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20

05

2012

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Praga 2/3 Servicio social de Día del profesor

Por: Ricardo Abdahllah

Quiso Dios que el día en el que por fin fui a la tumba de Kafka fuera el día del profesor, o del maestro. No sé que vino primero. En el colegio era el día en que los profesores se llenaban de lápices y pisapapeles y a lo mejor corbatas y chocolates. ¿Se celebra todavía el día del profesor o entre tantos días dedicados a oficios sin importancia como el del publicista y el del tatuador la tradición se ha ido perdiendo? Fui profesor durante dos años. Al principio mientras conseguía un trabajo de ingeniero y luego porque me quedó gustando. Ingeniero nunca fui y la gente que me conoce sabe que preguntarme por mi época de profesor es saber que yo contesto “Es el mejor trabajo que he tenido y tendré” y comienzo a hablar maravillas de mis alumnos de un cierto Instituto Caldas. Ahí puedo durar horas.

Dicho esto, el 15 de mayo no era el día del alumno sino del profesor. Pensaba en eso en el metro rumbo al cementerio. Intentaba una lista de los profesores a los que quisiera agradecer, se alargaba y se alargaba, mientras en la lista de los que no quisiera agradecer había apenas uno, que de puro miedo a que un adolescente de 16 años le discutiera su autoridad no hizo sino joderme en el último año de Bachillerato. Habría querido encontrarlo alguna vez para preguntarle por qué. Otro día me encontré en la calle en Bogotá a un cierto capellán de mi colegio que también me la tenía montada. No hubiera ninguna posibilidad de que me recordara aunque eramos tocayos. No había sido importante para él. Él sí para mí porque como me obligaba a entrar a misa haciendo que mis mañanas de miércoles fueran mañanas de miércoles.

Escribiendo esto he recordado a otro, uno de religión, me dijo que si yo no creía en Dios yo estaba por debajo de un perro, que yo no tenía alma.

Amén.

Pero mi servicio social es por los otros, por los de la lista larga y sobre todo por varios de la lista larga a quienes he tardado en darles las gracias. Porque mi gurú en literatura Hernando Motato sabe todo lo que el debo, y creo mi gurú en ingenieria Óscar Gualdrón, aunque yo nunca haya ejercido, lo imagina. A algunos de los otros un par de veces he buscado en Facebook y otros recovecos de Internet a ver si, quién quita, doy con ellos. No he podido, o doy con homónimos o las páginas me sugieren futbolistas y cantantes.

¿Y si todo mundo está tan conectado como dicen?

A lo mejor algún lector pueda decirle a Juan Francisco Jiménez, alías “Sprite”, que si no fuera por él y su terapia de choque para curarme una timidez crónica, nunca habría podido hablarle a desconocidos (y es hablándole a desconocidos que yo me gano la vida), que si no fuera por él yo hubiera pasado toda la vida en la esquina menos notoria de todos los salones.

O un conocido de Fernando Santos, profesor de Electrónica en el Colegio Patria en los noventa tenga la gentileza de decirle que no se me ha olvidado que V=IR pero sobre todo que aún recuerdo la lectura de “Un mundo feliz” que nos impuso en su clase y que me hizo entender que, ingeniero o lo que fuera, yo iba a seguir leyendo.

Ojalá alguien tenga razón de Marcial Reyes o Clodomiro Silva Pinto, que fueron mis modelos cuando tuve que ser profesor de literatura y que me gustaría que supieran que luego de pasar por sus clases seguí leyendo, que yo sé que puede que no me recuerden, pero que la gratitud es inmensa de mi parte.

¿Qué tiene que ver Kafka en todo esto?

Dos días antes, o el día antes, aquí el tiempo me ha pasado de una manera rara, recibí un correo en el que me preguntaban cómo me había ido en la tumba de Kafka. Me había ido mal, porque estaba cerrada, pero la persona que me escribía, me preguntaba si le había hablado de cómo hice leer sus historias a mis alumnos.

Temprano en la mañana en el nuevo cementerio judío de Praga, cuando pude por fin entrar, se lo dije. Tenía en la cabeza también una copia de La metamorfosis editada por Seix Barral, que estaba en la biblioteca de mi madre, o sea de mi casa, y que fue el segundo libro de literatura de verdad que leí en a vida después de uno de Poe y la cantidad de relatos menos conocidos del señor K, que el director del taller del taller Umpalá, Hernando Motato, nos había puesto frente a los ojos. Entonces vine a entender que, entre tantas cosas por las que puedo dar gracias a la vida (música de Mercedes Sosa) está el hecho, no el hecho, el honor humilde, de haber podido ser uno de los muchos puentes por el que los libros de ese señor que tenía enfrente pasarían una generación.

Pura epifanía, de pie frente al prisma que había visto días antes a través de la reja, terminé por pensar, por entender, esa misión de los profesores de ser los pasantes de libros. De literatura, claro, pero también de matemáticas, de filosofía y de historia, de cálculo y de tratamiento digital de señales.

Una labor por la que en casi todos los países del mundo se le paga mal y en todos los países del mundo se paga poco.

No soy tan ingenuo como para creer que todas estas cosas que escribo van a sobrevivirme (que me habría gustado, claro, pero qué le vamos a hacer) pero espero que de mí quede , que al menos como pasante lo haya hecho tan bien como los que vinieron antes, los que a mí me pasaron los libros. Vuelvan por favor a mirar sus nombres, si saben de ellos, díganles que gracias de mi parte.

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20

05

2012

umpala

Praga 1/3. Buscando la ciudad que Kafka nunca nombró.

Por: Ricardo Abdahllah

En Praga a uno tratan de emborracharlo desde que llega. Los almacenes prometen cerveza barata, absenta checa, que fue la primera re-legalizada y al probarla uno no entiende por qué, Becherovka y unas botellitas con semillas de marihuana en el fondo que hacen que al tomarlas uno entienda por qué la bareta se fuma y no se debe. Luego da hambre, luego todo tiene carne y entonces no hay nada qué comer. He estado tratando de describir la decepción inicial que me produjo una ciudad de cielo brillante llena de turistas que pasan una hora con sus cámaras listas esperando que suene el reloj astronómico. Ya no juzgo la belleza por descrestante, tengo el mismo fastidio por las vistas de postal que por las modelos de las revistas. No estoy tan viejo para todo, pero para eso sí. El primer día, Praga fue bella y sonriente y todo mundo hablaba inglés. El segundo día hizo frío; el tercer estaba borracho luego de probar todas esas porquerías que he mencionado. El cuarto día tenía un guayabo raro, no fuerte pero interminable que no podía calmarse con un plato de pastas muy cargadas de ajo que mi gastritis me agradecía no bajar con coca-cola.

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Vodka de Cannabis. Al fondo, semillas. Al fondo, Praga.

Intenté bajarlas con Coca-Cola, bebida a la que me había prometido renunciar, a la que renunció diez meses al año. En el restaurante de la calle Stepanska donde comía pausadisimamente las pastas, pasaban un partido de hockey entre Rusia y República Checa. Luego la final del abierto de Madrid. Me gustó que Frederer perdiera porque no me agrada el tenis y me agrada menos la gente que gana siempre. Me gustó ver que casi lloraba, que quería romperle a no sé qué miembros de la realeza española la bandeja de plata que le dieron por el segundo puesto. Yo le decía “Llore a ver. Muestre que es hombre y llore”, mientras le escribía un par de postales a mis amigos.

Las había comprado el primer día, ese día eran hipócritas porque la ciudad no me gustaba, necesitaba para llenarlas el frío del segundo día, la borrachera del tercero, el guayabo del cuarto, el hecho de que el quinto día, tras un sueño intranquilo, etc.

No habría venido sino fuera por Kafka. Por Kundera también, pero Kafka sobre todo, como a lo mejor nunca habría ido a París sino fuera por Cortázar, pero las ciudades de las postales, que son las que uno vé cuando contra toda evidencia uno va primero que todo a los lugares turísticos, no se parecen a las ciudades escritas. Tal vez Lisboa, pero se me pareció más a la Lisboa de Ricardo Reis en el libro de Saramago, que a la Lisboa de Ricardo Reis a secas. Estando yo por allá se murió Saramago y entendí. A lo mejor ahora puedan conseguirse camisetas y agendas de Saramago como ahora en Praga se consiguen camisetas, llaveros y ropa interior de Kafka.

A diferencia de lo que podría pensarse, supongo que la gente que las compra, algo ha leído.

