry Miller, ni la liberación sexual, ni la liberación femenina, ni los anticoncepetivos. No se podrían hacer transfusiones de sangre (porque para los Testigos de Jehová es un irrespeto a lo sagrado de la sangre), ni eyacular (los gnósticos lo consideran un desperdicio de energía).

Yo me imaginaba un salón en el que estaban Martín de Francisco y Santiago Moure, que tanto se burlaron de la colombianidad, y Jaime Garzón – si no lo hubieran matado- y Fernando Vallejo, blasfemo con gracia y Carlos Gaviria, ateo y defensor de la legalización de la droga y Dilson Díaz el cantante de La Pestilencia y Daniel Samper Ospina y Alejandra Azcárate, responsables de la “ofensiva” recreación de la Última Cena. Me imaginaba que entraban dos patriotas católicos y los fumigaban a bala. Eso es lo que hoy, que a ocurrido una masacre, justifican los que le ponen “peros” a la libertad de expresión.

Decir “Je suis Charlie” no quiere decir que uno comulgue con las caricaturas del semanario, quiere decir que uno cree que las ofensas se pueden arreglar con métodos diferentes al fusil Kalachnikov.

En Twitter  @r_abdahllah

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15
01
2015
Ricardo Abdahllah

Charlie: los sobrevivientes no dejan de burlarse

Por: Ricardo Abdahllah

WP_20150114_009

Seis y media de la mañana. Los parisinos que habían hecho el esfuerzo de levantarse media hora antes para tener el tiempo de pasar por el kiosco se encontraban primero con largas filas – siempre hay alguien más madrugador- que de todas maneras desembocaban en un vendedor que ya pegaba su afiche « No hay más Charlie ».

« Recibo diez que me duran toda la semana. Hoy me han traído dos veces cincuenta » me dice Farid, vendedor a la salida del metro Pernety, que es el que más cerca me queda de la casa. La escena se repite en cada kiosco y cada papelería del barrio. Las personas que salen dirigen una sonrisa resignada a quienes van llegando, a pie o en bicicleta, que entonces dan media vuelta. Por una vez, basta el gesto para comunicarse. A pesar del frío y de que no acaba de amanecer.

Yaung, que atiende un puesto de revistas en la Avenue du Maine dice que unos cuarenta lectores le han pagado el número por anticipado, pero que no los guardará después de las nueve. « Prefiero devolver la plata y dárselos a lo que hacen hoy el esfuerzo ».
A falta de Charlie, los lectores compran su diario hermano el Canard Enchainé, otro semanario satírico que también incluía en su nómina a Cabú y que también ha recibido amenazas. A partir de las ocho ya no hay Charlie ni Canard. Los clientes se llevan ejemplares de Libération o Marianne, que reprodujeron en sus portadas la ya icónica imagen de Mahoma llorando sosteniendo el letrero de « Je Suis Charlie ». La misma situación se vive en Marsella y Toulouse. En Lille y en Estrasburgo.

A las diez de la mañana más de mil números de la « edición de los sobrevivientes » están en venta en e-bay por precios que van desde los 200 hasta los 2000 euros. Entonces por fin alguien de las Mensajerías Lionesas de Prensa, que distribuyen la publicación, decide dar explicaciones por teléfono: como era imposible distribuir en una sola ronda los cinco millones de ejemplares, una parte de los cuales aún está a es ahora en proceso de impresión, los kioscos seguirán recibiendo Charlie cada día durante dos semanas.

La circulación de esta edición de Charlie se constituye en un récord absoluto en la historia de la prensa escrita en Francia al doblar los dos millones y medio de ejemplares del diario deportivo L’Équipe luego de que la selección francesa de fútbol ganara la Copa Mundo y triplicar de lejos el millón y medio de periódicos que tiró Le Monde tras la victoria de François Mitterrand en las elecciones presidenciales.

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Sigue la payasada…

Como lo habían prometido los sobrevivientes de la masacre, la edición “hecha entre las lágrimas” está lejos de ser un número necrológico; al contrario, Charb, Cabu, Wolinsky, Honoré y Tignous se sienten vivos en cada página y el humor de Charlie no ha desaparecido. En una crónica dibujada , Luz hace el balance de la manifestación del sábado: entre los pros: ver a su viejo amigo el cantante Renaud y recibir algo de hierba como muestra de solidaridad. Entre los contras, tenerle que darle la mano al ministro del interior Manuel Valls , escuchar el himno nacional (ellos , que de patriotas poco) y … el hecho de que la marcha fuera la consecuencia de la muerte de la mitad de la Redacción.

