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Archivo de Categoría ‘Amor y Sexualidad’

28

08

2016

Solteras DeBotas

Ama y suelta

Por: Solteras DeBotas

936full-jane-fonda1 Bloguera Invitada: “ChikaPin”  

Entender nuestros sentimientos ha sido casi un reto para todas las mujeres en todas las épocas de nuestras vidas, y lo seguirá siendo siempre. Puede que para algunos hombres también…., pero generalmente somos nosotras quienes queremos buscarle nombre a todo lo que sentimos. Es un hecho y una realidad.

Yo descubrí tras un minucioso análisis híper-racional con tintes extravagantemente irracionales, que desde ya hace varios días he tenido un sentimiento al que se le puede llamar Desazón, y que se siente como una mezcla explosiva entre tristeza e intranquilidad que te atraviesa como un flecha venenosa tu cabeza y corazón. En este hay llanto, enojo, duda, y miles de preguntas por resolver, que crecen de manera cíclica y parecen no parar. Sé que para muchas mujeres sonará familiar, y es porque obviamente se siente cuando atravesamos por la ruptura de relaciones no exitosas.

Pasa y sucede, que nuestras relaciones, aquellas que nos encanta decorar con letreros de ¨amor para siempre¨, y ¨para toda la vida¨, y que construimos con nuevos apegos, sueños e ilusiones que hemos acumulado desde que estábamos más jóvenes, no dependen solo de decir frases bonitas de ¡Yo te quiero, o te amo¡; las relaciones por muchas ganas, compresión, tolerancia, y demás que uno le ponga para que funcionen, son de dos, y estos dos seres deben estar sincronizados en sus sentimientos a un nivel 10. Si no es así en su base fundamental, no funcionan. Simple.

Además, nos encanta crear vínculos muy intensos y ponemos en ellos no solo nuestro corazón, sino toda una dependencia emocional y afectiva que muchos psicólogos podrían afirmar, no es saludable porque únicamente debemos depender de nosotros mismos. Pero muchos seres humanos no amamos así, libremente. El apego nos lleva a crear un miedo intolerable a la soledad, y nuestras emociones, pensamientos y demás están basados en el otro y cuando las cosas no funcionan, caemos, y nos derrumbamos inevitablemente.

No se si la desazón, es entonces un sentimiento, una sensación o un estado emocional obligatorio de una tusa, pero lo peor es que por tratar de exorcizarlo de cualquier manera, en su proceso pensamos, decimos y hacemos estupideces de las cuales solemos arrepentirnos después. Lo que si es claro, es que no debemos permanecer en él…

La vida tiene algo muy interesante, y es que cuando dejas de pensar en el dolor y empiezas a abrirte nuevamente a disfrutar de ti misma, esta se encarga de ponerte en el camino lo que necesitas. Tras semanas de sentirme mal, decidí buscar la ruta a la salida del laberinto emocional en el que me encontraba; y mi momento llegó hoy. Alguien me puso las cartas sobre la mesa por así decirlo, y me mostró que la formula puede ser simple: “Amar y soltar”.

El concepto envuelve la creación de relaciones no dependientes, respetar espacios e individualidades, disfrutar de cada momento de felicidad, valorar el amor recibido, sin esperar, asumir o idealizar situaciones o personas. Amar sin presiones o condiciones, sin miedo a la pérdida, liberándose de la necesidad, y sin alejarse de las metas y sueños personales. Aceptar los ciclos y dejarlos ir. (Así suene a cliché, o a frase de cajón).

Siendo sincera todas estas ideas las he escuchado de distintas formas muchas veces, leído en la web por distintos autores y demás; pero en este momento para mi suena tan liberador….. seguramente porque lo recibí de una persona sin pretensiones, o porque no me suena estilizado o académico, me suena sincero: “Amar y soltar”.

Asumirlo y llevarlo acabo es difícil y de hecho algo utópico, pero me ánima intentarlo solo por el hecho de que quiero volver a sonreír, recuperar mis fuerzas, salir de la tusa y llamarme a mi misma sobreviviente a un sentimiento que yo he querido llamar desazón. Lo hago por mi, mi mayor motivación hoy en día.

Mi sanación entonces comienza pensando en mi, dejando abierta la ventana a un buen amor de pareja en un futuro (porque recibir cariño es muy agradable y me lo merezco), pero entendiendo que si una persona llega a mi vida y las cosas no funcionan, agradeceré el amor vivido, pero lo soltaré cuando sea necesario. (Al menos eso intentaré)

Entonces si eres una sobreviviente a un desamor y no quieres volver a sentir esa flecha venenosa de la desazón, te invito a poner tus cartas sobre la mesa: Ama sin apegos, ama como una expresión de libertad.

ChikaPin

ChikaPin fue una de las ganadoras de la convocatoria para ser bloguera invitada, es diseñadora y marketer, con alma de fotógrafa, amante del arte, la música y la creatividad. Con ganas de viajar y recorrer el mundo, contar historias, y vivir buscando tranquilidad personal.   https://chikapin.wordpress.com/  

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Imagen: Jane Fonda 

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15

08

2016

Solteras DeBotas

¿Por qué a algunas mujeres les gusta rehabilitar gamines?

Por: Solteras DeBotas

1.Marlon Brando

Me arriesgaría a decir que todas las féminas en algún momento de la vida intentamos cambiar a un chico malo. Quizás algunas fueron como yo, reincidentes, ilusas  y más tercas que una mula, con aquella necesidad fogosa de buscar a los peores chayanes emilios, para probar esa alocada teoría de que si es posible regenerar a un ovejo descarriado.

Hoy en día, siendo una mujer hecha y derecha, madura, evolucionada, coherente y propositiva (como dice mi amiga Sparkies) me considero curada de este mal y con toda la experiencia del mundo como saber con certeza, cuál es la clase de sujetos que en definitiva no quiero en mi vida. Desde hace algún tiempo salgo con un chico bueno y es fabuloso estar con una persona a la que no lo interesan las tragedias.

Hay que entender que no todos los gamines son iguales, hay unos más perturbados que otros. Algunos son del tipo guache con altos niveles de testosterona, unos son del tipo egocéntrico,  otros del tipo sensible-bipolar-manipulador, otros del tipo buen polvo y labia fascinadora. Y dice una famosa leyenda urbana, que la amiga de una amiga de una amiga, salió con uno que era la combinación de todas las anteriores, una especie de gamín mix.

¿Y por qué carajos hacemos esto?, ¿De dónde salen esas ganas absurdas de complicarnos la existencia con tipos más enredados que el laberinto de creta?

2.Marlon Brando

Porque nos enseñaron a creernos las salvadoras: Por los siglos de los siglos, los temas de amor fueron etiquetados como “cosas de chicas” y por ende, en el pasado y aun en tiempo presente se nos responsabiliza del éxito o fracaso de una relación, de ser el pilar del hogar y de sacrificarnos si es necesario. Y una de las tantas cucarachas que nos metieron en la cabeza, fue que las féminas de gran corazón podíamos suavizar a esos hombres de naturaleza tosca y tallar a un diamante en bruto, a punta de amor, paciencia y cantaleta. Esto fue y ha sido reforzado a través de la literatura romántica, de las telenovelas, películas, reality shows y de nuestra cultura latino-ardiente con sus diferentes refranes populares acerca de todos los milagros que una buena mujer puede lograr. Y cuales santas que redimen a las almas pecadoras, nos creímos el pajazo mental de ser lo suficientemente heroicas como para aceptar el reto de cambiar a un sujeto que lleva no-sé-cuántos-años-comportándose-de-la-misma-forma.