Pasa con Kafka que aunque todos sus relatos sean complejos e inagotables, varios son fáciles de leer. Cuando fui profesor puse a leer la metamorfosis a niños de Cuarto primaria. La entendieron. Sin pasar por las teorías marxistas y sicoanalíticas que intentan explicar lo que a lo mejor no fue más que una broma, cruel pero broma, lo entendieron. Si dos o tres de ellos, años después, leen “El Proceso” no se habrá perdido mi sueldo. Esa es en realidad otra historia, es 15 o 16 de mayo, estoy aún atravesando olas de guayabo, trato de escribir algo sobre el Día del Profesor. Llegaré a ese punto si puedo salir de este, si puedo llegar hasta el punto en el que por fin visité la tumba de Kafka.

Pero son dos cosas que no pueden separarse.

Intentaba hace un rato explicarle a un amigo a quién le escribía por qué queremos tanto a Kafka. Le decía que a lo mejor porque es único, porque no fue ni de los escritores técnicos que separan su vida de la literatura y la pilotean con el rigor con el que se maneja cualquier carrera y llegan a viejos todavía escribiendo; ni de los “rudos” que hacen de vida y obra la misma cosa y se joden y se totean rápido o envejecen con el hígado podrido.

Kafka estaba en la justa mitad. Tuvo un empleo decente, que es otra manera de decir que tuvo un empleo de mierda. Tuvo varios amores atormentados sin excesos ni suicidios. Vivió en un mundo que iba directo al abismo, pero las complicaciones de la tuberculosis lo mataron de hambre antes que conociera el horror. Viajó pero fue fiel a su ciudad, a la que mencionó poco con nombre propio y sin embargo, de la que tanto dicen que esta ahí.

"Cómo evitar los accidentes en las manos al operar cepillos mecánicos" publicación de la Oficina de Seguros Laborales. Por Franz Kafka - Museo Franz Kafka, Praga-

"Cómo evitar los accidentes en las manos al operar cepillos mecánicos" publicación de la Oficina de Seguros Laborales. Por Franz Kafka - Museo Franz Kafka, Praga.

Julie, Milena, Felice, Dora

Julie, Milena, Felice, Dora

Dios dijo a Moises que dijera a los hombres “No trabajareís el sábado” (Ex. 31:15) y por eso los judíos el sábado ni siquiera abren el cementerio. Yo vengo de una parte del mundo donde lo que Dios dijo fue que no se trabajara el domingo, así que la primera vez que voy a visitar la tumba de Kafka. Pierdo la ida. Desde la reja a la que me trepo veo un obelisco un prisma más bien. Sobrio. Unas pocas flores.

Dios, con ese nombre que los judíos reverencian al punto de no decirlo, sabe cómo hace sus cosas. Aún me falta caminar en círculos, con un vértigo en el que el alcohol no tiene nada que ver, entender la angustia de Praga cuando uno sabe que se vuelve a las mismas calles, que los tranvías pasan con una puntualidad que da miedo y desde la ventana del hotel siempre se escucha el frenazo del tranvía y luego el silencio antes de verlo aparecer en la ventana (es un fantasma que se ha anunciado, pero fantasma al fin y al cabo).

Kafka los veía cuando caminaba de un edificio a otro por las diez manzanas que fueron casi toda su vida. Para que se muevan esos tranvías está toda la maraña de cables que enmarcan el cielo (gris o azul o lo que sea) que recuerdan que, al menos lo que es volando, de aquí nadie puede salir.

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18

05

2012

umpala

Me molesta la gente como usted

Por: Ricardo Abdahllah

Me molesta que la Policía Nacional no haya cerrado filas para defender sus dos agentes. Éstos sólo cumplieron con su deber. Así se comprueba que es más grave pedirle por las buenas un test de alcoholemia a un Senador que golpear a un estudiante, sacarle el ojo a un pescador que protesta o disparar contra un grupo de indígenas. Me molesta porque, a pesar del trabajo honesto de muchos policías, la institución está mostrando qué intereses defiende.

Me molesta que el partido de la U, un fuerza política amiga de la mano dura y la vigilancia policial, aún no haya expulsado de la colectividad a un senador que se niega a colaborar con las autoridades.

Pero sobre todo me molesta usted, honorable senador Eduardo Merlano y no me molesta porque estuviera borracho o tuviera ya su pase, porque esa es la vida de cada quien.
Me molesta por su vocecita casi llorona de quien sabe que ha hecho algo malo, pero en lugar de admitirlo, saca a relucir su posición.
Me molesta su arrogancia cuando exhibe « 50.000 votos » (cifra además exagerada) como un salvoconducto para no respetar la ley, cuando en realidad sus votantes, sépalo, lo que hicieron fue exigirle rectitud.
Me molesta la gente como usted, con sus camionetas Toyota 4×4 en un país donde todo mundo gana apenas para andar en buses llenos a reventar.
Me molesta que usted tenga el cinismo de demandar a dos agentes de policía que cumplieron con su deber en un país donde poco se sanciona a quienes no lo hacen.

Video del Senador Eduardo Merlano, que se niega a que se le realice la prueba de alcoholemia.

Me molesta que diga «No me filmen » cuando como funcionario público de más alto nivel, su vida debe ser un ejemplo no moral, pero sí ético. Me molesta porque una persona que cree que por su cargo está por encima de la ley, no tiene la autoridad moral para sentarse a votar las leyes.

Me molesta que se queje de que lo filman cuando está incurriendo en una conducta reprochable porque supongo que si no lo hubieran estado filmando habría recurrido tal vez al « Arreglemos por las buenas ». Me molesta la gente como usted, honorable senador Merlano, porque no entiendo cómo aún no ha renunciado después de que a partir de ahora, los colombianos lo imaginaremos, sentado en el Congreso de la República imponiéndonos un país donde las cosas se mueven por puestos y llamadas que arreglan todo. Me molesta cuando pregunta si « ¿esa credencial no sirve para nada ?», porque parece ignorar que sirve para entrar al edificio del congreso. A trabajar, como hace el resto del país, los que pagamos su sueldo.

Me molesta porque si un ciudadano del común tiene el derecho de desobedecer a la policía cuando ésta lo agrede o lo molesta por su apariencia o sus opiniones políticas, un senador tiene el deber de colaborar cuando se le realiza un control en un país donde los accidentes debidos al alcohol causan miles de muertos al año.
Me molesta porque si usted hubiera estado borracho habría podido matar o dejar inválido a alguien y me molesta, o más bien me duele, porque aún en ese caso trágico todo se habría solucionado con su credencial y sus llamadas de alto nivel, dos cosas con las que las víctimas no hubieran podido contar.

Debe ser porque la mayoría de los colombianos no tenemos el número directo de un coronel que nos saque de problemas cuando nos enfrentemos a la ley que usted insiste con que « Llamemos a su superior y no pasa nada », pero se equivoca. Pasa, honorable senador, que usted también tiene un superior, el pueblo colombiano y el pueblo colombiano le está pidiendo que se vaya.

en Twitter @r_abdahllah

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05

04

2012

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El solitario funeral de Kurt Cobain*

Por: Ricardo Abdahllah

Vive rápido, muere joven y dejarás un bonito cadáver
Mick Jagger (entre otros)

O al menos un cadáver
Filemón de Sausage, Highway to Heaven

“En su casa de Seattle fue encontrado muerto el pasado lunes el excantante y actor Kurt Cobain. Nacido en la cercana ciudad  de Aberdeen, Cobain, de 47 años, había fallecido dos días atrás a causa del deličado estado de salud al que lo había llevado una adicción al acohol que arrastraba desde más de veinte años. A una ceremonia religiosa que será celebrada esta tarde en la Seattle Unity Church, seguirá la cremación que Cobain expresó repetidamente como destino final para sus restos”

De esta manera, fría y reglamentaria, registró el Washinton State Chronicle la muerte de quien en su momento fuera llamado “el portavoz de una generación”. Otros diarios elaboraron notas similares y sólo algunos medios especializados como Rolling Stone se molestaron en incluir un perfil más completo del vocalista de la banda que dio vuelta al mundo de la música cuando, en septiembre de 1991, hace ya treinta años, lanzó su himno Smells like teen Spirit.