WOLINSKI

En otra de las tiras cómicas, la psicóloga Elsa Kayat quien murió en el atentado, sienta en su diván a un islamista y le pregunta si perdonó a la perrita cocker del periódico porque al ver sus pelos largos y grandes orejas pensó en el sexo de su madre. La columna de Jean-Yves Camus se ataca a Thierry Meyssan del sitio   Réseau Voltaire   y demás “carroñeros del complot” que se han dedicado a difundir supuestas conspiraciones sobre la masacre. En tono serio, es decir, burlándose, el jefe de redacción Gerard Biard, hacía un llamado al laicismo como herramienta contra el racismo y la exclusión y señalaba que la próxima vez sólo aceptaría que las campanas de Notre Dame sonaran por sus muertos, si las que tiraban las cuerdas eran sus “camaradas” de Femen.

El semanario no dejó por fuera sus críticas cinematográficas, las caricaturas libertinas de Wolinsky ni la sección “Las portadas de las que se salvaron” en la que publican las imágenes que fueron descartadas. En una de ellas señalan que para ser dibujante de Charlie Hebdo se necesitan venticinco años de trabajo y para ser terrorista venticinco segundos, por lo que esta es una profesión “de vagos y pajuelos”.

En otra, la muerte lee el más reciente número de Charlie y, muerta de risa, decide suscribirse.

mort

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09
01
2015
Ricardo Abdahllah

Candela contra esos árabes

Por: Ricardo Abdahllah

Mientras el diario El Tiempo rendía el mejor de los homenajes posibles a los asesinados caricaturistas del semanario Charlie Hebdo publicando una selección de sus trabajos, uno de los columnistas del diario colombiano, Andrés Candela (@Andrescandla) publicaba una columna en la que daba rienda a su indignación por lo sucedido. Eligió titularla : “Se veía venir y nadie hizo nada”.

 

Yo no entiendo que fue lo que “no se hizo” y también me parece que el “se veía venir” es una exageración: la sede del semanario tenía protección policial, la sala de redacción tenía una puerta blindada. No se hizo más no por mala voluntad sino porque si bien uno podría creer que un islamista desequilibrado (sic) intentaría atacar al semanario o a alguno de los periodistas, a nadie se le pasó por la cabeza que pudiera tratarse de un comando armado con armas de guerra.
Pero la indignación sí se la entiendo. Y que uno pueda excederse en lo que dice en un momento de rabia lo entiendo también. Candela puede decir que la tragedia se veía venir (que es lo que suele decirse después de las tragedias, hasta de las más imprevistas) y ya que se asume de derecha (en sus columnas abunda la mala leche contra el proceso de paz) puede retomar el discurso de la Familia Le Pen y decir que lo mejor que podrían hacer los musulmanes que no estén de acuerdo con los valores franceses es regresar a sus países.

Esto aunque no exista un país llamado Musulmania, a pesar de que muchos musulmanes son nacidos y criados en Francia y que muchos extranjeros ingratos (no como él, modelo de integración) no son musulmanes.
Puede decir que a la mierda el islam y la tolerancia. Esta en todo su derecho.
Pero no puede decir, como dijo ayer que:

“el fanatismo de muchos los lleva a gritar “victoria” con sus “santos cantos” –celebrando el atentado– en el metro y ante la impotencia de muchos franceses, incluso de muchos extranjeros, como yo, »

La columna de Andrés Candela

No puede decirlo porque al hacerlo invita a los lectores colombianos a imaginar que en el metro de París se vivieron escenas de celebración, que en general la comunidad musulmana se alegró del atentado, que los pobres franceses “de verdad” y extranjeros tuvieron que asistir impotentes a esas escenas.

Y todo esto es falso.

El miércoles el sentimiento predominante de la comunidad musulmana en París  era de tristeza y miedo. Si existía rabia era contra los atacantes, por las consecuencias que el acto traería contra una comunidad ya de por sí discriminada y en ese sentido se pronunciaron decenas de imanes y clérigos musulmanes.

Por supuesto, es posible que por culpa de esa lógica retorcida a la que lleva el pensamiento religioso, algunos musulmanes legaran a justificar ese acto. Puede incluso que alguno haya llegado a gritarlo públicamente, pero los casos, si existieron, no ocurrieron en el metro y no implicaron cantos “sagrados”. Ni siquiera los blogs abiertamente islamofóbicos de Francia, que se habrían dado gusto dando a conocer ese tipo de incidentes, dan parte de manifestaciones de ese tipo y en una ciudad donde hay un millón de teléfonos celulares con cámara, nadie tuiteó ni posteó en Facebook una sola imagen al respecto.