Por atracción sexual: Así como a muchos hombres les gustan las mujeres híper mega femeninas con pinta de doncella desvalida y vocecita infantil que les alborota ese deseo de mostrarse como protectores y proveedores. En algunas mujeres el equivalente es buscar aquellos tipos con atributos de macho alfa, o sea, fuertes, dominantes, apasionados, que van directo al grano, que así no sean los más bonitos, son seguros de sí mismos y sus actitudes audaces sugieren que pueden ser grandes amantes, de esos que las cogerán duro (en el sentido figurado y literal), pues dicen que los chicos malos tienen fama de ser buenos polvos, sin embargo luego que se les conoce un poco más, es lo único bueno que tienen, así que no vale la pena aguantarse los demás detallitos molestos, solo por el placer de una gran revolcada.

Porque se confunde lo excitante con lo inestable: Se pueden vivir emociones fuertes con mucha pasión, sin necesidad que exista el drama y de paso ahorrarse las lágrimas y las quejas eternas de lo que el tipo hizo o dejó de hacer. El hecho de salir con un sujeto decente, no quiere decir que la relación va a ser aburrida o sin chispa, pero ojo, he dicho un tipo decente, no un tipo bobo, esos si son bien aburridos. Bastantes féminas creen que las peleas, los celos, la manipulación y los efervescentes polvos de reconciliación, son sinónimo de estar vivas o de vivir intensamente, pero no, eso no es vivir intensamente, eso es puro y físico sufrimiento y se llama inmadurez.  Créanme, la estabilidad es reconfortante y eso de dormir tranquila, no tiene precio.  

gamin

Por baja autoestima: Cuando “una” sabe lo que vale, se dice a sí misma, naaa ya no estoy para perder el tiempo en estas pendejadas, pero una fémina con inseguridades y que no se quiere lo suficiente, se sentirá atraída hacia los atarvanes porque de manera inconsciente esa es la clase de hombre que ella cree merecer. Esto no me lo he inventado yo, pues muchos psicólogos afirman que en las relaciones románticas tendemos a buscar personas con autoestima similar a la nuestra, y que de cierta forma son un reflejo de lo que tenemos dentro y de allí esa afinidad que se genera por el otro. Y en este caso en particular, si nos gustan los tipos difíciles y problemáticos, eso habla mucho de nosotras, como dice el refrán “dime con quién andas y te diré quién eres”.

Por heridas de la infancia: A mi prima segunda Sara Fernanda (Si, que combinación de nombres más extraña) le encantaba salir con hombres cortados por la misma tijera, igual de mentirosos, parranderos y mujeriegos que su papá, quien por cierto la había abandonado a ella y a su madre cuando esta era solo una niña, y en los últimos años llegó a conocer a siete de sus hermanas y hermanos que estaban regados en diferentes lugares del país. Volviendo al tema, de cierta forma ella se culpaba por la ausencia de una figura paterna en su vida y pensaba que rehabilitando al gamín de turno podría ser aceptada por su invisible padre. Lo que Sara Fernanda hacía, era proyectar a su progenitor en sus parejas, creyendo que así vencería a ese fantasma. Y este es solo uno de los tantos casos, en donde los vacíos sin resolver del pasado, nos llevan a tomar en el presente decisiones desastrosas en el amor.

Ya sea por la edad, por la inexperiencia, por los rollos internos, o por pura confusión, en cierta etapa de la vida, se nos da por salir con chicos malos, tomando el camino más difícil y espinoso para aprender acerca de las relaciones románticas. Cuando maduramos y solucionamos nuestros problemas, cambiamos el chip y nos empiezan a gustar los buenos hombres, esos que si valen la pena y que no nos causan penas.

Mi conclusión final es que las féminas a las que les fascina rehabilitar gamines, también necesitan rehabilitarse y desintoxicarse, porque los tipos malos son como una especie de droga.  

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Imágenes: Marlon Brando en sus años mozos, película un tranvía llamado deseo 

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07

08

2016

Solteras DeBotas

Inventario de Orgasmos

Por: Solteras DeBotas

valentina guido crepax

El punto G de Valeria era su imaginación, traviesa entidad que no estaba ubicada en ningún sitio especifico de su cuerpo, pero que se paseaba libremente sobre la totalidad de su ser y recorría con descaro sus cabellos, sus poros y el ancho de su espalda, que hacia remolinos entre sus piernas y cosquillas en sus pies.

Sin necesidad de acariciar a Lolita su vagina de apariencia inofensiva, ella podía experimentar delicias inexplicables con solo recordar algún placer del pasado, con observar una foto sugestiva o fantasear con una historia de amantes fugaces. Sin demasiado esfuerzo el orgasmo llegaba para Valeria de forma natural, explosiva y feliz.

Valentina Guido Crepax 2

Traducción: Me gusta el placer

A veces salía sin calzones a la calle, le gustaba como el viento jugueteaba por sus partes bajas y porque Lolita le pedía un poco de aire fresco. En esos días traviesos llegaba temprano a la casa, comía un poco de crema de chocolate y bailaba como trastornada sin la opresión del brasier y con sus pechos dulces como duraznos moviéndose al compás de la música rara que a solas le gustaba escuchar. Bueno, en ocasiones no estaba sola, ya que su vecino del edificio de enfrente, el galán de la cuadra, la observaba extasiado, pues Valeria en un descuido intencional dejaba abiertas de par en par sus ventanas.

En los períodos ajetreados, en donde se sobrevive pero no se vive y con poco tiempo para respirar, Valeria encontraba la forma de exorcizar su tensión y liberar sus cargas, a través del pleno conocimiento de aquellos puntos de goce que denotaban sus gemidos. No era un ritual o magia, era más bien una forma de descargar ansiedades y transformarlas en dulces sueños.

Valeria tenía un amante, que la visitaba de vez en cuando y de cuando vez, ambos eran el juguete del otro, ambos se cosificaban por esa pasión que despierta el cuerpo ajeno, por esas ganas de saborear lo que un alma contraria puede ofrecer en momentos de delirio. El tanteaba los labios de ella con sus decididas manos  y a ella le gustaba tumbarse encima del pecho suave y velludo de este. Detrás de la puerta, sus gatos no comprendían los singulares sonidos y raros comportamientos de su madre humana, que a veces se asemejaba a una felina en celo.

Valentina Guido Crepax 3  

Mientras el susodicho dormía a su lado, esta decía para sus adentros: Siempre tuve miedo de ser como esas mujeres que llegan a los 70 años, llenas de memorias arrugadas pero sin historias de erotismo, que durante su vida no pudieron experimentar un orgasmo. Viejitas a las que les inculcaron historias de miedo y pecado, que les enseñaron a ser mecánicas y a entregar su cuerpo por el deber hacia un esposo y por la posibilidad de ser madres, en vez de hacerlo por el amor a sí mismas, por el amor a su coño y por el deleite propio, esto las hubiera hecho más felices a ellas y su compañero permanente o transitorio.

