Publicado el Albeiro Montoya Guiral

La lluvia nos trae a los muertos

Hay un hombre a quien amo. Lo estoy recordando, ahora, a cuatrocientos kilómetros de donde, seguro, debe estar dormido. A cuatrocientos kilómetros de casa y a una fracción de eternidad de la niñez. Una tarde sepia en que recolectábamos café, la lluvia cayó de súbito entristeciendo a los perros... Ver post completo.