Mientras Cobain permaneció como voz líder de Nirvana, los medios lo mantuvieron en sus portadas y una multitud esperó a la entrada de cada uno de sus conciertos, pero tras el rompimiento con la banda que lo había hecho famoso, la suerte pareció abandonarlo. Su disco A Dead Fox or Rabbit on the Tracks editado en 1995 junto a Michael Stipe, el ex-líder de R.E.M, una banda con más tradición pero que también había entrado en la onda grunge que Cobain había impulsado, fue mal recibido por la crítica. El público, en ese entonces atrapado por el renacimiento del pop, asistió poco a los conciertos del dúo. Cobain, quién puede decir lo contrario, era un genio, pero necesitaba el respaldo eléctrico y poderoso de sus dos compañeros de banda. Su disco en solitario, Sea Horse Paintings de 1996, a pesar de contar con la producción conjunta de Trent Reznor y Tom Yorke, ni siquiera ingresó al top 100 de la Billboard y comenzó a generarle las deudas que lo acompañarían hasta la muerte. Cobain era electricidad, alaridos, angustia y tristeza si se quiere. Nada que ver con el intento folk junto a Stipe ni los coqueteos electrónicos de su álbum solista.

Es entonces, tras el fracaso de sus dos proyectos, cuando Cobain inicia su carrera como actor, protagonizando el remake de Sid & Nancy junto a la actriz franco-argelina Michelle Lumière. La cinta dividió opiniones, pero es fácil coincidir con la crítica en que, a sus treinta, Cobain estaba demasiado viejo para personificar al rebelde bajista de los Sex Pistols. El crítico de cine Ivan Cock lo puso más claro en una reseña a Back to Truckee, la segunda película de Cobain estrenada en 1997, “Kurt es simplemente demasiado honesto para ser actor”

Ese fue también el año de su rompimiento definitivo con Courtney Love. Después de meses de apariciones públicas de la pareja que parecían sacadas de los días más felices de la revolución grunge, intempestivamente Cobain anunció el 11 de octubre en una entrevista a Vanity Fair “Esta noche, en muchos lugares del mundo, se darán su primer beso parejas que permanecerán juntas hasta el último día de sus vidas. Ese es un lado de la historia. El otro es que hoy Courtney y yo decidimos tomar rumbos diferentes. Ella es una gran persona. Nos separamos en buenos términos”.

La noticia sorprendió al mundo, pero representó en principio una mejoría en la vida de Kurt. Años después, en una de las últimas entrevistas que concedió antes de desaparecer de los medios, Cobain afirmó que su divorcio de Courtney fue el fin de su adicción a la heroína que lo había atormentado por más de una década. De otra parte, la separación también lo llevó a apartarse de Frances Bean, su única hija y en sus propias palabras, “lo único que me importaba en el jodido mundo”.

Cobain pasó los años del cambio de siglo haciendo papeles pequeños en películas mediocres, para las que en ocasiones tocaba un cover como parte de la banda sonora. Usualmente su nombre se incluía en un lugar destacado de los créditos a pesar de que su participación fuera mínima. Cobain se mantuvo limpio de drogas, pero su adicción al alcohol aumentó tan vertiginosamente como sus deudas. Al momento de rodar Hossobi Birds¸ la última de sus películas, la única para la que Cobain compuso una canción original (la sicodélica ‘Woman in Black Behind A Magic Mushroom’ ) y quizás la única que vale la pena rescatar, el otrora estandarte del espíritu adolescente, tenía 38 años y estaba en la ruina y completamente alcoholizado.

Al igual que sucedió con Janis Joplin y Jim Morrison, la adicción al alcohol causó más estragos en la música de Cobain que las drogas. La gira de reunión de Nirvana (con Chad Channing en lugar de Dave Grohl en la batería), sólo atrajo fanáticos en sus primeras fechas y el álbum editado Live from the Muddy Banks of Whiskah da testimonio de la fuerza perdida tras diez años de inactividad que se hacen aún más patéticos en un video que muestra a un Kurt Cobain gordo y agotado que en ocasiones ni siquiera tiene fuerza para estrellar su guitarra contra el suelo, algo que de todas maneras no es más que parte de un libreto poco creíble que la banda representó cada noche durante los tres meses que duró la gira antes de que los promotores cancelaran las fechas restantes porque la poca asistencia de público no las hacía rentables.

Para conmemorar los veinte años de Nevermind, en el 2011, Geffen Records, lanzó el esperado álbum de grandes éxitos de Nirvana y anunció que no reeditará ninguno de los cinco álbunes anteriores de la banda. El trío original (Cobain, Grohl y Novoselic) se reunió para una presentación en el estadio de hockey de Seattle que resultó un fantástico ejercicio de nostalgia, con un grandioso final cuando Eddie Vedder, Layne Stanley y Scott Weilland (tres viejas leyendas del grunge) se unieron a Nirvana en el momento de tocar “Smells Like Teen Spirit”.

Aparte de algunos shows ocasionales que haría durante los años siguientes en pequeños bares de Seattle, esa sería la última presentación oficial de Cobain en público.

Poco se sabe de Cobain desde entonces, excepto que los ingresos que recibe por sus discos no le alcanzan para pagar sus deudas y sostener su hábito alcohólico y cada dos o tres años se muda a una casa más pequeña dentro del área de Seattle. Ni siquiera queda claro desde cuándo vivió en su última residencia, la pequeña casa de Harvard Avenue East donde, víctima de un coma etílico, fue encontrado muerto la semana pasada.

Pocos amigos, no más de una docena, atendieron a la ceremonia funeraria que, al contrario de lo dicho en el Chronicle, no incluyó la cremación. Como Mozart, Cobain fue enterrado en medio de una nevada descomunal y, ya que la historia se repite, tal vez en unos años ni siquiera sea posible encontrar su tumba en medio del cementerio de Lake View.

Ni Frances Bean ni Courtney lo habían visto o hablado con él en cinco años y ninguna de las dos se desplazó a Seattle para el funeral. En cambio, lo acompañó en el cementerio Gary Smith, el electricista que el 5 de abril de 1994 encontró a Kurt con una escopeta en la boca y forcejeó con él hasta que logró quitársela de las manos.

“Pensé que había hecho lo correcto” dijo Smith a un periodista local cuyo artículo sobre el entierro no fue publicado “pero lo cierto es que Kurt sufrió mucho desde entonces”.

* Este texto apareció por primera vez en el libro “Las extrañas circusntancias que rodearon la vida de William Cruz” Publicado por Ediciones Universidad Industrial de Santander, 2011.

http://cultural.uis.edu.co/files/LAS%20EXTRANAS%20CIRCUNSTANCIAS.pdf

** Ricardo Abdahllah es autor del libro “Kurt Cobain: El rock estaba muerto” Colección 100 personajes 100 autores.  EDITORIAL PANAMERICANA, 2006.

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29

03

2012

umpala

Lo que aprendí leyendo el Diccionario Visual del Sexo del Círculo de Lectores

Por: Ricardo Abdahllah

“Nadie es más que un artesano si antes de haber tomado por primera vez el material no conoce todas las reglas y leyes que gobiernan su oficio”
Filemón de Sausage

En la biblioteca de mi casa siempre hubo libros. (no es obvio, en otras había bailarinas de porcelana) Recuerdo “La Rebelión de las Ratas”, la biografía del cura Camilo Torres por Joe Broderick, una biblioteca de filosofía de 100 tomos, toda la obra de García Márquez en las ediciones de Oveja Negra, “El triángulo de las Bermudas” y una edición viejísima de “Las mil y una noches”. También dos que todavía siguen dando vueltas por ahí. Uno se llamaba “La solución del problema de la vida” y no lo leí nunca porque el título no me llamaba la atención y otro, editado por Círculo de Lectores, de lomo blanco con letras negras y foto de una pareja desnuda en la portada donde podía leerse “Diccionario Visual del Sexo”.

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No recuerdo cuándo comencé a hojearlo porque siempre había hecho parte del paisaje de la casa. Supongo que debió ser en algún momento antes de mis doce cuando me enteré que “Sexo” no era una palabra que debía venir seguida de “Masculino” o “Femenino”. Nunca me habían prohibido leer nada, pero era obvio que ese era un libro para leer a escondidas. La portada prometía, el título prometía más, sobre todo por la palabra “Visual”. Tal vez en ese libro (y no el otro, el gris firmado por Fernand Lelotte) estaba la solución del problema de la vida.

Y estaba.