Era posible sin embargo que Andrés hubiera dado con el grupo en un vagón solitario del metro cerca del final de la línea y a una hora tardía. Eso le pregunté por Twitter. También le pregunté qué tantos eran “muchos”. Dijo “En una situación como esa, uno ya son muchos”.

Antes de corregir que habían sido “Más de seis. A mediodía. En la Línea 12”.
A mediodía la línea 12 está llena a reventar. No deja ser extraño que en un contexto de racismo y estigmatización, nadie hubiera aprovechado el papayazo de filmar o al menos fotografiaer un grupo de musulmanes celebrando con “cantos sagrados” el asesinato de cinco periodistas, cinco empleados del diario y dos policías.

Lo que tal vez puede explicarse porque a mediodía nadie sabía que había víctimas. El tiroteo había ocurrido apenas media hora antes. Yo llegué a la sede de Charlie Hebdo a la una de la tarde y aún se hablaba de “posiblemente un muerto”.

Los salvajes musulmanes de la imaginación de Andrés supieron de los muertos antes que las personas que estaban a la entrada del diario.

Queda la cuestión de los “cantos sagrados”. A mí la imaginación me alcanza para un grupo de jóvenes superconectados en tiempo real a la información que gritan proclamas sin que nadie los filme para celebrar un atentado del que el resto de la ciudad apenas se entera, pero nunca he visto musulmanes cantando el metro y nunca he visto musulmanes cantando himnos religiosos por razones profanas.

¿Cómo sabía Andrés que los cánticos eran himnos religiosos?

“Les pregunté” me contestó.

Y admiro su valentía, nadie que yo conozca le pediría a un grupo de musulmanes lo suficientemente agresivos como para festejar una masacre en pleno metro de París si tienen la bondad de traducir lo que están diciendo.

Y no creo que ellos dijeran “Sí mire señor, con mucho gusto, son unos cantos sagrados para festejar un atentado del que todavía nadie sabe nada”

Cuando se lo hice notar me dijo. “Yo sabía lo que esos cantos querían decir”

O sea que eran uno y más de seis, que les preguntó y no necesitaba preguntarles porque sabía lo que querían decir.

Le pregunté a Andrés , que aunque hace años está radicaro en Francia no vive en París, si aún seguía en la ciudad para que tomáramos un café y discutiéramos. Dijo que si, que aún estaba en París, pero que ya que yo ponía en duda su columna prefería no aceptar la invitación. Hoy amanecí bloqueado de su cuenta en Twitter.  Me le mandan saludos.

Yo tuve y tengo rabia por lo de Charlie Hebdo. Yo exijo y reclamo mi derecho a irrespetar las creencias. A blasfemar y a insultar a Yehová y a Alá y demás seres imaginarios. Yo estoy agarrado con personas que le ponen “peros” a la masacre, “peros” que dejan entrever que Charlie había ido demasiado lejos. La mayoría de esas personas, por supuesto, nunca han leído la revista y no entienden que la libertad de expresión nunca es excesiva y que toda bala sí lo es.

Yo defiendo la libertad de expresión y por eso tengo derecho a decir que me parece que Andrés Candela, perteneceinte a esa especie curiosa de los “sudacas” racistas, inventó una historia completamente inverosímil para transmitir a los lectores colombianos, sus propias paranoías xenofóbicas, esas de las que, también, se burlaban tanto los héroes de Charlie Hebdo.

Enero 2015

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30
11
2014
Ricardo Abdahllah

Qué bonita vecindad

Por: Ricardo Abdahllah

El hecho de que tenga una conexión internet de mierda de que mi vecino el de la wifi sin contraseña tenga una conexión de internet de mierda, que cuando se le da la gana pude tardar horas en subir una fotografía, me obligó a la reflexión que ni siquiera me había hecho mientras creaba la imagen en esa magnifica herramienta de expresión artística y política llamada Paint. ¿Por qué mientras todo el mundo – es decir todo el mundo que veía en mi pantalla porque en la calle no pasaba nada – se deshacía en lágrimas por la muerte de Roberto Gómez Bolaños, yo sentía el impulso de recordarles su presentación de 1977 en el Estadio Nacional de Chile?

Primero me dije que era un aguafiestas por naturaaleza. Pero no es cierto y al contrario, siempre he pensado que el muerto al hoyo y el vivo andaba de parranda. O no andaba muerto, andaba de vivo. O el muerto se fue de parranda y lo echaron al hoyo.

