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09
01
2013
tcorredor

De cuando hablábamos de cine, no de películas.

Por: Tomás Corredor

Hace un poco más de veinte años mi abuela me dijo que sintió la llegada de la vejez cuando las personas con que compartía las cosas importantes de su vida empezaron a morirse.

Estudié cine en los noventas, durante ese largo hiato entre la liquidación de Focine y la creación del Ministerio de Cultura, cuando la docencia era un ejercicio que se hacía desde lo abstracto y el oficio de enseñar a hacer imágenes en Colombia estaba ligado a recuerdos que, clase tras clase, citaban los momentos de gloria de los que estudiaron en el exterior o trabajaron en alguna película que cada semestre se sentía más lejana. Puede sonar triste, pero no es un reclamo ni una queja, gracias a eso conocí y me hice amigo de seres repletos de cine que extendieron sin reservas sus clases fuera de la escuela, con los que vi películas que en ese momento hubiera sido imposible ver, los que generosamente me abrieron sus videotecas, sus bibliotecas y con los que nunca, a pesar de las diferencias de edad, me dejé de sentir contemporáneo gracias a ese puente que construimos con imágenes de otros.

Unos años después también me volví profesor y fui su colega, tampoco había hecho cine (cosa que aún no ha pasado) y así como a ellos su pasado les daba fuerza para enseñar en un presente sin el ejercicio del cine, entendí que mi futuro era el que llenaba el presente desde el que me atreví a dar clase, aprendí también que uno no puede llegar a saber de cine, sino que sólo debe tratar de entenderlo y que en vez de enseñar, lo que se tiene que hacer es dejar aprender.

Hoy escribo porque lejos de Bogotá me encontré con una amiga que hablando de cine me hizo sentir tan joven y apasionado como cuando entre a estudiar, como en esos años en que los conocí. Pero a la vez me hizo extrañar profundamente a esos viejos amigos viejos, con los que podía hablar de cine y no únicamente de películas, que es de lo que sólo se habla ahora.

Como mi abuela, que ya se murió, se fueron también Mayolo, Marchal y Nieto.

Como le pasaba a mi abuela, a veces me siento viejo.

© Tomás Corredor

Quito / Enero 9 de 2013

Categoria: General

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Opiniones

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Opinión por:

corredortiz

10 enero 2013 a las 11:39
  

Qué bello recuerdo, y muy bueno el concepto diferencial entre el cine y las películas. A mí, aunque también extraño a su abuela que fue mi Mamá, al Mayolo que fue mi compañero en bachillerato y a Jorge Nieto de quien admiré su amor por el cine, me hace sentir joven y con ganas de emprender cosas

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