Aunque no lo supe de momento porque la sensación inicial fue de decepción. Cierto que la primera frase impactaba (“El vocabulario sexual es dinamita”) pero las veinte páginas siguientes estaban dedicadas a las biografías de Kinsey, Freud, Sade y demás pioneros y liberadores. Luego se abordaban temas como la identidad sexual y la anatomía. En esa sección había una primera ilustración interesante, dos mujeres en trajes de baño que en esa época todavía no se llamaban “tangas”. Luego las gráficas volvían a ser aburridas y así seguía siendo en todo el resto del libro con excepción de un torso femenino con el pecho descubierto y una mariposa sobre el vientre (una imagen que todavía me parece la esencia de lo sensual) y una página donde se mostraban las posiciones sexuales relacionadas con cada signo zodiacal que después vi reeditada en forma de calcomanías en varias busetas bogotanas.

Y sin embargo lo leí completo, no una sino varias veces y la insatisfecha curiosidad infantil abrió paso a la lectura por la lectura. Así amplié el intellectual background con montones de cosas que nunca habría conocido sino fuera porque indirectamente tiene que ver con sexo. Fue gracias al Diccionario Visual del Sexo (de aquí en adelante “DVS”. que supe de la existencia de Led Zeppelin (recuerdo la cita “Me encantaría conocer una mujer capaz de joder como Led Zeppelin I pero en una semana me dejaría en los huesos”), que John y Yoko se habían empelotado para protestar por la guerra (sección “naturismo”) y que D. H. Lawrence fue un liberador de la literatura inglesa. Fue en el DVS. donde por primera vez leí sobre Scorsese (había una foto de Jodie Foster en Taxi Driver), Polanski (afiche de Rosemary’s Baby en la sección de “Incubos y Sucubos” donde también aparece un grabado que fue utilizado como contraportada en el álbum Covenant de Morbid Angel) y de la representación místico-erótica que Bernini había hecho de los éxtasis de Santa Teresa. Aprendí que en una época lastimosamente lejana estuvo en boga la Terapia Subrogada (cambiar de pareja, con la bendición de un sicólogo, para aliviar la tensión sexual) y que en una época lamentablemente cercana Mary Whitehouse fue una líder de la censura inglesa, dato éste sin el cual jamás habría entendido esa frase de «Pigs» en el Animals de Pink Floyd que decía “Hey you, Whitehouse, ha ha, charade you are”. Los Floyd cantaban contra la censura, pero sin el DVS. hubiera pensado, como piensan casi todos los floydianos, que le cantaban a la Casa Blanca.

Esa era la época de la teoría, por supuesto, pasarían años, para mi siglos de que pudiera pasar al necking al petting (deliciosos términos provenientes del inglés) y décadas, para mí milenios, antes de que pudiera poner en prática esas dos expresiones latinas y esa otra francesa que tanto me habían llamado la atención. Sólo quería aquí hacer un homenaje a la lectura de ese diccionario, el único al que después de que en primero de bachillerato me robaron el Aristos, pude seguir siendo aficionado.

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27

03

2012

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Sugerencias para un bar temático

Por: Ricardo Abdahllah

No sólo a los parques de atracciones y restaurantes gringos les corresponde el honor de ser temáticos ; en Bogotá y otras ciudades han aparecido bares cuya carta de cócteles gira en torno a un tema particular. Así, uno encuentra lugares donde los cócteles tienen nombres de islas, pinturas famosas o estilos de circuncisión judía. Antes que se le ocurra a otro, queda aquí para los lectores una carta de cocteles tentativa para quien quiera montar un bar temático en torno a la literatura. Los mejores votos para que quien se arriesgue a vender tragos con nombres de escritores corra con mejor suerte en sus finanzas que los desafortunados propietarios de esos nombres.

Tabla de Cócteles del Bar “La biblioteca de Babel” :

Franz Kafka #1 :
Un coctel misterioso e indescifrable. Pídelo a tu mesero más cercano y él no te lo servirá. Intenta luego con el jefe de meseros, que después de mucho rogarle, te enviará con el barman. Irás sucesivamente donde el supervisor de turno, el administrador y el dueño del bar, que tampoco te atenderá. Cuando regreses, decepcionado, a tu mesa, te darás cuenta que el coctel siempre ha estado esperándote. Pero será hora de cerrar y no podrás beberlo.

Fiodor Dostoievsky :
Vodka ruso servido al estilo de los más exclusivos spas de Siberia. Ideal para el final de uno de esos días en los que quieres romperle la cabeza de un hachazo al que sea. Si vienes con tus hermanos, reclama gratis la segunda ronda. Si vienes con tus hermanos después de matar a tu papá, reclama gratis la segunda y la tercera ronda. Si vienes solo, reclama fichas para el casino.

Jorge Luis Borges :
Una mezcla elegante y bien ponderada de todos los licores conocidos por el hombre y algunos imaginarios o que parecieran serlo, servida en un mate argentino. Garantizamos que todos sus componentes son originales y estampillados, pero tal vez quedes ciego antes de terminar este coctel. Tal vez, y es posible, que tú seas el coctel y alguien más te esté bebiendo.

Juan Rulfo (o Malcolm Löwry, cuestión de gustos) :
Un trago doble, o si se quiere triple, de tequila importado suavizado con mezcal. Recomendado si todo va de mal en peor.

Edgar Allan Poe #1 :
Dos tragos y tendrás una noche de ultratumba. Mañana revivirás siendo otro y no podrás quejarte de que la fama de borracho te acompañe por el resto de tus días.

Edgar Allan Poe # 2 :
Coctel suave a base de amontillado. Lo bueno es que es gratis. Lo malo es que tendrás que acompañar a uno de nuestros meseros a subir la botella desde el sótano.

Andrés Caicedo :
Una bebida fuerte que incluye café, antidepresivos, nicotina, valium, ventilán y catorce licores potenciadores de úlcera péptica. Te recomendamos empezar ya y tomarlo diariamente; al fin y al cabo, vivir más de venticinco años es una estupidez.

Vladimir Nabokov :
Coctel sin alcohol con sabor suave y seductor. Requisito indispensable que presentes un documento que pruebe tu mayoría de edad y que tu acompañante no pueda presentarlo.

Jack Kerouac :
Una mezcla desordenada a base de tragos baratos que incluyen aguardiente Caprissio, vino Moscatel de Pasas y whisky nacional. Te gustará tanto que pedirás uno y otro y otro más hasta que, sin un peso, tendrá que regresar a casa en autostop. De aquí saldrás bien, pero con seguridad vomitarás en el camino.

Ulysses de Joyce:
El mejor y más grande de los cocteles inventados en el siglo XX. Su base de whisky irlandés te encantará y seducirá a cada sorbo, pero si no eres un bebedor experto no esperes poder terminarlo y menos digerirlo.

Marcel Proust :
Siete voluminosos vasos de suave coctel para beber y paladear con calma recordando a cada sorbo un montón de buenos momentos.

Franz Kafka # 2
Coctel fuerte ideal para el final de un duro día en la oficina. Bébelo con calma y mañana, tras un sueño intranquilo, despertarás sintiéndote como un monstruoso insecto. 2 x 1 en nuestra Happy hour del Día del Padre

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03

2012

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Confieso que me gusta Arjona

Por: Ricardo Abdahllah

Si me preguntan cuál es el artista más importante del siglo XX diría que los Beatles. A la pregunta sobre los mejores músicos respondería. creo “Pink Floyd”. Sé que el teclista original de Deep Purple se llama Jon Lord y conozco de memoria mínimo la voz y guitarra líder de montones bandas. Contra la corriente de rockeros convertidos a tolerantes si bailo salsa es de mala gana, no disfruto la música electrónica y no reconozco mérito alguno ni en Silvio Rodríguez ni en Totó La Monposina, pero toda postura radical tiene su fisura y sea este el momento para reconocer que el corazón de este rockero recalcitrante se emociona (a veces hasta el llanto) con las canciones de Ricardo Arjona.

Y reconocerlo es difícil, más que admitir que uno se robaba los vueltos cuando era chiquito o ha tecleado palabras impudorosas en el buscador de imágenes de Google. Hace un tiempo en una tertulia marcada precisamente por la música de Totó, donde se había exaltado la voz de Luis Miguel, la percusión de no sé que boricua adscrito a la Fania All Stars y los méritos musicales de quienes acompañan a Juanes, me sentí en confianza. El grupo parecía comprensivo y ecléctico de gusto. Fue entonces cuando me animé.
“Arjona” dije, “Arjona tiene su mérito”.

El silencio fue repentino. Todos me miraron como si yo acabara de manifestar mi apoyo a la reelección de Bush o a las quemas de libros. “No es en serio, ¿cierto ?” dijo una de las asistentes y yo, que toda la vida he sido malo para el asunto de resistir la presión de grupo, me retracté cobardemente.

