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20
06
2010
tcorredor

Soñar si cuesta, y mucho…

Por: Tomás Corredor

Una vez, una sola vez en mi vida, no esperé a que el cine que ante mi se proyectaba llegara a su final.

Estaba viendo “Soñar no cuesta nada” y aunque su lenguaje de telenovela no era nada nuevo para mi, siempre he tenido claro que a las telenovelas las puedo dominar con un control remoto. Pero esa noche del dos mil seis no tuve más remedio que pararme y salir de la sala incomodando al público que estadísticamente haría que esa película fuera una de las más taquilleras de la historia de Colombia.

Hoy, cuatro años después, recuerdo que ese mismo año una gran parte de la nación de la que soy parte, reeligió el que hasta ese momento era el gobierno más taquillero de nuestra historia, un gobierno del que no me he podido defender ni con control remoto, ni saliéndome de la sala, porque hasta estando fuera del país, el dolor por una ineludible realidad que me perseguía, cada vez se hacía más intenso.

Esa es la gran diferencia entre una representación de la realidad escrita y deformada por alguien y la realidad real, así el público, al menos el de este país (hoy no quiero decir mi país), actué igual frente a las dos.

Hoy, cuatro años después de salirme de la sala de cine, el mismo año en que por primera vez Colombia reelegía su presidente, escribo sólo dos horas después de que el país reeligió de nuevo la continuidad de su dolorosa realidad, esta absurda realidad que ojalá fuera una película, porque al fin y al cabo todas las películas, por malas que sean, tienen un final. Pero esta nueva parte de la saga, hizo que en este dos mil diez sus protagonistas decidieran renovar contrato para repetir sus roles, los pobres van a seguir actuando de lo mismo, los desempleados también, así como los enfermos, las viudas, los huérfanos, los mutilados, los desplazados y todos los que de una u otra forma actuamos en esta cinta.

La deformación de la realidad hace que pensemos que “Soñar no cuesta nada”, pero soñar cuesta y mucho. Y así, lleno de dolor, sueño al costo que sea, que un día nuestra realidad le de a la gente un poco de tiempo para pensar en el valor de sus sueños, porque sólo entendiendo cuanto cuestan las cosas, es que sabemos cuanto nos toca luchar por ellas.

© Tomás Corredor

Bogotá / Junio 20 de 2010

Categoria: General

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Opiniones

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sea_man

21 junio 2010 a las 16:16
  

Tomas, que buena reflexión y excelente analogía ; comparto totalmente su sentir y el dolor de patria que muchos tenemos porque ya nos dimos cuenta que el verdadero problema de acá no son ni las novelas malas ni los malos gobernantes… el real problema es la mentalidad de la mayoría de gente, la misma que gusta de este tipo de ” telenovelas” y gobernantes…
Cada dia despierto mas convencido de que aca tiene que pasar algo.. y bien fuerte para que muchos despierten de su estupidez y levanten la mano para hacerse valer !

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azulquitapenas

21 junio 2010 a las 18:42
  

Decía el dramaturgo de los dramaturgos en La Tempestad lo siguiente: “Somos la sustancia de la que están hechos los sueños, y nuestra breve vida se encuentra cercada por un sueño…” Yo tampoco entiendo muy bien la materia prima de la que están hechos los sueños de esos nueve millones que le dijeron no al sueño de los otros tres millones y un montón más. Tal vez lo que necesitamos es mejores dramaturgos, como Shakespeare, y no a los que han venido escribiendo este libreto lleno de clichés y de diálogos mal escritos donde el perverso sólo cambia de máscara y el héroe termina siempre siendo crucificado.

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mediolagana

21 junio 2010 a las 18:47
  

Entiendo tu dolor y lo comparto hasta los huesos. Lo sentí más profundamente el 30 de mayo que el 20 de junio. Creo que mi falsa esperanza terminó de matar a mi esperanza real. El discurso de Mockus fue reconfortante, y por eso no me sentí tan triste.

Pero sí, hoy me siento menos de este país: Mis principios no van con los de la mayoría, mis reflexiones tampoco. Y mi forma de conseguir lo que quiero menos; ahí concuerdo con lo que dices del valor de los sueños. Este país busca el éxito de la manera más fácil, trabajar sin estudiar, ganar plata sin trabajar y votar para ganar. Porque siempre es más fácil votar por el que se cree es el ganador, la existencia de la gente es tan paupérrima que necesita sentirse exitoso así sea en algo como haber votado por el que quedó elegido.

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anti-izquierdista

21 junio 2010 a las 21:27
  

jajajajajaja como sufre de bueno yo creo que no le va tocar salirse del cine sino del Pais y cambiar de nacionalidad y olvidarse que es Colombiano, porque quiera o no quiera la mayoria de Colombianos saben que uribe es y será el mejor presidente de Colombia y si en el 2014 se lanza nuevamente a la presidencia vuelve a quedar; el gobierno no es culpable de sus fracasos, y los mutilados, huerfanos, viudas, desplazados etc es culpa de las farc no de Uribe ni de Santos.

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tcorredor

21 junio 2010 a las 22:45
  

Esta vez no me salgo de la película por mala que sea, esta vez no cambio de canal, esta vez soy de los 3´588.819 colombianos que pasaron del 16% al 27.52% en menos de cuatro años y que no paran de crecer, esta vez, como en una dramaturgia aristotélica, me quedo viendo esta falsa representación de la democracia hasta que se cometa el error trágico.

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eaoll

22 junio 2010 a las 22:20
  

anti-izquierdista: si crees que la nacionalidad se tiene que adaptar a una mayoría política, entonces no hay que hacer mucho análisis para entender que, de hecho, sí estamos mal. Muy mal.

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evelyn dominguez

16 julio 2010 a las 11:24
  

Llevamos “cuarenta años” hablando de la misma película…Mal representada, mal significada, y mal interpretada…Por eso el tan anhelado cambio, también está mal soñado, mal significado y mal interpretado…El tema tiene que ver con identidad propia, con discurso,, con capacidad de decisión, con referentes sociales sin estereotipos, con ilusiones y también con sueños, y muchos sueños, pero no como los que se representan en las telenovelas, en las películas y en la realidad…En el país del realismo mágico, vale la pena soñar…
Pero soñar despiertos!

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