Valeria consideró como una señal divina, que su nombre se escribiera con V de Vagina, por lo tanto no había motivos para tenerle miedo a esa parte de su cuerpo, que no era un simple agujero negro, que más bien era un espacio lleno de posibilidades y la libertad de absorber afectos y experiencias, que no era justo castigarla con prejuicios, mucho menos negarla, porque además era demasiado inquieta como para ser ignorada. Entonces en un acto protocolario en el que invitó como testigos importantes a sus seis sentidos, esta decidió que Lolita y su imaginación tenían que conocerse pues sospechaba que las dos juntas podrían llegar a ser grandes camaradas.

Y así empezó la recolección de complacencias que iban desde el más pequeño y sutil roce en partes ortodoxas del cuerpo, hasta explosiones enteras que como ráfagas impregnaron la memoria de Valeria, quien fue la más beneficiada de esta liberación que ocurría dentro y fuera de sí, porque nunca supo negarse a ese placer que por derecho le pertenecía.

En homenaje al orgasmo femenino.

 

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Imágenes: Ilustraciones de Guido Crepax de su comic Valentina 
   

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31

07

2016

Solteras DeBotas

El amor en perspectiva

Por: Solteras DeBotas

Chica triste Bloguera Invitada: Erika Viviana Ángel

Tal como ocurría cada mañana, ese día olvidé las sabias palabras que mi mamá me decía antes de irse a dormir: no tome tanto café, también puede preparar Milo. Mientras revolvía con la cucharita la mezcla de crema láctea, café descafeinado y edulcorante ―cosas que solo pasan en la casa de un diabético―, recordé la conversación de dos horas y media que había tenido la noche anterior y siguiendo el patrón de la última semana, mi cuerpo respondió con lo único que le infundía un poquito de paz. Las lágrimas cayeron sin que yo hiciera nada por evitarlo y poco a poco fueron cubriendo el vacío.

Volví a pensar en mi mamá. «Eso llorando no le alimenta» me decía cada vez que me veía en estados similares sentada en el comedor, inconsolable, porque yo nunca he sabido cómo ni cuándo se debe reprimir un sentimiento. A veces eran las calificaciones, a veces sencillamente la frustración, siempre le ha causado un gran impacto verme llorar y al parecer yo he empezado a hacerlo como deporte extremo o como dieta y ella tampoco sabe exactamente cómo manejarlo.

Pero ese día desayunaba sola así que no tenía que dar explicaciones ni contar la historia si no quería. Sin embargo, eso no hacía que ésta desapareciera o fuera menos difícil de lo que ya era. Con la misma ansiedad de quien ve como la corriente se lo va llevando sin saber nadar, la realidad aterrizaba en mi cabeza como un huésped molesto que llega para quedarse y que abre la alacena abusivamente, se come la comida y nos desprende bruscamente de las fantasías que hemos venido tejiendo con hilos de promesas condescendientes.

Si fuéramos una pareja normal de novios juveniles y ansiosos por devorar la víspera, si fuéramos un par de enamorados inquietos por confesarnos lo mucho que nos gusta estar juntos o por enumerar quince veces las cualidades que el uno vio en el otro, o si por lo menos fuéramos un par de extraños sin compromiso tratando de coordinar un encuentro casual sin consecuencias, una llamada de más de dos horas tendría todo el sentido y las cosas serían mucho más fáciles y menos propensas a convertirse en un desvarío.

Pero somos nosotros, dos ciudadanos del aire ―como dice una gran amiga— que jugamos a converger a pesar de que nos hemos equivocado tanto y sobretodo nos hemos postergado tanto, que acabamos por olvidarnos a punta de fragmentos y notas al aire que no aclaran ni concretan nada, pero que al final han hecho que se pierda el sentido de lo que hemos planeado para los dos. Nuestros intentos se diluyen y ahora que vemos una incipiente luz al final de nuestro túnel imaginario, ya no estoy segura de que eso sea lo que realmente buscamos en medio de tanta promesa fracturada. Nos queremos, y con eso debería bastar, pero muchas veces eso solo es parte de la utopía propia de los amores inconclusos que se siembran en jardines de obstinación y angustia.

Mujer al telefono

Hablamos de muchas cosas. Lo sentí tan preocupado sobre cómo me sentía después de nuestro encuentro, que por un momento dejé las libélulas aletear por el lugar y me imaginé un paraíso en el que, al contrario de lo que pensé por un tiempo, yo de verdad le importaba. Pero los aleteos fueron amainando y la escena se fue oscureciendo cuando se pusieron todas las cartas sobre la mesa y me preguntó varias veces cuánto estaba dispuesta a esperar. Dentro de mí, la voz infantil de alguien que parecía estar saltando en un trampolín me gritaba por siempres mientras que el estridente sonido de los miedos y la conciencia apabullaban su intención, generando un efecto anulatorio que no me permitió articular palabra.

Me acostumbré tanto a pensar en él como un victimario frío, práctico, cínico y despreocupado que la vida se me hizo fácil fantaseando con la tusa, el duelo, la despedida y mi facilidad para auto-compadecerme sin detenerme a pensar que su proceso interior podría ser tanto o más complicado que el mío y que él, a diferencia de mí, sí ve el amor en perspectiva porque sus necesidades —similares por supuesto a las mías―, se plantan en un pavimento firme con argumentos razonables que no descartan el romance, las ganas, las emociones y la proyección de una vida al lado de alguien con quien se siente feliz, a gusto y en equilibrio.

La vocecita de niña en mi interior comenzaba a sonar desesperada y triste como una nena que quiere llamar la atención de su mamá halándole la ropa. Era yo, siempre he sido yo la respuesta a todas esas inquietudes y el soporte de esos argumentos pero no encontraba cómo exponerlo espontáneamente sin que sonara a súplica o me traicionaran las ganas y menos si no tenía idea de cómo íbamos a resolver el minúsculo asunto de los miles de kilómetros que nos separan. Los papeles se cambiaron y de un momento a otro era yo quien comenzaba a lastimarlo y a poner peso en su espalda solo porque, de la manera más egoísta, me concentré en mí y en los efectos colaterales que su presencia/ausencia generan en mi vida sin preocuparme por el huracán que él lleva dentro.

Después de pensar mucho cómo podría resolver el asunto sin caer en el cliché ni creer verdades absolutas, resolví que no teniendo más en las manos debía escribir para explicarle que para mí, poner el amor en perspectiva era saber que un sencillo de su parte haría que mi mundo se moviera en pro de estar a su lado y me rompería contra todo sin miedo para construir ese camino juntos que tan esquivo se nos ha hecho. Me sentía como en la universidad, presentando la tesis al director y esperando un visto bueno para arrancar el proyecto con un plan de trabajo estructurado, fechas fijas y metas definidas. Pero a cambio recibí silencio y una serie de excusas distractoras que con los días empezaron a tomar un tono agridulce que olía a renuncias y adioses de esos que cuesta tanto decir. Eso no hace que el amor sea menos o que no duela desbaratar el anhelo, pero poner los pies en la tierra aliviana la carga y ahí sí es la vida la que se pone en perspectiva.