“No, qué va. ¿Cómo me va a gustar Arjona?”
Pero lo cierto es que me encanta Arjona. No sólo es un maestro de la rima que logró que todas las frases de una canción terminarán en “- ía” sin abusar del condicional y le ha regalado al mundo frases dignas de las construcciones poéticas de Edgar “Jingle man” Poe como “Eran las diez y cuarenta zigzagueaba en reforma /Me dijo ‘Me llamo Norma’” y “Pude haber sido ingeniero, filósofo o químico/ pero hubiera incidido en mi estado anímico” (toda una declaración de principios), sino que es un narrador nato y de los mejores. Me gustan sus canciones-cuentos, que como las de Pearl Jam, Maiden y Soul Asylum, se preocupan por crear tensión narrativa y dejar el último golpe para el final. ¿Quién puede decir que la primera vez que escuchó “Historias de taxi”, “La noche te trae sorpresas” o “Buenas noches, don David” se imaginó lo que ocurriría en el último verso?. Los finales de Arjona son tan impredecibles como el hecho de que un guatemalteco que comenzó, como uno, de profesor de literatura, haya reunido más de cien mil personas en su concierto en el Hipódromo del Sur el 5 de diciembre de 1998 que resultaría ser el espectáculo con mayor asistencia en la historia de centroamérica (sin contar a México, que está más al Norte que al Sur).
Aunque “Si el norte fuera el sur, sería la misma porquería”.

Más de treinta discos de platino, cinco millones de personas en su gira “Sin daños a terceros” y a mí sin embargo Arjona me parece música para escuchar a solas. Ir a un concierto de Arjona no me haría viajar en autostop los cuatrocientos kilómetros que tenía que recorrer desde Bucaramanga cada vez que una banda decente visitaba Bogotá, pero a estas alturas de la vida, a uno ya no le preocupa admitir que en casa o en un bus (Arjona a pesar de tener letras inteligentes se escucha en los buses )se ha visto preso de un ataque de nostalgia o ternura en tiempo pasado cuando ha encontrado algo que se parece a una historia propia camuflada entre listas de objetos cotidianos (podadoras, copas, cigarros, jeans, basketball, televisores, brasieres, estrías, relojes y cepillos de dientes), íconos culturales (Stallone, Bush padre, Gorvachov, Palito Ortega, Madonna, Bush hijo, Fidel Castro, Hussein, Donald Trump, Serrat y Robert Redford) y montones de gente común y corriente de todas partes del mundo.

No se confundan por las rimas, Arjona va al punto, a los sentimientos humanos en su estado natural. Las letras del guatemalteco tal vez no resistirían un riguroso análisis literario (hay análisis literarios que ni el Ulysses resistiría) y sin embargo, como él, uno prefiere la piel desnuda (”No es ninguna aberración sexual pero me gusta verte andar en cueros”), los encuentros en cafés, los bares y las palabras sencillas (“Déjame decir que te amo no como lo dicen tantos no por presumir de poeta consciente”) y hubo una época cuando “Ahorrábamos toda la semana para ir al cine, el regalo de cumpleaños siempre era un chocolate. Éramos mitad valientes, mitad inocentes”. Arjona es un confeso constante a quien, en eso consisten la honestidad y el sentido del humor, no le da pena admitir que siempre se siente antes de filosofar, que a filosofar no se llega casi nunca y no importa, y que ser un poco cursi, un poco ingenuo y un poco tonto es lo más normal del mundo. Por pura pose se puede decir que frases como “Realmente no estoy tan solo, quién te dijo que te fuiste si aún me encuentro cocinando tu recuerdo en la cocina”, “Duele verte con un tipo al que le faltan las ideas y le sobran argumentos” o “Dime si él te conoce la mitad” son vulgares en su simpleza. Por pura pose uno puede decir que hablar de enamorarse demasiado tarde, de no tener un peso y sentirse “Millonario de Luz” porque uno duerme con la mujer más adorable del mundo, de la hermosura de una señora de cuatro décadas o de una mujer que no se ve hace tiempo y uno vuelve a encontrarse es cantar “música para planchar”. Lo que nadie, ni por pose, puede negar es haberse sentido muchas veces como en una canción de Arjona. Un intelectual diría sin rubor que García Márquez exploró todas las formas del amor en “El amor en los tiempos del cólera”. Mentira. Pero Arjona sí lo hizo.

Tranquilos. Sin rencores. Una mentira que te haga feliz vale más que una verdad que te amargue la vida. Arjona es un mago de la metáfora (“solo como Fidel caminando por la acera de Wall Street, inútil como un anillo para un hombre sin manos” ), un buen cortazariano (“Me colgué de tu mirada, me resbalé en tu nariz Y salté de la catapulta de tu quijada para después echarme un chapuzón entre tus pechos”), lennoniano (la historia del gringo y la cubana que termina viviendo en París suena un poco “Imagine”), político (“Que Hussein se prepara, que Cuba no cede”), bueno para el reportaje (“que pones tu coche en venta y que en el Salvador ya se ha acabado la guerra”), hábil en el uso de la exageración (“y hay más smog que en Chernobyl”), conocedor de la gramática (“Jesús es verbo, no sustantivo”), seguidor del sicoanálisis (“Ayúdame, Freud”), adivino investigado por la CIA (dicen que su canción “El Profeta” contiene un anuncio cifrado de los acontecimientos del 11 de septiembre), teatral y conceptual en el buen sentido de la palabra (en una de sus giras su escenario era un cuarto, en la última un tren) y un poco rockero porque a pesar de los teclados ochenteros en sus canciones viejas y otros descaches estéticos perdonables como la horrible “Mujeres”, que con Neruda y Picasso a bordo fue el tema gracias al cual se hizo conocer, hay en sus canciones un sentimiento de Rock n’ Roll callejero que va más allá de la guitarra metalera de “Cómo olvidarte” y que no requiere de los delirios surrealistas de Charlies y Fitos ni de los delirios comunistas de Rage Against The Machine.

Me gusta escuchar las canciones de Arjona. De malas. A propósito de Vargas Vila, Borges decía que una sola línea magistral justifica toda una obra y por eso alguien que ha escrito cosas como “El futuro es la coartada sigilosa” o “Tengo una cita con Dios a las 5:50 y el diablo me espera en la esquina al diez para las seis” merece todo mi respeto.

Y también me gusta Leonardo Favio, cantautor argentino. Esa es otra historia.

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2012

umpala

No me jodan con SU fútbol

Por: Ricardo Abdahllah

En general no tengo de que quejarme con respecto a Twitter: uno escoge a quién quiere seguir, y no tiene que ver ni ecografías ni fotos de bodas con maridos extranjeros. Sin embargo de vez en cuando, a mí me parece que es tres veces por semana pero no tengo el dato exacto ni ganas de buscarlo en Google, lo que hasta entonces es una colección de noticias de última hora, opiniones valiosas y frases construidas con la belleza de lo breve se convierte en un flujo de comentarios superficiales e intrascendentes que no interesan a nadie, donde había periodistas, líderes de opinión, artistas y aforistas de la estirpe de Cioran, ahora hay “hinchas”.
Madrid juega contra Barcelona.
Al comentario pensado y al trabajo de síntesis que se requiere para encajar una idea en 140 caractéres lo remplaza el grito de estadio: básico, corto ya no porque resume bien sino porque la única manera de hablar de un gol en más de tres letras es agregando oes o eles o signos de admiración. Donde se escribía para informar o para hacer literatura se trina con las tripas.
Habrá quien diga que es con el alma.
No, es con las tripas.
Madrid juega contra Barcelona.
Mi experiencia como jugador es corta. Siempre me pedían de último luego del pica y pala y en caso de número impar de jugadores me dejaban al gol. Cuando el partido no terminaba 0-0, mis pies (calzados con tenis, nunca tuve guayos, nunca quise) se posaban sobre el terreno y se movían de un lado para otro en general hacia lados diferentes. Tocaba pocas veces el balón. La última cuando hice el autogol que hizo que en las interclases del Colegio Bachillerato Patria el equipo de Décimo perdiera la final frente al de Undécimo.
Volví a las canchas dos veces en la universidad, una con el equipo de Ingeniería Electrónica frente al de Eléctrica de la UIS. Otra en el de narradores frente al de poetas en un partido del Taller de Literatura Umpalá. Mi desempeño en esa segunda ocasión no fue tan lamentable. Pero era un partido entre poetas y narradores, lo que ya habla mal de su nivel.
Mi tercer partido luego de terminar el colegio fue el primero de mi vida digamos-que-profesional y el último que he jugado hasta ahora. Lo jugué en el 2007 cuando en una cancha cerrada del norte de Bogotá se enfrentaron los combinados de la revistas Soho y Rolling Stone. Si los de Soho llegaron trotando y en forma como las modelos que aparecen en sus páginas, los de la Rolling estaban trasnochados y borrachos como estrellas de rock. Cuando el partido iba 23 a 1, todo mundo se aburrió de contar.

