BLOGS Actualidad

17
06
2013
tareasnohechas

No me gusta que me miren los niños

Por: Luis Miguel Rivas

Mechas, si está vivo, debe tener veintidós años; la edad que tenía Diego Blandón en esa época.  Y a lo mejor esté haciendo algo similar a lo que hacía Diego esa tarde. Y Diego, si está vivo, tiene cuarenta y dos años.  Pero no sé de ninguno de los dos. A Mechas nunca lo vi y a Diego nunca lo volví a ver.

La historia me la contó Diego en la “Granja de resocialización para alcohólicos y drogadictos Santa Teresa”, en San Vicente, Antioquia, donde los dos estábamos internos, tratando de dejar el bazuco él y el alcohol yo, en el año 1995. La situación había ocurrido dos años antes.

Era un domingo de agosto del  año 1993. Diego Blandón y su jefe Jairo Mena habían llegado a la casa de Mario “Pocillo”, en el barrio Calazans, en Medellín, para repartir la plata de un ajuste de cuentas. Era una plata que un tipo de Itagüí no le quería pagar a Mario. Entonces Mario había llamado a Jairo para que le ayudara a cobrarla, con el compromiso de que se quedaría con una buena parte de lo recuperado. Jairo Mena aceptó y lo primero que hizo fue ir con Diego Blandón a Itagüí y matarle un hermano al deudor moroso. Y lo segundo que hizo fue dejarle varios sufragios con los nombres de otros familiares que seguirían en la lista si la deuda no se saldaba en el plazo de una semana. El deudor consiguió la plata esa misma semana y se la hizo llegar a Mario “Pocillo”. Eran dos costales llenos de billetes contantes y sonantes que el deudor había tenido encaletados quién sabe donde. Y por eso Diego Blandón y Jairo Mena estaban esa hermosa tarde de agosto de 1993 en la confortable casa de Mario “Pocillo” en el barrio Calazans.

Mario “Pocillo”, un mono ojiclaro de Marinilla, pelo largo y alborotado, los recibió con una sonrisa y media botella de aguardiente Antioqueño. Estaba feliz porque el trabajo de Jairo le había permitido recuperar una plata que ya había dado por perdida. Luego de un primer brindis los invitó al comedor donde en vez de viandas se encontraron con una desordenada montaña de billetes arrumados sobre la mesa.

-          El tipo me entregó los costales y salió despavorido sin decir nada – le dijo Mario “Pocillo” a Jairo Mena señalando la cordillera de plata sobre el comedor-  Yo no quise revisar. No creo que se quiera estripar más. Vacié los costales, pero no he contado.

Jairo Mena, un moreno grueso con cara cuadrada, que no se había reído una sola vez en su vida, desestimó con sus gestos bruscos y determinantes.

-          No importa. Con tal de que me des mi parte. – señaló a Diego- éste los cuenta, es muy inteligente, fue universitario y todo.

Mario asintió y se sentaron a la mesa. Diego empezó contar billetes haciendo montoncitos de cien mil pesos.  Jairo, con desgano, armaba de vez en cuando un montón mientras sorbía en silencio su copa de aguardiente. Mario servía y estiraba la copa cada tanto para brindar sin decir palabra. No se hablaba mucho cuando se estaba con Jairo. Llevaban un buen rato concentrados, densos, cuando el siseo seco de los billetes rozando con los billetes fue interrumpido por el chillido abrupto de una corneta. Jairo Mena brincó en el puesto y se mandó la mano a la pretina en un acto reflejo. En ese momento una carcajada aguda, caricaturezca, se oyó en toda el recinto:

-          Jajaja. Hola amiguito, soy Calabacín y estoy aquí para hacerte reír.

En la puerta que comunicaba el comedor con el pasillo se tambaleaba un niño de aproximadamente  año y medio, cara redonda y un pelo desordenado y rubio como el de Mario “Pocillo”. Miraba hacia los hombres con unos ojos miel, limpios, casi transparentes, con una sonrisa plena y natural, mientras les mostraba el payaso de trapo que sostenía en sus manos.

-          Mechitas, ¿qué estás haciendo aquí? – le dijo Mario cariñoso, sin pararse de la silla.

El niño lo miró sonriendo, apretó el pecho del payaso y lo estiró para que el padre y sus amigos volvieran a escuchar lo que decía:

-          Jajaja. Hola amiguito, soy Calabacín y estoy aquí para hacerte reír.

Diego Blandón miró al niño, sonrió de paso, sin mucho interés, y volvió a concentrarse en los billetes. Jairo Mena se quedó como congelado por un instante y luego volvió el rostro hacia la copa de aguardiente. Mario miró a Jairo y luego le habló la niño.

-          Mechas… Bebé, vaya donde la mamá a que le dé el tete… ¿Ya tomó tete?