Han pasado algunos días y la sensación es cada día más leve. Sigo definiendo mi concepto del amor a punta de choques contra las paredes, encuentros fortuitos e historias que me cuentan amigos y familiares. De cualquier modo, lo único que he aprendido a hacer para entretener la mente, derrotar los miedos y dejar ir lo que duele para abrir la puerta de nuevas posibilidades… es escribir, para variar. Erika Viviana Ángel Erika fue una de las ganadoras de la convocatoria para ser bloguera invitada, y la puedes seguir en @eangelt,  www.facebook.com/eangeltamayo, http://eangelt.blogspot.com/  

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22

07

2016

Solteras DeBotas

¿Por qué son tan excitantes los quickies o rapiditos?

Por: Solteras DeBotas

Escena de Emmanuele 1974

Él era surfista, atlético, de espalda ancha, cabello rubio quemado por el sol y con cierto aire al Patrick Swayze de la versión noventera de Point Break, demasiado surreal para ser cierto, pero perfecto para las vacaciones, justo esa vitamina D que unos días antes me había recetado el doctor.

Jamás lo volví a ver, sin embargo aún recuerdo su olor a aceite de jojoba y ese encuentro fugaz detrás de unas palmeras que nos ocultaban del ruido y de la gente, nos ocultaban, pero no lo suficiente pues corríamos el riesgo de ser descubiertos ya que era verano y muchos turistas visitaban la playa, que por cierto se encontraba a tope. Esto lo hizo más excitante, como un shot de adrenalina, ya que las ganas no podían esperar hasta llegar a mi distante cuarto de hotel. Ni la arena, ni la superficie áspera de la palmera fueron problema, mi bikini y su agilidad hicieron fácil la cosa, fue intenso, fue rápido y muy placentero.

Aunque soy defensora del “Slow Sex”, reconozco que los “quickies” tienen su encanto, porque a veces no te los esperas, porque se dan en lugares diferentes a la cama, porque el tipo te gusta demasiado, porque no hay tiempo, y este se debe invertir de manera preciosa, así que los minutos no dan para quitarse la ropa y los amantes creativos deben buscar la forma de unir sus cuerpos sin quedar desnudos. Son fuertes, intensos y se usan palabras rudas, porque quieres devorarte al sujeto, mientras al otro lado de la muralla el resto del mundo sigue con su vida.

No hay preámbulo, ni calentamiento, porque el deseo es tan fuerte que ya hizo su parte, tal vez habrá orgasmo, tal vez no, pero ese no es el objetivo final de un rapidito, la excitación es el premio para quienes les gusta correr riesgos. Quizás vuelen un par de botones y se rompan las medias veladas, quizás aparezca uno que otro moretón y te duela alguna parte del cuerpo después de haber realizado una pose exótica, digna de contorsionista del circo del sol. Tal vez debas taparle la boca o él deba tapártela a ti, para que no se escape un gemido que los delate, no obstante es imposible apagar la respiración agitada y esas miradas llenas de vértigo.

Y los rapiditos no solo son con el sujeto sexi que se te apareció alguna vez, también son la mejor manera de quemar energía con la pareja, de sentirse otra vez adolescentes, de agitar el corazón, de matar el tedio, de quitar el mal humor, de experimentar cierta locura temporal cuando empiezan a tocarse debajo de la mesa, para luego huir descaradamente y hacerlo con frenesí en el baño social de aquella casona antigua de la tía abuela, en plena fiesta familiar.

Son excitantes porque la fantasía es su principal motor, porque antes que suceda ya te has imaginado de todo, porque crees que te van a descubrir, porque no sabes si volverá a suceder, porque es aquí y ahora, no hay pasado que perturbe ni futuro que se anhele, tu mente y tu cuerpo están enfocados en el momento del disfrute, no piensas en que tienes gorditos o en la cuenta de la luz que no pagaste, porque es la gran oportunidad de darse placer sin pausa, y como debería ser todo lo que uno hace en esta vida, con intensidad. Solteras DeBotas www.twitter.com/SolteraDeBotas www.facebook.com/SolterasDeBotas www.instagram.com/SolterasDeBotas   Visita mi sitio web: www.solterasdebotas.com  

Imagen de la película Emmanuelle… un clásico 

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17

07

2016

Solteras DeBotas

4 pasos para entender y superar una tusa

Por: Solteras DeBotas

tusa copia

Si bien, amar es una de las experiencias más sublimes cuando se está en los gozosos, también puede ser una de las vainas más tristes de la vida, sobre todo cuando se desmorona ante nuestros perplejos ojitos, esa relación en la que habíamos puesto todo nuestro empeño.

Y es que el despecho, desamor o guayabo como le dicen en Venezuela, es una vivencia fuerte, que en ocasiones nos marca hasta el punto de crear un antes y un después de aquel sismo, e influirá en la manera como actuaremos en nuestros romances futuros.

La buena noticia es que no hay tusa que dure cien años ni despechada que lo resista, porque hay formas de sobrellevarlo, de hacer menos funesta la situación y sobre todo aprender de esta.

1. El dolor es inevitable y el sufrimiento opcional: Cuando nos caemos de una bicicleta nos duele, cuando nos enfermamos nos duele, cuando fallece un ser querido nos duele. Y en las relaciones sucede lo mismo, cuando se acaban es normal que nos duela, porque el dolor es algo natural y surge en determinadas situaciones, así que no lo podemos obviar, esconder, o evitar. Y precisamente ese miedo a sentirlo y a entenderlo, es lo que no nos permite superarlo. Hay que vivir el respectivo proceso, por tanto se vale llorar, se vale sentir enojo y se vale sentir melancolía porque estamos pasando por un momento difícil, pero ojo, el dolor es muy diferente al sufrimiento, que no es más que una forma de negarnos a salir del hoyo negro. El sufrimiento se traduce en mantener, alimentar y exagerar aquellos sentimientos de frustración, y también demuestra la incapacidad de hacernos responsables de nuestra vida. La etapa de duelo es maluca pero siempre será superable. Aunque no podemos evitar el dolor que surge luego de una ruptura, si podemos liberarnos de ese esquema trágico-romántico de la mujer sufrida de telenovela que se revuelca en el pasado e insiste en mantener la herida abierta.  Como leí en un libro, dejar de sufrir es una decisión propia.