Digamos entonces que conozco la experiencia de jugador y que, cortísima como queda dicho, ella me da para decir que alguna gracia puede tener correr de un lado para otro para demostrar, a estas alturas de la evolución, una superioridad en la que el intelecto y el espíritu no tienen mayor peso; pero si puedo llegar a entender el placer de la competencia ( o de la canasta de cerveza que puede ganarse el equipo que corra más rápido y patee más centrado) no alcanzo a entender el interés de quien se emociona con el esfuerzo ajeno, el hincha propiamente dicho, que es capaz de pagar una boleta y hacer una fila de horas con requisa incluida no para ver un concierto, que es para lo que deberían servir los estadios, sino para saltar, gritar y dado el caso hacerse matar en la celebración del esfuerzo ajeno que ni siquiera opone individuos sino “equipos” construcciones de mentiras con las que el paisano que salta no tiene nada que ver. Salvo pocas excepciones, quienes juegan en los equipos de una ciudad no nacieron en ella, ni la mayoría de los jugadores del Junior-tu-papá son costeños, ni quienes integran el santafecitolindo son rolos de verdad. Al festejar un gol del equipo-del-alma lo que se celebra es el éxito de una empresa, la empresa que tiene más plata y puede pagar los mejores jugadores.

Por ejemplo, una vez yo quise celebrar la victoria de Freska Leche.
Si los recuerdos no me fallan.
Pero me fallan mucho.
Fue la única vez en mi vida que entré a un estadio para ver un partido, jugaba el Atlético Bucaramanga, patrocinado por Freska Leche, frente al Barcelona (de Ecuador). Fue el único partido de Copa Libertadores jugado en el Estadio Alfonso López.
Perdimos.
Digamos entonces, como última concesión, que entiendo a los hinchas de los equipos de barrio, de los “rodillones” de los de la B y hasta de los de la A, nacional. O de la Selección, digamos que por ese patriotismo que a muchos hinchas furibundos les parece ridículo en cualquier otro contexto.
Alborotarse cada vez que juegan Madrid y Barcelona es otra cosa, una pasión que no entiendo y que pone a gente a la que admiro a decir “Es bueno Messi” cuando Messi juega bien o “Gol” cuando alguien hace gol; a decir groserías como “Cule”; a llamar “Barça” al Barcelona con el mismo cariño confianzudo-snob de quien llama “Gabo” a García Márquez; a insultar al árbitro cuando él hombre de negro (Ya no se visten de negro ¿Cierto?) se equivoca ante la presión del que debe decidir lo que vio de lejos y sabe que enfrentará millones de insultos
Sobre todo a hablar de un partido de fútbol como si tuviera importancia, como si fuera arte y no deporte, cosa que a un aficionado al baloncesto o al tejo o al golf no se le oye decir nunca, como si los jugadores, y sobre todo los jugadores de equipos como el Barcelona y el Madrid, fueran algo más que millonarios de revista de farándula que ni siquiera tienen el encanto de tener una relación tormentosa con las drogas que hizo tan divertidos como Diego Armándo(lo) “El Perico” Maradona y “Viagra” Pelé.
Qué juegue el que quiera jugar (y no se queje si le rompen un pie de una patada), qué vaya a la cancha de barrio el que sabe que se puede emborrachar con los ganadores. Qué vivan mis Bu-ca-ros, pero ahí paro yo, porque más allá el fútbol no es deporte sino un desfile de marcas y patrocinios. No me jodan otra vez con su “Barça-Madrid”. O al menos vívanlo en privado. Que a lo mejor así es más rico y no me amargan y no curten el Twitter, que termina pareciendo un baño de estadio.

O Facebook.

En Twitter @r_abdahllah

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2012

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Megadownload

Por: Ricardo Abdahllah

¿Y si el bienestar de los artistas  no fuera sino una excusa?

I

Es 30 de enero y estoy esperando que llegue el cartero. En general no estoy impaciente (y siempre llama dos veces) pero hoy debe venir con el nuevo álbum de Leonard Cohen. Lo compré en Internet, una belleza de edición doble en compacto y vinilo. No he perdido el placer de esos últimos segundos de espera cuando se cierra la bandeja del CD o cuando cae la aguja y hace crshcrhshhhhh… Por esa misma razón compré el Chinese Democracy de los Guns cuando salió luego de cincuenta años de espera y envidio a un amigo que se ganó en una revista una edición de lujo en cuatro discos  del Dark Side of the Moon.

Es decir que aún gasto dinero en música, como en otra época, me tiraba toda la plata de la lonchera en CDs. En ese entonces era capaz de comprar el Big Ones de Aerosmith en monedas de cien (un vendedor en Villas de Granada es testigo) porque el objeto era hermoso, uno miraba el revés y veía, maravillado, el arco iris. Además traía las letras, que a diferencia de las de la revista “Cante en Inglés” eran de verdad. Ahora la música se ha desmaterializado; pero Cohen es Cohen y compraré con seguridad el próximo álbum de Tom Waits y el siguiente de Pearl Jam.
Ni en los noventa ni ahora los he comprado por falta de alternativas. Ni en los noventa ni ahora pago por toda la la música que escucho. Ni en los noventa ni ahora habría podido. Mi mamá no me daba tanto dinero en lonchera y el vendedor de Villas de Granada no me recibiría tanto en monedas.
Así que por los cinco grandes (Metallica, Nirvana, Pearl Jam, Guns y Aerosmith) se hacía el deber que en los años siguientes se haría por Beatles, Doors, Janis y luego por Cohen y Dylan. Los álbumes de La Pestilencia, en cambio, no existían más que en casetes grabados y como no tenía para el bus para ir hasta la 19 a comprar los de Sepultura, los copiaba de alguien, en general de Gloria Gallego o de Alex Caro. Había también  bandas que tenían dos canciones y como nadie iba a comprar los álbumes de Four Non Blondes o Spin Doctors (grave error en el primer caso) uno esperaba que la pasaran en Radioactiva, rezaba porque el locutor no metiera una cuña en la mitad y luego espichaba REC y PLAY.

Yo marcaba mis compilaciones, ToyoT Megamix I, II, III y así. Creo que llegué hasta ToyoT Megamix LX. Las cintas incluían cosas como “La Macarena”, “La Cabra” de los Farm López y “Recorriendo a Venezuela” del Binomio. “Informer” de Snow y unos temitas house como “Mr. Vain” y “No Limits”.
El principio era simple, uno pagaba mucho por la música que le gustaba, menos por la que le gustaba menos y nada por la que le gustaba poquito.

Sobre todo, uno pagaba nada por la música por la que no pagaría.

II
No es justo decir que todos los que trabajan en la industria del disco unos tiburones hambrientos de dinero que explotan a sus artistas. A managers como Brian Epstein y Andrew Loog Oldham les debemos haber sabido de los Beatles y los Stones; a Elektra, de The Doors y Metallica y a Geffen , de Sonic Youth, Nirvana y los Guns; pero conviene decir que a la tan denunciada tendencia de los internautas a querer todo gratis, se corresponde una reorganización del negocio de la música desde arriba, que ha hecho que muchas disqueras independientes fueran absorbidas (o devoradas) por grandes grupos de medios que no orientan sus estrategias a favor de la calidad de la música sino de los beneficios financieros. Por eso cuando les llegó la “piratería”, prefirieron dejar de buscar nuevos talentos y pagar menos a los que ya habían reclutado. Fue en ese contexto que los rebeldes de Metallica escogieron su campo y lograron el cierre de Napster.