Bueno, la idea es esa.

Declaraciones del Chavo del 8 en Santiago

Y además no había fiesta aquí, sino velorio, uno de esos velorios multitudinarios y virtuales, que se desbordan de la calle y llenan las redes sociales y a los que habrá que irnos acostumbrando. Un velorio globalizado y uniforme en el que todos lloraban y expresaban su dolor reposteando imágenes que iban del magnífico homenaje que le hizo José Gonzáles (y que luego fue retomado por DC Comics) hasta cantidades de frases que ni siquiera había dicho el difunto pero encajan en lo que se piensa que un genio, como Chaplin, Shakespeare, Coelho o el Dalai Lama.

Aguavelorios.

¿Por qué ponerme de aguavelorios cuando además hay mucho que me gusta del trabajo de Roberto Gómez Bolaños, además de sus novelas Los detectives Salvajes y 2666?

Cuando era niño decía que mi personaje favorito era el Chaparrón Bonaparte y ahora que lo recuerdo entiendo que las telarañas de lenguaje-lógica que tejía con su compañero Lucas Tañeda estaban a la altura de los diálogos de Lewis Caroll en Alicia y El otro lado del espejo. Luego fui fan del Chapulín, máximo exponente de los superhéroes latianomericanos, junto a Generoso el Guajiro y Capax y esa declaración política que son sus enfrentamientos contra Super Sam, el superhéroe imperialista además de las adaptaciones de Fausto, Romeo y Julieta , Don Juan y la vida de Chopin, el compositor polaco que en homenaje a los personajes del comediante latinoamericano adoptó un nombre artístico que empezaba por “CH”

Como el Chómpiras, que me gustaba más en su época de ladrón outsider que luego de su reconversión profesional al más respetable sector de la hotelería.
Y el Chanfle, periodista pobre, explotado , torpe y seductor.

Es decir, periodista.

El Chavo siempre me gustó menos, con excepción de los capítulos en los que tocaba metal:

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El Chavo me gustó menos, a lo mejor porque a todo mundo le gustaba, y sin embargo es innegable la huella que ha dejado en latinoamerica, que va desde la entrada de sus frases en el vocabulario cotidiano hasta la imagen que ilustra el comienzo de este texto.

Y sin embargo no sentí nada cuando se murió Gómez Bolaños. No sentí la tristeza que voy a sentir cuando se muera Axl Rose o Eddie Vedder o Roger Waters o Renaud ni comparable a la llorada que ensayo cada vez que pienso que se puede morir Cohen.
Todos mis demás héroes ya están muertos y es mejor así.
Yo lloraría más por la gente que me definió como individuo que por los que me definieron como generación y también es mejor así.

La genialidad de Gómez Bolaños consistió en construir todo un universo basado en repeticiones y estereotipos y aún así evitar caer en los personajes unidimensionales. En eso fue el Balzac (más que el Shakespeare) latinoamericano. En el mundo chespiritiano no hay buenos ni malos. Nadie está exempto de egoísmo y nadie está excepto de nobleza.El profesor Jirafales podía golpear a sus alumnos, pero entendía la función de la escuela. El señor Barriga era un privilegiado que sin embargo jamás expulsó a ninguno de sus inquilinos. Doña Florinda era clasista, como los riquillos colombianos que no quieren pobres en su vecindad, pero representaba una mujer sola e independiente que era capaz de rehacer su vida mucho antes que las telenovelas se atrevieran a sugerirlo.

Que CHespirito visitara CHile en la época de PinoCHet no lo hace un pinochetista. Que se haya muerto no lo hace un hombre más consciente de sus responsabilidades como figura pública,que se opuso a la evolución de la sociedad en temas como el aborto; que fue un retratista magistral de su época pero no hizo nada para cambiarlo. La complejidad que pudo dar a sus personajes y más aún en un medio como la televisión y un canal como Televisa donde el facilismo era la regla no borra las disputas con sus compañeros de elenco, ese lado tiránico, del “genio” que no se permite reconocer el talento a su alrededor.
“Canonizarlo”, en el sentido de negar su complejidad como ser humano es un insulto a su talento.
Como en sus personajes había en Chespirito tanto de genio como de torpe como de noble como de egoísta, como de mezquino, de retratista de la condición latinoamericana y de cómplice pasivo por no ayudar a cambiarla, de tierno como de detestable.

Y es mejor así.
Qué miserable vecindad. Y qué bonita.

 

Categoria: General

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