 

2. Poner los pies sobre la tierra: Es empezar el proceso de desenamoramiento, es empezar a ver las cosas como son. Y no es cierto eso de que el amor es ciego, porque si ve y utiliza unos lentes de aumento cual telescopio que magnifica las virtudes del ser amado, pues sucede que en nuestra mitología romántica, construimos un hombre ideal y queremos que nuestra pareja sea como eso que deseamos, así que lo vemos no como un ser real sino como la suma de esas cualidades que a nuestros ojos, son las que debería tener el amor de la vida.  Por eso aparece después la frustración y el desencanto, cuando nos damos cuenta que el tipo no encaja con la construcción mental que teníamos, entonces nos decepciona, nos hiere y se desinfla porque de cierta forma no pudimos entender que es un ser de carne y hueso, que lleva a cuestas sus dolores pasados, sus rollos mentales y hasta traumas de la infancia que influyen en sus comportamientos y en su forma de relacionarse.  La clave es quitarse los lentes rosados, reconocer al otro como es y no como aspirábamos que fuera, es analizar si parte del totazo se dio por exceso de expectativas, por negarse a ver las múltiples señales, por inmadurez de uno o de otro, o porque al final fueron dos extraños que entendieron que no podían estar juntos. Tusa 2

3. El amor no basta: Que dos tortolitos se hayan dicho, jurado y repetido mil veces que se aman hasta el infinito y más allá, no es materia prima suficiente para que un romance funcione, porque se pueden amar muuucho pero tal vez el  problema radique en que no se aman bien, y a lo mejor su manera de manifestar cariño es a través del apego, los celos, la dependencia o los dramas. En vez de hacerlo a través de la confianza, el respeto y una buena comunicación, ingredientes claves para la construcción de una relación sana. Así que este es un punto  importante para analizar cuando se está en el-momento-álgido-de-la-tusa-más-terrible-del-planeta, pues independientemente del sentimiento que  todavía se tenga hacia esa persona y que de cierta forma se desee estar con ella, lo cierto es que se necesitan otras herramientas además de la famosa traga, para que la enajenación de enamoramiento se convierta en un amor maduro que perdure. Que si ambos se están haciendo daño y no están preparados para experimentar algo bonito, entonces lo más sabio que pueden hacer es finiquitar la cosa, ya que es más inteligente separarse que seguir maltratándose.  Hay detalles que pesan más y que al final agrietan las relaciones.  Ahora duele, pero al menos habrá tranquilidad, y la tranquilidad da espacio para tomar mejores decisiones.

4. Recuperarme a mí misma: Nos agrada esa persona en la que nos convertimos cuando estamos con un sujeto y además es rico sentirse querida, seducida y mimada. No obstante, cuando la relación de pareja se vuelve el eje central de nuestra existencia y nuestra realización depende de un tercero, entonces la tusa podría ser más fuerte de lo que debería porque nos olvidamos que somos un ser individual y la individualidad es necesaria para reconocer el amor que sentimos por nosotras mismas. Créanlo o no, una mujer con una autoestima alta, sale más rápido de la tusa que una que no se quiere. El estar en pareja no significa diluirse y volverse invisible, ni perderse en el otro, pero muchas veces sucede que desconocemos que el amor funciona mejor cuando ambos son independientes y no viven pegados como chicles las 24 horas, los 7 días de la semana. Y entonces cuando se realiza el recuento de los daños, es que recordamos que tenemos nuestras propias opiniones, nuestros amigos, hobbies, gustos, actividades muy íntimas y espacios descuidados, que nunca debimos dejar porque hacen parte de nuestro carácter. Amar no significa renunciar, significa negociar y buscar lo mejor para cada parte. Pero bueno, ya lo hecho, hecho esta, así que ahora el trabajo consistirá en fortalecerse y rescatar esa personalidad perdida. Si nos ponemos en la tarea de reencontrarnos vamos a estar tan ocupadas que el despecho poco a poco quedará en un segundo plano.

No hay un número de semanas promedio o establecidas para recuperarse de un duelo, si bien hay que ponerse metas, no es como batir el Guinness Records a la tusa más corta de la historia, pues cada persona experimenta la situación de forma diferente.

Como si acabaras de sobrevivir a la gripa más mamona de tu existencia, llegará un día en el que te levantes de la cama diciendo de manera sincera: ¡He vuelto!

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10

07

2016

Solteras DeBotas

Tinderella sin remordimientos

Por: Solteras DeBotas

Tinderella

Bloguera Invitada: Karina Pérez Ampudia

¡Yo usé Tinder durante seis meses, me gustó y no me arrepiento! Claro, estaba en un lugar (Riviera Maya) donde hombres de todo el mundo abundan: argentinos, alemanes, franceses, australianos, americanos, suizos, suecos, italianos, canadienses, de todas las nacionalidades habidas pues… El más exótico que conocí fue un marroquí con quien eventualmente aún intercambio mensajes. Yo en México, él en Marruecos.

Podría escribir una historia de cada uno, ¡uf! Con todos reí, me divertí –aun cuando no hablábamos el mismo idioma­–; algunos dejaron la invitación abierta a que los visitara pronto en sus países o que sin duda regresarían porque mi país y las mexicanas les encantamos. Imperó la caballerosidad una noche, un par de días e incluso semanas, no puedo quejarme y confieso que inevitablemente a un par le tomé cariño, tanto que a la hora de despedirnos sentí desde nudos en la garganta hasta gratitud infinita por lo bien que la pasamos.

Cuando iba a la cita o date –como suelan llamarle–, obvio que acudía emocionada, nerviosa, guapa y con toda la actitud de una Soltera DeBotas (solo que en el caribe mexicano no aplican las botas, verdad). Si con el ‘tinderello’ había más que un simple ‘match’, ¡perfecto! Sino, no pasaba nada, unos tragos, buena plática y… Fue un placer conocerte.

Mi producción era fácil, rápida y sencilla: vestido vaporoso, sandalias, un poco de rímel, gloss,  cabello bajo control, ¡listo!

Pero la verdadera clave de estos encuentros, que poco a poco descubrí, radicó en ir sin expectativas; que sucediera lo que fuera, todo era con plena consciencia de que aquello era temporal y nada a la fuerza, además de responsabilidad –me refiero a los encuentros sexuales–. Así disfrutaba el momento, la noche o los días, ¿y qué creen? ¡Funciona ir sin esperar e incluso tienes sorpresas!

¿A qué me refiero con “sorpresas”? Fui consciente, sabía que a algunos chicos no volvería a verlos. Sin embargo, cuando alguno quería que pasáramos más tiempo juntos, tampoco me negué. Eso sí, aclaraba que yo tenía una vida normal, trabajo, mi linda casita de cuento y eso no podía descuidarlo. Entonces se adaptaban y al final ellos disfrutaban sus vacaciones, la playa y el hermoso mar mientras yo continuaba mis actividades.

tinderella_Fotor

Así, conocí a Benny. Italiano, chef, bromista, consentidor y generoso. Nuestra primera cita fue en mi café favorito. Entre inglés, italiano y español charlamos, cerraron el lugar y continuamos conversando en el muelle viendo cómo aparecía una luna roja fantástica, estrellas, ¡ay sí, todo romántico! Pasada la media noche, yo bostezaba y decidí que era hora de ir a casa pues él no tenía sueño; hablaba de dormir en la playa, que el amanecer es fantástico, que la naturaleza era un privilegio, etcétera (y no lo dudé, pero pensé “¡Qué le pasa, está loco si cree que me quedaré aquí!”). Notó mi desesperación y pues nada, dormimos no una noche sino una semana por supuesto en un sitio cómodo.