Metallica es una banda de gigantes que hizo fama y fortuna con los vinilos, los CDs y las disqueras; como The Cure. Uno llega a entender la acción legal de los primeros y el post de Robert Smith, vocalista de los segundos, en el que, sin nombrarla,  atacaba a Amanda Palmer, la cantante de Dresden Dolls por andar promoviendo la música gratuita.
Lo que hace Palmer no es eso, pero quedémonos con los que afirman que su música no se escucha porque no se vende y que no se vende por culpa de la piratería en Internet. Si U2 o Madonna podrían decir que perdieron compradores,  sigan ganando y mucho, hay quienes no venden porque son mediocres o les falta originalidad o todas las dos anteriores. En los noventa no existían ni el MP3 ni el peer2peer y la gente no compraba los álbumes de tropipop de segunda línea ni de baladas de actores convertidos en cantantes porque no valían la pena, porque bastaba con escucharlos en la radio, porque la gente que sabe de música y estaba dispuesta a pagar prefería gastar su dinero en otros discos o porque después de un primer álbum, ni siquiera en las radios más comerciales pasaban sus canciones.

En abril del 2011 se lanzó un video para promover la Ley Lleras, ni Shakira ni Carlos Vives ni Diomedes ni Andrea Echeverry estaban allí, no porque no crean que su trabajo no es valorado, sino porque saben que lo es, que si las leyes contra las descargas de música en Internet se aprobaran y el formato MP3 desapareciera para siempre, la gente iría a comprar los discos del Joe o los de Aterciopelados y no los de Lucas Arnau o Mauricio Palo de Agua.

El 1 de octubre del 2007, Radiohead lanzó su álbum In Rainbows directamente en Internet; el precio lo ponía el cliente. El comentario de Thom Yorke a la revista Time fue que su disquera EMI, ya no era como el EMI de los viejos tiempos y que sentiría un placer perverso si pudiera decir “Que se joda ese decadente modelo de negocios”. Cerca de un millón de personas descargaron el álbum pagando 4 libras esterlinas en promedio. Las boletas de sus giras se siguen agotando en minutos. Al año siguiente, Trent Reznor regaló en su sitio oficial el álbum The Slip bajo la licencia CreativeCommons que permite que la música sea re-copiada y re-utilizada por quien le parezca desde que se cite el autor original. Dos millones de descargas.  Reznor aún no se ha empobrecido.

Esto no quiere decir que todos los intentos hayan funcionado, el cantante Mano Solo, a quien la música francesa debe las mejores letras de los años noventa, fue uno de los primeros en decidir que se podía hacer música por fuera del engranaje de las grandes disqueras. Para su álbum In The Garden del 2007, pidió a sus seguidores financiación en forma de bonos de pre-compra: quien participaba con una donación durante la producción y grabación, recibiría una copia del disco cuando estuviera terminado.
El proyecto fue un fracaso y Mano Solo, que moriría en el 2010. no ocultó su amargura y su arrepentimiento de haberse retirado de la Warner.

III


En el 2009, Amanda Palmer, la que se ganó la vaciada de Robert Smith, estaba tan aburrida de los lazos contractuales que la disquera Roadrunner, propiedad de la Warner, se negaba a dejarle cortar, que escribió y lanzó en Internet una canción titulada “Please Drop Me”, en la que pedía su libertad no tanto a gritos como con frases como “Estoy harta de mamar la verga corporativa”.

Fue tanto el escándalo y los correos de sus seguidores, que la compañía terminó por anular su contrato. De regreso a la vida independiente, Palmer toca donde quiere, incluyendo plazas públicas y varios “occupy”, graba lo que quiere y lo sube en la red y vende sus álbumes en su propio sitio. Por Map of Tasmania, su más reciente trabajo, usted puede pagar desde 1 dólar si está en la inmunda hasta 1000 si tiene vocación de mecenas. Con una carrera que empezó en los últimos años de la otra época como Palmer, Pete Doherty, cantante de The Libertines y The Babyshambles y ahora solista, sube con frecuencia a la red versiones a medio trabajar. En una ocasión salió a la puerta del edificio donde grababa y regaló a los que pasaban decenas de cds con archivos y canciones, algunas listas, otras apenas ensayadas.

Si los artistas se las ingenian para no perder vigencia y no morirse de hambre es porque están históricamente acostumbrados. La prioridad de las disqueras, sobre todo de las grandes disqueras, nunca ha sido su bienestar. La primera razón de las leyes “contra la piratería” no es promover la creatividad o dar un mejor nivel de vida a los artistases, como dice la canción de Prisioneros que tengo aquí en MP3, es que  “quieren dinero”.

Por supuesto no es lo mismo perseguir al internauta que baja música que ni siquiera escucha y por la que no pagaría que a quien roba las cintas de un álbum sin terminar, graba una película en una función antes de su lanzamiento o negocia los archivos ajenos para lucrarse. Lo que pasó con Megauplod (que debería llamarse Megadownload, que para eso servía más que todo) está a medio camino. Kim Dotcom era tal vez un avivato ostentoso al que uno no quisiera tener de amigo, pero su negocio era una plataforma para compartir contenidos y aunque la mayoría de esos contenidos fueran obras protegidas por derechos de autor, legalmente va a ser difícil probar que la culpa era suya. La mayoría de los casetes vírgenes se usaban para grabar música (los periodistas usaban los pequeñitos que duraban más), pero nadie pensó en cerrar Sony y Aiwa (o sus versiones sanandresito Sunny y Iowa), por poner al servicio de los cassettenautas un medio destinado a compartir música que, como decía en la letra pequeñita de las caratulas de los CDs estaba destinada al uso particular.

La prueba de las razones monetarias es que, imposible de contener, el fenómeno de la circulación de música en formato electrónico, ha producido plataformas legales, como Deezer y Spotify que no le gustan a las multinacionales de la música porque les hacen perder dinero, pero a las que han terminado por asociarse porque algún dinero puede salir por ese lado.

No hablo de las películas porque siempre que intento ver una en mi computador me duermo, pero recordemos que Jean-Luc Godard, maestro y revoltoso a la vez, ha colaborado con los gastos legales de un internauta condenado a una multa por descargar películas.

A mí me gusta pagar la música de los grandes maestros porque los reverencio; la de los grupos independientes porque es difícil encontrarla por ahí, pero también porque creo que se lo merecen, porque pagan con eso los próximos discos y la próxima cerveza, porque con frecuencia venden la música en su propio sitio Internet; pero todos esos grupos los he conocido en MP3 piratas o en Youtube y muchas veces he descargado álbumes antes de comprarlos oficialmente. Mi principio de pagar por la música por la que, por diferentes razones, habría pagado cuando el MP3 no existía, me parece cómodo. Eso sí, no se lo impongo a nadie

Y sobre todo no puedo estar de acuerdo con iniciativas legales que tras el argumento de proteger a los artistas esconden razones más oscuras. La primera, lo dijimos, el dinero, no el de los recibos de los servicios públicos del cantante sino el de las utilidades de los grandes grupos económicos a los que pertenecene las industrias de medios a las que pertenecen las disqueras.
Y esa es la más noble y la menos peligrosa.

De la segunda gran razón digamos que al establecimiento le preocupa menos que Bono y Lady Gaga se mueran de hambre a que una red tan poderosa como Internet se le salga de las manos. Por eso con tres grandes argumentos, la lucha contra el terrorismo , la protección de la infancia, y ahora la lucha contra la piratería, medidas como las articuladas alrededor de los proyectos PIPA, SOPA y ACTA y en su momento nuestra Ley Lleras, buscan devolverle el control de Internet a los estados. Lo que preocupa a las autoridades no es el internauta que baja una o muchas canciones como hacía años la habría grabado de la radio, sino el que escarba en Wikileaks o es consciente que, aunque se haya exagerado al respecto, las redes sociales jugaron un papel en las revoluciones de la Primavera Árabe y se siente con ganas de repetirlo en una democracia occidental. La música es lo de menos, la posibilidad de vigilar y controlar los contenidos que circulan en Internet es un sueño que haría relamerse al Gran Hermano.

Los dejo porque timbran, puede ser el cartero con mi vinilo de Cohen o el FBI/MPLA/IRA/PIPA/HADOPI o Germán Vargas Lleras, dispuestos a arrestarme porque en los dorados noventa grabé mucho de Radioactiva y a veces les presté mis casetes a mis amigos para que los copiaran también.

En Twitter @r_abdahllah

https://twitter.com/r_abdahllah

(c)2012 Ricardo Abdahllah y Umpalá Producciones Ltda. associated Gmbh y Inc. Prohibida su reproducción parcial o total, su préstamo o alquiler y su ejecución pública sin permiso de los autores.

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2012

umpala

Doce malas razones a favor de las corridas de toros.

