Cuestión digital

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Lo que pasa cuando un niño crea con tecnología

 

Estudiantes de un colegio de la localidad de Los Mártires, en Bogotá, tomaron la decisión de buscar soluciones a problemas fuertes de la sociedad, entre ellos la contaminación de los ríos y la corrupción. Esta es su historia.

Por: Edwin Bohórquez Aya @EdwinBohorquezA

Imaginar. Soñar. Pensar que es posible. Que sí se puede. Que las herramientas están ahí para usarlas. Que con un poco de guía, muchas cosas que parecen inalcanzables se pueden lograr. Que la cuarta revolución industrial —la digital—, cambió para siempre la forma como todos entendemos la educación y que, para sumar, nada mejor que interactuar con la tecnología en la realidad del día a día. Así como sucedió en un colegio en el sur de Bogotá, en la localidad de Los Mártires, donde todo cambió cuando uno de sus salones se convirtió en smart school, aula inteligente.

“Cuando la tecnología llegó al colegio me cambió la vida, empecé a recrearme más. Era muy, pero muy tímido, y desde que llegó la tecnología a mi vida todo cambió. Empecé a tener más interacción con las personas, empecé a ser más social y recreé mi nivel de aprendizaje”, cuenta Miguel Santiago Castillo Rivas, del grado 5B del colegio San Francisco de Asís. Ajustando sus gafas y tomando el micrófono durante la transmisión en directo hecha en el estudio de El Espectador para hablar de sus historias de estos innovadores del mañana, Miguel contó, grosso modo, lo que se inventó con ayuda de una tableta y un tablero inteligente que hacen parte del aula inteligente. Lo resumió así: “Mi invento se llama el SuctionTrash y lo que hace es sustraer la basura de los ríos. Es una máquina con un tubo que llega a los ríos, y cuando el contenedor está lleno, manda un mensaje al celular que te avisa qué hacer con esa basura”.

Geraldine Ospina Giraldo, su compañera de colegio, quien en la transmisión fue la más versada para hablar, contó lo propio: “Mi proyecto se llama Curida: Cura la vida. Es un robot que está en la capacidad de escanear a los niños, nos dice las alergias que tiene la persona y después las enfermedades. Tiene cuatro manos y el objetivo es que pueda, incluso, proveer las medicinas a las personas”. Una misión que adelantó con Juan David García.
Y llegó uno más para sorprender: “Estamos trabajando en un casco que llamamos Change Emotion, que hace que la persona que lo usa pueda sentir lo que otra ya vivió. Por ejemplo: yo fui a la playa y le quiero mostrar a mi amiga lo que sentí cuando estuve allí. Lo que pasa siempre es que uno le cuenta a la gente, pero la gente no logra entender. Gracias a ese casco es posible entenderlo”, relata, con la seguridad de muchos adultos, Sofía Alejandra Gallo, del grado 5B, quien también hace parte de la iniciativa de la multinacional Samsung que busca cambiar las experiencias de aprendizaje en las aulas tradicionales de Colombia.

“Antes, la fuente principal de aprendizaje era el profesor. Ahora se genera un trabajo colaborativo. Contrario a lo que se cree, que la tecnología aísla, en estas dinámicas se promueve que los chicos compartan, entonces muchos de estos proyectos se han hecho en grupo. El profesor cambia su rol y se vuelve un mentor. Los niños son los protagonistas, tienen acceso a recursos, a aplicaciones que complementan su aprendizaje, entonces, lo que pasa es que los niños aprenden jugando de forma natural. Se trata de pasarla bien, de ese modo aprender se convierte en algo normal con una smart school”, relata Juliana Ruiz, subgerente de ciudadanía corporativa de Samsung.
El modelo educativo tiene entonces un caso de éxito para tener en cuenta, tanto que los mismos profesores advierten el cambio: “Estas herramientas nos abren un panorama hacia lo sensorial, porque los chicos tienen la oportunidad de ver muchas imágenes, muchos contenidos. Y a los que todavía no están en la capacidad de leer, con los videos se les abre una amplia posibilidad al conocimiento. Ese conocimiento va encauzado a determinados proyectos que han sido planeados con anticipación”, recuerda María Erlency Camberos, docente del colegio donde estudian Geraldine, Miguel y Sofía.

Ellos, como su colegio, tienen claro el poder de la tecnología en un aula. Como lo dice el exministro de las TIC Daniel Medina, en conversación con El Espectador, los dispositivos electrónicos deben ser “utilizados junto con actividades deportivas, lúdicas y de socialización. Y siempre con la participación activa de los padres”, quienes son el otro eslabón de la cadena y, sin duda, completan la fórmula del éxito. Todo es un complemento. Bien lo dijo Sofía con una reflexión final: “Hay muchas personas desplazadas sin comida, mientras otras viven en una mansión”. El casco le permitiría al segundo vivir la vida del primero y hacer algo por ayudar. O, por ejemplo, “al corrupto, vivir lo que sufre una víctima afectada por sus actos ilegales”. Todo esto porque no se trata sólo de tecnología: también se trata de valores. Y con ellos es que están creando estos niños. Como les llama Samsung: los innovadores del mañana.

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