Siempre me procuró, yo salía del trabajo y quedábamos en algún punto para ir a cenar, caminar, platicar. Cuando no tenía apetito, él decía “ok, pero necesitas desayunar mañana” o si sólo quería café, íbamos por la bebida, nos dirigíamos a su hotel, veíamos la televisión o sosteníamos discusiones sobre el cilantro, que si era especia, hierba o arruinaba el sabor de la comida. En alguna de esas pláticas me emocioné hablándole de la escritora italiana Irene Cao, de sus novelas, le preguntaba que si en Italia es conocida porque es articulista, antropóloga, guapísima o le conté de la película de Asia Argento que había visto hace poco; repasé mis lecciones universitarias de italiano e incluso mencioné a mi maestra Giovanna que era de la Toscana; cantamos Nel blu dipinto di blu y me salió lo ‘fan from hell’ de Gianna Nannini, una cantante famosa en su país. De pronto preguntó: “Baby, did you study the university?”

Comencé a reír como loca, no me ofendió la pregunta solo me desconcertó. Respondí que sí y él estaba sorprendido. Quiso saber por qué había dejado mi vida en la Ciudad de México (esa es otra historia, nada fatal… Simplemente quería probar), tuvimos varios días para saber uno del otro, de su isla, Sicilia; nuestras familias, su paso por cocinas de Egipto y Suiza, incluso habló de buscar trabajo en la Riviera, pero creo que en el restaurante de Nueva York le irá mejor hasta que aprenda más –y se lo dije–.

Otro día, notó mi estrés por un artículo que debía redactar. Sin ningún berrinche tomó su iPad, cada uno en lo suyo escuchamos mi playlist de música italiana y la inspiración me llegó mágicamente.

Y aún con todo esto, ¿cómo que no me enamoré? No. Sin duda, tenía presente que Benny se iría. Pude decirle “sí, deja Estados Unidos y regresa a México o huyamos a Sicilia”, nunca fue mi intención. Estamos en contacto, la vida para ambos continua.

Lejos de las lágrimas, promesas, de un adiós dramático o de aferrarme a su cuello y besarle el rostro como en escena de telenovela, al despedirnos nos agradecimos la compañía y el compartir tiempo, dejamos abierta la posibilidad de encontrarnos algún día, quien sabe en dónde, quizá suceda quizá no.

En otro momento o historia tal vez me hubiera sentido devastada y como la muñeca fea en un rincón echando montones de lágrimas.

Elegí estar con Benny, quererlo o aventurarme por un breve periodo sin remordimientos, pena, juicio, confusión ni trastornos mentales que me impidieran vivir. Usé Tinder, sí esa aplicación satanizada, casi casi estigmatizada por muchos y como decimos en México: “cada quien habla como le va en la feria”, puedo decir que no con todos los chicos se tiene sexo ni tampoco quieren. Además ya estamos lo bastante grandecitas para decidir hasta dónde llegar.

Es decir, si te fue mal, bien o medio bien con un usuario de esta red, no es responsabilidad de nadie. Es mejor asumir y aceptar que no hubo química y un match no es garantía de nada. He conocidos a chicas –muy cercanas– que a través de esta opción tecnológica y social realmente han encontrado o ha surgido una relación duradera que va para largo o definitivamente no se dio. Karina Pérez Ampudia Karina fue una de las ganadoras de la convocatoria para ser bloguera invitada, y la puedes seguir en @karinaampudia  

Solteras DeBotas

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Imágenes: del video “Tinderella a modern fairy tale”

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04

07

2016

Solteras DeBotas

Las películas que nos armamos en la cabeza

Por: Solteras DeBotas

Ally Mcbeal imaginacion

Caso No 1: Le envié un mensaje por whatsapp y me dejó en visto, ya pasaron dos horas y no ha me contestado…

  La película trágica: Quizá no le gusto mucho, tal vez ya está saliendo con otra, ¿será que se lo di muy rápido? para que le envié el mensaje, ahora quedé como intensa, ¡carajos porque no escribe!. Quizá no le gusto mucho, tal vez ya está saliendo con otra, ¿será que se lo di muy rápido?…(Circulo vicioso de pensamientos, una y otra vez) La película optimista: Debe estar muy ocupado por eso no me responde.  

Caso No 2: Lo siento medio raro y distante, la verdad es que ya no es tan cariñoso como antes, creo que algo pasa…

  La película trágica: Tiene otra, ¿Quién será la vieja?, quizás es mi culpa porque ya no me arreglo como antes, voy a revisarle el celular y a mirar su muro de Facebook por si tiene mensajes sospechosos. La película optimista: Está cansado de su trabajo y ha tenido malos días últimamente.  

Caso No 3: Llevamos poco tiempo saliendo y me gusta demasiado, presiento que podríamos funcionar como pareja y hacer tantas cosas juntos…

  La película trágica: 0 La película optimista: Nubes, corazones rosados, unicornios, castillos en el aire, me va a llamar el viernes, luego saldremos con sus amigos, tarde de pelis y arrunchis y nos volveremos novios porque la química es evidente.

 

Caso No 4: Porqué se estará demorando tanto en esa reunión, se supone que tenía que llegar a las 8:00 pm…

  La película trágica: Tiene otra, debe ser la vieja de la oficina de al lado, la que usa miniculiputifaldas. ¿Que estará haciendo? ¿O será la loca de su exnovia que lo llamó? ¡Por qué diablos no me contesta! La película optimista: Se le pinchó una de las llantas del carro. Lo secuestraron los extraterrestres.  

Caso No 5: Me terminó y no fue capaz de darme una razón de peso, ni siquiera quiso hablar conmigo.

  La película trágica: Que hice mal, que dejé de hacer, la culpa es mía, ¿será que tiene otra? ¡Por qué es tan cobarde! exijo una explicación… La película optimista: Cuando piense bien las cosas, me llamará y volveremos.  

Caso No 6: Me escribió esto

emojis amores modernos La película trágica: está como raro conmigo, esto de coquetear por chat es muy incierto, creo que hoy me va a dejar plantada. La película optimista: Ni puta idea de lo que me quiso decir… le voy a consultar a mi prima de 19 años para que me traduzca de emoji a español…  

¿¿¿¿???…ansiedad, deseos, celos, ilusiones, incertidumbre, efectos especiales, animación digital, subtítulos, extras, mozas, love 4 ever y mucha creatividad es lo que compone las películas que a veces nos armamos en nuestra cabeza.

Confieso que me encanta tener imaginación, porque es una facultad que en situaciones difíciles ayuda a buscar soluciones alternativas, hace que las cosas se aprecien diferente y por supuesto, la percepción se abre.

Bueno, hasta aquí todo iba bien…  pero que sucede cuando la imaginación se mezcla con paranoia o expectativas, ummmm el resultado es obvio, nuestra mente se convierte en un remolino de pensamientos que se repiten una y otra vez, así que tejemos novelas con escenarios aterradores o por el contrario aparecen los cuentos de hadas. No soportamos la espera, los silencios y todo aquello que nos aleje de la certeza, así que para mantenernos ocupadas mientras aparece una respuesta real, nos volvemos expertas en llenar de cucarachas la cabeza, con diversas teorías y conspiraciones, que solo nos generan más tormento.

Una amiga dice que las mujeres somos intuitivas y que muchas veces esas películas resultan ser ciertas, porque el sexto sentido femenino permite detectar cuando algo no está bien. Y en parte tiene razón ya que en determinados momentos, cuando el rio suena es porque piedras lleva, pero siendo sensata, lo más sano sería tener una relación con alguien en quien se confíe y en donde este tipo de videos no tengan cabida.