El niño contestó con un chillido de regocijo; sus ojos brillantes que miraban como desde antes de todo, parpadearon y se quedó ahí parado tambaleándose y ofreciéndole su payaso a la visita. Diego siguió concentrado con las cuentas y no le prestó más atención. La mirada dura de Jairo se cruzó por un instante con los ojos del niño, y como si hubiera recibido un ramalazo volteó la cabeza y clavo la vista en los billetes, forzando la concentración. Se quedó inquieto, como sin atreverse a mirar nada más que los billetes. De un momento a otro volteó con brusquedad hacia Mario.

-          ¿Y me vas a dar los fierros de una vez? – le dijo imperativo.

-          Sí, de una, mejor que quedemos en paz de todo de una vez – contestó Mario mientras se ponía de pie y caminaba hacia un escaparate incrustado en la pared.

Al pasar al lado del niño, Mario le pellizcó un cachete con gesto amoroso. Abrió el escaparate, sacó dos pistolas y las puso sobre la mesa. Jairo las observó y sin tocarlas giró hacia Diego.

-          Güardá esa güevonada de una vez.

Diego hizo otro montoncito de billetes, tomó las pistolas y las metió en su morral. Mario volvió a sentarse y sirvió otro aguardiente.  Jairo miró de reojo. El niño no dejaba de mirarlo y casi ahogándose en una risa pura le hacía morisquetas.

-          Te le pareciste a alguien… Te vio cara de tío – bromeó Mario “Pocillo”.

Jario Mena volvió a las cuentas. Luego de un instante levanto la cabeza y miró directamente a Diego.

-          ¿Falta mucho? Acabá de una vez esas putas cuentas que nos tenemos que ir – le dijo.

-          Falta contar este último montón.

Jairo Mena empezó a tamborilear sobre la mesa con los dedos. El niño se fue.  Jairo miro hacia el pasillo y dejó de tamborilear. Segundos después el niño volvió con un oso rosado apretado contra el pecho.  Jario miró hacia la ventana. Mario “Pocillo” notó la incomodidad de Jairo, se puso de pie, se aproximó al niño y lo cargó

-          Que lindo el osito, vaya y muéstreselo a su hermanita y le pregunta si ya almorzó.

Marió descargó a su hijo. El niño sonrió y se quedó allí mirando fijo. Jairo en silencio parecía obstinado en no mirar más que la ventana. De un momento a otro se levantó como un resorte llevándose las manos a la cara.

-          ¡Llevate ese niño! ¡Sacá ese culicagado de acá ya Mario! –habló dándole la espalda a la criatura.

-          Pero qué te pasa, qué te está haciendo el pobre bebé, Home – dijo Mario volviendo a cargar al niño.

-          ¡Sacá ese niño de una hijupueta vez de acá te digo! ¡Sacalo!

Diego y Mario se miraron sin comprender. Mario empezó a salir sosteniendo a su hijo, que le voleaba la mano a Jairo con el oso extendido y le dedicaba su gran sonrisa de cuatro dientes. Jairo dio varios pasos por la habitación, inquieto, acezante.

-          Ya acabé – dijo Diego detallando el rostro tenso de Jairo- ¿Pero qué te pasó, home Jairo.

-          Nada, que no me gusta que me mire tanto un hijueputa niño.

Mario regresó. Terminaron el reparto apresuradamente. Se tomaron otro aguardiente y Diego Blandón y Jairo Mena se despidieron. En el camino de regreso Jairo manejó a toda velocidad, pasándose semáforos, aunque no tenían ningún afán.  Habló sin parar, él que nunca hablaba, como tratando de acapararse todas las palabras para que nadie más dijera una sola. Habló y habló, de unos cruces que tenían pendientes y de una finca que iba a comprar y de unas platas que le debían y de que un día se iba a retirar y se iba ir a vivir a una finquita y de un tipo de Envigado al que había que tumbar y de cosas así.

 

Categoria: Viajeros

TAGS:

0

1 voto2 votos3 votos4 votos5 votos
Loading ... Loading ...
0

Opiniones

Este es un espacio para la construcción de ideas y la generación de opinión.
Este espacio busca crear un foro constructivo de convivencia y reflexión, no un escenario de ataques al pensamiento contrario.

Para opinar en esta nota usted debe ser un usuario registrado.
Puede escribir sus comentarios aquí

Buscar en este blog

Todos los Blogueros en Actualidad

Categorías

Los editores de los blogs son los únicos responsables por las opiniones, contenidos, y en general por todas las entradas de información que deposite en el mismo. Elespectador.com no se hará responsable de ninguna acción legal producto de un mal uso de los espacios ofrecidos. Si considera que el editor de un blog está poniendo un contenido que represente un abuso, contáctenos.