Por: Ricardo Abdahllah

Yo creo haber estado en contra de la corrida desde siempre. Puede que no, pero cuando Pepe Cáceres murió (yo tenía nueve años) recuerdo que me daba pena que dijeran que él era del Tolima (o sea de mi tierra) y recuerdo estar contento.

Que mi familia cercana (o sea madre y hermana) no era la única para la que le parecía justo que los toreros murieran de vez en cuando, vine a darme cuenta cuando escuché a Dilson Díaz, de La Pestilencia cantando, « Torero cobarde, ojalá que el próximo toro te saque las tripas », deseo que sigo teniendo y por el que pido al cielo cada vez que un matador en alguna parte del mundo entra a la arena.

OLE de La Pestilencia

Que éramos cientos y no sólo los fanáticos de La Pesti los que pensábamos eso, lo supe en una marcha en la que punks y no punks (sobre todo no punks, madres, abuelos, universitarios, trabajadores) intentamos bloquear la entrada de la camioneta que llevaba a los toreros a una de las plazas de Bucaramanga. Ciudad que tiene dos. Dos más de las que necesita.
En esa marcha, la policía repartió bolillo. Los debía mandar el alcalde que asistía. Que como la mayoría de los alcaldes asiste a las corridas de toros porque a ellas va gente que tiene plata. O sea, que pone votos.
Así que no puedo sino alegrarme con el anuncio del alcalde de Bogotá quien, contrario a una tradición de lo mejor de la clase política colombiana, no hará uso del derecho de palco en la temporada taurina que comienza y más aún, de que ni el Distrito ni las empresas distritales patrocinaran la fiesta que, como título ayer El Espectador, nos tiene a todos bravos.
Bravo por Petro. Dos orejas.

No voy aquí a hacer una lista de mis argumentos, sino de los de las personas de bien que salen a controvertir la decisión legítima de Petro. La hago no para evitarme la discusión, sino para que no nos repitamos en lo que vamos a discutir. Porque los argumentos que los defensores de la tauromaquia sacan a relucir hoy son los mismos que le decían a mi madre en la época de Pepe Caceres y a mí en la de Dilson Díaz.
En la marcha de Bucaramanga no. Allí no había argumentos sino bolillo.

1) « El toreo hace parte de nuestras tradiciones »
No. El toreo no hace parte de nuestras tradiciones porque en Colombia no había toros. Ni vacas. Los trajeron los españoles y la primera corrida no se realizó hasta bien entrado el siglo XVI. Bogotá no tuvo una plaza de toros hasta 1890. El tejo es una tradición nuestra. O la chicha. O el mapalé.

2) « Sin embargo hay que preservarlo porque es una costumbre ancestral»
No. Los sacrificios humanos son una costumbre ancestral o lo fueron para algunos pueblos. La amputación del clitoris para otros. Las mentalidades evolucionan, las sociedades cambian, de lo contrario aún estaríamos lapidando adúlteras y considerando que podíamos comprar y vender indios y negros.

3) « El toreo es un arte »
No. No me voy a enredar con las definiciones de Arte (son miles) pero suelen pasar por conceptos como « obra del espíritu”, “Estética” o « Humanidad » (con mayúscula). Por generosas y abiertas que sean ninguna llega hasta el toreo. O si se quiere ver así, ninguna definición de arte aparte de las dadas por los defensores de la fiesta brava, la incluye. Usted no necesita ser melómano para admitir que la música es un arte o lector para reconocer que la literatura lo es, pero sólo los apasionados del toreo le ven ese valor artístico.

4) « El toreo es un arte » (versión 2: Porque es bello »)
No, pero y si lo fuera qué tiene de interesante un « arte » que no se renueva. La pintura, el cine y los comics dejan de buscar nuevas rutas, nuevas formas de expresión para mostrarnos diferentes facetas del ser humano. La corrida se repite. Hay « estilos » pero nunca innovación.

5) « El toreo es un arte (versión 3: Mire las obras de Botero y Picasso)
No, las pinturas de Botero y Picasso son un arte. No los temas. Nadie consideraría que el bombardeo de Guernica o las torturas de Abu Ghraib son un arte porque Picasso y Botero los representaron.

6)« Pero usted debería encontrarle el gusto, sabiendo que Hemingway amaba el toreo »
No. Yo admiro la manera de escribir de Hemingway, pero desde que me di cuenta que Dios no existe (y eso fue un peso de menos) no me quedaron ganas de estar idolatrando a nadie. Por eso, aunque admiro la pintura de Moureau, nunca he pensado reconvertirme al cristianismo místico y no por qué Chespirito me hizo reír toda la infancia, me voy a adherir a sus posiciones públicas ultraconservadoras. Tampoco porque Tom Cruise me parezca un papacito y la música de “Misión Imposible” me traiga buenos recuerdos, voy a estar de acuerdo con la Cientología.

7) « El toreo es un combate en el que el torero arriesga su vida y muestra su valentía »
No. No hay honor en un combate arreglado y sólo cuando ocurre un accidente, y todos los guardaespaldas en la arena que son los banderilleros tardan en reaccionar, el torero puede perder la batalla. Si fuera un combate justo, el torero se presentaría solo frente a un toro saludable y no herido con una lanza por la espalda y con arpones que se le hunden en la piel cada vez que se mueve. La prueba de que existe algo de honor sería que en el cincuenta por ciento de las corridas, el muerto fuera el torero.

8 ) « Gracias al toreo se preserva la especie de los toros de lidia »
-Aparte que un argumento ecologista en boca de un aficionado a los toros, nunca podrá ser honesto-
No. Los cristianos no se acabaron cuando dejaron de tirárselos a los leones. Los toros están lejos de ser una especie en vía de extinción y si ese fuera el caso, los fondos públicos que se destinan a patrocinar las corridas bastarían de lejos para lanzar programas de protección.

9 ) « El toreo es un deporte ».
No. Aunque se puede alegar que el principal rival de un deportista es el mismo, en lo que respecta a la competición deportiva, donde hay dinero y patrocinadores y medios y público y escenarios públicos, el hombre se enfrenta a otros hombres que aceptan participar en él. Por eso el boxeo, por violento que sea, es un deporte y las peleas de gallos y el rodeo son apenas « espectáculos »

10)« El toreo es un espectáculo popular »
No. Los colombianos no son grandes aficionados al toreo, que se practica sólo en algunas ciudades y durante una corta temporada del año, por la simple razón de que nadie podría llenarlas si abrieran todos los domingos. Las corridas, a diferencia del fútbol, se transmiten rara vez en directo y el valor de la pauta, que depende de la audiencia, es mucho menor, al punto que la televisión española dejó hace más de seis años de incluirlas en su programación. También en España, una encuesta de Gallup, mostraba que apenas el 10% de quienes contestaron se declaraban « muy interesados » por la corrida. Supongo que en Colombia el porcentaje es mucho menor.
Los verdaderos aficionados son una élite, que a juzgar por lo que se puede ver a la entrada de una corrida está compuesta a mitades por familias tradicionales a muchas de las cuales no les queda más que un palco para dejarse ver y nuevos ricos, que son los ganaderos. Al resto de los colombianos las corridas de toros no les harían más falta que las carreras de avestruces.

11 ) «Tenemos el derecho porque somos una especie superior »
No. No lo somos. A pesar de que ese fuera el argumento dado por el autor Fernando Savater, que hablando de toros asume la misma pose de gurú que en ese ensayo mediocre que es « Ética para Amador ». Somos una especie, entre otras, y si tenemos ciertas capacidades, éstas nos dan también responsabilidades. Si « Somos los más fuertes y los más inteligentes» fuera una razón válida, la cuestión de la ética perdería toda relevancia y los antitaurinos, en posición de fuerza y más inteligentes tendrían la legitimidad de linchar a esa especie inferior que son quienes apoyan la corrida.

12) «Si la prohibieran, tendrían que prohibir la carne »
Bueno, que la prohíban. Yo llevo cuatro años sin comer carne y no me ha hecho ninguna falta. Rompería mi abstinencia, a lo mejor, con torero muerto “en su honor” y si alguien me hiciera un retrato en ese momento, los promotores de la corrida tendrían que admitir que es arte y es más un arte en el que se representa la costumbre ancestral del canibalismo. Así cumpliría con las otros once argumentos con los que siguen defendiendo ese espectáculo que, así les duela, en Bogotá tiene los días contados.

en Twitter @r_abdahllah

Categoria: General

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