Sin negar que hay ciertos sujetos que no son nada claros al decir las cosas, o tienen comportamientos sospechosos, se hacen los locos o son unos embusteros; a veces preferimos imaginar y suponer que simplemente ir directo al grano y preguntar. Con esto saldríamos de la duda y usaríamos la imaginación para cosas menos agobiantes.

Peliculas en la cabeza

En ocasiones nuestros anhelos por tener algo bonito con alguien, nos llevan a esperar más de lo que deberíamos y no vemos los letreros con reflectores que tenemos enfrente (Expectativas 5 – Realidad 0). En vez de disfrutar el paso a paso, el poco a poco y el-yo-no-se-mañana, queremos que las situaciones se parezcan a lo que imaginamos y allí es cuando vienen los totazos. Obvio que soñar es lindo pero es más lindo hacerlo con la persona indicada, con aquella que ha dado muestras reales de sus sentimientos, en vez de perder la perspectiva de las cosas e ignorar las señales.

Me encantaría tener una solución para “empelicularse” menos y que el Steven Spielberg que vive en nosotras fuera menos hollywoodense. Y aunque los pensamientos no se pueden parar porque nuestra mente funciona a mil, lo que sí se puede hacer es intentar tomar distancia de los mismos y tratar de no engancharse, entendiendo que aquello que pensamos no tiene pies, cabeza, color, peso o forma, solo es una mezcla rara de suposiciones y que lo más probable es que no sean reales, así que no vale la pena darle fuerza y gastar energía en ello. También hay que entender que no podemos controlar a otras personas y a su manera de actuar, y lo que si podemos hacer es alejarnos de ellas cuando percibamos que no convienen o cuando sentimos  intranquilidad a su lado.  Mi mamá decía que uno atrae lo que piensa y si pensamos vainas jartas después no nos quejemos cuando se materialicen. ¡Ojo! También hay que ser sensatas y analizar, si quizás el problema sea nuestra inseguridad y que por esta razón estamos mortificándonos y mortificando a los demás con mil arrebatos sin sentido.

Pensar demasiado hace que las cosas se vean más grandes, o den más miedo, o sean más rosadas de lo que son. Hay que aprender a disfrutar de lo que se tiene en frente, hay que aprender a esperar, hay que aprender a ceder, hay que preguntarse si esos “videos” benefician en algo y si tendrán importancia en algunos meses o en algunos años, si esto nos está ayudando a nuestra felicidad.

Pensar demasiado solo me recuerda que debo ser práctica y que en vez de perder tiempo valioso conjeturando y temiendo, es mejor tomar decisiones y hacer cosas concretas en el mundo real.  

Solteras DeBotas

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Imágenes: Ally Mcbeal, ilustración de Emm Roy

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26

06

2016

Solteras DeBotas

Si el amor aprieta no es tu talla

Por: Solteras DeBotas

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Desde que tengo uso de razón me recalcaron que tenía que esforzarme por conseguir lo que creo merecer, que no podía rendirme aunque la condiciones fueran adversas, me enseñaron a luchar por las cosas, me enseñaron a ser fuerte y me explicaron de mil formas, como debía sujetar lo que ilusoriamente creía que era mío. Sin embargo, no me enseñaron a ser sabia, no me dijeron que también es bueno soltar aquello que no conviene y que puede representar muchos dolores de cabeza, sufrimiento y pérdida de tiempo.

Aprendí con el pasar de los días y después de varios tropiezos, que la demostración más clara de que algo funciona, es que fluye de manera espontánea y que no tiene la necesidad de ser forzada para que prospere. Pero en aquel entonces, mis deseos y expectativas eran tan fuertes que no podía ver las cosas como son, sino como yo quería que fueran, por eso presionaba por aquí y por allá para que las situaciones que anhelaba se dieran.

En mi afán por buscar la felicidad me volví infeliz, porque sufría durante todo el camino sin disfrutar del paisaje y del proceso, pues solo pensaba de manera ansiosa en la tan anhelada meta, que al final resultaba siendo algo diferente a lo que yo pretendía.

Como dice un popular meme que circula en las redes sociales y que inspiró este post, “Si tienes que forzarlo no es tu talla” y esto aplica para todos los aspectos de la vida, desde los más superficiales como la medida de un vestido o un par de zapatos, hasta para el trabajo, las amistades y las relaciones de pareja.

Cuando esperaba que alguien me quisiera de la misma forma en que yo lo quería. Cuando me empeñaba en mantener un amor que hace rato había muerto. Cuando deseaba que todo sucediera de la manera milimétrica en que lo había calculado. Cuando pretendía cambiar a personas y circunstancias que estaban fuera de mi alcance. Cuando era más el dolor que la alegría pero me negaba a aceptarlo. Cuando no entendía que si la frescura se pierde, todo se marchita.

Porque no era consciente de que muchas cosas bonitas simplemente suceden sin haberlas planeado y se dan de tal manera que no es necesario el sudor, el sobresfuerzo y las lágrimas, entonces todo se convierte en un regalo porque no hay imposición, no hay expectativas y no hay miedo de perder algo que no se tiene, que es prestado pero que se disfruta mientras dure y por eso se recibe con toda la apertura posible.

Desde entonces no me gusta que me presionen y desde luego yo tampoco lo hago, el amor crece cuando tiene espacio para respirar, es algo parecido a sembrar una planta, pues la situación florecerá en el tiempo preciso y no cuando a mí me dé la gana.

Solteras DeBotas

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Imagen: Cinderella pop art de Fulvio
La frase, “si el amor aprieta no es tu talla” es un dicho popular de autor desconocido

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19

06

2016

Solteras DeBotas

GAY: Good As You

Por: Solteras DeBotas

(O de por qué todos somos iguales por dentro). Love is Love LGBTI Bloguero invitado: Fatalicious

Hola. Soy el colombiano promedio. Compro en D1, trato de no usar bolsas plásticas, pago impuestos y me restriegan todo en el transmijet. Viajo endeudado con mi tarjeta de crédito de supermercado a algún lado una vez al año y me queda luego un año para pagar la deuda que dura 11 cuotas más que el bronceado. Comienzo siete dietas al año que se rompen ante la primera chocolatina que se me cruza por el camino. Almuerzo con mis papás los fines de semana, salgo con mis amigos a rumbear (aunque cada vez menos porque la treintañez le va dando paso a la cuarentañez). Me han roto el corazón algunas veces, y este ha vuelto a sanar para que venga alguien otra vez y lo rompa de un patadón.

Soy tan igual como cada uno del promedio de los colombianos por no decir, de los terrícolas. Creo en la paz mundial, pongo la banderita de turno en mi muro de Facebook cada vez que hay una injusticia en algún lugar; me indigno cuando maltratan a cualquier animalito como si fuera mi propio hijo y estoy mamado de que los taxistas quieran siempre cobrarme de más solo porque sí. Veo los partidos de Colombia (los importantes) y grito! gol! o le echo la madre al árbitro si falló a favor del equipo archienemigo de turno.

En Navidad voy a las novenas que me invitan. Llevo una bonita torta y canto villancicos amenizados con dos tapas de olla o una maraca llena de granitos de arroz. En elecciones salgo a votar y en el intermedio maldigo las malas acciones de los políticos a través del arma nuclear más poderosa del universo: Facebook.

¿Si ven? Igualito y normalito como todos los demás. Como ustedes, como mi mamá, como mis compañeros de universidad, como el señor que cuida mi edificio.

Solo se me olvidaba un pequeño detalle. Soy gay. ¡Ah changos! Y ahí es cuando se despeluca la humanidad. Porque a la mayoría de los colombianos no les gustaría tener a un gay viviendo en la puerta de al lado. Porque somos los enfermos (seguro las mayorías creen que si nos cortan las venas nos sale sangre arcoíris o se abrirá un portal hacia el averno); porque creen que armamos bacanales interminables donde hasta el mismísimo Lucifer se sonrojaría (no, no es así; no somos tan afortunados y divertidos; también llegamos cansados del trabajo, a preparar el almuerzo, nos toca madrugar y rezar para que el bus no pase tan lleno).

Hay quienes nos aman y no entienden la diferencia entre ser gay o no serlo si al fin y al cabo lo que importa son los ideales y los puntos en común. Hay personas que al contarles sobre mi orientación han dicho: -“Ya lo sabía y no me importaba, te quiero y te acepto igual”, También hay quienes al enterarse salen huyendo como si uno fuera una mochila cargada de dinamita a punto de explotar y encima llegan a casa, o al trabajo a decir: – “¿oye, sabías que fulanito es marica?” (Esto incluye tías, vecinas rezanderas, algunos compañeros de colegio, universidad y de trabajo).

No es necesario que un loco chiflado y confundido entre con dos armas a asesinar a 49 personas como en Orlando (EEUU), porque seguro en su casa siempre le enseñaron a burlarse de los gays sin saber que él tenía uno dentro pujando por salir, o casi en simultánea, otras siete personas, gays también, asesinadas en un bar en Chihuahua (México).

Cada comentario, cada burla, cada mirada de hielo es una bala que nos hiere y que nos mata a todos. Balas que en su mayoría vienen de la propia familia, de los compañeros de trabajo o estudio, de los profesores (¿será que Sergio Urrego a los 17 años saltó de la terraza de un centro comercial porque era el diablo o porque unos profesores irresponsables lo conminaron a saltar al vacío?) o de políticos y religiosos que son adalides de la moral y las buenas costumbres que atacan con sus esquirlas cargadas de veneno y falsa aceptación porque “todos somos iguales ante los ojos de Dios”, pero no ante los ojos de los demás.

A lo largo de la vida tenemos que estar escuchando cosas como: -“Yo los acepto. Pero hagan sus cochinadas como cogerse de la mano o besarse donde nadie los vea”. –“Esa muchacha está como desnivelada” O -“Esta será tu casa, pero tenemos que buscarle una cura a tu enfermedad” (como me lo dijo mi papá a los 17 años cuando se enteraron mientras mi mamá lloraba y gritaba al vacío: “En qué fallé?”. Imagínense a esa edad, con todos los líos mentales que uno tiene y encima a sus papás revelándoles que están enfermos de algo terrible y mortal, casi alienígena, o sea, desahuciados de por vida).

Y ni hablemos del pueblo indolente e incendiario que nos asesina, nos acorrala, nos envía a la quinta paila del infierno para que nos pudramos en “sexo excremental” en cada uno de los foros virtuales de revistas y periódicos cada vez que sale alguna noticia referente al tema en los que creen pueden ser jueces solo porque ellos son “mayoría” y nosotros solo merecemos salir por la puerta de atrás, calladitos y en fila.

Ahí es cuando dejo de ser yo y, estadísticamente hablando, me vuelvo minoría. ¿Será que por ser minoría valemos menos? ¿O nuestro proyecto de vida, sentimientos o esperanzas valen menos? Según estimaciones de Naciones Unidas, la población gay es el 10% de la población total del planeta. Eso significa que uno de cada diez colombianos es gay. Lo que nos lleva a sumar cerca de 4,5 millones de gays en Colombia (el equivalente a toda la población urbana de Medellín, Barranquilla, Pereira, Bucaramanga y Cartagena unida) o 600 millones de gays en el mundo. Esto equivale a la mitad de los católicos del planeta (1200 millones según el anuario pontificio de 2015), al 80% de la población europea (742 millones en 2013), o a una y media veces toda la población suramericana (387 millones en 2016 según Naciones Unidas). ¿Se imaginan todo América del Sur gay? Y aún así sobrarían gays para reemplazar las poblaciones de Japón (127 millones), Australia (23 millones), Arabia Saudita (28 millones), todo Ciudad de México (21 millones) y todavía quedan 37 millones de gays para repartir (claro, haciendo cuentas alegres porque los gays somos así, alegrones).

En un país como el nuestro en donde las leyes van más allá del entendimiento, debemos comenzar por aceptar que todos somos iguales, orgánicamente funcionamos igual y dentro de cada uno hay un sistema perfecto creado para amar al prójimo como a nosotros mismos, compartir, desarrollarnos y crecer como humanidad. Tenemos un mundo al cual enseñar que todos somos valiosos por dentro y que de la aceptación de las diferencias es que nuestro sentido humano surge y evoluciona. ¡Ojo! Eso no quiere decir que andemos regando paz y amor como Cariñositos por el mundo. Tenemos nuestros trabajos y nuestros propios procesos evolutivos así que en el 90% de los casos simplemente no estamos pendientes de si nos aceptan o no.

Gay significa alegre. Pero también significa Good As You (tan bueno como tú). Por eso proclamo: Seres humanos del mundo (Gays, no Gays, antiGays y proGays): ¡Uníos! No debe haber mayorías excluyentes ni minorías excluídas. Todos somos buenos en esencia y todos podemos aprender el uno del otro si nos quitamos la máscara del odio y el temor para aceptarnos tal cual somos.

En vez de estar pensando: ¡Fuchi, este es gay!, ¡Fuchi, esta es indígena! ¡Fuchi, este cree en un dios diferente al mío!, pensemos que somos una especie que se está autoextinguiendo por no respetar las diferencias, que está involucionando de una manera ignorante y que ninguno de nosotros tienen la verdad absoluta, pero la suma y aceptación de nuestras verdades es lo que nos permitirá evolucionar a través del tiempo. ¿Quieren ejemplos? Abran cualquier periódico.

Los y las que sean gays me entenderán, y los que no, hagan un esfuercito porque en este mundo ya hay tanto odio repartido, que es hora de comenzar a sembrar amor, respeto y tolerancia. Mientras tanto, yo continuaré mi vida y tal vez algún día nos crucemos de manera anónima en un bus, en una novena o en una fiesta donde cantemos a todo pulmón “I Will Survive de Gloria Gaynor”.

Fatalicious

Fatalicious es un ser fat, fatal and delicious. Con estudios de literatura en la San Marino, se define ultraradical en sus ideas (Hasta que le ofrecen una cucharada de Nutella). Escribe como una manera de exorcizar el mundo y hacer de este un lugar más interesante para vivir.

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